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Elige un río... ¡Vive el verano!

Que las altas temperaturas solo sean una excusa para salir de la ciudad y disfrutar de los afluentes que retan al calor. ¡Crea tu propia ruta!

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Llegó el verano con su abrasante sol, noches pegajosas, sudores apenas caminas unos cuantos metros y una indeseable humedad en el aire mezclada con polvo y raros olores. ¿Ponerse de mal humor por ello? No se vale. Es la mejor excusa para salir de la ciudad y vivir la temporada a plenitud. 
Verano se escribe con ‘r’ de río. Aguas dulces para refrescar el cuerpo y zambullirse sin temor a darse un trago; pozas a las que saltar desde una piedra, manantiales de corrientes frías que hacen tiritar, regolas, ambientes sombreados donde descansar y dejar a un lado las prisas...
Hay muchísimos para elegir en todas las regiones dominicanas. 
Te proponemos algunos para empezar, muchos de ellos de fácil acceso y ubicados próximo a comunidades y centros ecoturísticos que facilitan la estancia y la seguridad.

Ríos y saltos en Monte Plata. El gran charco que se forma sobre el río Comate, a unos tres kilómetros de Bayaguana, sigue siendo el balneario más visitado de la región Este. ¿Te gustaría disfrutar otros puntos del famoso río? Pásalo de largo siguiendo la carretera Bayaguana-Sierra de Agua y descubre por qué sus orillas son, desde hace varios años, la meca de los campamentos de verano dominicanos. Una vez en el cruce Sierra de Agua-Hidalgos, pregunta cómo se llega al Salto Alto (no confundir con un balneario del mismo nombre ubicado cerca de la carretera) y disfruta de una de las cascadas más impresionantes de República Dominicana. 

Saltos de Jima. Las Pozas de la Reina, en Bonao, han hecho del río Jima un destino popular muy visitado todo el año. En verano, prefiérelas para recorrer sus senderos en familia, respirar aire puro y sentir la frescura de las aguas en sus saltos, pequeños embalses y discretos rápidos que discurren entre piedras. Están ubicadas al sur de la presa de Rincón, en la comunidad Charco Prieto, a la que se accede desde la autopista Duarte.


La Ballena, San Juan. Si sientes que te falta el aire luego de recorrer a pie, durante unas ocho horas, 18.6 kilómetros desde La Ciénaga de Manabao (La Vega) hasta el Valle del Tetero (San Juan), el balneario La Ballena y sus aguas frías como hielo te darán la bienvenida a uno de los valles intramontanos favoritos de los senderistas dominicanos. Es la opción más alta, a unos 1,562 metros sobre el nivel del mar. 

La Cortina. ¿Te apetece un baño en aguas tan frías que taladran el cuerpo cargadas, a la vez, de buena suerte? Entonces párate unos minutos en La Cortina, un balneario a orillas de la carretera que comunica Manabao y Jarabacoa. Tienes dos opciones: bañarse bajo las aguas siempre limpias de la cortina, o en la piscina que recoge sus aguas.

Artibonito. En la zona fronteriza, la recomendación se encuentra a ambos lados de la carretera que lleva hasta la comunidad de Río Limpio, al norte de Elías Piña: las siempre frías y limpias aguas del río Artibonito, el más largo de La Española.

La Boca. ¿Aguas dulces y frías muy cerca de la playa? Las encuentras en Arroyo Salado (Cabrera, María Trinidad Sánchez), justo antes de su desembocadura en el Atlántico. Las aguas del balneario, conocido como La Boca, son perfectas para el disfrute de grandes y pequeños.


Manabao es un pueblito de ensueño. A 23 kilómetros del centro de Jarabacoa, muchos charcos se forman sobre el río Yaque del Norte y los arroyos Grande y Dajao que lo convierten en un atractivo destino veraniego. Las pozas tienen diferentes niveles de profundidad, incluyendo charquitos entre piedras ideales para los niños a la altura de La Ciénaga, la comunidad desde donde salen los excursionistas a conquistar la cima del pico Duarte o el valle del Tetero.

Jamao y Blanco. En los alrededores del proyecto ecoturístico Sereno de la Montaña, en la provincia Espaillat, los ríos Blanco y Jamao son una refrescante opción para explorar tupidas riberas y corrientes de todos los tamaños, con ofertas para recorrerlas en tubo o kayak.

La Zurza. Este frío manantial ubicado al oeste de la comunidad Vengan a Ver, en la provincia Independencia, te gustará si estás de paseo por el Suroeste y prefieres balnearios menos frecuentados que Las Barías y Boca de Cachón. Está a pocos metros de la carretera que comunica Jimaní y Duvergé.

Rutas para hacer senderismo en RD (1)

Esta vez proponemos tres senderos por región que se pueden recorrer en poco tiempo y que apenas exigen buena voluntad y muchos deseos de caminar.

