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Despedida de año en La Sal


Yaniris López 
La Vega 
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A unos 1,060 metros sobre el nivel del mar, rodeado de pinos, hierba y flores silvestres, el centro de visitantes de la montaña La Sal, en Jarabacoa, promete y cumple una acampada que reaviva el espíritu montero y al mismo tiempo frena y aleja, así sea por un día y una noche, el estrés y las preocupaciones.
No hay prisas. Solo dejarse llevar. Caminar. Explorar. Sentir el frío de la montaña. Capturar imágenes y vivencias mientras se cuaja un sancocho, te pones al día con amigos de aventuras pasadas y conoces gente maravillosa. 
Hay dos opciones para llegar. La primera es recorrer a pie los 10 kilómetros que unen la caseta con El Arroyazo, punto de partida del más exigente circuito de senderismo que ofrece la reserva científica Ébano Verde. Como El Arroyazo se encuentra en Constanza, la caminata “Sendero al Centro La Sal” une los dos municipios veganos a lo largo de las laderas de loma La Golondrina y en su ruta panorámica regala al viajero todos los tonos de verde del bosque húmedo dominicano.


La otra opción es tomar la carretera La Sal, siguiendo un sendero sombreado de unos 10 kilómetros que inicia en la comunidad Paso Bajito y atraviesa el río Jimenoa y su emblemático puente colgante. 

Punete colgante sobre el río Jimenoa.

Marotear lulo, toronja, naranja y candongo forma parte de las delicias del recorrido.
Así, próximo al arroyo La Sal, sobre la grama o al calor del fuego de la chimenea, rememorando viajes y aventuras en los montes dominicanos, los chicos y chicas que recorren la geografía nacional con Manuel Peralta Ureña (@MonteroDeCorazón) eligieron este punto del macizo oriental de la cordillera Central para despedir el año y desear, para todos los viajeros y amantes de la naturaleza, un 2026 cargado de nuevas y fascinantes andanzas. 

Acogedor. El centro cuenta con baño y cocina. 







En El Arroyazo, Constanza, inicia y termina el sendero dentro de la reserva que lleva a loma La Sal. En la imagen: Chiara.

20 años del Adventure Team

Utah, 2002. Un año antes, la selección regional del MAT catapultó a Jarabacoa (La Vega) como destino de aventura y deportes extremos

Yaniris López
yaniris.lopez@listindiario.com 
Santo Domingo

Este 2022 se cumplieron 20 años del Marlboro Adventure Team (MAT), la aventura que reunió en Utah, Estados Unidos, a 36 jóvenes de 13 países que cumplieron el sueño de vivir experiencias extremas retando los paisajes del oeste norteamericano.
Un año antes, la selección regional para América Latina de los participantes del MAT 2002, celebrada en el país, catapultó a Jarabacoa como destino de aventura y deportes extremos.
Pocos se imaginaban que en unos cuantos kilómetros, en los alrededores de Rancho Baiguate, se pudieran realizar todas las competencias exigidas a los jóvenes que aspiraban al viaje final: escalada, rafting, cabalgata, jeeping, rapel, tirolesa y four wheels.
Estos y otros deportes como el motocross y el montañismo los vivieron en el sureste de Utah, pero en una versión extrema inimaginable, Iván Gómez, Roger Jover Rivera, Loreley Sáinz y Juan Francisco Pérez (Quírico), los jóvenes representantes de República Dominicana en el MAT.
Los acompañaron un delegado de la Philip Morris (Agustín Fernández) y como prensa Sergio Carlo (TV) y Yaniris López (periódico Hoy). 

Fueron catorce días de un mayo inolvidable. La retina congelaba en cada recorrido el polvo, la nieve, las piedras, el viento, el resplandor de los lagos, los rápidos de los ríos Green y Colorado, las montañas verdes, las flores de estación, los pueblitos, las carreteras interminables y las formaciones rocosas (paredes, columnas, arcos, agujas y laberintos) de un mundo que, en ese momento, representaba el lado salvaje de una marca comercial.

