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31/12/25

Despedida de año en La Sal


Yaniris López 
La Vega 
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A unos 1,060 metros sobre el nivel del mar, rodeado de pinos, hierba y flores silvestres, el centro de visitantes de la montaña La Sal, en Jarabacoa, promete y cumple una acampada que reaviva el espíritu montero y al mismo tiempo frena y aleja, así sea por un día y una noche, el estrés y las preocupaciones.
No hay prisas. Solo dejarse llevar. Caminar. Explorar. Sentir el frío de la montaña. Capturar imágenes y vivencias mientras se cuaja un sancocho, te pones al día con amigos de aventuras pasadas y conoces gente maravillosa. 
Hay dos opciones para llegar. La primera es recorrer a pie los 10 kilómetros que unen la caseta con El Arroyazo, punto de partida del más exigente circuito de senderismo que ofrece la reserva científica Ébano Verde. Como El Arroyazo se encuentra en Constanza, la caminata “Sendero al Centro La Sal” une los dos municipios veganos a lo largo de las laderas de loma La Golondrina y en su ruta panorámica regala al viajero todos los tonos de verde del bosque húmedo dominicano.


La otra opción es tomar la carretera La Sal, siguiendo un sendero sombreado de unos 10 kilómetros que inicia en la comunidad Paso Bajito y atraviesa el río Jimenoa y su emblemático puente colgante. 

Punete colgante sobre el río Jimenoa.

Marotear lulo, toronja, naranja y candongo forma parte de las delicias del recorrido.
Así, próximo al arroyo La Sal, sobre la grama o al calor del fuego de la chimenea, rememorando viajes y aventuras en los montes dominicanos, los chicos y chicas que recorren la geografía nacional con Manuel Peralta Ureña (@MonteroDeCorazón) eligieron este punto del macizo oriental de la cordillera Central para despedir el año y desear, para todos los viajeros y amantes de la naturaleza, un 2026 cargado de nuevas y fascinantes andanzas. 

Acogedor. El centro cuenta con baño y cocina. 







En El Arroyazo, Constanza, inicia y termina el sendero dentro de la reserva que lleva a loma La Sal. En la imagen: Chiara.

27/6/22

Festival de la Cosecha Constanza 2022

Yaniris López
yaniris.lopez@listindiario.com
Santo Domingo

Constanza se prepara para celebrar, del 15 al 17 de julio, el Festival de la Cosecha 2022, un evento organizado por la Asociación para el Desarrollo de Constanza que pretende mostrar todo lo relacionado con la producción agrícola del municipio intramontano.
Es un encuentro no solo para los constanceros, sino para los amantes de la cultura, la gastronomía y el turismo de montaña.
La invitación al público para que apoye la actividad la hacen María Felisa Gutiérrez, Rafael Augusto Collado y Rosa María Rosado, presidenta y miembros, respectivamente de la asociación, durante una visita a Listín Diario.
El 80 por ciento de la economía del municipio vegano está basado en la agricultura (es el mayor productor de flores, hortalizas y vegetales del país), pero lo que quieren mostrar en el festival es toda la economía y la cultura que gira en torno a esa producción agrícola, la gastronomía, el cultivo de flores y el ecoturismo. 
“Queremos destacar la producción que hay en el municipio y lo mucho que puede aportar a la seguridad alimentaria del país, lo que se elabora con lo que aquí se cosecha”, dice Gutiérrez.

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19/6/20

En un yaguacil...


Cada vez que veo esta foto, me imagino bajando por esa loma del medio en un yaguacil. Constanza. La Vega. Cordillera Central.

