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Rutas para hacer senderismo en RD (1)

Esta vez proponemos tres senderos por región que se pueden recorrer en poco tiempo y que apenas exigen buena voluntad y muchos deseos de caminar.

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Yaniris López
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Es la más completa de las aventuras ecoturísticas. Recorrer a pie los atractivos naturales de un lugar permite realizar otras actividades que complementan la travesía: observación de aves, fotografía, contemplación, exploración y baño en ríos y lagos.
El relieve de República Dominicana, con depresiones y elevaciones que van desde menos de 40 metros bajo el nivel del mar hasta los 3,087 metros sobre el nivel del mar, brinda al viajero la oportunidad de practicar senderismo en todos los niveles de dificultad imaginables. ¿Conoces las mejores rutas?
Desde caminatas de una o dos horas por senderos temáticos hasta recorridos de días completos en parques naturales y reservas científicas, todas las regiones cuentan con escenarios idóneos para hacer senderismo en sus diferentes niveles de dificultad.
Esta vez proponemos tres senderos por región que se pueden recorrer en poco tiempo y que apenas exigen buena voluntad y muchos deseos de caminar.
¿Qué llevar? Una mochila ligera, ropa y calzados cómodos, repelente de insectos, agua, meriendas, binoculares, protector solar, gorra para los lugares secos y soleados y, por supuesto, una cámara fotográfica.


EN EL NORTE

Jamao. El proyecto ecoturístico Sendero de la Montaña ofrece recorridos en la cuenca del río Jamao, entre las provincias Espaillat y Hermanas Mirabal, como parte de un megaproyecto sostenible que funciona en esta zona. Más en: El mayor proyecto ecoturísico.

Saltos de Jima. Los senderos del río Jima, en Bonao, entre los mejores para caminar entre pozas de agua. Más en Los saltos de Jima.
 
Manabao. ¿Todavía no se decide a subir el pico Duarte? Puede ir conociendo los alrededores recorriendo los 4 kilómetros del sendero que lleva desde Manabao hasta Los Tablones, en Jarabacoa. Más en Manabao: muy cerca del cielo; y en Pico Duarte: una odisea que cambia vidas.


EN EL ESTE
Ojos Indígenas. La Fundación Ecológica PuntaCana administra este bosque privado en La Altagracia donde un tupido sendero de 1.5 kilómetros conecta doce lagunas de agua dulce alimentadas por el río Yauya. El recorrido se realiza en 45 minutos. Ver fotos en: Manantiales en Punta Cana.

Senderos del río Socoa. En el Parque de la Biodiversidad hay habilitados dos senderos cuyo principal atractivo es el cauce del río Socoa desde su nacimiento hasta el gran salto, en Monte Plata. El recorrido desde la caseta de vigilancia hasta el nacimiento del río, a través de un bosque latifoliado húmedo, es de 2 kilómetros. Más en: Por los senderos del río Socoa.

Parque del Este y Saona. Si no le gustan los bosques ni las montañas pero sí caminar y caminar por trayectos con pocos accidentes geográficos, prefiera el sendero Padre Nuestro hasta la cueva de Chicho (Bayahíbe) y los senderos de la isla Saona. Más en: Placeres de un día.

EN EL SUR 

Isla Cabritos. El senderismo es la principal actividad ecoturística en la isla Cabritos. Casi toda la isla de 12 kilómetros de largo por 2 .5 en su parte más ancha es un sendero sin forma en el que crecen cayucos, caguey, guasábaras, guayacanes y pitahayas y los robles petrificados se mantienen en pie. Ejemplares de iguanas ricord y rinoceronte acompañan a los visitantes en esta islita tan particular: está ubicada bajo el nivel del mar dentro de un lago (Enriquillo) que se encuentra, a su vez, dentro de otra isla (La Hispaniola). Más en: Tres enclaves en el Suroeste.

Entre Azua y Barahona. Los senderos costeros de la Sierra Martín García, poco explorados hasta ahora, le llevarán a transitar por los impresionantes paisajes de la punta de esta área protegida que comparten las provincias Azua y Barahona. Y a conocer su rica biodiversidad. Más en Barahona y Pedernales defienden la biodiversidad.

Sierra de Bahoruco. De impresionante belleza son los bosques, los arroyos y las aves que se ven a lo largo de los senderos Rabo de Gato y La Placa (este último una zona de conservación del cúa). El punto de partida para visitarlos está en la comunidad Puerto Escondido, Duvergé. Más en: El Sur, dos senderos y...