 “UN EQUIPO COMO NINGÚN OTRO”

 Divididos en cinco grupos y acompañados cada uno de un guía y un fotógrafo, los chicos partían a jornadas de dos días por cada deporte extremo.
El itinerario de la prensa e invitados especiales también incluyó pesca, senderismo y visitas a lugares emblemáticos de la Tierra de los Cañones como el Punto del Caballo Muerto, Fry Canyon, el Newspaper Rock, el Parque Nacional de los Arcos y Lake Powell (entre Utah y Arizona).
Los equipos se juntaban cada dos días en un campamento base. La  noche de ese encuentro, alrededor de una fogata rodeada, a su vez, por las casas de campaña, es una estampa que resume una experiencia que, tal como plasmaron los chicos dominicanos en las crónicas del viaje, marcaron sus vidas de una forma difícil de explicar. 
Porque ir al MAT era, para los amantes del turismo de aventura y los deportes extremos, algo más que un sueño.
Veinte años después, la nostalgia repasa en la memoria vivencias como una tormenta de nieve a menos de treinta minutos de sol; horas de caminata por los túneles de piedra de Fry Canyon, compartir montura y café con cowboys de verdad o recorrer en bote las aguas azules del lago Powell.
O recordar la disciplina inquebrantable de Iván, el humor ‘oculto’ de Quírico, la sobreprotección hacia Loreley, la pasión que pone Roger en todas las cosas y las ocurrencias de Sergio. Porque Sergio era el alma de las fogatas. Fue el animador ‘oficial’ de los campamentos base, el que alegraba y alborotaba las noches, el que ponía en valor el intercambio de culturas del MAT.  


 MELANCOLÍA.  Poco importa que el tiempo y la vida distancien los cuerpos. Que las tareas diarias dirijan ahora la mirada de Roger a la ingeniería civil, la de Quírico a las finanzas y la de Loreley al diseño de producción. Iván alcanzaría en 2011 la cima del Everest. Las fotos del MAT nos recordarán siempre que el monte hermana, y que esa hermandad y el cariño que nació con ella no se pierden nunca porque forman parte del espíritu generoso y sensible de las almas aventureras.

DE INTERÉS.
-- El MAT nació en 1983 como una promoción/premio de la marca Marlboro. Esta campaña incluía una colección especial de ropas y accesorios que más tarde se convertirían en una referencia de la empresa.
-- La aventura del 2002 estaba pautada para el 2001, pero los acontecimientos ocurridos el 11 de septiembre en New York obligaron a posponerlo. Curiosamente, la mayoría de los participantes no fumaba. Todo el interés de los jóvenes se concentraba en los deportes extremos. Esta fue la última versión en la que participaron dominicanos.
-- El MAT del 2005 es el último del que se tiene registro.  


Sergio Carlo entrevistando a Loreley.

Ojos de poeta (Thunbergia alata)


Ojos de poeta (Thunbergia alata). ¿Por qué la llamarían así? Si hasta un chin de miedo dan al principio...
La mata de arriba la encontré en Jarabacoa (La Vega), en el patio del hotel Gran Jimenoa.
La de abajo, de color más intenso, estaba en Rancho Arriba (San José de Ocoa), en los alrededores de Café Samir.
Es una trepadora nativa de África y está considerada una gran invasora.




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Posdata agregada luego de la publicación

Mi amigo poeta (entre otras virtudes) Alex Solar tiene una teoría muy chula y acertada sobre el  nombre.
La comparto con su permiso: 
“¿Y te preguntas el porqué del nombre de esa curiosa flor? Pues... tiene las pupilas dilatadas, efecto de alguna droga o licor de absenta, que era el que bebían los ‘malditos’ (Baudelaire), y amarillos, de ictericia por insuficiencia hepática producto de los excesos”.



‘Jarabacoa florece para todos’


Jarabacoa prepara su noveno festival de las flores, del jueves 21 al domingo 24 de junio. El mayor desfile de carrozas de flores de República Dominicana recorrerá las calles del municipio vegano, un espectáculo que atrae cada vez más visitantes que además del desfile se acercan para ver la exhibición de las diversas especies y variedades de flores que crecen en sus montañas o comprarlas en el mercado que se prepara para esta ocasión.