18/10/18

Grevillea(s) en Constanza


Ya tenemos el nombre del árbol con flores naranjas doradas que poco a poco se está adueñando de los jardines y las aceras de muchos puntos en Constanza, La Vega.
Se llama Grevillea robusta y es nativo de las costas del este de Australia. Y aquí se da en un valle intramontano (je). Es una especie de ‘roble’ que según Wiki recibe también los nombres de roble sedoso, roble australiano, roble plateado, árbol de fuego o pino de oro.
Ah, y está considerada como la especie más grande del género Grevillea (hay más de 370 especies), alcanzando entre 18 y 35 metros. Las de aquí no están tan grandes todavía.
De la familia de las Proteaceae, el detalle más lindo del árbol es que su madera se usa para elaborar instrumentos musicales, entre ellos la guitarra. Era muy usada en ebanistería. Las flores salen por paquetes y algo locas, pero ¡son tan lindas!




23/9/13

¿Dónde te gustaría que se construyera un teleférico?

De las autoridades dominicanas decidirse a construir un nuevo teleférico en el país (el único funciona en Puerto Plata), a los usuarios del blog les gustaría que fuera uno que los llevara hasta la cima del pico Duarte, a 3,087 metros sobre el nivel del mar. Luego, y según los resultados de la última encuesta, hubieran preferido que fuera en el Hoyo de Pelempito, en Pedernales. Y en tercer lugar (17% de los votos) que lo construyeran en Constanza (La Vega). Empatados en cuarto y quinto lugar: Rincón (Samaná) y Jarabacoa (La Vega).
Lo malo de que hagan un teleférico en la cordillera Central que lleve al pico Duarte es que, paradojas de la vida, la verdadera gracia de visitar el pico Duarte la tiene el trayecto, el viaje, no la llegada...

5/7/13

El placer de montear...

Un grupo de amigos decidió 
hace seis años recorrer en motores  los rincones de Constanza. Hoy, sobre vehículos todoterreno, “Los racing del monte” llevan la experiencia a un nivel extremo.

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Ellos montean por gusto. Porque les fascina el reto de domar la naturaleza, de enfrentarse a caminos empedrados y lodazales, a las zanjas pantanosas que dejan las riadas tras varios días de lluvia, a los ríos que por tiempo se ponen bravos y amenazan con arrastrar sus vehículos, a la maleza que les corta el paso...
Y porque montear les permite, también, disfrutar del verde de los campos dominicanos, ver paisajes a los que pocos tienen acceso, respirar aire limpio y ayudar a los menos favorecidos.


‘Monteo’sobre ruedas
“Los racing del monte” llevan el monteo al extremo.  El pasado 5 de mayo cumplieron seis años de monteadera. Aunque el grupo nació en Constanza, municipio vegano que acogió sus primeras salidas, hoy recorren la geografía nacional sobre vehículos todoterreno.
Los veinte amigos de edad mediana, como ellos dicen, se pierden por horas en valles y lomas y viven experiencias que, de emocionantes, les cuesta explicar.
Situaciones que pudieran asustar a los citadinos o a los menos arriesgados les sube la adrenalina y acrecienta una pasión que tiene mucho de deporte, es verdad, pero también de compromiso social.

Se decidieron por los vehículos todoterreno porque recorren más distancia, abarcan muchos sitios en poco tiempo “y porque nosotros para montañismo y senderismo ya estamos medio gorditos”, dice Anselmo Quéliz, vicepresidente del grupo.
“Comenzamos en motores y seguimos con jeeps y ‘four wheels’ pero monteamos hasta en burro, si hay que montear”, agrega.
Cada quince días (o cada dos meses) realizan monteos de tres y ocho horas y hasta de un día. Alcanzar la meta muchas veces dependerá del clima y del camino.
¿Se han perdido? ¿Qué es lo peor que les ha pasado monteando?, quiso saber LISTÍN DIARIO.
“Se han perdido algunos de otros grupos, pero no nosotros. Es difícil que nos perdamos. Pasamos mucho trabajo a veces, eso sí. Una vez hicimos un monteo de 24 horas. Salimos de Guayabal hacia Padre Las Casas, en Azua, pero los ríos crecieron y tuvimos que dejar los jeeps y volver a Constanza por la capital”, cuenta Quéliz.
Son tan buenos los chicos que aseguran que “el grupo está por encima de las expectativas”.
El vehículo de Quéliz, odontólogo de profesión, es un Suzuki modificado (por él mismo) al que llama “La amenaza”.