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Yaniris López
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Es la más completa de las aventuras ecoturísticas. Recorrer a pie los atractivos naturales de un lugar permite realizar otras actividades que complementan la travesía: observación de aves, fotografía, contemplación, exploración y baño en ríos y lagos.
El relieve de República Dominicana, con depresiones y elevaciones que van desde menos de 40 metros bajo el nivel del mar hasta los 3,087 metros sobre el nivel del mar, brinda al viajero la oportunidad de practicar senderismo en todos los niveles de dificultad imaginables. ¿Conoces las mejores rutas?
Desde caminatas de una o dos horas por senderos temáticos hasta recorridos de días completos en parques naturales y reservas científicas, todas las regiones cuentan con escenarios idóneos para hacer senderismo en sus diferentes niveles de dificultad.
Esta vez proponemos tres senderos por región que se pueden recorrer en poco tiempo y que apenas exigen buena voluntad y muchos deseos de caminar.
¿Qué llevar? Una mochila ligera, ropa y calzados cómodos, repelente de insectos, agua, meriendas, binoculares, protector solar, gorra para los lugares secos y soleados y, por supuesto, una cámara fotográfica.


EN EL NORTE

Jamao. El proyecto ecoturístico Sendero de la Montaña ofrece recorridos en la cuenca del río Jamao, entre las provincias Espaillat y Hermanas Mirabal, como parte de un megaproyecto sostenible que funciona en esta zona. Más en: El mayor proyecto ecoturísico.

Saltos de Jima. Los senderos del río Jima, en Bonao, entre los mejores para caminar entre pozas de agua. Más en Los saltos de Jima.
 
Manabao. ¿Todavía no se decide a subir el pico Duarte? Puede ir conociendo los alrededores recorriendo los 4 kilómetros del sendero que lleva desde Manabao hasta Los Tablones, en Jarabacoa. Más en Manabao: muy cerca del cielo; y en Pico Duarte: una odisea que cambia vidas.


EN EL ESTE
Ojos Indígenas. La Fundación Ecológica PuntaCana administra este bosque privado en La Altagracia donde un tupido sendero de 1.5 kilómetros conecta doce lagunas de agua dulce alimentadas por el río Yauya. El recorrido se realiza en 45 minutos. Ver fotos en: Manantiales en Punta Cana.

Senderos del río Socoa. En el Parque de la Biodiversidad hay habilitados dos senderos cuyo principal atractivo es el cauce del río Socoa desde su nacimiento hasta el gran salto, en Monte Plata. El recorrido desde la caseta de vigilancia hasta el nacimiento del río, a través de un bosque latifoliado húmedo, es de 2 kilómetros. Más en: Por los senderos del río Socoa.

Parque del Este y Saona. Si no le gustan los bosques ni las montañas pero sí caminar y caminar por trayectos con pocos accidentes geográficos, prefiera el sendero Padre Nuestro hasta la cueva de Chicho (Bayahíbe) y los senderos de la isla Saona. Más en: Placeres de un día.

EN EL SUR 

Isla Cabritos. El senderismo es la principal actividad ecoturística en la isla Cabritos. Casi toda la isla de 12 kilómetros de largo por 2 .5 en su parte más ancha es un sendero sin forma en el que crecen cayucos, caguey, guasábaras, guayacanes y pitahayas y los robles petrificados se mantienen en pie. Ejemplares de iguanas ricord y rinoceronte acompañan a los visitantes en esta islita tan particular: está ubicada bajo el nivel del mar dentro de un lago (Enriquillo) que se encuentra, a su vez, dentro de otra isla (La Hispaniola). Más en: Tres enclaves en el Suroeste.

Entre Azua y Barahona. Los senderos costeros de la Sierra Martín García, poco explorados hasta ahora, le llevarán a transitar por los impresionantes paisajes de la punta de esta área protegida que comparten las provincias Azua y Barahona. Y a conocer su rica biodiversidad. Más en Barahona y Pedernales defienden la biodiversidad.

Sierra de Bahoruco. De impresionante belleza son los bosques, los arroyos y las aves que se ven a lo largo de los senderos Rabo de Gato y La Placa (este último una zona de conservación del cúa). El punto de partida para visitarlos está en la comunidad Puerto Escondido, Duvergé. Más en: El Sur, dos senderos y...

Manabao, ¡el mejor balneario de agua dulce!

Con récord de votos y todo, Manabao ganó nuestra última encuesta y se alzó, según los usuarios del blog, como el mejor balneario de agua dulce del país. El lugar obtuvo 136 de 502 votos. En un segundo honroso lugar quedó San Rafael, en Barahona, con 124 votos. Y el tercero fue para Masipedro, en Bonao, con 90 votos. Siguieron La Toma, en San Cristóbal; La Descubierta, en Independencia; y el Cachón de la Rubia, en Santo Domingo Este.
Cualquier cosa que se diga de Manabao, en Jarabacoa, resultará insulsa y posiblemente le quede corta. Sus pozas se van formando en las –a esa altura– frías aguas del río Yaque del Norte. Uno de los puntos más usados es el de La Ciénaga, el pueblito desde donde parten los viajes al pico Duarte. Los paisajes que rodean el río son impresionantes. Realmente impresionantes.
Ah, y atendiendo a algunas quejas, el balneario de Comate, en Monte Plata, no fue incluido en la encuesta porque no llenaba los requisitos.
Gracias por votar, chicos. Recuerden que después del 95% de su gente, lo más hermoso que tiene República Dominicana es su geografía, así que, ¡a disfrutarla!

Pico Duarte y valle del Tetero 2012

¡Prepara el cuerpo y los motetes y organiza con tiempo las excursiones más esperadas del año!

