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¿Montearás en enero?


La monteadera recomendada para empezar el año fieles a la exploración ecoturística y el senderismo es un recorrido de más de 55 kilómetros que unirá las provincias San Juan y Santiago Rodríguez.
La organiza el veterano excursionista Manuel Peralta Ureña del 18 al 21 de enero de 2020.
La aventura, que iniciará en la presa de Sabaneta, incluye travesías por las comunidades La Higuera y Francisco José, las laderas de las lomas La Hojaldra y Nalga de Maco, el río La Sidra y los pueblos de Burende, El Naranjito y Los Almácigos. Si quieres ir, escríbele a manuelpu33@gmail.com



El Mogote, una loma subestimada

El Mogote, al fondo, visto desde el parque Duarte de la ciudad.
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Yaniris López
Jarabacoa, La Vega

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Es la loma insignia de Jarabacoa, un orgullo geológico que se alza sobre los 1,560 metros sobre el nivel del mar y se alcanza a ver desde cualquier punto de la ciudad.  
Es, también, el mayor reto ecoturístico entre sus ofertas de trekking o senderismo. 
Una vez en el centro del municipio, solo faltarían unos 865 metros para llegar a la cima, odisea que se completa en un recorrido de 3.5 kilómetros.
Con dos subidas al pico Duarte, a 3,087 metros sobre el nivel del mar y una ruta de 28 kilómetros para coronarlo, El Mogote sería pan comido. Sí, eso piensa el senderista la primera vez que intenta conquistarlo.  ¿Y con qué se topa?  

La subida comienza en el costado izquierdo de la entrada al Monasterio Cisterciense Santa María del Evangelio, seis kilómetros al sur de la ciudad.  Si se está en buena forma, el viaje puede completarse en tres horas, si no, serán necesarias cuatro. De todas formas, hay que tomarse unos minutos para calentar los músculos. 
Camino que conduce a la falda de El Mogote.
¡Y a subir! 
Pasan de las 10:30 de la mañana. Los primeros metros por un sendero llano franqueado por arbustos bajos de un verde intenso, altos pinos y árboles cuyos nombres seguro que conoce el guardaparques, auguraban una gran aventura. Y así fue, pero porque la felicidad duró poco.  
El camino subía y subía y casi nunca dejó de subir.  El corazón, que no se esperaba pendientes tan pronunciadas ni se preparó lo suficiente considerando los pocos metros que tenía que escalar, comenzó a sofocarse. Una opresión en el pecho que las grandes bocanadas de aire puro no lograban reducir recomendó más de una vez desistir del ascenso.
Coronar El Mogote es una excursión famosa entre los estudiantes de bachillerato que celebran en Jarabacoa convivencias y retiros espirituales.

Nuestro guía, cuyo nombre obviaremos para no afectar su reputación ni el de la agencia de viajes local que organizó el ascenso, no podía creer que alguien se rindiera con apenas 150 metros recorridos. 
¡Qué vergüenza!  
Indi subiendo. A la derecha: una de las pendientes más traicioneras.

Él, dijo, había olvidado las veces que ha subido y bajado El Mogote, y se ufanaba diciendo que podía hacerlo -subir o bajar- en una hora y media. Hastiado sin decirlo de la haraganería de la viajera, la dejó a su suerte en más de una ocasión. 
Ahora tocaba subir por orgullo. Son apenas 3.5 kilómetros, se animaba el cerebro. 
Las consultas previas al viaje se reducen a estos mensajes: “Lleva naranja para comer, no sabemos por qué pero reaniman”. “No te lleves de los guías, que dicen que es fácil”. “Pero si has subido el pico Duarte lo conseguirás de una vez”.

¿Por qué cuesta tanto?
Lo complicado de subir El Mogote son las pendientes, algunas tan inclinadas (hasta 50 grados) que da la sensación de que en cualquier momento el viajero rodará camino abajo.  
Las raíces, los tallos de las enredederas y las ramas de los arbustos sin espinas (el rabillo del ojo se hace experto identificándolos a tiempo) son los mejores aliados para empinar el cuerpo y ganar metros. Y unas buenas botas que aseguren la tracción, por supuesto.  
Las grietas –de tierra o piedra– son tan pronunciadas en algunos tramos que el excursionista tiene que hacer, literalmente, alpinismo con las manos.  
¿Resumen? Subir El Mogote es parecido a alcanzar el último descanso de un edificio de 10 plantas subiendo los peldaños de la escalera de dos en dos. O de tres en tres.  Imaginen el esfuerzo que tienen que hacer las piernas.  