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Jarabacoa: ecoturismo y producción


EL MUNICIPIO VEGANO SE ALISTA PARA CELEBRAR LA SEGUNDA FERIA MUNDIAL ECOTURÍSTICA Y DE PRODUCCIÓN, DEL 16 AL 26 DE NOVIEMBRE.

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Yaniris López
yaniris.lopez@listindiario.com
Santo Domingo
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El montaje está concluido en un 80 por ciento, los comités de protocolo y alojamiento programan desde ya la acogida de los invitados especiales y los organizadores de las ofertas ecoturísticas esperan con entusiasmo mostrar a los visitantes los atractivos naturales de la meca del turismo de montaña dominicano. Jarabacoa, en fin, está prácticamente lista para acoger la Segunda Feria Mundial Ecoturística y de Producción, a celebrarse del 16 al 26 de noviembre de 2017 en una finca de 70,000 metros cuadrados ubicada en el distrito municipal de Buena Vista.

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Invitados especiales que se quedan a vivir









Elige un río... ¡Vive el verano!

Que las altas temperaturas solo sean una excusa para salir de la ciudad y disfrutar de los afluentes que retan al calor. ¡Crea tu propia ruta!

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Llegó el verano con su abrasante sol, noches pegajosas, sudores apenas caminas unos cuantos metros y una indeseable humedad en el aire mezclada con polvo y raros olores. ¿Ponerse de mal humor por ello? No se vale. Es la mejor excusa para salir de la ciudad y vivir la temporada a plenitud. 
Verano se escribe con ‘r’ de río. Aguas dulces para refrescar el cuerpo y zambullirse sin temor a darse un trago; pozas a las que saltar desde una piedra, manantiales de corrientes frías que hacen tiritar, regolas, ambientes sombreados donde descansar y dejar a un lado las prisas...
Hay muchísimos para elegir en todas las regiones dominicanas. 
Te proponemos algunos para empezar, muchos de ellos de fácil acceso y ubicados próximo a comunidades y centros ecoturísticos que facilitan la estancia y la seguridad.

Ríos y saltos en Monte Plata. El gran charco que se forma sobre el río Comate, a unos tres kilómetros de Bayaguana, sigue siendo el balneario más visitado de la región Este. ¿Te gustaría disfrutar otros puntos del famoso río? Pásalo de largo siguiendo la carretera Bayaguana-Sierra de Agua y descubre por qué sus orillas son, desde hace varios años, la meca de los campamentos de verano dominicanos. Una vez en el cruce Sierra de Agua-Hidalgos, pregunta cómo se llega al Salto Alto (no confundir con un balneario del mismo nombre ubicado cerca de la carretera) y disfruta de una de las cascadas más impresionantes de República Dominicana. 

Saltos de Jima. Las Pozas de la Reina, en Bonao, han hecho del río Jima un destino popular muy visitado todo el año. En verano, prefiérelas para recorrer sus senderos en familia, respirar aire puro y sentir la frescura de las aguas en sus saltos, pequeños embalses y discretos rápidos que discurren entre piedras. Están ubicadas al sur de la presa de Rincón, en la comunidad Charco Prieto, a la que se accede desde la autopista Duarte.


La Ballena, San Juan. Si sientes que te falta el aire luego de recorrer a pie, durante unas ocho horas, 18.6 kilómetros desde La Ciénaga de Manabao (La Vega) hasta el Valle del Tetero (San Juan), el balneario La Ballena y sus aguas frías como hielo te darán la bienvenida a uno de los valles intramontanos favoritos de los senderistas dominicanos. Es la opción más alta, a unos 1,562 metros sobre el nivel del mar. 

La Cortina. ¿Te apetece un baño en aguas tan frías que taladran el cuerpo cargadas, a la vez, de buena suerte? Entonces párate unos minutos en La Cortina, un balneario a orillas de la carretera que comunica Manabao y Jarabacoa. Tienes dos opciones: bañarse bajo las aguas siempre limpias de la cortina, o en la piscina que recoge sus aguas.

Artibonito. En la zona fronteriza, la recomendación se encuentra a ambos lados de la carretera que lleva hasta la comunidad de Río Limpio, al norte de Elías Piña: las siempre frías y limpias aguas del río Artibonito, el más largo de La Española.