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Yaniris López
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Se acerca enero. El mes dedicado a celebrar el natalicio de Juan Pablo Duarte le brinda a los viajeros la oportunidad de cumplir un sueño ecoturístico que comienza a gestarse desde ahora. El reto es alcanzar los 3,087 metros del pico más alto de las Antillas, pero ese recorrido de aproximadamente 22 kilómetros, si se toma la ruta más usada que parte de La Ciénaga de Manabao, en Jarabacoa, es mucho más que hacer montañismo y observar verdes paisajes. Es un ‘viaje’: el viaje al pico Duarte, una aventura que toma connotaciones especiales en la vida de quienes lo coronan.
Este año incluimos en la tradicional lista de recomendaciones otra excursión, para viajeros nuevos o para aquellos que han subido el pico y buscan otras experiencias extremas: el valle del Tetero, a unos 1,500 metros sobre el nivel del mar, en el Parque Nacional José del Carmen Ramírez.
Manuel Peralta Ureña, un veterano de las excursiones al pico Duarte, con registro de uno y dos viajes por año desde 1999, y Felixiana Espinal, viajera y exploradora con vocación ecológica que este año completará su décima subida a la zona más alta del país, comparten con los lectores de LISTÍN DIARIO recomendaciones y pautas para hacer de estas expediciones una odisea inolvidable digna de contarse.

Antes de salir
Es de rigor que los excursionistas participen en la charla de orientación que les ofrecen las agencias de viaje semanas antes de subir al pico o al Tetero, señalan Espinal y Peralta.
Es un encuentro donde se les indicará qué llevar, qué comida deberán ingerir días antes de la excursión, cómo evitar los accidentes en el camino, cómo caminar y descansar durante las caminatas y las medidas que deben tomar para cuidar el medio ambiente.
“Si alguno padece de dolencias relacionadas con el corazón, asma o diabetes, yo le aconsejo que no vaya a menos que sea con un documento validado por un médico”, dice Peralta.

¡A preparar el cuerpo y los motetes!
La historia la confirman los propios viajeros: el verdadero placer de alcanzar el pico Duarte y los valles que lo rodean es el reto físico que implica llegar al destino. Y no siempre es tan fácil como muestran las fotografías.
Felixiana Espinal, de Breaking Tours, dice que la condición física es primordial para disfrutar el recorrido y disminuir el desgaste físico.
El viajero “deberá tener condiciones mínimas necesarias y un entrenamiento moderado, además de ser autosuficiente para el transporte de su propio equipo para el camino”, explica.
Para entrenar previo a la excursión, aconseja realizar actividades aeróbicas como trote, bicicleta y ascenso y descenso de escaleras o superficies con desnivel por lo menos dos meses antes del recorrido.
En las montañas, advierte, el descenso es más peligroso que el ascenso. “La forma correcta de andar en la montaña es a ‘paso de anciano’: suavemente y constante. Nunca se debe apoyar primero la punta del pie y después el talón: primero se debe apoyar el talón y luego el resto del pie o el pie entero en un paso. Otra herramienta muy útil es apoyarse de un bastón, alivianando el peso que cargan las rodillas, repartiéndolo en los brazos”.
Se recomienda, sigue Espinal, usar zapatos especiales para este tipo de caminata, así como vestimenta adecuada para las bajas temperaturas. Sobre la hidratación, asegura que es vital porque mantiene el cuerpo estable a la hora de realizar el esfuerzo físico, por lo que se debe tomar agua aunque no se sienta sed.
Como el montañismo es una actividad que provoca desgaste físico, debido a que los músculos se ‘sobreexigen’ y necesitan la mayor cantidad de nutrientes en el menor tiempo posible, para la excursión se debe contar con alimentos apropiados, de fácil transporte, de gran aporte energético y de fácil asimilación.
“Al preparar la comida para el camino, recomendamos consumir bananas, manzanas, pasas de uva, almendras, nueces, azúcar preferiblemente en caramelos, barras de cereales, frutas secas, chocolates, embutidos enlatados y otras comidas que se adapten a estas características”, indica Espinal.

Excursiones ecológicas
Las excursiones programadas al pico Duarte y a los valles de la cordillera Central incluyen transporte, casas de campañas, permisos de entrada, todas las comidas, mulo de emergencia, guías experimentados y la opción de viajar a pie o en mulo. Algunas opciones:
1. Pico Duarte con Manuel Peralta y José García, del Grupo Indiana, del 27 al 30, saliendo desde Santo Domingo. manuelpu33@hotmail.com
2. Valle del Tetero con Breaking Tours, del 28 al 30 de enero saliendo desde Santo Domingo. breakingtours@gmail.com
3. La Brigada Cimarrona Sebastián Lemba visitará del 2 al 8 de enero el pico Duarte y los valles del Tetero, Bao y Lilís, saliendo del pueblo del Tetero, en Azua, hasta llegar a Mata Grande, en Santiago. domingoacv2@gmail.com
4. VIP Tours ofrece dos rutas para visitar el pico Duarte y el Tetero del 27 al 30 desde SD. vip.tours@hotmail.es

Un baño de buena suerte

Muchos aseguran que las aguas de La Cortina, en Jarabacoa, dan buena suerte.