Barahona apuesta al turismo comunitario

EL CLÚSTER ECOTURÍSTICO DE LA PROVINCIA ASUME EL RETO DEL FUTURO: SOSTENIBILIDAD

Yaniris López
Listín Diario

Barahona.- En Barahona no saben con exactitud de cuántas habitaciones disponen para uso turístico, ni la cantidad exacta de visitantes que reciben por aire, tierra o mar. En materia de turismo, las grandes estadísticas parecen reservadas a los grandes polos. Pero no es algo que mortifique mucho a los barahoneros. En estos momentos se concentran en preservar los muchos recursos naturales que conservan en sus 1,650.49 kilómetros cuadrados y en adecuarlos para conformar una de las más completas ofertas turísticas del país.
Y lo hacen de una forma digna de reconocimiento. Analizan lo que pasa en resto del país, aprenden de los errores de los grandes polos turísticos, refuerzan sus debilidades y discuten y deciden en grupo qué les conviene o no como provincia, como ciudadanos y como consumidores. Al resultado lo llaman turismo comunitario porque la gran protagonista responde a un nombre colectivo que es, también, la gran beneficiada: la comunidad.
En este proceso unen esfuerzos desde el año 2004 el Clúster Ecoturístico de Barahona y la Alianza Dominicana para el Turismo Sostenible (DSTA), a través de una iniciativa de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo (USAID).
“Queremos trabajar con criterio de sostenibilidad. No nos gustaría que el derrame económico no llegue a la comunidad. Por eso estamos promoviendo el turismo comunitario”, dijo el director del Clúster Ecoturístico de Barahona, Rafael Matos, durante un encuentro con representantes de medios de comunicación en la ciudad de Barahona.
Y por eso las cifras no son prioridad en este momento. De hecho, dice Matos, es bueno que aún no haya llegado el boom turístico a la zona “porque eso nos permite planificar, evitar los errores de otros polos”. Al empuje inicial de la USAID se han unido como colaboradores el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a través de sus proyectos, la Agencia de Cooperación Japonesa (JICA), la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), la Unesco, la Agencia Alemana de Cooperación al Desarrollo (GTZ) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Grandes proyectos
El plan de trabajo ya avanzado incluye la capacitación de personal de las micro y medianas empresas turísticas (desde cursos de manejo de PC e Internet y servicio al cliente hasta un prometedor programa de artesanía), limpieza y ordenamiento de playas y el fortalecimiento de la gestión municipal.
Actualmente los trabajos se concentran en la remodelación del centro urbano de Barahona, en el mejoramiento y creación de parques temáticos y en la construcción de un bulevar frente al malecón de la ciudad. Una prioridad es la construcción del nuevo puerto turístico de Barahona, con el que las autoridades ya se comprometieron a colaborar con 120 millones de pesos.

Trabas
Pese al entusiasmo, hay una queja. Los problemas que truncan el desarrollo del turismo en la región no tienen que ver con las inversiones ni con el mucho o poco interés de sus habitantes en el tema, sino con las trabas gubernamentales en la obtención de los permisos de rigor para iniciar los proyectos. Algunos de ellos, de alto vuelo, aún esperan aprobación.
De todas formas, los barahoneros se muestran optimistas y no les importa que les digan que son quisquillosos con sus recursos.
“Estamos tratando de mejorar nuestra calidad de vida y somos nosotros los únicos que debemos asumir eso. Nadie, de otro sitio, va a asumir las condiciones de nuestra calidad de vida; al contrario, pueden deteriorar la vida nuestra a los fines de recibir recursos cuantiosos y dejarnos a nosotros todas las maldades y todos los males como está ocurriendo en otros lugares y aquí también ocurrieron”, indica Matos.
Los hoteleros de la zona se unen al compromiso. En el hotel Quemaíto obtienen la energía de paneles solares, cultivan los ingredientes con los que condimentan los alimentos, cuentan con su propia planta de tratamiento y la piscina tiene integrado un sistema que trabaja con la luz ultravioleta y por lo tanto no amerita el uso de químicos. Su administrador, Félix Marcos Sánchez, dice que dan prioridad a estos detalles porque quieren contribuir a encaminar a Barahona al turismo del futuro, al turismo sostenible.