La Boca. ¿Aguas dulces y frías muy cerca de la playa? Las encuentras en Arroyo Salado (Cabrera, María Trinidad Sánchez), justo antes de su desembocadura en el Atlántico. Las aguas del balneario, conocido como La Boca, son perfectas para el disfrute de grandes y pequeños.


Manabao es un pueblito de ensueño. A 23 kilómetros del centro de Jarabacoa, muchos charcos se forman sobre el río Yaque del Norte y los arroyos Grande y Dajao que lo convierten en un atractivo destino veraniego. Las pozas tienen diferentes niveles de profundidad, incluyendo charquitos entre piedras ideales para los niños a la altura de La Ciénaga, la comunidad desde donde salen los excursionistas a conquistar la cima del pico Duarte o el valle del Tetero.

Jamao y Blanco. En los alrededores del proyecto ecoturístico Sereno de la Montaña, en la provincia Espaillat, los ríos Blanco y Jamao son una refrescante opción para explorar tupidas riberas y corrientes de todos los tamaños, con ofertas para recorrerlas en tubo o kayak.

La Zurza. Este frío manantial ubicado al oeste de la comunidad Vengan a Ver, en la provincia Independencia, te gustará si estás de paseo por el Suroeste y prefieres balnearios menos frecuentados que Las Barías y Boca de Cachón. Está a pocos metros de la carretera que comunica Jimaní y Duvergé.

El Mogote, una loma subestimada

El Mogote, al fondo, visto desde el parque Duarte de la ciudad.
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Yaniris López
Jarabacoa, La Vega

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Es la loma insignia de Jarabacoa, un orgullo geológico que se alza sobre los 1,560 metros sobre el nivel del mar y se alcanza a ver desde cualquier punto de la ciudad.  
Es, también, el mayor reto ecoturístico entre sus ofertas de trekking o senderismo. 
Una vez en el centro del municipio, solo faltarían unos 865 metros para llegar a la cima, odisea que se completa en un recorrido de 3.5 kilómetros.
Con dos subidas al pico Duarte, a 3,087 metros sobre el nivel del mar y una ruta de 28 kilómetros para coronarlo, El Mogote sería pan comido. Sí, eso piensa el senderista la primera vez que intenta conquistarlo.  ¿Y con qué se topa?  

La subida comienza en el costado izquierdo de la entrada al Monasterio Cisterciense Santa María del Evangelio, seis kilómetros al sur de la ciudad.  Si se está en buena forma, el viaje puede completarse en tres horas, si no, serán necesarias cuatro. De todas formas, hay que tomarse unos minutos para calentar los músculos. 
Camino que conduce a la falda de El Mogote.
¡Y a subir! 
Pasan de las 10:30 de la mañana. Los primeros metros por un sendero llano franqueado por arbustos bajos de un verde intenso, altos pinos y árboles cuyos nombres seguro que conoce el guardaparques, auguraban una gran aventura. Y así fue, pero porque la felicidad duró poco.  
El camino subía y subía y casi nunca dejó de subir.  El corazón, que no se esperaba pendientes tan pronunciadas ni se preparó lo suficiente considerando los pocos metros que tenía que escalar, comenzó a sofocarse. Una opresión en el pecho que las grandes bocanadas de aire puro no lograban reducir recomendó más de una vez desistir del ascenso.
Coronar El Mogote es una excursión famosa entre los estudiantes de bachillerato que celebran en Jarabacoa convivencias y retiros espirituales.

Nuestro guía, cuyo nombre obviaremos para no afectar su reputación ni el de la agencia de viajes local que organizó el ascenso, no podía creer que alguien se rindiera con apenas 150 metros recorridos. 
¡Qué vergüenza!  
Indi subiendo. A la derecha: una de las pendientes más traicioneras.

Él, dijo, había olvidado las veces que ha subido y bajado El Mogote, y se ufanaba diciendo que podía hacerlo -subir o bajar- en una hora y media. Hastiado sin decirlo de la haraganería de la viajera, la dejó a su suerte en más de una ocasión. 
Ahora tocaba subir por orgullo. Son apenas 3.5 kilómetros, se animaba el cerebro. 
Las consultas previas al viaje se reducen a estos mensajes: “Lleva naranja para comer, no sabemos por qué pero reaniman”. “No te lleves de los guías, que dicen que es fácil”. “Pero si has subido el pico Duarte lo conseguirás de una vez”.