Yaniris López
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¿Buscas pareja? ¿Mejorar tu suerte? ¿Cumplir un sueño? A lo mejor es tiempo de un baño en La Cortina. Dicen que las gélidas aguas del peculiar balneario, ubicado a orillas de la carretera Jarabacoa-Manabao, en la provincia La Vega, son milagrosas y dan buena suerte. ¿Las probamos? No cuesta nada...

Aguas milagrosas

Los testimonios abundan: personas que han encontrado el amor de su vida el mismo día que tomaron el baño, y otras que han recibido buenas ofertas de trabajo con sólo dejarse acariciar por las gélidas aguas del arroyo que nace debajo de un palo, a 10 metros de donde cae la cascada en forma de cortina.
Aunque por algún motivo le da vergüenza decir lo que pidió, Milady García volvió desde Santiago tras ver cumplida una petición que hace un año hizo bajo las aguas del chorro de agua.
Stephanie Ureña, quien junto a Porfirio Abreu administra la parte privada del balneario, al otro lado de la carretera, testifica que sí, que muchas de las personas que los visitan, especialmente los fines de semana, aseguran haber visto cumplidos muchos de sus sueños.
Dice que por mucho que llueva las aguas de La Cortina nunca están sucias. “Ni crece ni baja, nunca hay menos ni más agua que esa que ves, siempre se ha mantenido así”, dice Ureña.
Al principio, expresa, se trataba de un caño de agua que brotaba de la montaña, y que más tarde fue acondicionado cuando arreglaron la carretera Jarabacoa-Manabao, hace aproximadamente dos décadas.

Balneario y restaurante

La Cortina se encuentra a unos 15 minutos del centro de la ciudad de Jarabacoa. La cascada es pública pero no las instalaciones del frente, adecuadas por el propietario de las tierras para aprovechar sus aguas.
La piscina del balneario también recibe agua de otro arroyo subterráneo y con ellas producen energía eléctrica. La administración mantiene aseado el lugar y procura que se cumplan las normas de higiene en los alrededores.
“Vaciamos la piscina todos los días y sólo usamos cloro para limpiarla, no hay problema si alguien se da un trago porque siempre está limpia”, dice Ureña.


Adelina

Siempre recuerdo a Adelina (¿o era Angelina?) y siempre quise dedicarle una entrada.
Formaba parte del grupo de escolares que van a las inauguraciones de los proyectos del Ministerio de Medio Ambiente y en esa ocasión estaba junto a otros chicos de alguna escuela en Manabao, Jarabacoa, durante la inauguración del centro para visitantes del Parque Nacional Armando Bermúdez (julio 2008).
Y la recuerdo porque en los momentos más tediosos de la actividad, en medio del aparataje de los funcionarios, de la tomadera de fotos, de la espera de los niños para almorzar… Adelina tomó una tambora y sin importarle que nadie la estuviera viendo, que nadie la estaba escuchando, se fajó a tocar merengues muy pegajosos con todo el ánimo del mundo y a cantarlos a todo pulmón.
Yo la miraba de lejos y me preguntaba si no le daba apuros. Me imaginaba que estaba yo en medio de un gran escenario, cantando, y que los espectadores hacían de todo menos mirar al escenario, como si yo no estuviera ahí…
Desde lo alto de un tronco, miraba a todos lados para ver si alguien le prestaba atención a la niña. Nadie.
Entonces sentí un gran cariño por Adelina. Porque la gente se estaba perdiendo su lindo espectáculo, su perfecto tocar, sus canciones.
Luego la chica de la güira se animó y le siguió la corriente, y el chico que tenía enfrente comenzó también a cantar, y entre los tres armaron un jolgorio de lo más bonito, del que, si miran bien las fotos, tampoco nadie se enteró.
A los tres: qué chévere que tienen el coraje de disfrutar y alegrar el momento aún cuando saben que nadie les presta atención...

Vocabulario ‘picoduartiano’

¿Subirás el pico Duarte este año por primera vez? Para que no te sorprendan los detalles, te ofrecemos un vocabulario ‘picoduartiano’ de las palabras que más escucharás mientras recorres los 22 kilómetros que llevan de Manabao a la cima más alta del Caribe.
Para empezar, recuerda que la primera escalada al pico la realizó el cónsul inglés en el país Sir Robert H. Schomburgk en 1851, y que el paisaje del parque nacional que lo acoge, el Armando Bermúdez, se caracteriza por su belleza natural, dominada por el pino criollo, endémico de la isla, y las sabanas de pajón.
Las especies animales más comunes son el pájaro carpintero, las cotorras, el cerdo cimarrón y la jutía. ¿Qué escucharás mientras recorres la ruta? ¡Muchas recomendaciones y quejas! Y muchos nombres, referencias y datos que te damos aquí para que grites, maldigas, explotes y te emociones con conocimiento de causa.

Cordillera Central. Es el mayor sistema montañoso de la isla y donde están las elevaciones más altas: pico Duarte, La Pelona, La Rusilla, Yaque y Gallo. Nace en Haití y muere en San Cristóbal. En sus delimitaciones se encuentran dos de las áreas protegidas más grandes y antiguas del país: los parques nacionales Armando Bermúdez y José del Carmen Ramírez.

Senderos o rutas. Son los distintos caminos que nos llevan hasta el pico. Hay cinco: La Ciénaga, Mata Grande, Constanza, Las Lagunas y Sabaneta. Las más usadas son La Ciénaga y Mata Grande, con 23 y 45 kilómetros, respectivamente.

