Próximo a la esquina donde comienza la calle Arzobispo Portes, entre la Isabel La Católíca y Las Damas y frente a la plaza Pellerano Castro -uno de los refugios mejor guardados de la Zona Colonial-, se encuentra el Coco Boutique. De apenas cuatro habitaciones, no tiene nada que envidiarle a un gran hotel. Cada rincón del casón de dos plantas invita al descanso, a sentarse en los sillones a leer o ver el mar desde un ventanal. Es el más acogedor de todos los hoteles de La Zona porque esa familiaridad que irradia sólo se encuentra en casa. De hecho, esas son las pretensiones de sus administradores, Eduardo y Elizabeth: ser un pequeño hotel familiar donde tomarse un trago o preparar una parrillada en la más romántica de las azoteas sirva para calmar el espíritu y llenar el alma a plenitud. Aunque abrió hace apenas tres meses y medio, de los 63 hoteles de Santo Domingo registrados en la famosa página TripAdvisor, el Coco Boutique ocupa el puesto número dos en la preferencia de los usuarios votantes. Aquí algunas fotos:
El Coco Boutique (Hoteles de La Zona)
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Yaniris López. Periodista (Listín Diario). Algo misántropa. Prefiero leer a otros, tomar fotografías e imaginarme un mundo tan lindo como una postal de Las Terrenas. Quizá por eso me deprime cualquier cosa. No me gustan los vegetales, y no soporto el ruido...
Una boda y "Pico"

En lugar de una iglesia, la montaña; en lugar de un techo de cemento, la bóveda azul del cielo; en vez de un coche esperando, una burra con latas en su cola y, en vez de cortinas de tela, el paisaje que corona el punto más alto del Caribe. Así son las bodas de altura
Yaniris López
Los astros se alinearon y convencieron al Altísimo para que las vidas de Catherine Kelner y Carlos Abreu chocaran y se enredaran. Él, amante de los deportes extremos; ella, con alma aventurera. La mamá de ella y la tía de él figuran entre las primeras mujeres que subieron el pico más alto de las Antillas, en los 70. Catherine, dicen sus padres, fue concebida en el pico Duarte; Carlos ha alcanzado su cima en 28 ocasiones. Allí se conocieron en 1994. Era la primera vez de ella y la veinte y tantas de él. El encuentro pasó sin pena ni gloria. Seis años más tarde se encontraron de nuevo, subiendo la Loma del Arrepentimiento, camino al pico Duarte. Esa vez la ley de la atracción hizo su trabajo.
Así que no es de extrañar que años más tarde, siendo novios, ambos decidieran celebrar su boda civil allá arriba, donde todo comenzó. El grito inicial de “¡muchacha, te estás volviendo loca!” no espantó a nadie. Al contrario, ilusionó a los invitados. La llamaron “Una boda y pico”, los bultos del viaje fueron los souvenirs, “uniformaron” a los guías y prepararon un menú especial en el que no faltarían el sancocho y los puercos en puya.
Los torrenciales aguaceros caídos en el país, sin embargo, amenazaban con arruinar el enlace.
“Después de meses de lluvia, seguía cayendo agua en el Cibao. Nos fuimos lloviendo y ya teníamos un plan B en caso de que no se diera la boda”, nos cuentan entre risas. Se ríen porque esos días, 17, 18, 19 y 20 de noviembre de 2005, no cayó una gota de lluvia. “El agua paró, salió el sol y no hubo nubes en el cielo hasta el día después que bajamos, que siguieron las lluvias”, recuerdan.
Algunos en mulos, cinco en helicópteros y el resto a pie, los invitados llegaron a una boda que tuvo lugar 3,087 metros sobre el nivel del mar. Porque la boda de Catherine y Carlos fue planificada como una gran excursión en la que participaron 47 personas y los guías de La Ciénaga de Manabao, en Jarabacoa. Llegar al valle de Lilís, en la falta del Pico, y ver cómo se cambiaban la ropa por prendas blancas, se maquillaban las mujeres y afeitaban los hombres, fue uno de los momentos más emocionantes para los novios.
Todos fueron cómplices, incluyendo el sacerdote que subió con ellos y dos semanas después los casaba por la iglesia en Santiago. Muchos detalles, además, surgieron de la manera más espontánea: el bouquet de florecillas silvestres que preparó la tía Ana en lo que llegaba “el de verdad”, que venía en el helicóptero; la marcha nupcial que improvisó Johan con la armónica de Carlos, porque la violinista en agenda no pudo asistir; los pétalos de rosas, el arroz, las burbujas y los cheles que sirvieron de arras.
“Lo planeamos todo pero nunca pensamos que se daría de esa forma. La jueza manejó todo con tanta delicadeza que no pareció una simple boda civil. El Padre nos bendijo y muchos renovaron sus votos. Después la gente comenzó a llorar, yo no me aguanté, Carlos tampoco, y ya sabes, al rato todos llorando”.
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Publicado en Listín Diario
Agosto 5, 2007
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Yaniris López. Periodista (Listín Diario). Algo misántropa. Prefiero leer a otros, tomar fotografías e imaginarme un mundo tan lindo como una postal de Las Terrenas. Quizá por eso me deprime cualquier cosa. No me gustan los vegetales, y no soporto el ruido...
República Dominicana al extremo
Yaniris LópezEl tamaño no importa. Con apenas 48,442 kilómetros cuadrados, República Dominicana tiene terreno y agua suficientes para ofrecer experiencias turísticas extremas que elevan el espíritu explorador y le dan, muchas veces, sentido a la vida. Bajo tierra, en el aire, en el mar, en cualquier rincón aparece el espacio adecuado que provoca darle un respiro a la vida citadina, al sedentarismo y a la inanición: caminatas, escaladas, buceo, rafting, montañismo, rappel, jeeping, parapente, canyoning o kiteboarding. Hoy ubicamos esos lugares de ensueño que nos obligarán a sacarle partido a un país repleto de opciones riesgosas y atrevidas.
Retando la naturaleza
Si subir los tres mil 87 metros del pico Duarte o alcanzar el valle del Tetero resulta demasiado para los menos arriesgados, hay otras opciones parecidas que hacen del montañismo y el senderismo experiencias únicas de las que los exploradores regresan siendo mejores personas; o con pique, siempre depende. La montaña la 80, en Constanza, la Loma Quita Espuela, en la provincia Duarte, Las Laderas del Hoyo de Pelempito en la Sierra de Bahoruco y la espalda de El Morro, en Montecristi, cansan a cualquiera y retan el cuerpo a subir hasta el cielo.
Para el senderismo o caminata, los expertos en ecoturismo recomiendan los caminos de Jarabacoa y San José de Ocoa para quienes los prefieren un poco empinados y los de la isla Saona para los que sólo quieran caminar y caminar rectamente entre verdes arbustos, cangrejos rojos y negras lauras que vigilan la isla del Parque Nacional del Este. En los últimos años, los paisajes casi inexplorados del centro de la región este atraen cada vez más visitantes de a pie, especialmente hacia la provincia de El Seibo.
PARA RETAR LA GRAVEDAD
La escalada sobre roca dejó de ser una moda. Es el pasatiempo deportivo de muchos jóvenes que consideran que retar la gravedad les llena de vida. Las mejores rutas para escalar, sugieren, son las escarpadas montañas de playa Frontón, en Samaná; un lugar conocido como Conde de Mana en San Cristóbal y el parque Mirador Sur en Santo Domingo, ideal para los que se inician en esta aventura.El rappel, el descenso de montañas o paredes verticales usando cables, cascos y arnés, tiene en los alrededores de Rancho Baiguate, en Jarabacoa, sus mejores escenarios. Los más valientes retan el agua y las paredes resbaladizas de los Saltos del Limón y Jimenoa, cosa no recomendada para los principiantes.
El canyoning entre riscos con desniveles también se practica en la zona de Jarabacoa, donde Rancho Baiguate ha construido una especie de santuario para la práctica de casi todos los deportes extremos de montaña y otros menos riesgosos.