¿Por qué cuesta tanto?
Lo complicado de subir El Mogote son las pendientes, algunas tan inclinadas (hasta 50 grados) que da la sensación de que en cualquier momento el viajero rodará camino abajo.  
Las raíces, los tallos de las enredederas y las ramas de los arbustos sin espinas (el rabillo del ojo se hace experto identificándolos a tiempo) son los mejores aliados para empinar el cuerpo y ganar metros. Y unas buenas botas que aseguren la tracción, por supuesto.  
Las grietas –de tierra o piedra– son tan pronunciadas en algunos tramos que el excursionista tiene que hacer, literalmente, alpinismo con las manos.  
¿Resumen? Subir El Mogote es parecido a alcanzar el último descanso de un edificio de 10 plantas subiendo los peldaños de la escalera de dos en dos. O de tres en tres.  Imaginen el esfuerzo que tienen que hacer las piernas.  

 
A eso súmenle lo descuidado que está el sendero, y el exceso de maleza que corta el paso y hiere las caras y los brazos al descubierto. Pero eso también forma parte de la aventura.
El punto de descanso también luce abandonado y lleno de desperdicios. El guía aprovecha para decir que ni Medio Ambiente, ni Turismo ni el Clúster Ecoturístico de Jarabacoa le prestan atención a la loma, pese a que lo promueven como uno de los atractivos del municipio. 

Hay que seguir...
Poco a poco el corazón se acostumbra a la altura y el ritmo cardiaco se normaliza. El aire puro llena los pulmones, la cabeza, todo el cuerpo…
A falta de naranjas, las frambuesas silvestres son un verdadero festín. A lo lejos se oye el rumor de una cascada. Todo marcha bien.  
Contemplar los bosques espesos, la biodiversidad de la loma y el paisaje verde de Jarabacoa desde lo alto de los miradores alegran el espíritu aventurero, que se olvida del guía, ahora sorprendido por el ánimo y avance de su floja compañera de trayecto.


Entonces comenzó a llover. Un poco más de la mitad del camino y las gotas, espesas y oscuras, se adueñaron del paisaje y del resplandor del mediodía. Se sabe que en esta zona de la Cordillera Central las lluvias suelen ser constantes e impredecibles y por eso hay que tomar muy en cuenta los boletines climáticos. Muchos viajes al Mogote se cancelan por este motivo a lo largo del año.
Las riadas comenzaron a formarse y la niebla a cubrirlo todo. El guía, que tiene que parar cada cierto tiempo para asegurarse de que una sigue con vida, dice que todo será más fácil una vez se pasa El Mogotico, la loma hermana que sirve de sub-cima a El Mogote. También confesó que sabía que habían pronosticado lluvias, pero que no esperaba que sería para tanto.
A cuatro horas de iniciado el ascenso, fue un alivio divisar la casita del guardaparques y la corroída torre de vigilancia de la loma. 

Una vez arriba

El guardaparques no estaba. Decenas de gallinas y gallos hambrientos recibieron a los tres empapados excursionistas. Nada, a compartir la comida con ellos.  
La cima de El Mogote es mucho más amplia de lo que se pueda esperar. Es perfecta para acampar y eso precisamente es lo que recomiendan los guías. Si no llueve, claro.  
Desde lo alto, en días diáfanos se obtienen vistas espectaculares de la ciudad de Jarabacoa y de la Cordillera Central.
Como el agua no paraba y la niebla cubría todo, la estadía en la cima duró menos de 20 minutos. Hubo incluso que elegir una ruta alterna para bajar (más larga pero menos tortuosa que la oficial) para evitar las pendientes enlodadas de la víspera.  
La lluvia nos acompañó todo el tiempo y a cuatro horas y media de iniciado el descenso, a las 6:41 p.m., apareció la puerta de hierro del Monasterio.  Adiós, Mogote.