La Ciénaga de Manabao. El más usado de los puntos de acceso al pico Duarte es un encantador pueblito ubicado a orillas del río Yaque del Norte, en Jarabacoa. Aquí funciona un confortable centro para visitantes. A lo largo de 22 kilómetros, llegar al pico desde este lugar se toma un día y medio.
 Mata Grande. Uno de los senderos que llevan hasta la cima del pico Duarte a través del Parque Nacional Armando Bermúdez. Comienza en San José de las Matas y pasa por el valle de Bao, La Guácara, el valle de Lilís y el pico La Pelona. El tiempo aproximado de recorrido es de 3 días.

Los Tablones. Es una parada con balneario a una hora de La Ciénaga de Manabao.Hasta este punto el viaje es pleno y llevadero. Luego comienza el martirio.

El Cruce. A 2,180 metros sobre el nivel del mar, es el punto que separa los caminos que llevan al pico Duarte (a la derecha) y al valle del Tetero (a la izquierda. La subida, a partir de aquí, pone a prueba la resistencia de los viajeros.

Agüita Fría. A tres kilómetros de El Cruce, está una de las paradas más deseadas del viaje. Tiene como atractivo el nacimiento del río Yaque del Sur.

Valle del Tetero. Hermoso valle de pajón muchas veces incluido en la ruta antes o después de subir el pico Duarte. Ubicado a más de 2,000 metros sobre el nivel del mar, es una de las estampas entre montañas más hermosas del territorio dominicano. Es de mucho más fácil acceso que el pico Duarte.

Compartición. Es la penúltima parada, con balneario y centro para visitantes, ubicada a 4 kilómetros del pico. Entre fogatas, tazas de té, canciones y mucho frío, aquí pasan los grupos la noche previa a la subida al pico.
Vallecito de Lilís. Es el valle de pajón entre montañas que divide las cimas de los picos Duarte y La Pelona. Tiene una altura de 2,950 metros. Aquí se localiza un centro de albergue con capacidad para hospedar unas 300 personas y hasta aquí, también, llegan los mulos. En lo adelante, todo el que pretenda alcanzar las cimas de ambos picos debe hacerlo a pie.

La Pelona. Es la “melliza” del pico Duarte, apenas dos metros más pequeña que éste. Por muchos años los dos picos recibieron el nombre de La Pelona Grande y La Pelona Chica, respectivamente, hasta los años de 1930, cuando La Pelona Grande pasó a llamarse pico Trujillo, pasando a llamarse pico Duarte tras la muerte del dictador.

Pico Duarte. Tiene 3,087 metros de altura y es el más alto de los picos del Caribe. Un kilómetro y medio lo separan de La Pelona. La primera escalada la realizó el cónsul inglés Sir Robert H. Schomburgk en 1851. En la cima hay un busto de Duarte y una bandera dominicana. Las principales excursiones se realizan entre noviembre y febrero debido a que, según dicen, el resto del año abundan las tormentas y los rayos en el lugar. Con buen tiempo se puede visitar el resto del año.

Recomendaciones. Para un viaje sin contratiempos, los guías recomiendan llevar ropa adecuada para bajas temperaturas, bolsas o colchas para dormir, botas, traje de baño, gorros de algodón para la cabeza, protector solar, repelente de insectos, linterna y un pequeño botiquín. Los que no quieran hacer el viaje a pie, pueden alquilar un mulo.

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Texto completo con las excursiones de este año en Listín Diario
Relacionado: Una experiencia que cambia vidas

Manabao, muy cerca del cielo

LA RUTA MÁS USADA PARA SUBIR EL PICO DUARTE COMIENZA AQUÍ, EN EL PUEBLITO DE LA CIÉNAGA

Texto y fotos: ©Yaniris López
Manabao, Jarabacoa.- Es fácil enamorarse de Manabao y caer rendidos ante sus paisajes, sus flores y su gente. El distrito municipal, ubicado al oeste de la provincia La Vega, pertenece al municipio de Jarabacoa, de cuyo centro lo separan alrededor de 23 kilómetros. La carretera que los une corre paralela al río Yaque del Norte y atraviesa los arroyos Dajao y Grande. El idilio, entonces, comienza al dejar la ciudad de la eterna primavera y crece a medida que las aguas del Yaque, las montañas de la cordillera Central y las grandes plantaciones de café y hortalizas pintan un lienzo multicolor en el que prima, sobre todo, el verde y sus matices.

De noche
Muchos viajeros admiten que el primer encuentro con Manabao llegó cuando aceptaron subir el pico Duarte por la ruta más corta y los llevaron al poblado de La Ciénaga, a los pies del Parque Nacional J. Armando Bermúdez, de donde parte la excursión de aproximadamente 22 kilómetros hasta su cima, localizada a 3,087 metros sobre el nivel del mar. Como casi siempre llegan de noche, cuentan que durante el trayecto apenas divisan estelas de espumas blancas que vienen en dirección contraria al vehículo y escuchan el rumor de las aguas chocando contra las piedras. Nada más. La oscuridad, los malos trechos de la carretera en sus últimos kilómetros y la emoción de vivir una de las aventuras más extremas del país apenas dejan tiempo para imaginar el paisaje. Es al día siguiente, cuando la neblina deja paso al sol, que Manabao pasa a ser un punto de referencia ecoturística único que obliga a más de una visita. Y al volver, es a Manabao sin pensar en el pico Duarte.