BAJO TIERRA
Más de 400 cuevas exploradas con arte rupestre, formaciones rocosas e invitados especiales (culebras, murciélagos y otros animales) repartidas por todo el territorio nacional indican que la vida, bajo tierra, no es tan callada o aburrida. Para explorar, los turistas sienten cierta fascinación por las cuevas del Parque Nacional de Los Haitises, de impresionante belleza y legado cultural, y por la cueva de Las Maravillas. Pero si de extremos se trata, la aventura recomendada es una visita a la cueva de Fun-Fun, en Hato Mayor, porque su exploración incluye un entrenamiento especial para descender 20 metros hasta su interior haciendo rappel hasta sumergirse en un río subterráneo. Menos arriesgado pero igual de fascinante es caminar y chapotear en las aguas del río Damajagua, en Puerto Plata, aguas que se reparten 27 charcos en una gigantesca caverna que se formó en el lugar debido a una falla geológica.
SOBRE EL AGUA
El parapente se practica en zonas tan disímiles como los desérticos parajes del valle de Neiba (aquí se celebró la pre-copa del mundo en el 2004), y otros puntos verdes de la margen sur de la cordillera Central, entre ellos Constanza, Jarabacoa y San Juan de la Maguana.
El kiteboarding, el último de los deportes acuáticos que se practican en el país, ha devuelto a Cabarete, en Puerto Plata, parte del esplendor que había perdido el primer polo turístico del país. De hecho, Cabarete está considerado como el mejor del mundo para practicar esta técnica que combina el vuelo de los cometas y el deslizamiento en el mar sobre una tabla con increíbles piruetas en el aire.
Los kitesurfers dominicanos, figuras estelares del deporte, practican en la playa de Kitebeach. La misma emoción acuática, pero en un río, la ofrece el rafting, en la cordillera Central, a bordo de balsas que sortean, por unos ocho kilómetros, las todavía embravecidas aguas del Yaque del Norte.
BAJO EL AGUA
El buceo deportivo y el snorkelling se practican en muchos puntos de la costa dominicana. La Caleta en Santo Domingo, las playas cercanas al Morro, en Montecristi, la terraza marina del Parque Mirador del Este por los lados de la Saona, Samaná y los alrededores del montículo coralino de Cayo Arena son las mejores zonas para los que todavía no aspiran a conquistar las profundidades del mar.
MÁS
- Samaná ofrece uno de los mejores circuitos de cabalgata del país en el área de Las Terrenas y sus alrededores: 20 kilómetros a caballo recorriendo playas exóticas, caminos montañosos y pintorescos campitos para acabar con un chapuzón bajo los 45 metros del Salto del Limón.
- Más abajo, en el este, uno de los lugares de moda para hacer piruetas y coger lodo en vehículos 4 x 4 es la comunidad de Benerito, en La Romana, y los cientos de kilómetros de playa y bosques de Miches, al norte de la provincia de El Seibo.
- El jeeping se puede practicar en cualquier lado, pero las agencias de viaje que los organizan prefieren el centro del país y Samaná.
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Yaniris López
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Yo vivo en la capital
PD: Francisco trajo la guagua hace más de 20 años a un área cerca de Los Tres Brazos cuando la zona estaba deshabitada. Quería convertirla en un taller de repuestos y así lo hizo pero al principio tuvo que hospedarse allí. Ahora habla con orgullo de su oficina. Incluso cuando vivía dentro dice que se sentía más seguro que en una casa de madera. El nos permitió fotografiar su interior.
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Parada 77 (Monumento al ego 12)
La Noda –Nodalia Arias- se escapó de Brasil por unos días y había que celebrarlo. ¿Dónde? La respuesta sobra. El bar de la Isabel La Católica que por años fue algo así como una sucursal – o cuarto- de su casa la recibió con los brazos abiertos. Sus amigos también. Abrazos, saltos de alegría, fotos.... Parada no es Parada sin la Noda. No luce igual. A la misma Zona Colonial le ha costado un tiempo hacerse la idea de que se fue a vivir a Sao Paulo y la dejó sin su risa franca, sin su entusiasmo contagioso, sin esa chispa que no conoce de adversidades. Y así como llegó se marchó, dejándonos huérfanos de su alegría.
Vuelve pronto, Noda. Santo Domingo no es el mismo sin ti…
En la imagen: Yalo, Francis, Noda y María.
Foto: Yenny Lovera
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Yo no quiero viajar

Por Santiago Tejedor*
Yo no quiero viajar si el viaje se hace para luego decir simplemente:“Estuve allí”. Yo no quiero viajar con “esas” ONG solidarias que cobran a los cooperantes (y que, a fin de cuentas, poco cooperan...). Yo no quiero viajar en esos viajes donde todo se observa desde la distancia y a través de la ventana de un autobús. Yo no quiero viajar a paradisíacos y amurallados resorts que construyen oasis artificiales de falsa opulencia en países (tan) míseros (como llenos de riqueza). Yo no quiero viajar en excursiones organizadas donde todo está previsto (incluso, lo imprevisto). Yo no quiero viajar en la piel de ese “falso explorador” que se entromete en los barrios, en las casas, en las vidas de los más débiles, pobres e indefensos. Yo no quiero viajar para creerme un entendido, un experto, un erudito. Yo no quiero viajar sabiendo (o creyendo saber) todo sobre el destino escogido. Yo no quiero viajar desconociendo totalmente el lugar al que me dirijo. Yo no quiero viajar para enseñar. Yo no quiero viajar para “estar”. Yo no quiero viajar para “ir”...
Yo quiero viajar en esos viajes que dejan huella (a veces, dulce; muchas otras veces, amarga). Yo quiero viajar aunque se pierda mi maleta. Yo quiero viajar para aprender (y, especialmente, para desaprender). Yo quiero viajar en esos viajes que empiezan con tanta ilusión (y terminan con tanta melancolía...). Yo quiero viajar para ver, para escuchar, para sentir... Yo quiero viajar al pasado, al futuro y, por encima de todo, quiero viajar al presente. Yo quiero viajar para perderme. Yo quiero viajar para encontrarme (y encontrarte). Yo quiero viajar buscando respuestas (y regresar cargado de preguntas). Yo quiero viajar solo. Yo quiero viajar acompañado. Yo quiero viajar contigo. Yo quiero viajar para “ser”. Yo quiero viajar para que “ir” signifique “volver”.
* Publicado en Tu Aventura
Santiago Tejedor dirige este proyecto de ciberperiodismo de viajes que desde marzo del 2007 le da otro significado -más humano, real y perecedero - al verbo viajar...
Foto: Tu Aventura. ST en un bazar
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Yaniris López. Periodista (Listín Diario). Algo misántropa. Prefiero leer a otros, tomar fotografías e imaginarme un mundo tan lindo como una postal de Las Terrenas. Quizá por eso me deprime cualquier cosa. No me gustan los vegetales, y no soporto el ruido...
Mi colección de “Duartes” (Novela de una chica ilusa, cap. 1)
El más lindo es el relieve del patio de la universidad Apec, y el relieve de Rodríguez Urdaneta que está en el patio del Instituto Duartiano. La escultura más linda es, me parece, la que simboliza a la libertad en el parque Duarte de la Zona Colonial. En el busto que está en el pico Duarte parece que estuviera guapo. No digo yo. Son pocos los que lo visitan ahí, a 3,087 metros sobre el nivel mar.
Si el rostro no me queda muy lejos, me gusta acercarme y ver sus rasgos –todos parecidos y todos diferentes– y luego hago que María –otro montero si María no está– me tome una foto dándole un beso. Casi nunca hay problemas pero una vez, en el parque de Jarabacoa, las señoras que en ese momento salían de la iglesia nos miraron medio raro y hasta la policía echó una ojeada de advertencia. Luego alguien me dijo que eso está prohibido. Qué exagerados son. Yo dudo que la gente ande por ahí dándole besos a las estatuas. Por lo menos nadie que esté en su sano juicio lo haría. Yo, gracias a…, siempre he estado mal de la cabeza…
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Yaniris López. Periodista (Listín Diario). Algo misántropa. Prefiero leer a otros, tomar fotografías e imaginarme un mundo tan lindo como una postal de Las Terrenas. Quizá por eso me deprime cualquier cosa. No me gustan los vegetales, y no soporto el ruido...
Desde Elías Piña, con amor (2)
Más sobre las vivencias de Virgi (Virginia Rodríguez) en Elías Piña.
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En el email anterior se me olvidó comentarles que dos de los chicos escribieron entre sus aspiraciones que querían tener: muchas mujeres "boniticas" y 15 y 22 hijos respectivamente.
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Salut tout le monde! Gracias por sus comentarios y consejos. Les sigo contando sobre mi estadía.
