16/5/10

¡Vaya foto! (Novela de una chica ilusa, cap. 8)

Se vio allí llena de lodo, hecha un trapo...

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A la Yalo le gusta mucho anotar cuando asiste a una conferencia, curso o seminario. Sus favoritos son los relacionados con turismo sostenible y medio ambiente. Se la pasa escribe que te escribe. Anota cifras, datos, curiosidades… para luego comparar, analizar y poder decirles a las autoridades, con “autoridad”, que no sabe en qué invierten el dinero de los contribuyentes. Casi ni levanta la cabeza salvo para ver las diapositivas y seguir anotando. Jíbara y “mongola” como es, no pregunta mucho, ni discute, ni participa como debiera en los paneles (cómo envidia la capa invisible de Harry Potter). Pero hace unas semanas lanzó un resoplido tan grande durante un curso en (…) patrocinado por (…) que todos se voltearon para ver su cara y luego se echaron a reír. Ustedes también hubiesen pegado un respingo si, en medio de una interesantísima ponencia (dictada por una investigadora genial, extranjera, que mantenía a la Yalo escribe que te escribe y a los demás embelesados, todos gente “importante” y conocedora del turismo sostenible en el país) hubieran visto lo que vio la Yalo al levantar la cabeza de repente, justo cuando la investigadora daba inicio al tema de turismo de naturaleza.
Se vio allí, en la diapositiva, llena de lodo, hecha un trapo... vista por todos los que participaban del curso. La imagen mostraba los momentos siguientes en que un mulo casi la mata, en el año 2006, cuando subía el pico Duarte. La foto fue una de las primeras que subió a su blog hace tiempo y, aunque se supone que el contenido del blog tiene copyright (¡ja, ja!), ella (la Yalo) no se molestó al ver la foto, pero sí que le dio una vergüenza del diañe cuando todos voltearon y la compañera que tenía al lado dijo: “Es que ésa es ella”. Y la jíbara de la Yalo tuvo que contarles a todos lo que había pasado en aquella ocasión. De cómo ella no sabía que a los mulos del pico Duarte no les gustan las zanjas complicadas, ni el lodo, y los evitan cogiendo por otro lado, así sea una orillita de suelo entre un precipicio y una trinchera; y que al ver que el mulo iba derechito al barranco, ella no sabe de dónde sacó fuerzas y lo haló hacia el otro lado, cayendo los dos en la cuneta, con la buena suerte de que el mulo cayó “despechurrao” en la zanja más honda y ella en la de más arriba.
Y por eso conserva la foto, para recordarse a sí misma que lo que ocurrió allá arriba fue un milagro, porque cabían todas las posibilidades de que ambos cayeran en la misma zanja y de que el mulo le cayera encima…
Ufff, da escalofríos pensarlo.

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