 
A eso súmenle lo descuidado que está el sendero, y el exceso de maleza que corta el paso y hiere las caras y los brazos al descubierto. Pero eso también forma parte de la aventura.
El punto de descanso también luce abandonado y lleno de desperdicios. El guía aprovecha para decir que ni Medio Ambiente, ni Turismo ni el Clúster Ecoturístico de Jarabacoa le prestan atención a la loma, pese a que lo promueven como uno de los atractivos del municipio. 

Hay que seguir...
Poco a poco el corazón se acostumbra a la altura y el ritmo cardiaco se normaliza. El aire puro llena los pulmones, la cabeza, todo el cuerpo…
A falta de naranjas, las frambuesas silvestres son un verdadero festín. A lo lejos se oye el rumor de una cascada. Todo marcha bien.  
Contemplar los bosques espesos, la biodiversidad de la loma y el paisaje verde de Jarabacoa desde lo alto de los miradores alegran el espíritu aventurero, que se olvida del guía, ahora sorprendido por el ánimo y avance de su floja compañera de trayecto.


Entonces comenzó a llover. Un poco más de la mitad del camino y las gotas, espesas y oscuras, se adueñaron del paisaje y del resplandor del mediodía. Se sabe que en esta zona de la Cordillera Central las lluvias suelen ser constantes e impredecibles y por eso hay que tomar muy en cuenta los boletines climáticos. Muchos viajes al Mogote se cancelan por este motivo a lo largo del año.
Las riadas comenzaron a formarse y la niebla a cubrirlo todo. El guía, que tiene que parar cada cierto tiempo para asegurarse de que una sigue con vida, dice que todo será más fácil una vez se pasa El Mogotico, la loma hermana que sirve de sub-cima a El Mogote. También confesó que sabía que habían pronosticado lluvias, pero que no esperaba que sería para tanto.
A cuatro horas de iniciado el ascenso, fue un alivio divisar la casita del guardaparques y la corroída torre de vigilancia de la loma. 

Una vez arriba

El guardaparques no estaba. Decenas de gallinas y gallos hambrientos recibieron a los tres empapados excursionistas. Nada, a compartir la comida con ellos.  
La cima de El Mogote es mucho más amplia de lo que se pueda esperar. Es perfecta para acampar y eso precisamente es lo que recomiendan los guías. Si no llueve, claro.  
Desde lo alto, en días diáfanos se obtienen vistas espectaculares de la ciudad de Jarabacoa y de la Cordillera Central.
Como el agua no paraba y la niebla cubría todo, la estadía en la cima duró menos de 20 minutos. Hubo incluso que elegir una ruta alterna para bajar (más larga pero menos tortuosa que la oficial) para evitar las pendientes enlodadas de la víspera.  
La lluvia nos acompañó todo el tiempo y a cuatro horas y media de iniciado el descenso, a las 6:41 p.m., apareció la puerta de hierro del Monasterio.  Adiós, Mogote.

Fácil, dicen…
Para los jarabacoenses, subir El Mogote es como comerse un helado, pero procuran no hacer comentarios despectivos del viajero que asegura, tras una primera visita, que nunca lo volverá a subir.  
Joel, un taxista local, ha subido tres veces; y Juan Luis Vicioso, recepcionista del Hostal Jarabacoa, en el centro, lo ha hecho en siete ocasiones. Ambos repiten, casi con las mismas palabras, la siguiente frase: “La primera vez que subí casi lloré, y juré que no volvía más”.   
Pensándolo bien, no estaría mal ascender de nuevo en un día con sol...

Cómo llegar. Tomar la carretera Jarabacoa-Manabao y doblar a la izquierda en el camino señalado que conduce al Monasterio Cisterciense.  
¿Con quién subir? Con amigos que conozcan el camino y agencias locales que se encargan de armar el viaje. Desde Santo Domingo, los chicos de Guías de Altura programan viajes a esta loma, aunque suelen cancelarlo a menudo debido a las condiciones del tiempo.  



Recomendaciones para visitantes primerizos o poco dados al senderismo:

  • Cualquier época del año es adecuada para subir El Mogote, pero prefieran los meses de poca lluvia o asegúrense de que existan las mejores condiciones, sobre todo si planean acampar en la cima. 
  • Prefieran subir antes o a las 9:00 de la mañana. De esta forma pueden ascender despacio y disfrutar de las vistas de las montañas sin la presión de los viajeros más experimentados. 
  • Lleven capas para la lluvia, merienda y agua para el camino. 
  • Eviten distanciarse unos de otros. La mala condición del sendero podría jugarles una mala pasada. 
  • Aunque se trata de un trayecto considerado corto en senderismo, adopten medidas de seguridad y compártanlas en grupo antes de iniciar el ascenso.  
  • Es aconsejable estar en buenas condiciones físicas. Algunas pendientes son tan pronunciadas que podrían hacer quedar mal al mejor de los deportistas. 
  •  No dejen basura ni en la cima ni en el trayecto.   
  • Viajen con guías expertos o, por lo menos, con personas locales que conozcan bien el camino y que sepan actuar ante situaciones de emergencia.   
  • En la cima no hay agua, deben llevarla con ustedes.