Acabo de visitar el liceo público, donde probablemente tengan que ir mis alumnos de octavo el año que viene. El lugar da pena. Es un campus buenísimo, con dos patios enormes y varias canchas, pero todo está lleno de basura y las paredes pintadas con groserías. Los muchachos me pitaban cuando me veían pasar (y eso que ando con ropa ancha y hombros cubiertos). La escuelita de Fe y Alegría es el paraíso comparado con esto.
Ayer por primera vez estuve en el acto de bandera de la mañana. Se hace una oración y se sube la bandera cantando el himno. En Babeque el himno sonaba en las bocinas y casi nadie cantaba. Aquí, por supuesto, no hay bocinas. El himno suena en las voces de los niños y niñas, desafinado y mal pronunciado, pero precioso. Yo con mi patriotismo sentimental me emocioné mucho viendo la escena.
Me encanta el hecho de que aquí se va a todas partes caminando. Voy a pie a la escuela en la mañana y regreso a pie. El trayecto es agradable, lo malo es tener que enfrentar la mirada de casi todos los hombres cuando paso por su lado. Usar lentes de sol ayuda un poco con eso, por lo menos me llaman y pitan menos, debe ser algo inconsciente. Lo otro es que hay que cruzar un puentecito por donde no hay acera. Todo el mundo camina por el borde, pero yo siempre tengo la sensación que de un vehículo me va a chocar por la espalda. Creo que ese concepto de caminar a todas partes es el que deben rescatar las ciudades, de hecho las ciudades de verdad lo hacen con el transporte público eficiente.
Por cierto, hay un estudiante de octavo que va a la escuela en motor. Me llamó la atención, porque debe tener como 14 años, 15 lo más. Aquí, como en todos los pueblos dominicanos, los motores son una molestia. Ni si quiera es que sean tantos, el problema es la intensidad del ruido que hacen y lo mal que los manejan. Si hubiera sentido de las cosas los mofles ruidosos estarían prohibidos y el 95 por ciento de los motores fueran reemplazados por bicis, que contaminan menos, no consumen gasolina, son menos peligrosas, más baratas y más sanas. (A propósito, el chico que va en motor es gordito).
En una calle cerca de la escuela encontré un grafiti en un pequeño local que dice: "Suelten a quirino, es inocente" y algo de la extradicción que no se entiende bien. Hay más en distintos lugares. No les conté que llegando al pueblo pasamos su antigua lechería y una discoteca. Ambos lugares están cerrados y abandonados desde que los incautó el gobierno. Me dice la hermana Mayra que por aquí la mayoría de la gente lo defiende, porque repartía a dos manos de todo: medicina, casas, dinero... No digo yo.
Ha llovido todos los días desde que llegué, y hoy ya está nublado. El otro día, regresando a la casa me agarró el aguacero y llegué empapada. El paisaje aquí no es tan seco como me lo describieron, de hecho hay muchos árboles lindos. En un parque por el que paso todos los días hay un samán florecido que es una preciosidad. Me dan ganas de subirme en él y treparme por sus ramas, que son un mundo. Parece un árbol de cuentos. También hay muchos nin (como se dice, nines?). El parque central está lleno de ellos y también el parquecito de abajo de mi casa (me acordé de ti, Yani). Mi barrio se llama los mangos, ya sabrán por qué.
Ah, sí, sobre el asunto de Balaguer. Qué suerte que tuve la prudencia de no hablar sobre el tema. Resulta que la pareja donde me hospedo (que, por cierto, me tratan como una reina) fueron reformistas toda la vida y trabajaban en instituciones del gobierno hasta que llegó el PLD y los cancelaron sin pensión. Ahora viven de sus hijos. "Gracias a dios le dimos una buena educación" me dice Marta. Y no solo eso, el apartamento en el que vivimos fue construido por el gobierno de Balaguer. Marta viaja la mitad del año a los EU, a Virginia, donde viven sus hijas y trabaja cuidando niños.
Para las chicas de LD, en el aula de octavo hay dos páginas de LD pegadas en la pared: el de líderes de Capotillo y el mouse moldeable. Me hizo recordar la magia del periódico: que nunca se sabe hasta quién puede llegar.
En el email anterior se me olvidó comentarles que dos de los chicos escribieron entre sus aspiraciones que querían tener: muchas mujeres "boniticas" y 15 y 22 hijos respectivamente. Después vi un anuncio en la tele de la nueva compañía Viva, en que un presentador mencionaba, como un gran mérito, que el tipo tenía 24 hijos con 15 mujeres diferente. ¡Por favor! He estado viendo televisión porque Marta casi siempre la tiene prendida. Yo allá en Santo Domingo casi nunca la veo. Pues mi impresión es que habría que clausurar todos los canales dominicanos y prohibir casi todos los anuncios. La televisión dominicana es un asco, simplemente. Las imágenes que proyectan se sienten como un insulto en esta realidad.
Bueno, los dejo hasta aquí por ahora. Un abrazo bien grande a todos. Escríbanme ustedes tambien. Los quiero!!
Virgi
(3 de abril)
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En el email anterior se me olvidó comentarles que dos de los chicos escribieron entre sus aspiraciones que querían tener: muchas mujeres "boniticas" y 15 y 22 hijos respectivamente.
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Salut tout le monde! Gracias por sus comentarios y consejos. Les sigo contando sobre mi estadía.
Acabo de visitar el liceo público, donde probablemente tengan que ir mis alumnos de octavo el año que viene. El lugar da pena. Es un campus buenísimo, con dos patios enormes y varias canchas, pero todo está lleno de basura y las paredes pintadas con groserías. Los muchachos me pitaban cuando me veían pasar (y eso que ando con ropa ancha y hombros cubiertos). La escuelita de Fe y Alegría es el paraíso comparado con esto.
Ayer por primera vez estuve en el acto de bandera de la mañana. Se hace una oración y se sube la bandera cantando el himno. En Babeque el himno sonaba en las bocinas y casi nadie cantaba. Aquí, por supuesto, no hay bocinas. El himno suena en las voces de los niños y niñas, desafinado y mal pronunciado, pero precioso. Yo con mi patriotismo sentimental me emocioné mucho viendo la escena.
Me encanta el hecho de que aquí se va a todas partes caminando. Voy a pie a la escuela en la mañana y regreso a pie. El trayecto es agradable, lo malo es tener que enfrentar la mirada de casi todos los hombres cuando paso por su lado. Usar lentes de sol ayuda un poco con eso, por lo menos me llaman y pitan menos, debe ser algo inconsciente. Lo otro es que hay que cruzar un puentecito por donde no hay acera. Todo el mundo camina por el borde, pero yo siempre tengo la sensación que de un vehículo me va a chocar por la espalda. Creo que ese concepto de caminar a todas partes es el que deben rescatar las ciudades, de hecho las ciudades de verdad lo hacen con el transporte público eficiente.
Por cierto, hay un estudiante de octavo que va a la escuela en motor. Me llamó la atención, porque debe tener como 14 años, 15 lo más. Aquí, como en todos los pueblos dominicanos, los motores son una molestia. Ni si quiera es que sean tantos, el problema es la intensidad del ruido que hacen y lo mal que los manejan. Si hubiera sentido de las cosas los mofles ruidosos estarían prohibidos y el 95 por ciento de los motores fueran reemplazados por bicis, que contaminan menos, no consumen gasolina, son menos peligrosas, más baratas y más sanas. (A propósito, el chico que va en motor es gordito).
En una calle cerca de la escuela encontré un grafiti en un pequeño local que dice: "Suelten a quirino, es inocente" y algo de la extradicción que no se entiende bien. Hay más en distintos lugares. No les conté que llegando al pueblo pasamos su antigua lechería y una discoteca. Ambos lugares están cerrados y abandonados desde que los incautó el gobierno. Me dice la hermana Mayra que por aquí la mayoría de la gente lo defiende, porque repartía a dos manos de todo: medicina, casas, dinero... No digo yo.
Ha llovido todos los días desde que llegué, y hoy ya está nublado. El otro día, regresando a la casa me agarró el aguacero y llegué empapada. El paisaje aquí no es tan seco como me lo describieron, de hecho hay muchos árboles lindos. En un parque por el que paso todos los días hay un samán florecido que es una preciosidad. Me dan ganas de subirme en él y treparme por sus ramas, que son un mundo. Parece un árbol de cuentos. También hay muchos nin (como se dice, nines?). El parque central está lleno de ellos y también el parquecito de abajo de mi casa (me acordé de ti, Yani). Mi barrio se llama los mangos, ya sabrán por qué.