Fácil, dicen…
Para los jarabacoenses, subir El Mogote es como comerse un helado, pero procuran no hacer comentarios despectivos del viajero que asegura, tras una primera visita, que nunca lo volverá a subir.  
Joel, un taxista local, ha subido tres veces; y Juan Luis Vicioso, recepcionista del Hostal Jarabacoa, en el centro, lo ha hecho en siete ocasiones. Ambos repiten, casi con las mismas palabras, la siguiente frase: “La primera vez que subí casi lloré, y juré que no volvía más”.   
Pensándolo bien, no estaría mal ascender de nuevo en un día con sol...

Cómo llegar. Tomar la carretera Jarabacoa-Manabao y doblar a la izquierda en el camino señalado que conduce al Monasterio Cisterciense.  
¿Con quién subir? Con amigos que conozcan el camino y agencias locales que se encargan de armar el viaje. Desde Santo Domingo, los chicos de Guías de Altura programan viajes a esta loma, aunque suelen cancelarlo a menudo debido a las condiciones del tiempo.  



Recomendaciones para visitantes primerizos o poco dados al senderismo:

  • Cualquier época del año es adecuada para subir El Mogote, pero prefieran los meses de poca lluvia o asegúrense de que existan las mejores condiciones, sobre todo si planean acampar en la cima. 
  • Prefieran subir antes o a las 9:00 de la mañana. De esta forma pueden ascender despacio y disfrutar de las vistas de las montañas sin la presión de los viajeros más experimentados. 
  • Lleven capas para la lluvia, merienda y agua para el camino. 
  • Eviten distanciarse unos de otros. La mala condición del sendero podría jugarles una mala pasada. 
  • Aunque se trata de un trayecto considerado corto en senderismo, adopten medidas de seguridad y compártanlas en grupo antes de iniciar el ascenso.  
  • Es aconsejable estar en buenas condiciones físicas. Algunas pendientes son tan pronunciadas que podrían hacer quedar mal al mejor de los deportistas. 
  •  No dejen basura ni en la cima ni en el trayecto.   
  • Viajen con guías expertos o, por lo menos, con personas locales que conozcan bien el camino y que sepan actuar ante situaciones de emergencia.   
  • En la cima no hay agua, deben llevarla con ustedes.

¿Logran verlo?

Así se ve el Salto Jimenoa I desde el mirador ubicado en la comunidad El Salto (Jarabacoa, La Vega), perdido entre los verdes de las montañas que sirven de amortiguamiento a la Reserva Científica Ébano Verde. El mirador fue construido para que personas con discapacidad física pudieran disfrutar de este espectáculo natural. Justo aquí se inicia un recorrido de 1.4 kilómetros por un frondoso sendero que lleva a la playita de la cascada; una playita repleta de guijarros, arena clara, lodo y piedras grises a  los “pies” de la cortina de espuma blanca.

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Yalo en Cayo Arena
¿Qué busca en la región Norte? ¿Playas, montañas, buceo deportivo? ¿Qué tal un recorrido por Montecristi, La Vega y María Trinidad Sánchez?

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Yaniris López
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La región del Cibao es una especie de cofre del tesoro para los excursionistas. Con playas de arenas de todos los colores, cuevas, saltos de agua, ríos, formaciones rocosas espectaculares, cordilleras, valles y rutas culturales y agroturísticas, sus algo más de 19,000 kilómetros cuadrados asombran, retan y deleitan al viajero.
Agregue a sus maravillas naturales el espectáculo anual de observación de ballenas jorobadas, poseer el único teleférico del Caribe, ser el asiento americano “donde todo comenzó” y la afabilidad del cibaeño. Las opciones, entonces, para los que este año recorrerán el país para iniciarse en el ecoturismo y explorar cada rincón dominicano, son tantas que una selección de tres siempre resultará poca. Pero hay que hacerlo.
La sugerencia playera es un cayo sin vegetación frente a las costas de Montecristi. Para caminar por tupidos senderos en la montaña, la siempre verde Jarabacoa. Y para terminar prendados de la naturaleza, una ruta ecoturística en María Trinidad Sánchez, donde, como rezaba aquel eslogan de promoción turística, sus propuestas son “inagotables”.