Rutas para hacer senderismo en RD (1)

Esta vez proponemos tres senderos por región que se pueden recorrer en poco tiempo y que apenas exigen buena voluntad y muchos deseos de caminar.

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Yaniris López
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Es la más completa de las aventuras ecoturísticas. Recorrer a pie los atractivos naturales de un lugar permite realizar otras actividades que complementan la travesía: observación de aves, fotografía, contemplación, exploración y baño en ríos y lagos.
El relieve de República Dominicana, con depresiones y elevaciones que van desde menos de 40 metros bajo el nivel del mar hasta los 3,087 metros sobre el nivel del mar, brinda al viajero la oportunidad de practicar senderismo en todos los niveles de dificultad imaginables. ¿Conoces las mejores rutas?
Desde caminatas de una o dos horas por senderos temáticos hasta recorridos de días completos en parques naturales y reservas científicas, todas las regiones cuentan con escenarios idóneos para hacer senderismo en sus diferentes niveles de dificultad.
Esta vez proponemos tres senderos por región que se pueden recorrer en poco tiempo y que apenas exigen buena voluntad y muchos deseos de caminar.
¿Qué llevar? Una mochila ligera, ropa y calzados cómodos, repelente de insectos, agua, meriendas, binoculares, protector solar, gorra para los lugares secos y soleados y, por supuesto, una cámara fotográfica.


EN EL NORTE

Jamao. El proyecto ecoturístico Sendero de la Montaña ofrece recorridos en la cuenca del río Jamao, entre las provincias Espaillat y Hermanas Mirabal, como parte de un megaproyecto sostenible que funciona en esta zona. Más en: El mayor proyecto ecoturísico.

Saltos de Jima. Los senderos del río Jima, en Bonao, entre los mejores para caminar entre pozas de agua. Más en Los saltos de Jima.
 
Manabao. ¿Todavía no se decide a subir el pico Duarte? Puede ir conociendo los alrededores recorriendo los 4 kilómetros del sendero que lleva desde Manabao hasta Los Tablones, en Jarabacoa. Más en Manabao: muy cerca del cielo; y en Pico Duarte: una odisea que cambia vidas.


EN EL ESTE
Ojos Indígenas. La Fundación Ecológica PuntaCana administra este bosque privado en La Altagracia donde un tupido sendero de 1.5 kilómetros conecta doce lagunas de agua dulce alimentadas por el río Yauya. El recorrido se realiza en 45 minutos. Ver fotos en: Manantiales en Punta Cana.

Senderos del río Socoa. En el Parque de la Biodiversidad hay habilitados dos senderos cuyo principal atractivo es el cauce del río Socoa desde su nacimiento hasta el gran salto, en Monte Plata. El recorrido desde la caseta de vigilancia hasta el nacimiento del río, a través de un bosque latifoliado húmedo, es de 2 kilómetros. Más en: Por los senderos del río Socoa.

Parque del Este y Saona. Si no le gustan los bosques ni las montañas pero sí caminar y caminar por trayectos con pocos accidentes geográficos, prefiera el sendero Padre Nuestro hasta la cueva de Chicho (Bayahíbe) y los senderos de la isla Saona. Más en: Placeres de un día.

EN EL SUR 

Isla Cabritos. El senderismo es la principal actividad ecoturística en la isla Cabritos. Casi toda la isla de 12 kilómetros de largo por 2 .5 en su parte más ancha es un sendero sin forma en el que crecen cayucos, caguey, guasábaras, guayacanes y pitahayas y los robles petrificados se mantienen en pie. Ejemplares de iguanas ricord y rinoceronte acompañan a los visitantes en esta islita tan particular: está ubicada bajo el nivel del mar dentro de un lago (Enriquillo) que se encuentra, a su vez, dentro de otra isla (La Hispaniola). Más en: Tres enclaves en el Suroeste.

Entre Azua y Barahona. Los senderos costeros de la Sierra Martín García, poco explorados hasta ahora, le llevarán a transitar por los impresionantes paisajes de la punta de esta área protegida que comparten las provincias Azua y Barahona. Y a conocer su rica biodiversidad. Más en Barahona y Pedernales defienden la biodiversidad.

Sierra de Bahoruco. De impresionante belleza son los bosques, los arroyos y las aves que se ven a lo largo de los senderos Rabo de Gato y La Placa (este último una zona de conservación del cúa). El punto de partida para visitarlos está en la comunidad Puerto Escondido, Duvergé. Más en: El Sur, dos senderos y...