Con este jeep ganó el primer lugar del Primer Monteo Ecológico Constanza 2013 en la categoría cuatro cilindros, una actividad en la que hubo velocidad, obstáculos, saltos y mucho, mucho lodo.
Claro, es que si hay algo a lo que los chicos no le temen es al lodo.
Mientras más malo el terreno y más lodo hay, mejor se montea. Cuando el camino está más terrible ahí es que uno se pone bien, la adrenalina sube”, dice Quéliz.
Habrá quien piense, sin embargo, que tantos vehículos atravesando los campos pudieran dañar el medio ambiente.
“Nosotros cuidamos el medio ambiente más que todo el mundo, porque cualquier cosa rara que vemos por ahí (tala, deforestación o incendio) le avisamos de una vez al Ministerio de Medio Ambiente. Esa es una de las ventajas de llegar a donde nadie más llega”, responde el montero.

Compromiso

Montear les ha permitido a “Los racing del monte” conocer las zonas más pobres del país, así que aprovechan los recorridos para llevar a las familias ropa y alimentos.
 “Les llevamos lo que podemos. A veces sólo nosotros hemos llegado a lugares de extrema pobreza, pueblitos considerados poco accesibles para vehículos normales”, explica Quéliz.

Esta acción social se la toman en serio. De hecho, si alguien desea formar parte del grupo debe saber que hay reglamentos y códigos morales que seguir.
“Claro, se tiene que amoldar porque no permitimos ‘curropatas’ ni borrachones ni gente con vicio, porque si uno practica un deporte debe de estar a la altura”, afirma Anselmo.

Entre amigos
Rafael de León, Abraham Rosado (presidente de “Los racing del monte”), Anselmo Quéliz y Dennis Fernández (Bota) fueron los primeros en organizarse y coger monte.
Meses después se les unió Pedro Rosario, tesorero del club  y dueño de un centro de gomas en Constanza y de una Raptor 700.
Rosario cuenta que el grupo, que ya alcanza los 20 miembros (varones todos) ha vivido grandes momentos, desde ‘rallys’ en la frontera hasta paseos por fiestas patronales.
“Queremos inculcar en los demás que es una actividad sana. En el monte te liberas de todo, incluso si te encuentras un trecho malo”.  Como el mayor del grupo, Rosario es el que pone el control, pero acepta que la relación entre todos es cheverísima.
“Nos reunimos los viernes o cada quince días para gozar,  para hacer los cuentos de los viajes. Hemos tenido momentos difíciles, pero no le tememos a los riesgos. Toda la vida está llena de riesgos”.


17/11/12

Tres en una...

Es linda esta cascada que asoma en un recodo de la carretera Casabito- Constanza, antes de llegar a la ermita de la Virgen de las Mercedes (si conducen de sur a norte). Muchos de los viajeros que bajan de los vehículos para fotografiarla creen que es solo una, y por eso es doble la exclamación que lanzan cuando, luego de ver la primera caída de agua (el charquito se pierde por debajo del puente seco de la carretera), al levantar la vista notan que la lengua blanca que sale del bosque se ha partido en tres.

31/3/12

Joaquín (Monumento al ego 25)


Habrá quien piense que Joaquín, el cavernario de Constanza, no se merece un monumento al ego. Yo digo que hay que ser muy valiente (no loco) para vivir como él: solito entre las ranuras de unas frías piedras en uno de los municipios más fríos del país, prácticamente a la intemperie, “velando” bocaditos por el pueblo, recogiendo botellas para, cuando consigue algo, comprarse cerveza “de las morenitas”. Cuando bajábamos de hacerle la visita aprovechamos para “marotear” guayabas y el pobre se unió a la “robadera”, pero, como no le gustan las guayabas (¿pueden creerlo?), me las pasaba todas a mí (gracias, Joaquín), ocasión que aprovechó Xiomarita Pérez para tomar esta linda instantánea.