La siempre verde Ciénaga de Manabao
Los balnearios sobre el río Yaque del Norte y los arroyos Grande y Dajao atraen a los visitantes a Manabao. Con una población que, según la Oficina Nacional de Estadísticas, no alcanza las cinco mil personas, en el distrito municipal queda aún mucho espacio disponible para las actividades extremas y ecológicas. Los centros turísticos de los alrededores ofrecen algunas: rafting, caminatas, cabalgatas y observación de aves.
Las comodidades urbanas van desapareciendo cuanto más se avanza hacia el extremo oeste de la provincia La Vega y se llega a los límites que comparte con la provincia Santiago. En el último pueblito, La Ciénaga, termina la carretera que sale de Jarabacoa y comienzan los montes que sirven de entrada al Parque Nacional J. Armando Bermúdez. ¿Altura? 1,110 metros sobre el nivel del mar.
El Parque, creado en 1956, es el hogar de la jutía, el puerco cimarrón, el vencejo y muchos otros animales que los visitantes casi nunca llegan a conocer. En sus 766 kilómetros cuadrados abundan el pino, la sabina, el cedro, el nogal, el copey, el almendro, los helechos gigantes y las plantas estranguladoras.


Mucho por poco
A su paso por La Ciénaga, el Yaque del Norte ha dejado refrescantes pozos de agua o balnenarios que deleitan a locales y visitantes.
Si desea realizar cabalgatas, los guías que llevan a los turistas al pico Duarte y al valle del Tetero le ofrecerán gusto este servicio.
La Ciénaga y otros pueblitos encantadores de Manabao, como Los Dajaos, Mata de Limón, Angostura, Pedregal y Mata de Café, comparten un espectáculo que suele confundir los ojos del visitante y camuflar el paisaje: las inmensas áreas sembradas de tayota que cortan las montañas y tiñen de verde los valles.
Las tayotas cuelgan del techo de una “casa” improvisada compuesta por palos y alambres, dejando alrededor de un metro y medio entre el techo y el suelo. La parte superior de esa casa es lo que ven los viajeros a lo lejos, y es lo que confunden con hierba, pinos o matorrales.


DÓNDE QUEDARSE
- El nuevo centro para visitantes de La Ciénaga fue inaugurado por las autoridades de Medio Ambiente en julio del 2008 con la cooperación de la Embajada de Alemania, a través de la Agencia de Cooperación Alemana (GTZ). El lugar, amplio y cómodo, cuenta con áreas para camping y parrilladas. El costo de entrada al Parque Nacional es de RD$100. Algunas familias rentan habitaciones para los que prefieren descansar en el pueblo y no en el centro.
- Rancho Cimarrón. Es un proyecto ecoturístico en desarrollo que dirige la familia Genao. Por el momento, en el lugar sólo se ofrece hospedaje. Más en wrgenao@hotmail.com

Frescas opciones
A todo lo largo del Yaque aparecen fríos balnearios para calmar el calor. Muy visitados son el Vista del Yaque, en Las Guázaras, y La Cortina, en la comunidad de Los Calabazos.

Como cortada con una tijera

En La Ciénaga de Manabao no hay señal telefónica, ni hoteles (la señora Fere y un grupo de mujeres comenzaron recientemente la administración de algo parecido, de cinco habitaciones), ni gente que se la da en rica, ni cabañas espectaculares como en el resto de Jarabacoa (hay algunas, pero no exageradamente inmensas).
Pero una cosa tiene Manabao que enorgullece a todos sus habitantes: las plantaciones de tayota más lindas del mundo. Tan lindas y bien sembradas que confunden a cualquiera. Incluso a ustedes.
¿Ven el follaje verde en las partes baja y media de las montañas? No, no, no… no es grama ni pinitos chiquitos, como dijo Yolan cuando vio la foto. ¡Es tayota! ¡Tayota! Miles de tareas sembradas de tayota. Los paisajes que forman quitan el hipo. En algunos tramos, como dijo Wendy Arias, del periódico El Día, parece como si la cobertura verde de la cordillera hubiera sido cortada con una tijera...

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Den clic a la imagen para verla grandota.
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Así no me quieran…

Siempre había escuchado hablar sobre las plantas “estranguladoras” pero nunca había visto una. En realidad creo que sí las había visto pero pensaba que eran raíces extras del mismo árbol que crecían y se enrollaban sobre el mismo, dándole esta apariencia. La planta estranguladora crece en el mismo lugar de otra y la abraza al punto de hacer morir la primera. Daryelin me dijo que había visto una –en el Jardín Botánico, creo- que eran tres en una, es decir, una estranguladora estranguló una planta, y otra estranguladora la estranguló a ella después. Algo así. Amor de tres. Bueno, yo prefiero que así no me quieran.

La de la foto está ubicada en el centro para visitantes de Manabao, Jarabacoa, a los pies del Parque Nacional Armando Bermúdez.