El Norte que cautiva
El salto Jimenoa I, el montículo coralino Cayo Arena y la ruta de la Costa Verde (con Cabo Francés Viejo como atractivo principal) completan la selección de nueve enclaves propuestos por Listín Diario para iniciar un año donde el ecoturismo sirva de inspiración para explorar, disfrutar, proteger y promover los recursos naturales y culturales de República Dominicana. 
Estas recomendaciones, por supuesto, son apenas la chispa para desear conocer más.

Cayo Arena o Cayo Paraíso
CAYO ARENA
¿Le gusta el buceo deportivo? En la costa oriental de la provincia Montecristi tiene el lugar perfecto para comenzar a practicarlo. Allí le espera Cayo Arenao Cayo Paraíso, un montículo coralino de arena blanquísima que aparece como si flotara en las aguas azules del Atlántico, luego de un paseo de 20 minutos en bote.
Ese bote parte de la idílica playita de Punta Rucia, un pueblito pesquero ubicado en el extremo oeste de Puerto Plata, a 70 kilómetros del centro urbano de la Novia del Atlántico.
¿Qué tiene de especial el cayo? Arena, sol, agua salada y la oportunidad de conocer una de las terrazas marinas mejor conservadas del país.
Si teme nadar en mar abierto no se preocupe, una piscina natural divide el banco de arena del arrecife. En este pedacito el agua es tan clara que se pueden ver los peces incluso sin usar escafandra. Gracias a esta formación y a la buena salud de los arrecifes, Cayo Arena es visitado no sólo por turistas y seguidores novatos del “snorqueling”, sino por experimentados amantes del buceo deportivo e investigadores de la fauna marina.
Cuando la jornada en Cayo Arena termina, la aventura continúa con un recorrido en bote a través de los caños bordeados de mangles frente a la costa montecristeña. Y de nuevo a Punta Rucia. 
Muchas excursiones ofrecen un recorrido por el Parque Histórico La Isabela (el primer asentamiento europeo en América) antes de llegar a Punta Rucia. Los operadores turísticos que funcionan en el pueblito se encargan de organizar los paseos al cayo.

SALTO JIMENOA I
Dos saltos de agua conforman el Monumento Natural Salto de Jimenoa, en el municipio vegano de Jarabacoa. 

El de la foto, con 75 pies de altura, es el Jimenoa 1. Se encuentra a 6 kilómetros de Jarabacoa, en el área de amortiguamiento de la Reserva Natural Ébano Verde. 
De su co-manejo se encarga la Asociación para el Desarrollo Sostenible de la Comunidad El Salto y visitarlo es ser partícipe de un proyecto modelo de sostenibilidad.
¿Cómo llegar? Ya en el pueblo, en la carretera Jarabacoa-Constanza (por dentro), un sendero de 1.4 kilómetros sorteado por arroyos y paradores con vistas panorámicas del municipio lleva hasta el salto rodeado de grandes peñascos. 

Recorrer el sendero, bañarse en el playita de la cascada, recoger guijarros, subir de nuevo hasta la comunidad y disfrutar de la cocina campesina bien valen el viaje. Arriba, en lo alto de una meseta, hay un mirador para que las personas con discapacidad puedan ver el salto y disfrutar del verde paisaje.

LA COSTA VERDE
Frente al Atlántico, desde Nagua hasta Río San Juan, la provincia María Trinidad Sánchez va dejando de este a oeste una estela de encantadores rincones que han hecho de la Costa Verde la ruta ecoturística favorita de los últimos años.

Cabo Francés Viejo. Al fondo, los fa
Lagunas (Perucho, Gri-Grí), cenotes (El Dudú), playas (La Entrada, Diamante, El Bretón, Grande, Caletón), Saltos (El Saltadero) y peculiares balnearios (La Boca) hipnotizan al visitante. 
El enclave más visitado es, sin dudas, el Monumento Natural Cabo Francés Viejo, en el promontorio de Cabrera. Esta área protegida mide apenas 1.5 kilómetros cuadrados, pero ¡cuántos buenos momentos y recuerdos regala a quienes la visitan! 
Forman parte de sus atractivos tres faros llenos de historia, un bosque, una playa, un sendero de tierra, una cueva que espera ser explorada y un largo farallón que figura, por el contraste de su forma y colores, entre los puntos favoritos de los fotógrafos locales. Y es, también, una de las vistas panorámicas más bucólicas de la costa dominicana.

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