12/3/12

Joaquín, el que vive en una cueva

Dice que se baña algunas veces, si encuentra agua, algo que no ocurre hace tres años.

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Yaniris López
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Constanza, La Vega. La única advertencia tenía que ver con la hora: si quieren encontrarlo deben ir antes de las ocho de la mañana, porque cuando Joaquín deja la cueva se va a andar y no regresa hasta la tardecita.
La gruta se encuentra a unos 60 metros de la carretera, en la ladera de una loma de poca altura, y forma parte del conjunto de cuevas de Constanza, ubicado próximo a la entrada del pueblo.
Cuando el punto exacto de la caverna fue encontrado, ya pasaban de las ocho y media. ¿Se habrá marchado ya?
Hubo que vocearle varias veces desde la carretera. Y justo cuando el encuentro y el viaje desde la capital parecían irse al traste apareció el rostro de Joaquín entre los arbustos, como el cuadro de una película. Con su barba blanca y ropa oscura y descuidada, parecía exactamente lo que es: un típico ermitaño.
Tras pedirle permiso para conversar con él, acepta que el grupo suba. El empinado camino, cubierto de yerba mojada y rodeado de maleza, casi no se ve. Dos de los cinco curiosos que ese día decidieron conocer a Joaquín se cayeron y por poco ruedan colina abajo.
La vista desde lo alto es una de las más hermosas del país: el verde valle de Constanza. Lo que se ve en el saliente pedregoso de la ladera, en cambio, causa lástima.

Casi leyenda
Cuando alguien pregunta por Joaquín, aquí todos responden: “¿El que vive en una cueva?”. El señor es casi una leyenda. Por eso merecía una visita. Muchos dicen que tiene problemas mentales, él actúa como si no los tuviera. Es afable y habla claro.
Dice que se llama Joaquín Delgado, que nació en el Centenario, en 1944, y que en su juventud se dedicó a echar días en tierras ajenas. Dice que hace 40 años vive en la cueva; luego dice que son 30. Nunca aprendió a leer ni escribir. Tampoco se casó. Se levanta temprano y cuando el sol comienza a calentar baja y deambula por el pueblo, donde recoge botellas para vender y “vela bocaítos”. Al caer la tarde sube de nuevo hasta la gruta y no baja hasta el día siguiente.

¿Cueva?
No es precisamente una cueva la morada de Joaquín. Para refugiarse solamente tiene dos huecos entre las piedras: uno lo usa para guardar las botellas y el otro para dormir. La cama es un colchón húmedo tirado sobre el suelo. Si llueve, se protege del agua con una hoja de zinc.
El hedor inunda el lugar. Joaquín dice que se baña algunas veces, si encuentra agua, y que hace tres años no lo hace. Con el dinero que le regalan o que consigue con la venta de las botellas se prepara rústicos cigarros y compra cervezas de malta.
¿Por qué vive en una cueva, Joaquín? ¿No le gusta la gente? “Adio’ ―responde―, con la gente es que se vive. Vine aquí porque no tengo una casa, y un día deambulando por el pueblo un hombre me dijo que viniera a vivir a estas tierras. Yo me mantenía en banda y cogí para acá”. Joaquín no tiene contacto con su familia (“ellos están por allá y yo aquí”), pero asegura que tiene un hermano que vive en Azua y una hermana que vive en Constanza.

Doña Benza aclara algunas cosas
El colchón donde duerme Joaquín se lo regaló Benza Gutiérrez, una señora de 77 años que vive cerca de la cueva y es muy querida en la comunidad por sus acciones filantrópicas. Es Benza quien aclara algunos detalles acerca de la vida de Joaquín. Aclara, por ejemplo, que no es cierto que él tenga tantos años viviendo en la cueva, conocida como “La Peña de los Indios”, sino unos diez. Señala que la madre de Joaquín murió, que no se sabe si su padre sigue vivo y que sí tiene una hermana en Constanza, pero esta tiene problemas mentales. También dice que ella (Benza) y otros constanceros le han ofrecido ayuda, y que él prefiere quedarse en la loma.