Cambio radical

¿Recuerdan el centro para visitantes de la entrada al Parque Nacional Armando Bermúdez, en Manabao, donde se paga la entrada para subir al pico Duarte y al valle del Tetero y donde se supone que los viajeros podían pasar la noche antes de empezar el viaje? Sí. Ese mismo. El mismo cuchitril oscuro y lleno de ratas que obligaba a muchos viajeros a alquilar una pieza en el pueblito. El mismo. Pues qué creen. Ta-tánnn.
Alguien se apiadó de nosotros. La Secretaría de Medio Ambiente y la embajada de Alemania, a través de la Agencia de Cooperación Alemana (GTZ), inauguraron varias obras en la zona, entre ellas un nuevo centro para visitantes.
La verdad es que quedó lindo. Parece una casa de veraniego. Hasta losetas tiene (en el piso y en los baños), más un área para camping y otra para hacer parrilladas, al ladito del río. En el sitio funcionará la oficina administrativa de los guardaparques, con una cocinita y almacenes. Miren nomás el cambio radical.

Lo que queda del otro

El centro nuevo

Pico Duarte, una odisea que cambia vidas

Dos días son suficientes para coronar la cima más alta de las Antillas y vivir, en ese tiempo, la mayor experiencia ecoturística que ofrece el territorio dominicano.

Yaniris López
LD/1/09/2008


El viaje comienza casi siempre un viernes en la noche con la llegada a Manabao, en la provincia de La Vega. Durante el trayecto, la oscuridad esconde enormes campos de tayota que se confunden con la maleza verde y estrechas hileras de espuma blanca que harán la delicia al regreso. Para pasar la noche hay dos opciones: la caseta de la Secretaría de Medio Ambiente o alquilar alguna vivienda en la comunidad.
Ya sea que el viaje lo organice una agencia de viajes o un grupo de amigos, algunas cosas ya discutidas antes del viaje tienen que ponerse en orden esa misma noche: los mulos llevarán el equipaje hasta la última parada, sería bueno usar pantalones de lycra debajo de los jeans y nadie debe olvidar colocar en la mochila una capa impermeable, por si llueve. Hay uno o varios mulos de emergencia. Aunque muchas personas terminan por subir el pico sobre ellos, es mejor hacerlo a pie. Ese es el viaje que realizaremos. Al día siguiente comienza la aventura.

TODO LISTO
Bien temprano, alrededor de las 6:00 de la mañana del sábado, todos deben estar listos para partir. El desayuno tiene que ser pesado, porque durante el trayecto sólo se podrá tomar agua y comer pequeñas porciones de chocolates y picaderas. Tiene lógica, mientras más ligeros viajemos, menos nos cansaremos y podremos avanzar más deprisa. Pero esta norma no siempre se cumple. Así que si ves un palo rodando por ahí antes de salir del pueblo, tómalo, te será de mucha utilidad cuando comprendas que el ejercicio recomendado tres meses antes no fue suficiente, que el aire comienza a “pesar” y que las piernas, aunque quieras, no responden.
El ascenso comienza “oficialmente” al cruzar la caseta de Medio Ambiente donde se cobra la entrada al Parque Nacional Armando Bermúdez. Todo marcha bien, el ánimo no podría estar mejor. El camino está hecho. Hace muchos años que las autoridades de Medio Ambiente habilitaron las rutas que dan paso al pico Duarte. Subir por las de Azua y San Juan de la Maguana tomaría entre cuatro y cinco días y son más empinadas, por eso la ruta más usada es ésta, la de Manabao.
Si el grupo es pequeño, los organizadores se encargarán de que nadie quede fuera de vista. Si el grupo es grande, más vale no perder de vista al compañero del frente.


¡A SUBIR!
Las primeras subidas son suaves. Los pinos y los helechos dominan el paisaje. El río aparece a intervalos y hay que cruzarlo en determinado momento. La próxima parada está cerca. La botella de agua se va llenando con el líquido transparente de los riachuelos que salpican toda la zona. No es necesario usar los mulos de emergencia por ahora. Dos paradas más de 10 minutos. Se pierde la noción del tiempo. Entonces las zanjas se hacen más hondas y empinadas. Las piernas comienzan a hacer de las suyas y el calor se torna insoportable en pleno invierno. Estamos en el corazón de la cordillera, en el Alto de la Cotorra, a 1,720 metros de altura. Atrás dejamos Los Tablones. Tres kilómetros más y estaremos en La Laguna, a 1,980 metros de altura.
Las recomendaciones de los guías zumban en los oídos: “No se paren muy seguido. No se recuesten de los árboles, no doblen las rodillas, respiren correctamente, no tomen mucha agua porque se pondrán pesados. Resistan. Ánimo. Ya casi llegamos a El Cruce. Recuerden que viaja con nosotros un paramédico. Si no aguantan más avisen”.
En El Cruce, cuando pensamos que íbamos a morir, el camino se divide en dos: por el de la izquierda se llega al valle del Tetero, y por el de la derecha a nuestro destino.
Aquí comienza la verdadera subida al pico Duarte. A los pocos minutos, los mulos de emergencia se reparten entre los atletas y los valientes ciclistas que juraron que lo subirían a pie. Los chicos musculosos pasan vergüenza al ver que los más delgados y frágiles les adelantan como si nada. Aquí también comienzan las maldiciones y ¡ay si a algún guía se le ocurre decir que hay aventureros dominicanos, como Iván Gómez o Roger Jover, que lo han subido más de 20 veces!
Sólo al llegar a Agüita Fría la situación cambia. Se nos conceden largos minutos para ver el nacimiento del río Yaque del Sur, tomar fotos y descansar. Deben ser las cuatro de la tarde. Es la última parada antes de llegar a Compartición, donde pasaremos la noche y adonde todos los grupos deben llegar preferiblemente antes de que oscurezca.
A partir de Agüita Fría el viaje es una delicia. Los pinos arriba, los pajones abajo, las flores silvestres y un camino recto al principio, y muy inclinado al llegar a La Vela, nos llevan hasta Compartición, a cuatro kilómetros del pico Duarte.
Aquí también hay dos opciones para hospedarse: en la caseta de Medio Ambiente o en casas de campaña. La ventaja de la primera es que muchas otras personas dormirán contigo en los pequeños catres o en sus fundas de dormir y los cuentos durarán toda la noche. La ventaja de la segunda es que dormirás en silencio, escuchando la lluvia, si llueve, y sin ratones merodeando.
Además de la caseta de hospedaje, en Compartición funciona una cocina común con varios fogones y un área para fogatas. A varios metros ñbajando- hay un río con el agua más fría que el hielo. Al llegar, los guías ya tienen lista la cena de los grupos organizados. El frío cala los huesos y es casi obligatorio refugiarse entre las brasas de una fogata que se convierte en el alma de la aventura. Gente de todas partes del país y el mundo comparten experiencias. Entre risas y bromas, algunos chicos se cuentan las ampollas de los pies. Alguien se cayó de un mulo. Nadie dejó abandonados los tenis. Atrás quedaron las quejas. Mañana subiremos los cuatro kilómetros que faltan.