Ah, sí, sobre el asunto de Balaguer. Qué suerte que tuve la prudencia de no hablar sobre el tema. Resulta que la pareja donde me hospedo (que, por cierto, me tratan como una reina) fueron reformistas toda la vida y trabajaban en instituciones del gobierno hasta que llegó el PLD y los cancelaron sin pensión. Ahora viven de sus hijos. "Gracias a dios le dimos una buena educación" me dice Marta. Y no solo eso, el apartamento en el que vivimos fue construido por el gobierno de Balaguer. Marta viaja la mitad del año a los EU, a Virginia, donde viven sus hijas y trabaja cuidando niños.
Para las chicas de LD, en el aula de octavo hay dos páginas de LD pegadas en la pared: el de líderes de Capotillo y el mouse moldeable. Me hizo recordar la magia del periódico: que nunca se sabe hasta quién puede llegar.
En el email anterior se me olvidó comentarles que dos de los chicos escribieron entre sus aspiraciones que querían tener: muchas mujeres "boniticas" y 15 y 22 hijos respectivamente. Después vi un anuncio en la tele de la nueva compañía Viva, en que un presentador mencionaba, como un gran mérito, que el tipo tenía 24 hijos con 15 mujeres diferente. ¡Por favor! He estado viendo televisión porque Marta casi siempre la tiene prendida. Yo allá en Santo Domingo casi nunca la veo. Pues mi impresión es que habría que clausurar todos los canales dominicanos y prohibir casi todos los anuncios. La televisión dominicana es un asco, simplemente. Las imágenes que proyectan se sienten como un insulto en esta realidad.
Bueno, los dejo hasta aquí por ahora. Un abrazo bien grande a todos. Escríbanme ustedes tambien. Los quiero!!
Virgi
(3 de abril)
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Elías Piña,
Virginia Rodríguez
Yaniris López. Periodista (Listín Diario). Algo misántropa. Prefiero leer a otros, tomar fotografías e imaginarme un mundo tan lindo como una postal de Las Terrenas. Quizá por eso me deprime cualquier cosa. No me gustan los vegetales, y no soporto el ruido...
El Louvre "se muda" a Santo Domingo
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Yaniris López
Santo Domingo
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2007. Huele a arte en la ciudad. Por primera vez desde que abriera al público en 1793, las pinturas del museo más visitado del mundo “abandonan” sus emblemáticas paredes y se trasladan a un parque ubicado a más de siete mil kilómetros de su entorno.
Santo Domingo está de fiesta. Seis siglos de pintura europea adornan las verjas del parque Independencia para deleite de transeúntes, turistas y amantes del arte universal.
Turismo cultural
Poco importa que no sean los cuadros originales. Ni que llueva durante el paseo. El parque Independencia de Santo Domingo, kilómetro cero de la ciudad y mausoleo donde reposan los restos de los padres de la Patria, ha cedido sus verjas a la primera exposición itinerante al aire libre del Museo del Louvre. Y hay que aprovecharlo.
Estudiantes y adultos toman notas de las inscripciones colocadas al lado de cada pintura.
Algunas mujeres con pañuelos de colores alrededor de la cabeza se persignan al pasar ante las vírgenes y los cristos crucificados. Los más jóvenes hacen turno para fotografiarse frente a “La Gioconda”, de Leonardo Da Vinci, y “La vasija rota”, de Jean-Baptiste Greuze, y casi todos ríen a carcajadas al observar la estrafalaria originalidad de Arcimboldo en su cuadro “El verano”(1573).
En las calles que bordean el parque, los autos se desplazan con lentitud para captar detalles de la exposición y muchos turistas, asombrados porque a primera vista creen ver los cuadros originales, se acercan a observar con detenimiento.
“Bueno, de todos modos nos hemos ahorrado un viaje a París”, dicen, sonriendo, al notar que se trata de fotografías.
Seis siglos de pintura europea
Reproducidos a tamaño natural con sus respectivos marcos, son 122 cuadros de los más grandes representantes de las escuelas francesa, nórdica, italiana, española, danesa, alemana e inglesa desde el siglo XIII hasta mediados del XIX los que se exhiben en la capital dominicana.
Sólo algunos encuadres para tomar detalles significativos porque el formato excedía el panel fueron concedidos por los curadores y artistas que colaboraron en el montaje de la muestra.
La idea, aseguran los organizadores, es que las imágenes fotografiadas en alta resolución e impresas sobre vinyl sean disfrutadas por el público como si realmente estuvieran observando las originales. Y vaya que lo han conseguido.
“Es el resultado de una campaña fotográfica realizada para la República Dominicana por el Louvre, que inaugura así un nuevo concepto de exposición al aire libre, respondiendo precisamente a su misión de enseñanza y democratización del arte”, dice Marie-Catherine Sahut, curadora del Louvre, en el catálogo oficial de la exposición.
Hasta el 15 de noviembre del 2007, “La Condesa Tessin”, de Nattier; “Santa Apolline”, de Zurbarán; “La Condesa del Carpio”, de Goya y el “Retrato de Adolfina”, de Kobke, observarán desde sus marcos dorados a los cientos de visitantes que se pasean por el rectángulo casi perfecto que forma el parque Independencia en el límite occidental de la Zona Colonial. Giotto, Rafael, Van Eyck, El Bosco, Velázquez, Cabaletto, Vernet, El Greco, Rousseau, Rubens, Rembrandt, Murillo, Chasseriau… es el talento de 104 maestros de la pintura universal que luego se trasladará, hasta mediados de enero del 2008, a la ciudad de Santiago, al norte del país.
Galería pública
“Imágenes del Louvre: seis siglos de pintura europea” no es la primera exposición que convierte al parque Independencia en galería pública. Las primeras en robarle protagonismo a la Puerta del Conde y a los patricios dominicanos fueron las fotografías de Yann-Arthus Bertrand, en el año 2005.
“La Tierra vista desde el cielo” acercó el arte a la gente de la calle, a los trabajadores informales y a los que no suelen frecuentar las galerías de arte. Desde entonces, han engalanado sus barrotes de metal muchos héroes dominicanos, personajes ilustres, imágenes de los más hermosos rincones del mundo y los rostros de las mujeres dominicanas vivas más destacadas.
Gratis, abierto a todas horas, el arte vial en la ciudad es una excusa más para pasear en familia o pasar un buen rato con los amigos. Historia, arte y cultura para el pueblo. Sobre todo para el pueblo.
Yaniris López
Santo Domingo
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2007. Huele a arte en la ciudad. Por primera vez desde que abriera al público en 1793, las pinturas del museo más visitado del mundo “abandonan” sus emblemáticas paredes y se trasladan a un parque ubicado a más de siete mil kilómetros de su entorno.
Santo Domingo está de fiesta. Seis siglos de pintura europea adornan las verjas del parque Independencia para deleite de transeúntes, turistas y amantes del arte universal.
Turismo cultural
Poco importa que no sean los cuadros originales. Ni que llueva durante el paseo. El parque Independencia de Santo Domingo, kilómetro cero de la ciudad y mausoleo donde reposan los restos de los padres de la Patria, ha cedido sus verjas a la primera exposición itinerante al aire libre del Museo del Louvre. Y hay que aprovecharlo.
Estudiantes y adultos toman notas de las inscripciones colocadas al lado de cada pintura.
Algunas mujeres con pañuelos de colores alrededor de la cabeza se persignan al pasar ante las vírgenes y los cristos crucificados. Los más jóvenes hacen turno para fotografiarse frente a “La Gioconda”, de Leonardo Da Vinci, y “La vasija rota”, de Jean-Baptiste Greuze, y casi todos ríen a carcajadas al observar la estrafalaria originalidad de Arcimboldo en su cuadro “El verano”(1573).
En las calles que bordean el parque, los autos se desplazan con lentitud para captar detalles de la exposición y muchos turistas, asombrados porque a primera vista creen ver los cuadros originales, se acercan a observar con detenimiento.
“Bueno, de todos modos nos hemos ahorrado un viaje a París”, dicen, sonriendo, al notar que se trata de fotografías.
Seis siglos de pintura europea
Reproducidos a tamaño natural con sus respectivos marcos, son 122 cuadros de los más grandes representantes de las escuelas francesa, nórdica, italiana, española, danesa, alemana e inglesa desde el siglo XIII hasta mediados del XIX los que se exhiben en la capital dominicana.
Sólo algunos encuadres para tomar detalles significativos porque el formato excedía el panel fueron concedidos por los curadores y artistas que colaboraron en el montaje de la muestra.