Los encantos de Valle Encantado

CON RAZÓN ES FÁCIL PERDERSE ALLÍ. PALPAMOS EL PORQUÉ DE TANTAS LEYENDAS SOBRE DESAPARICIONES Y MUERTES EN EL VALLE. Y NO ES PARA MENOS

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Texto y fotos: © Avic García
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Muchas son las historias que se tejen respecto al Valle Encantado, ubicado a 2,250 metros sobre el nivel del mar, que anima a conocerlo personalmente y descubrir sus encantos. Partimos, el grupo de Indiana Adventure Team, puntuales desde Constanza a las 4:00 de la madrugada a solicitud de nuestro guía, Miguel Abreu, conocedor del ultimo rincón del lugar, y quien se desempeña en el área de búsqueda y rescates en operaciones de montaña, así como a los también guías Máximo Kelly y Martín Ramírez. Con ese aval, había seguridad de salir viva del lugar.
Luego de un desayuno que compartimos con el personal del puesto militar de Valle Nuevo, nos dirigimos hacia Alto Bandera, a 2,800 metros sobre el nivel de mar, a presentar los permisos de lugar para poder acceder al área protegida.
Salimos hacia un recorrido que nos tomó aproximadamente seis horas a través de los 20 kilómetros que conducen al Valle, ida y vuelta. Habíamos escuchado la noche anterior las leyendas sobre el valle y estábamos dispuestos a conocer el misterioso lugar, a pesar de haber un “sendero” tuvimos que ser auxiliados con el corte de algunas ramas que permitieran el acceso de tan frondoso lugar. Con razón es fácil perderse allí. Palpamos el porqué de tantas leyendas sobre desapariciones y muertes en el valle. Y no es para menos. Si no eres conocedor del lugar, es seguro que te extravías.

Leyendas
El nombre real del valle, según nos comentara la noche anterior el señor Constancio Cassá, era “Sabana sin Provecho”, ya que los cazadores de cerdo cimarrón, por alguna fuerza extraña, no podían atrapar a los animales en dicho lugar.
“Cuenta la leyenda que el valle fue habitado en tiempos remotos por un señor procedente de La Vega o Santiago, quien en compañía de dos esclavos se refugió en el lugar llevando consigo su fortuna en el “lomo de las bestias”, pereciendo el señor junto a uno de sus esclavos, logrando el otro regresar a los lugares habitados, pero no pudo explicar de dónde venía: estaba totalmente contrariado o hechizado.
Otra leyenda cuenta que dos señores se establecieron en el valle, uno de los cuales pereció; el otro, después de varios años de permanencia allí, regresó, pero en las mismas circunstancias del esclavo de la leyenda anterior: no sabía de dónde venía.
En cuanto a la fortuna, se cuenta que quedó enterrada al pie de un árbol plantado expresamente para que sirviera de señal del lugar donde fue enterrada.

Explorando
Camino al valle se encuentra la Loma de la Paila, que debe su nombre a los restos de una paila que se rompió cuando se dirigían al valle los señores mencionados. En el trayecto se encuentra también la Loma del Mulo, porque hasta allí llegó uno de los mulos que llevaban y que trató de escaparse en varias ocasiones.
Esa fortuna era lo que el general venezolano Horacio Blanco Fombona buscaba en el siglo pasado y que le costó la vida, ya que extraviado en el camino, sin poder salir, murió de hambre.
ESA FORTUNA ERA LO QUE EL GENERAL VENEZOLANO HORACIO BLANCO FOMBONA BUSCABA EN EL SIGLO PASADO Y QUE LE COSTÓ LA VIDA, YA QUE EXTRAVIADO EN EL CAMINO, SIN PODER SALIR, MURIÓ DE HAMBRE.


En lo que respecta a las leyendas que lo hacen aparecer como “encantado”, tiene su explicación en que se trata de una región muy lejana de todo sitio habitado, donde reina perpetuamente una densa niebla (datos entregados por nuestro guía).
Luego de ver los orígenes del río Nizao en pleno valle, contemplar su belleza y dejarnos encantar, partimos hacia la Sabana de Calderón, próxima al Valle Encantado. En el trayecto nos encontramos con piedras basálticas, restos de un antiguo volcán del área. En la sabana existía un aserradero a vapor con agua extraída del río. Duró aproximadamente 60 años; fue cerrado en el año 1967 por orden de Joaquín Balaguer. Del mismo salían aproximadamente 3 o 4 camiones diarios cargados con madera. En dicho lugar sólo queda una vieja caldera que no pudo ser sacada.
El reloj marcaba las 4:00 de la tarde, hora del regreso. Ya la neblina, dueña del lugar, comenzaba a poblarlo.