Una opción de vida que pasa factura
Vivir en la loma y prácticamente a la intemperie en uno de los lugares más fríos del país le está pasando factura a los 68 años de Joaquín Delgado.
“Estoy todo achacoso, la gente me da trapos pero el frío me tiene ‘acoquina’o’”, se queja. Aunque se siente enfermo, prefiere no visitar al médico.
“Yo no voy a hospitales de aquí, son unos charlatanes. Estoy a las buenas de Dios. El día lo paso andando, voy velando ‘bocaítos’, si hallo. El agua la pido en los bohíos. Cuando me dan chelitos compro cerveza de la negrita”.
Es cierto que no le gusta ir al médico. Cuentan en Constanza que hace unos años sufrió una trombosis y se quedó solo en la gruta, enfermo, hasta que pudo caminar y salir de nuevo.
“Yo le llevaba comida y le ofrecí un rinconcito aquí, al lado de esta casa, pero él prefirió quedarse allá; el otro día hasta lo chocaron y lo dejaron tirado en la carretera”, explica su bienhechora, Benza Gutiérrez.
“Joaquín no tiene cédula y no quiere bañarse. Yo le ruego que se bañe, que le voy a dar ropa; la gente no le da nada porque hiede. El que vive así es porque algún problema tiene, él se ve lúcido pero no está bien, y yo digo ¿dónde está la autoridad de este pueblo, que lo deja así?”, se pregunta la señora.

Sí quieren que lo ayuden
Pese a los achaques y a la edad, Joaquín sube y baja con mucha agilidad el camino de la cueva. A Benza le preocupa ser de las pocas personas que lo atienden y que le guarda su comida porque ella ya tiene 77 años y sabe que llegará el día en que no podrá hacerlo.
“Era gente muy pobrecita. La mamá murió hace mucho y el papá es como si no lo conociera. A la gente así hay que ayudarla, para eso somos humanos”, indica Benza.
La señora, vendedora de dulces y arepa, está interesada en que las autoridades de Constanza le faciliten al hombre aunque sea una habitación.
Y parece que vivir en un lugar más seguro y menos frío es también el interés de Joaquín, quien, contrario a lo que dicen en el pueblo, sí quisiera que lo ayudaran a dejar la cueva. ¿Qué tipo de ayuda pide para hacerlo?
“Yo quisiera conseguir cuartos para hacer una casita”, dice mirando hacia el pueblo desde lo alto de la gruta.

8/3/12

Doña Benza: “Tengo 60 años guayando coco”

Por estar mucho tiempo frente al fuego quedó ciega por un año.

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Yaniris López
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La vida de María Mercedes Gutiérrez, conocida aquí en Constanza como Benza, transcurre entre olores. El olor de la arepa recién hecha y el de los dulces de leche, coco, naranja y lechosa que le enseñó a hacer su madre desde jovencita.
“Tengo 60 años guayando coco”, dice mostrando sus manos, deformadas de tanto guayar. Por suerte, hace poco su hijo le prestó una máquina industrial que ahora hace ese trabajo.
Benza, que el pasado 28 de febrero cumplió 77 años, quedó viuda muy joven. Su esposo, soldado en tiempos de la dictadura, murió durante la expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo, en 1959. Y Benza no volvió a casarse. Dos hijos le quedaron de la relación, y un futuro que labrar a fuerza de mucho trabajo.
“Mi marido ganaba 30 pesos cuando murió. Me pusieron una pensioncita pero me la quitaron con los cambios de gobierno”, cuenta esta campeona de la vida que apenas alcanzó un tercer grado de primaria.
En su casa, ubicada en la entrada del centro del municipio, Benza muestra con orgullo fotos viejas y recientes de sus hijos, nietos y biznietos; los reconocimientos locales que ha recibido y una fotografía donde se la ve al lado del actor Guy Ecker, que visitó la zona a mediados de los 90 mientras se filmaba en el país un anuncio de una marca de café para promover la telenovela colombiana “Café con aroma de mujer”.
Turistas y locales se acercan para dejar encargadas las delicias gastronómicas que le han hecho famosa en la zona: panes, marquetas y potes de dulces y arepa dulce y salada.
Benza explica que las arepas las hace de tres tamaños y al carbón. De tanto estar frente al carbón y el fuego quedó ciega durante un año.