¡ARRIBA!
Entre siete y nueve de la mañana del domingo comienza el éxodo hacia el Valle de Lilís. Renovadas las fuerzas, esto será pan comido.
Pero no. La modorra del día anterior se presenta apenas comienza el viaje. Otra vez es necesario repartir los mulos y aguantar la risa de los que suben sin problemas.
Algunos se devuelven a Compartición, simplemente no pueden seguir. Vuelven las maldiciones, el lodo porque llovió en la madrugada, el cansancio. Y justo cuando el camino de pajones buscaba la eternidad aparece el nombre del Valle de Lilís, grande, inmenso, con bancos para descansar.
A 1.2 kilómetros, sobre otra cumbre de forma perfecta que se levanta sobre su falda, se encuentra el Pico. ¡Por fin! Los fuegos forestales que azotaron la zona dejaron un gris entre las ramas de los pinos y es posible ver la silueta.
Y entonces el letrero más famoso del viaje hace su aparición. Hacia arriba, el pico Duarte; a la derecha, La Pelona, su cumbre casi gemela, pues apenas unos metros diferencian su tamaño. Se ve cerquita, fácil. A partir de este punto no se permite el uso de animales. El que quiera completar el viaje tiene que hacerlo a pie. Pero se ve tan cerquita que no importa. Y de nuevo nos equivocábamos.
Otra vez el sol abrasante pese a estar tan alto. Otra vez las quejas.
Otra vez las piernas tambaleantes. Otra vez los tenis dejados en el camino. Y justo cuando una brisa fría le ganó la partida al sol apareció por entre los árboles el ansiado letrero verde y amarillo, al lado de un montón de piedras: Bienvenidos al pico Duarte, 3,087 metros de altura. Queda un último pedacito de tres metros por subir. Sobre las piedras gigantes, detrás del busto de Juan Pablo Duarte, una bandera de mediano tamaño ondea hacia el infinito, hacia un precipicio sin fondo que, vaya paradoja, es el que se encarga de controlar las emociones porque antes de tomar las fotos llegan los abrazos, las lágrimas, la risa y un “¡lo hicimos!” que durará por siempre en la memoria.
Y luego, largos minutos para contemplar el paisaje. Si está nublado, es poco lo que se puede ver desde allí. Pero si la suerte acompaña al grupo, la naturaleza nos premia con la vista más deseada de los artistas del pincel: el azul del cielo, el amarillo del sol y el verde de las montañas fundirse en un paisaje único que hace olvidar los 22 agitados kilómetros que habrá que recorrer de vuelta a Manabao. No importa, volvemos el año que viene.

Crónica de un viaje subestimado

Yalo lo presentía (que no iba a ser tan fácil). Subir el pico Duarte -al menos para la gente haragana como yo- es uno de los mayores retos físicos que se le puede presentar a un amante del ecoturismo “sin complicaciones”. 
Es lindo hacer turismo interno y conocer el país, disfrutar de los verdes de las montañas, del blanco de las espumas de los ríos caudalosos y del gris de los riachuelos que nacen en la cordillera Central. Pero, caray, en este caso: ¡a qué precio! 
Sólo les diré que me caí dos veces del mulo, del mismo mulo.
En una creí que se iba a ir directo hacia un precipicio, cuando en realidad estaba “doblando” la curvita; y en otra, por esquivar un charco de lodo, el mulo se metió en un hueco entre dos palos y ramas, sin importarle la carga humana que llevaba, y por poco y me corta el pescuezo porque, créanlo o no, justo en medio del hueco había un palo atravesado. Y cual “cliché” de película barata me agarré del palo grueso del borde del charco, le di varias vueltas tipo “chica en un tubo de un bar de mala muerte” y caí a centímetros del lodo.
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Seguimos después, que esto está en construcción...
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