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La Poza de los Indios

Sin el molote de gente, en la tierra de Théodore Chassériau (1819-1856), un balneario sobre el río El Limón sombreado y de fácil acceso.

Yaniris López 
yaniris.lopez@listindiario.com 
El Limón, Samaná

El balneario forma parte de la Ruta Chassériau, un recorrido turístico y cultural creado en 2019 en honor al pintor domínico-francés nacido en El Limón en 1819.
A unos cinco minutos en vehículo del centro urbano del distrito municipal, en la comunidad de San Juan Bautista, están las ruinas de una especie de pozo que perteneció a la familia del artista.
Si van, sabrán que es el lugar correcto porque justo allí, a un lado del camino de tierra, se colocó una reproducción gigante de la pintura “El baño de Esther” (1841).
La Poza de los Indios se encuentra a unos 300 metros de este punto. 


 Le espera un baño fresco sobre un cauce sombreado y un ambiente tranquilo. 
Minúsculos rápidos (¿le gusta hacer navegar barcos de papel?) dan paso a los charcos de aguas oscuras que dan parte del nombre al lugar.   
No es una, sino varias, las pozas y piscinas naturales que el río El Limón va esculpiendo antes de su desembocadura cuatro kilómetros más adelante, en el Atlántico. 
Enormes piedras, vestigio de un lecho irregular y en otros tiempos más caudaloso, sirven de plataforma para lanzarse con júbilo al agua verde.
Es un paseo bonito en el norte samanense, de fácil acceso, perfecto para disfrutar en familia. 


DE INTERÉS

Seguridad. Un camino estrecho bordeado de helechos y enredaderas conduce al visitante a los diferentes charcos. No es llano. Las pequeñas pendientes son adecuadas para introducir a los pequeños de la casa en la exploración y el senderismo.  

Para comer.
La comunidad de San Juan Bautista recién se inicia con esta ruta en el tema de turismo de naturaleza. Solicitar almuerzo en las casitas próximo al río o consumir en el pueblo es una forma de cooperar y de fomentar allí el desarrollo sostenible. 








La Boca: río y playa

Un oasis gigante salado y dulce, de sombra y sol, que permite todos los cuadros fotográficos y acelera los deseos de darse un baño

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Yaniris López 
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La playa y el río se besan en La Boca, un balneario del distrito municipal La Entrada (Cabrera, María Trinidad Sánchez).
Descubrir el lugar llena los sentidos del visitante primerizo.
El meandro de Arroyo Salado, antes y después de tocar las aguas del Atlántico forma a su paso un oasis gigante, salado y dulce; de sombra y sol, que permite todos los cuadros fotográficos y acelera los deseos de darse un baño. Bajito aquí, algo profundo allá, ya sea que prefieran divertirse con juegos de mesa, tenderse al sol o jugar, niños y adultos encuentran en La Boca el espacio perfecto para recrearse, un rincón donde premiar y bendecir la existencia.
En uno de los costados, frente a la playa, sigue en pie el pequeño cementerio que, según los lugareños, dejó intacto aquel maremoto de 1946 que arrasó con varias comunidades de la Costa Verde.

UN RINCÓN PARADISÍACO EN LA COSTA VERDE
Ubicada a 8 kilómetros del centro de Cabrera y a 25 de Nagua, la playa La Boca recibe este nombre porque allí ‘desemboca’ el río Arroyo Salado.
El sitio es de fácil acceso y se presta para todo tipo de actividades recreativas. Una pequeña cafetería ofrece a los visitantes bebidas y picaderas.

PARA LLEGAR: Tome la carretera Nagua- Cabrera y un letrero le indicará la entrada al balneario, que se encuentra a kilómetro y medio de la vía.












Un baño de buena suerte

Muchos aseguran que las aguas de La Cortina, en Jarabacoa, dan buena suerte.

Yaniris López
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¿Buscas pareja? ¿Mejorar tu suerte? ¿Cumplir un sueño? A lo mejor es tiempo de un baño en La Cortina. Dicen que las gélidas aguas del peculiar balneario, ubicado a orillas de la carretera Jarabacoa-Manabao, en la provincia La Vega, son milagrosas y dan buena suerte. ¿Las probamos? No cuesta nada...

Aguas milagrosas

Los testimonios abundan: personas que han encontrado el amor de su vida el mismo día que tomaron el baño, y otras que han recibido buenas ofertas de trabajo con sólo dejarse acariciar por las gélidas aguas del arroyo que nace debajo de un palo, a 10 metros de donde cae la cascada en forma de cortina.
Aunque por algún motivo le da vergüenza decir lo que pidió, Milady García volvió desde Santiago tras ver cumplida una petición que hace un año hizo bajo las aguas del chorro de agua.
Stephanie Ureña, quien junto a Porfirio Abreu administra la parte privada del balneario, al otro lado de la carretera, testifica que sí, que muchas de las personas que los visitan, especialmente los fines de semana, aseguran haber visto cumplidos muchos de sus sueños.
Dice que por mucho que llueva las aguas de La Cortina nunca están sucias. “Ni crece ni baja, nunca hay menos ni más agua que esa que ves, siempre se ha mantenido así”, dice Ureña.
Al principio, expresa, se trataba de un caño de agua que brotaba de la montaña, y que más tarde fue acondicionado cuando arreglaron la carretera Jarabacoa-Manabao, hace aproximadamente dos décadas.

Balneario y restaurante

La Cortina se encuentra a unos 15 minutos del centro de la ciudad de Jarabacoa. La cascada es pública pero no las instalaciones del frente, adecuadas por el propietario de las tierras para aprovechar sus aguas.
La piscina del balneario también recibe agua de otro arroyo subterráneo y con ellas producen energía eléctrica. La administración mantiene aseado el lugar y procura que se cumplan las normas de higiene en los alrededores.
“Vaciamos la piscina todos los días y sólo usamos cloro para limpiarla, no hay problema si alguien se da un trago porque siempre está limpia”, dice Ureña.