UNA REGIÓN QUE TIENE TODAS LAS OFERTAS
Con todo y el potencial agrícola, minero y turístico de Barahona, Rafael Matos destaca que junto con Pedernales, Independencia y Bahoruco conforma la región más deprimida del país. Gran paradoja, porque se trata de la región que conserva la mayor biodiversidad de la isla y la mayor parte de su territorio está formado por áreas protegidas de todos los tipos, lo que le augura un desarrollo turístico envidiable.
En el caso de Barahona, si los turistas buscan sol tienen en sus costas el más brillante. Si quieren frío, las montañas más altas de la Sierra de Bahoruco les congelarán los huesos. Si buscan sanación, cuentan con miles de metros cúbicos de aguas sulfurosas. ¿Hoteles? Muchos y acogedores como Playa Azul, Quemaíto, Pontevedra, Guarocuya, Casa Bonita y Rancho Platón. Es tan completa la oferta de Barahona que si el turista quiere quedarse en una casa familiar y compartir con sus miembros puede hacerlo en La Ciénaga a través del proyecto Guan Aventura. Allí encontrará también la más fina artesanía elaborada con materiales desechables y probará exóticas mermeladas jamás pensadas (guanábana, naranja amarga, mango y chinola). ¿Más? Barahona tiene lagunas, impresionantes vistas panorámicas, mangles, cascadas, cuevas, ojos de agua, ricas tradiciones y gente con muchas ganas de progresar.

Don Francisco Asmar, fundador de Cachote (Monumento al ego 21)

Estamos a 1,200 metros sobre el nivel del mar, en la reserva ecológica Padre Miguel Fuerte, en el centro de visitantes de un pueblito y una loma llamados Cachote, ubicados en la parte oriental del Parque Nacional Sierra de Bahoruco, mejor conocida como Bahoruco Oriental (provincia Barahona). El frío acá arriba es insoportable; el paisaje, una delicia; la gente, humilde y con muchas ganas de progresar; los caminos, ideales para caminar y tomar fotos, no recomendados para vehículos “normales”…
Temprano en la mañana (tras una tarde de caminata por el Sendero La Jibijoa, una noche de cuentos al calor de una fogata y una madrugada helada), segundos antes de que la camioneta tipo safari nos llevara de vuelta al centro del municipio de Paraíso, don Francisco Asmar se asoma a la parte trasera del safari y pregunta que si le pueden llevar. Los organizadores dicen que sí, que es uno de los fundadores del pueblito, y se le da espacio en medio de 10 ruidosos comunicadores sociales que, al finalizar el viaje, quedaron más que maravillados -y algo tristes- con la historia de don Francisco. Su padre era del Líbano y su madre barahonera y, por razones que no preguntamos pero que entendemos, se instalaron en la ¿cómo describirla y ser justos? bella, verde y reluciente Barahona. En 1952, don Francisco Asmar vio que las tierras de la loma llamada Cachote eran muy lindas y se compró 100 tareas de tierra para “usarlas”. En un lugar del trayecto llamado El Platón, me dijo que pagó 100 pesos por ellas. Un peso por tarea. Le pido que me confirme la cifra (ya saben) y don Francisco Asmar, que lleva 87 años a cuestas, repite todo igualito.
Pero sigamos con la historia. El caso es que junto a Leonte Stefano y Alejandro Feliz, don Francisco Asmar fundó el pueblito de Cachote (en el que viven alrededor de 30 familias, dicen). “Queríamos tener propiedad”, cuenta. Y el nombre de la loma, preguntamos, ¿de dónde salió el nombre? Pues que la gente que visitaba la zona “se dio cuenta” que esa loma se parecía mucho a una montaña haitiana que se llama Chote y, para no repetir el nombre, le pusieron Cachote. Así de sencillo. Y allí se instaló don Francisco Asmar a cultivar la tierra y a cebar reses. Y durante 14 años fue, también, promotor de Salud Pública en la zona. Dice que caminando, caminando vacunaba y asistía a todos los habitantes de tres parajes: Cachote, Cortito y Auta. Y también dice don Francisco Asmar, actual alcalde de Cachote, que nunca lo pensionaron pese a su edad y al sacrificio que hacía por esos montes que, si ahora están deshabitados, imagínense antes; que no recibe ninguna ayuda del estado, que crió a fuerza de trabajo a sus diez hijos, y muchas otras cosas que nos obligan a preguntarnos si, para las autoridades, el campo y su gente existen realmente. Recuerden que en los parajes dominicanos el cargo de “alcalde” es honorífico.
Para no cansarles con el cuento, también nos preguntamos cómo se iba a hacer don Francisco Asmar para, ese día, alcanzar los 25 forzosos kilómetros que separan Cachote de Paraíso sin la ayuda de nuestro safari. Por lo que vimos, estaba dispuesto a hacerlo a pie…