La idea, aseguran los organizadores, es que las imágenes fotografiadas en alta resolución e impresas sobre vinyl sean disfrutadas por el público como si realmente estuvieran observando las originales. Y vaya que lo han conseguido.
“Es el resultado de una campaña fotográfica realizada para la República Dominicana por el Louvre, que inaugura así un nuevo concepto de exposición al aire libre, respondiendo precisamente a su misión de enseñanza y democratización del arte”, dice Marie-Catherine Sahut, curadora del Louvre, en el catálogo oficial de la exposición.
Hasta el 15 de noviembre del 2007, “La Condesa Tessin”, de Nattier; “Santa Apolline”, de Zurbarán; “La Condesa del Carpio”, de Goya y el “Retrato de Adolfina”, de Kobke, observarán desde sus marcos dorados a los cientos de visitantes que se pasean por el rectángulo casi perfecto que forma el parque Independencia en el límite occidental de la Zona Colonial. Giotto, Rafael, Van Eyck, El Bosco, Velázquez, Cabaletto, Vernet, El Greco, Rousseau, Rubens, Rembrandt, Murillo, Chasseriau… es el talento de 104 maestros de la pintura universal que luego se trasladará, hasta mediados de enero del 2008, a la ciudad de Santiago, al norte del país.
Galería pública
“Imágenes del Louvre: seis siglos de pintura europea” no es la primera exposición que convierte al parque Independencia en galería pública. Las primeras en robarle protagonismo a la Puerta del Conde y a los patricios dominicanos fueron las fotografías de Yann-Arthus Bertrand, en el año 2005.
“La Tierra vista desde el cielo” acercó el arte a la gente de la calle, a los trabajadores informales y a los que no suelen frecuentar las galerías de arte. Desde entonces, han engalanado sus barrotes de metal muchos héroes dominicanos, personajes ilustres, imágenes de los más hermosos rincones del mundo y los rostros de las mujeres dominicanas vivas más destacadas.
Gratis, abierto a todas horas, el arte vial en la ciudad es una excusa más para pasear en familia o pasar un buen rato con los amigos. Historia, arte y cultura para el pueblo. Sobre todo para el pueblo.
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Yaniris López
Yaniris López. Periodista (Listín Diario). Algo misántropa. Prefiero leer a otros, tomar fotografías e imaginarme un mundo tan lindo como una postal de Las Terrenas. Quizá por eso me deprime cualquier cosa. No me gustan los vegetales, y no soporto el ruido...
Desde Elías Piña, con amor
Virgi (Virginia Rodríguez), que nos abandonó -incluida la capital- por unas semanas para realizar una hermosa labor social en la frontera, nos escribe sobre sus primeras experiencias en Elías Piña.------
"Andando por entre el desorden cada respiro huele diferente: grajo y sudor, limón, pollo, grajo, recaíto, sazón, plástico, grajo..."
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¡Hola a todas y todos! Estoy en Comendador, capital de Elías Piña, a más o menos un kilómetro de la frontera con Haití. Llegué ayer a eso de las cuatro y media de la tarde y ahora les escribo desde un centro de computadoras con internet gratis y super lento de esos que instala Indotel en los pueblos. Queda justo al frente de la escuela, pero al parecer no siempre está abierto ni siempre hay luz. Aprovecho para hacerles un recuento sobre el inicio de mi experiencia.
El viaje hasta aquí fue de cinco horas apretada en una guagua que salió del parque Duarte y con la mochila pesadísima sobre las piernas. Llegué desbaratada. En el camino, el cobrador se peleó con un haitiano y medio se fueron a pedradas, pero no le pasó nada a ninguno. La gente de la guagua miraba el espectáculo enchinchando y riéndose. Entrando al pueblo se ven a lo lejos unas lomas con humo saliendo de distintos puntos. Me dice la hermana Mayra, directora de la Escuela de Fe y Alegría con la que vine, que es quemando árboles para hacer carbón y que no hay control sobre eso, que sólo Candelier le puso control cuando estaba en Foresta.
Hoy empecé las clases con el grupo de octavo, con séptimo empezaré mañana. Me fue muy bien, mejor de lo que esperaba. Los muchachos se interesaron en la lectura y participaron en la discusión. También duraron 15 minutos escribiendo en silencio, con pocas excepciones, lo que me parece ya demasiado bien. Me sentí orgullosa de inspirar respeto. En verdad estaba nerviosísima pero me aseguré de no dejarlo ver. Una de las chicas me escribió al final de su redacción: "Fue un placer trabajar con usted Virginia", y esa frase me vale para las dos semanas que estaré aquí. El nivel del grupo es bastante adecuado. En verdad, no sé muy bien cómo evaluar las condiciones de los alumnos y la escuela, todo depende de los parámetros. Son 40 y hasta más por curso, algunos son muy humildes. La escuela está en pleno centro del pueblo y se escucha la bulla de los motores y el mercado. El recreo es en la calle de la escuela, que cierran en horas de clases. Se les ofrece un pan a cada niño y abajo en la calle venden dulces y chucherías. Para que tengan una idea de por dónde andan las aspiraciones de los jóvenes, esto fue lo que escribieron algunos sobre sus aspiraciones: ser pediatra, psicólogo infantil, pelotero, atleta corredora, bailarina, cantante, presidente (para cambiar el país) y una dijo que quería ser una gran turista. Los profesores van en camisa y hasta en saco (tenían razón los que me advirtieron que pensara en la formalidad). Después de Community, no creo que pueda nunca dar clases en saco, pero al menos trataré de cubrirme los hombros.
Los lunes y los viernes está el mercado binacional. Es lo que mueve la economía de aquí y es todo un evento, me recordó los mercados de Pekín, en China. Aquí venden todo: ropa, zapatos, accesorios, comida, materiales de ferretería... lo único que no encontré fueron libros. La mayoría de los vendedores son haitianos que traen su mercancía en sacos sobre la cabeza o cargada en burros y mulas, a p ie desde el pueblo del otro lado. El mercado hay que verlo, gente por todas partes, tirada en medio de la mercancía que se riega sobre el piso de tres, cuatro o cinco calles. Andando por entre el desorden cada respiro huele diferente: grajo y sudor, limón, pollo, grajo, recaíto, sazón, plástico, grajo... en fin. También tienden lonas azules para proteger del sol. Los que quieran sus zapatos me pueden ir mandando sus números, la marca que quieren y el presupuesto máximo, que aquí anda en 200 y 300 pesos…
Bueno nada, tengo más cosas que contar (como que hoy almorcé junto a cinco religiosas carmelitas... no se imaginan todo lo que me pasaba por la cabeza), pero no tengo mucho tiempo. La familia donde me quedo es super acogedora, son una pareja un poco mayor, como a diez minutos o menos caminando de la escuela. Me prepararon una habitación para mi con una cama grandota y la señora, que se llama Marta, me añoña muchísimo. El único momento un poquito raro fue cuando el esposo, Antonio y le dicen Pirín, mencionó que el único presidente que pensaba en los pobres había sido Balaguer. Yo sólo comenté que había sido muy corrupto y no insistí más. Trataré de no volver a hablar del tema. Ella, Marta, es muy religiosa e imparte catequesis a los jóvenes. Aquí todo el mundo parece ser muy religioso, yo sólo me quedo callada, pregunto y escucho. Espero que los temas y los texos que voy a analizar con los muchachos no generen problemas en ese sentido.
Tengo señal Orange nítida, así que me pueden llamar, preferiblemente a partir de las seis porque todavía no sé si daré clases también en la tanda de la tarde.
Un abrazo a todos y todas, seguiré escribiendo cuando tenga chance. Los quiero mucho,
Virgi
(31 de marzo, 2008)
Yaniris López. Periodista (Listín Diario). Algo misántropa. Prefiero leer a otros, tomar fotografías e imaginarme un mundo tan lindo como una postal de Las Terrenas. Quizá por eso me deprime cualquier cosa. No me gustan los vegetales, y no soporto el ruido...
¡Hola, abril!
Debiéramos amarnos de verdad
Mi casa está vacía, ¡vamos ya!
que huele a primavera mi jardín...
Y el corazón se llena de ansiedad
Gritan al sol que es hora de vivir
Quieren dejar su mundo de cartón
Quien sentir amor, quieren sentir
...
Les oigo hablar
¿Por qué esconder la dicha en un jardín?
¿Por qué ocultar un beso y sonrojar?
Por qué dejar el parque, si es abril?
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(Adolescencia, Perales)
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Yalo
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Faltan tres días...
Antes de que lleguen abril y los framboyanes algunos puntos de la ciudad se llenan de carolinas, con sus largos pétalos –realmente varillitas- de color rosa que no duran dos días en la mata. Son tan lindas que por eso duran poco: porque las cosas “lindas” duran poco. Por eso. Digo yo. La primera vez que vi una fue en un campamento en Hainamosa –time ago- cuando esa parte de Santo Domingo Oriental era un monte digno de visitarse con la misma pasión que se iba a los campamentos de Jarabacoa o Constanza. Me pasé la tarde entera acariciándola y pasándomela por los brazos y la cara. Volví a ver otra años después en el Jardín Botánico, y como una no va todo el tiempo al JB pensé que estaban en peligro de extinción, hasta que me fijé que el boulevar de la avenida Quinto Centenario está lleno de ellas, y que es en marzo cuando florecen. Y entonces las espero así como espero abril y los framboyanes. Yolan dice que si alguien no quiere recoger basura el año entero que siembre carolinas. Es curioso, la mata se llena de flores cuando bota las hojas. De hecho –dice M. I. Soldevila que no se dice mata, pero en fin-, la mata no dice nada antes de que empiecen a formarse los toconcitos de donde saldrán las flores. ¡Hurra por ella!, porque luego llegan los capullos que, al abrirse, hacen que, de vez en cuando, una piense que realmente existe una fuerza poderosa –allá arriba- que dotó la tierra de hermosas formas.
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¡Ay, ay, ay…! Mi papá es un c…
¡Pobre carajita! Qué pena que no le pregunté –sonriendo, claro- el nombre y el apellido al chico, para regalarle esta foto a la nena cuando crezca y le pregunte a su pai por qué no escogió otro lugar para sentarse que no fuera debajo de las podridas tablas del podrido puente que atraviesa el Jimenoa, uno de los ríos-balnearios-etc.- más visitados de Jarabacoa, tan visitado que una se pregunta dónde es que se meten los 20 pesos que cobran por bañarse allí. Bueno, sí sabemos dónde se los meten… Eh, sí, ahí mismo.PD: El ¡Ay, ay, ay…! debe cantarse dos veces como en aquella canción de Menudo:
Ay, ay, ay,
ay, ay, ay,
creo que me voy a enamoriscar!
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En la ciudad, nadie se mata por comer jina
Virgi (23 añitos) asegura que ha visto muchas veces este árbol en muchos lados y que, la verdad, no le parecía nada extraordinario, sólo una mata más.
Lo que a Virgi nunca le pasó por la mente –y es raro, porque le fascina montear- es que esa masita blanco con rojo que explota de sus vainas es un delicioso manjar para los chicos del campo. Qué vida nos dábamos maroteando y tirándole palos a las matas de jina. ¿O es gina? Digo maroteando porque es imposible subirse a cogerlas (tienen espinas). A veces esperábamos que cayeran vainas enteras para sacarles las semillas negras y aprovechar mejor la masa.
Eso es en el campo. Aquí en la ciudad, en cambio, las matas de jina (Pithecellobium dulce) se llenan de hermosas vainas y nadie repara en ellas, nadie se detiene a recogerlas o a tumbarlas. Salvo Virgi, que para ver si era verdad no dudó en encaramarse en esta verja, “jalar” una rama de esta mata y “apiar” una "baqueta". Pero no le gustó su sabor y la tiró.
Debe ser que no es lo mismo una jina del campo que una de la ciudad. Debe ser que no saben igual, porque las que yo comía eran dulces, sabrosas. Debe ser por eso que casi nadie se mata por cogerlas aquí. ¡Pobres chicos citadinos!
Lo que a Virgi nunca le pasó por la mente –y es raro, porque le fascina montear- es que esa masita blanco con rojo que explota de sus vainas es un delicioso manjar para los chicos del campo. Qué vida nos dábamos maroteando y tirándole palos a las matas de jina. ¿O es gina? Digo maroteando porque es imposible subirse a cogerlas (tienen espinas). A veces esperábamos que cayeran vainas enteras para sacarles las semillas negras y aprovechar mejor la masa.
Eso es en el campo. Aquí en la ciudad, en cambio, las matas de jina (Pithecellobium dulce) se llenan de hermosas vainas y nadie repara en ellas, nadie se detiene a recogerlas o a tumbarlas. Salvo Virgi, que para ver si era verdad no dudó en encaramarse en esta verja, “jalar” una rama de esta mata y “apiar” una "baqueta". Pero no le gustó su sabor y la tiró.
Debe ser que no es lo mismo una jina del campo que una de la ciudad. Debe ser que no saben igual, porque las que yo comía eran dulces, sabrosas. Debe ser por eso que casi nadie se mata por cogerlas aquí. ¡Pobres chicos citadinos!
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Fue entonces cuando el sol se partió en dos…
Para recuperar el esplendor del que gozaba hace más de cien años, cuando sus puertos eran los más importantes del país y el dromedario dormido uno de los monumentos naturales más visitados, la provincia deseó que algo sobrenatural pasara.
Querían superar los años que siguieron a la llegada del patricio por Manzanillo y a las luchas por la Restauración, cuando después de tanta gloria el norte dejó de ser fructífero y las inversiones se trasladaron a la capital; cuando, para justificar la huida, se dijo que el noroeste ya no era más que cambrones, guazábaras y chivos con sabor a orégano.
Montecristi le pidió –a alguien allá arriba- que le devolviera parte de aquella riqueza histórica y natural que hacía sentirse orgullosos a los “linieros”: algo más ecológico que su flamante reloj centenario, algo más atractivo que su enorme salina, menos agotador que subir las escaleras de madera que llevan al Morro, más encantador que las arenas amarillas de sus playas y sus mangles gigantes y más duradero que la villa de Doña Elisa. Algo tan sublime que valiera la pena recorrer más de 300 kilómetros para verlo, y tan sobrenatural que sólo la naturaleza dispusiera de su belleza.
Y fue entonces cuando el sol se partió en dos…
Y así se deja ver en los meses de invierno cada vez que, pasadas las cinco de la tarde, una delgada nube se cruza en su camino y sus rayos se dispersan llenando la bahía de hermosos tonos naranja y rosa, trayendo de vuelta aquel esplendor que una vez hizo única y especial aquella línea del Atlántico…
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P.D.: A veces, incluso, se parte en tres…
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En el mercado
Los pocos menos de 11 años del niño haitiano que me atendió no escondían su gran sabiduría. Quizá por eso sus padres le tienen tanta confianza y lo dejan atender a los clientes en el puesto que tienen en el mercado de la Duarte con París.- Cada montoncito de ajíes, ¿cuánto vale?
- Diez pesos.
- Ah, ¿y tienen muchas semillas?
- Nooo, no tienen nada de semillas. Nada.
- Anda, qué pena, porque sólo quiero las semillas. Pa' un remedio.
- ¡Siiiííí! ¡Tienen muchísimas! ¡Muchísimas semillas! ¡Mira!
Y comienza a cortar los ajíes. Sus papás, hermanos o demás familiares ni se enteran. Hablan de "cosas" de espaldas a nosotros.
- ¡Nooo! – le digo yo. –No los cortes. Te pelearán tus papás si al final no los compro.
Pero, efectivamente, y comparados con su diminuto tamaño, los ajíes eran más semillas que fina masa. Estaban llenos de semillitas blancas.
- Ahhh, sabichón, me dijiste que no tenían nada de semillas.
Sonríe, y medio avergonzado me dice:
- Eh... lo que pasa es que a la gente no les gustan con semillas.
Y entonces recordé aquel cuento que una vez me hizo Yolan –que a su vez le hizo su amigo Víctor Piña- sobre un hombre acusado de robar un abanico que, una vez ante el juzgado, al ser interrogado por el juez sobre si realmente cometió el hurto éste le responde que no, que cómo va a ser, a lo que la víctima del robo le responde:
- ¡Ah, usted juez que tá pendejo!, porque él le va decir que se robó el abanico, ¿verdad?
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La playa de moda
Ni una sola palmera, ni árboles frondosos ni sillones para tomar el sol. Tampoco se ven señales de las exóticas flora y la fauna que promueven los ecologistas como símbolos del Parque Nacional Jaragua. Sólo el sol abrasante de un mediodía que se alarga hasta las 4:00 de la tarde y caminos de arena que calientan los pies e impiden caminar. Sólo cactus, árboles que dejan pasar el sol y matorrales; sólo agua salada y un silencio sepulcral apenas perturbado por el rumor de unas olas minúsculas que se niegan a echar espumas.Es más, dicen que no es una bahía, sino una gran ensenada. Y de ecoturismo ni hablar: la Secretaría de Estado de Medio Ambiente prohibió acampar en la zona el año pasado. Entonces llegan las preguntas: ¿qué tienen esos siete kilómetros de playa que enamoran al visitante? ¿Cuáles detalles la hacen irresistible? ¿Por qué se ha convertido en el destino de moda local que todos quieren visitar y los grandes empresarios turísticos se disputan? ¿Cuáles son los encantos de Bahía de las Águilas?
Yaniris López. Periodista (Listín Diario). Algo misántropa. Prefiero leer a otros, tomar fotografías e imaginarme un mundo tan lindo como una postal de Las Terrenas. Quizá por eso me deprime cualquier cosa. No me gustan los vegetales, y no soporto el ruido...
Tarde pero seguro
145 años después de la inauguración del primer metro, en la ciudad de Londres (1863), 112 años después de los de Budapest y Glasgow (1896), a 108 del gran metro de París (1900) y a 104 de la inauguración del gusano de Nueva York (1904), Santo Domingo estrenará metro, este mes, "si todo sale bien". Los catorce kilómetros, ocho más que los que tuvo el primero de Londres, comienzan en El Marañón de Villa Mella y terminan en La Feria. No. Nada.
Infografía: Listín Diario
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Mis personajes favoritos
Hacen una especie de máscara con tela de nylon (mediapantys) cubierta con una malla de puntitos (parecida a un mosquitero pero con los cuadritos más amplios) que les permite ver.
A nadie le gusta acercárseles -no hay que decir por qué-, pero yo quería una foto. Les dije que no se les ocurriera abrazarme (ja, ja, ja!) y ¡¡¡arrrrgggggg!!!
En fin. La bailadora de aro es toda una veterana del carnaval vegano. Si no los tiene ronda los cien años, pero baila y se mueve mejor que cualquiera, y no le tiene verguenza a nadie. Es tan famosa que ya encontró patrocinio...
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¡Cojoy...!
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“Párate Ahí Tours” (Monumento al ego 11)
Siempre digo que lo único que queda de los viajes son las fotos. Y es cierto. Pero no en esta ocasión. Del 19 al 21 de enero, las fotos no fueron mis favoritas. En ocasiones, no sin cierto dolor en el alma, debo admitir que otras cosas les roban el show.
Fue placentero llenar casi cinco horas de carretera hasta llegar a la punta de la parte que nos toca como isla, Montecristi, cantando sin parar, hablando de todo y repitiendo un cd hasta agotar las letras o aprendérselas de memoria –y no por falta de otros ejemplares.
Porque es cierto que en esta ocasión les sacamos partido a los corales de Cayo Arena, luego de comprobar que la carretera que lleva a Punta Rucia sigue sin dolerle a nadie. Aprendimos –por fin- a usar el snorkel por más de 10 minutos. Y fue un atrevimiento de lo más “oportuno” sortear las tablas podridas que llevan al Morro y contemplar, desde allí, una de las vistas más espectaculares que nos regala la naturaleza. Orgullo isleño que sale de vez en cuando.
¿Otros más?
Pues… un chin más “guao” que tomar fotos fue compartir con Elixandra, Ismael, Rafael, Lay y Joselito, porque de Naivi, Albida y María no hay mucho que decir. El grupo, por suerte, no anda bien de la cabeza, excusa 1-A para disfrutar de la vida a plenitud.
Llenó más intentar amarrarle los cordones al “Zapato”, cuadrar bien la foto de la luna que aparecía por todos lados y tomar vino en una esquina de la ciudad convertida en parque, ojeando un juego de pelota que esa noche fue "sepulturera” para el equipo azul.
Sí. Al margen de las casas centenarias que se caen a pedazos en Montecristi, de los mosquitos que salían de la nada a consumir carne fresca, y de un parque solitario cuya glorieta son los hierros de un reloj más viejo que el sol, este es un merecido monumento al ego, en el que, claro, no pueden faltar las fotos…
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Se parece a la comarca, ¿verdad?
Yo sé que no. Pero eso fue lo primero que me vino a la mente cuando Ismael nos hizo parar en una cuesta cuando veníamos de Punta Rucia y, sorteando alambres de púas, "panales" de hormigas, mosquitos y yerba nos enseñó este paisaje que, les juro, no había visto en el país. Algo parecido sólo se puede ver en la carretera Miches-El Seibo (la del extremo este). Lo primero que me sorprendió fue eso, relacionar la estampa con la comarca del Señor de los Anillos, el hogar de los Hobbits. Puedo ver guazábaras y cambrones, y no sé qué árboles son los de color morado (¿será que están secos?).
Es el litoral norte, frente al Atlántico, entre Montecristi y Puerto Plata. Al fondo se ven los esteros llenos de mangles, y varios (bastantes) kilómetros a la derecha (si la foto continuara) se encuentra la hermosa playa de Punta Rucia.
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Cesarín
Sus ojitos se cerraban cada vez que su boca dejaba escapar un bostezo pequeñito. Tan pequeñito como su edad, uno y medio, tal vez. Tan pequeñito como su carita, redonda y soñolienta. Pero largo, un bostezo bien largo. No es que sea tan temprano: las nueve y pico de la mañana. Es que su mami vende collares y caracolas en la playa de Punta Rucia, frente al Atlántico puertoplateño, y aprovecha que a esa hora parten los turistas a Cayo Arena para ver si le compran algo. Y él tiene que acompañarla. ¿Por qué? Dios sabrá. Sentado en la fría arena entre dos mesas -está nublado y él muy cerca del mar- sus deditos encuentran consuelo en la arena pero no logra controlar los bostezos. Sólo una cosa hace que Cesarín se levante del suelo muy rápido, sonría a carcajadas, se baje un poco, coloque sus manos sobre las rodillas, levante la cabeza y suba los brazos hasta el cielo: posar para el lente de Yalo.
PD: Lamentablemente, su mami dijo más tarde que se pone así con sólo ver una cámara.
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Lo que trae Sans Soucí
Según Lisandro Macarrulla, presidente del Grupo Sans Soucí, durante la presentación de la nueva imagen del Puerto de Santo Domingo:- Una marina deportiva con 500 atracaderos para botes.
- Un puerto turístico con la infraestructura necesaria para recibir más de un millón de turistas al año por la vía marítima.
- 2,000 unidades habitacionales, hoteles, restaurantes y centros comerciales.
- Más de 400 millones de dólares anuales.
- Más de 20 mil puestos de trabajos directos e indirectos.
- Significativos aportes fiscales producto de la actividad económica que se realizará.
Muy bien. Sin comentarios...
Foto:Bohío.com/Otto Piron
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Pico Duarte, una odisea que cambia vidas
Dos días son suficientes para coronar la cima más alta de las Antillas y vivir, en ese tiempo, la mayor experiencia ecoturística que ofrece el territorio dominicano. Yaniris López
LD/1/09/2008
El viaje comienza casi siempre un viernes en la noche con la llegada a Manabao, en la provincia de La Vega. Durante el trayecto, la oscuridad esconde enormes campos de tayota que se confunden con la maleza verde y estrechas hileras de espuma blanca que harán la delicia al regreso. Para pasar la noche hay dos opciones: la caseta de la Secretaría de Medio Ambiente o alquilar alguna vivienda en la comunidad.
Ya sea que el viaje lo organice una agencia de viajes o un grupo de amigos, algunas cosas ya discutidas antes del viaje tienen que ponerse en orden esa misma noche: los mulos llevarán el equipaje hasta la última parada, sería bueno usar pantalones de lycra debajo de los jeans y nadie debe olvidar colocar en la mochila una capa impermeable, por si llueve. Hay uno o varios mulos de emergencia. Aunque muchas personas terminan por subir el pico sobre ellos, es mejor hacerlo a pie. Ese es el viaje que realizaremos. Al día siguiente comienza la aventura.
TODO LISTO
Bien temprano, alrededor de las 6:00 de la mañana del sábado, todos deben estar listos para partir. El desayuno tiene que ser pesado, porque durante el trayecto sólo se podrá tomar agua y comer pequeñas porciones de chocolates y picaderas. Tiene lógica, mientras más ligeros viajemos, menos nos cansaremos y podremos avanzar más deprisa. Pero esta norma no siempre se cumple. Así que si ves un palo rodando por ahí antes de salir del pueblo, tómalo, te será de mucha utilidad cuando comprendas que el ejercicio recomendado tres meses antes no fue suficiente, que el aire comienza a “pesar” y que las piernas, aunque quieras, no responden.
El ascenso comienza “oficialmente” al cruzar la caseta de Medio Ambiente donde se cobra la entrada al Parque Nacional Armando Bermúdez. Todo marcha bien, el ánimo no podría estar mejor. El camino está hecho. Hace muchos años que las autoridades de Medio Ambiente habilitaron las rutas que dan paso al pico Duarte. Subir por las de Azua y San Juan de la Maguana tomaría entre cuatro y cinco días y son más empinadas, por eso la ruta más usada es ésta, la de Manabao.
Si el grupo es pequeño, los organizadores se encargarán de que nadie quede fuera de vista. Si el grupo es grande, más vale no perder de vista al compañero del frente.
¡A SUBIR!
Las primeras subidas son suaves. Los pinos y los helechos dominan el paisaje. El río aparece a intervalos y hay que cruzarlo en determinado momento. La próxima parada está cerca. La botella de agua se va llenando con el líquido transparente de los riachuelos que salpican toda la zona. No es necesario usar los mulos de emergencia por ahora. Dos paradas más de 10 minutos. Se pierde la noción del tiempo. Entonces las zanjas se hacen más hondas y empinadas. Las piernas comienzan a hacer de las suyas y el calor se torna insoportable en pleno invierno. Estamos en el corazón de la cordillera, en el Alto de la Cotorra, a 1,720 metros de altura. Atrás dejamos Los Tablones. Tres kilómetros más y estaremos en La Laguna, a 1,980 metros de altura.
Las recomendaciones de los guías zumban en los oídos: “No se paren muy seguido. No se recuesten de los árboles, no doblen las rodillas, respiren correctamente, no tomen mucha agua porque se pondrán pesados. Resistan. Ánimo. Ya casi llegamos a El Cruce. Recuerden que viaja con nosotros un paramédico. Si no aguantan más avisen”.
En El Cruce, cuando pensamos que íbamos a morir, el camino se divide en dos: por el de la izquierda se llega al valle del Tetero, y por el de la derecha a nuestro destino.
Aquí comienza la verdadera subida al pico Duarte. A los pocos minutos, los mulos de emergencia se reparten entre los atletas y los valientes ciclistas que juraron que lo subirían a pie. Los chicos musculosos pasan vergüenza al ver que los más delgados y frágiles les adelantan como si nada. Aquí también comienzan las maldiciones y ¡ay si a algún guía se le ocurre decir que hay aventureros dominicanos, como Iván Gómez o Roger Jover, que lo han subido más de 20 veces!
Sólo al llegar a Agüita Fría la situación cambia. Se nos conceden largos minutos para ver el nacimiento del río Yaque del Sur, tomar fotos y descansar. Deben ser las cuatro de la tarde. Es la última parada antes de llegar a Compartición, donde pasaremos la noche y adonde todos los grupos deben llegar preferiblemente antes de que oscurezca.
A partir de Agüita Fría el viaje es una delicia. Los pinos arriba, los pajones abajo, las flores silvestres y un camino recto al principio, y muy inclinado al llegar a La Vela, nos llevan hasta Compartición, a cuatro kilómetros del pico Duarte.
Aquí también hay dos opciones para hospedarse: en la caseta de Medio Ambiente o en casas de campaña. La ventaja de la primera es que muchas otras personas dormirán contigo en los pequeños catres o en sus fundas de dormir y los cuentos durarán toda la noche. La ventaja de la segunda es que dormirás en silencio, escuchando la lluvia, si llueve, y sin ratones merodeando.
Además de la caseta de hospedaje, en Compartición funciona una cocina común con varios fogones y un área para fogatas. A varios metros ñbajando- hay un río con el agua más fría que el hielo. Al llegar, los guías ya tienen lista la cena de los grupos organizados. El frío cala los huesos y es casi obligatorio refugiarse entre las brasas de una fogata que se convierte en el alma de la aventura. Gente de todas partes del país y el mundo comparten experiencias. Entre risas y bromas, algunos chicos se cuentan las ampollas de los pies. Alguien se cayó de un mulo. Nadie dejó abandonados los tenis. Atrás quedaron las quejas. Mañana subiremos los cuatro kilómetros que faltan.
¡ARRIBA!
Entre siete y nueve de la mañana del domingo comienza el éxodo hacia el Valle de Lilís. Renovadas las fuerzas, esto será pan comido.
Pero no. La modorra del día anterior se presenta apenas comienza el viaje. Otra vez es necesario repartir los mulos y aguantar la risa de los que suben sin problemas.
Algunos se devuelven a Compartición, simplemente no pueden seguir. Vuelven las maldiciones, el lodo porque llovió en la madrugada, el cansancio. Y justo cuando el camino de pajones buscaba la eternidad aparece el nombre del Valle de Lilís, grande, inmenso, con bancos para descansar.
A 1.2 kilómetros, sobre otra cumbre de forma perfecta que se levanta sobre su falda, se encuentra el Pico. ¡Por fin! Los fuegos forestales que azotaron la zona dejaron un gris entre las ramas de los pinos y es posible ver la silueta.
Y entonces el letrero más famoso del viaje hace su aparición. Hacia arriba, el pico Duarte; a la derecha, La Pelona, su cumbre casi gemela, pues apenas unos metros diferencian su tamaño. Se ve cerquita, fácil. A partir de este punto no se permite el uso de animales. El que quiera completar el viaje tiene que hacerlo a pie. Pero se ve tan cerquita que no importa. Y de nuevo nos equivocábamos.
Otra vez el sol abrasante pese a estar tan alto. Otra vez las quejas.
Otra vez las piernas tambaleantes. Otra vez los tenis dejados en el camino. Y justo cuando una brisa fría le ganó la partida al sol apareció por entre los árboles el ansiado letrero verde y amarillo, al lado de un montón de piedras: Bienvenidos al pico Duarte, 3,087 metros de altura. Queda un último pedacito de tres metros por subir. Sobre las piedras gigantes, detrás del busto de Juan Pablo Duarte, una bandera de mediano tamaño ondea hacia el infinito, hacia un precipicio sin fondo que, vaya paradoja, es el que se encarga de controlar las emociones porque antes de tomar las fotos llegan los abrazos, las lágrimas, la risa y un “¡lo hicimos!” que durará por siempre en la memoria.
Y luego, largos minutos para contemplar el paisaje. Si está nublado, es poco lo que se puede ver desde allí. Pero si la suerte acompaña al grupo, la naturaleza nos premia con la vista más deseada de los artistas del pincel: el azul del cielo, el amarillo del sol y el verde de las montañas fundirse en un paisaje único que hace olvidar los 22 agitados kilómetros que habrá que recorrer de vuelta a Manabao. No importa, volvemos el año que viene.
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Yaniris López
Yaniris López. Periodista (Listín Diario). Algo misántropa. Prefiero leer a otros, tomar fotografías e imaginarme un mundo tan lindo como una postal de Las Terrenas. Quizá por eso me deprime cualquier cosa. No me gustan los vegetales, y no soporto el ruido...
Estero Hondo (Monumento al ego 10)
Entramos al colmado, ubicamos un baño-letrina en una casa, mendigamos unas guayabas que unos chicos se estaban comiendo y luego, pendejamente, nos enteramos de la soledad del lugar. Una camioneta pasó dejando una estela de polvo que ya se imaginarán. Y a los pocos minutos varias personas salieron a las calles a mojarlas con mangueras y cubos de agua. Sí, adivinaron. La pobre gente de Estero Hondo estaban esperando a que les arreglaran las calles y cada vez que pasaba un vehículo les inundaba las casas de polvo. Por eso las mantenían cerradas. Eso fue en febrero del año pasado, espero que... retiro lo dicho. Por un momento pensé que los síndicos del país trabaj...
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En la imagen: Nairobis, María, Yalo y Jaclin. Foto: Víctor Vidal
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Yaniris López. Periodista (Listín Diario). Algo misántropa. Prefiero leer a otros, tomar fotografías e imaginarme un mundo tan lindo como una postal de Las Terrenas. Quizá por eso me deprime cualquier cosa. No me gustan los vegetales, y no soporto el ruido...
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