El fuego me afectó los ojos -dice-, porque cuando empiezas a menear la arepa no puedes parar. Le dije a uno de los nietos que le iba a enseñar a guayar coco porque pensé que nunca volvería a ver”. Pero lo hizo. En 2001 la operaron y continuó con su trabajo.
También tiene una hernia discal que le produce mucho dolor en las piernas. Aunque cuenta con la ayuda de Graciela en la cocina, igual Benza se levanta todos los días a las seis de la mañana y se tira su balde de agua fría (¡en Contanza!, donde las temperaturas suelen bajar a 8 y 10 grados en las madrugadas) y se pone a rezar.
Es muy devota.
He pasado mucho trabajo en esta vida, pero estoy contenta con Dios. Mi papá nos dejó una tierrita, la tuve que vender y quedarme con esta esquinita. Me quedé pidiéndole a Dios”.

Su labor social
Pero en nada de esto piensa Benza cuando habla de su debilidad: los niños. Este amor por los pequeños lo siente desde los 11 años, indica. Con los más pobres de Constanza hace cada diciembre una labor que va para 30 años: les prepara una enorme cena de Navidad y les regala juguetes. Su patio se convierte en una gran fiesta. Dos meses antes se los pasa pidiendo, “porque no tengo de dónde sacar para darles”.
“Aquí se cosecha mucho, pero el que tiene su queso no lo quiere ‘flojar’. Después de Dios, el amor a los demás es lo más grande”.
En Cuaresma, Benza prepara té para la comunidad, especialmente el Viernes Dolores. Muchos de los que recibieron su apoyo son hoy hombres y mujeres que agradecen sus atenciones.
Al lado de la casa Benza tiene un negocito donde vende “cositas”. Si tuviera que pedir ayuda para ella, su petición sería, dice, que le ayudaran a terminar el negocito y los estantes. Un asador de pollos también le vendría bien, asegura, porque le gusta prepararlos para la venta, lo mismo que longanizas, pastelitos y chicharrón.
“Y quiero continuar haciendo mi obra con los niños, porque quiero que Dios los bendiga mucho”.
Qué linda.

12/2/12

La Virgen que no se quemó

Así lucía ayer la ermita de El Alto de la Virgen, en Casabito (camino a Constanza). Fea por dentro y por fuera. Sin devotos. Sin velas en el altar que se quemó el pasado 21 de enero “por el exceso de velas” que le prendieron a la Santísima en su día.
Hasta el mosaico de afuera que recreaba el famoso cuadro de la Altagracia desapareció con el incendio.
Los que ahora se acercan lo hacen para tomarse fotos en el mirador o para confirmar si es verdad que lo único que quedó intacto en el lugar fue la escultura en yeso de la Virgen.
Algunos dicen que fue un milagro, una señal del Señor, una llamada de advertencia de la Virgen por las cosas tan “horribles” que ocurren en este mundo, vea, “de que Dios quiere algo diferente”.
Aunque ya corren voces que aseguran que construirán otro santuario, la devoción continúa.
Como la puerta de hierro de la entrada está cerrada, las flores para la virgencita las dejan afuera, entre las rejas.
Ojalá fuera verdad lo del milagro, pero si observamos bien lo negro del estrado o plataforma donde descansa la Virgen, sus pies y las paredes laterales, nos damos cuenta de que posiblemente lo que ocurrió es que el fuego no llegó a propagarse lo suficiente por el blanco cuerpo de la Inmaculada. Unos minutos más y...

22/1/12

Y se quemó la ermita. Dos fotos para recordarla

La ermita de El Alto de la Virgen, construida en honor a la virgen de la Altagracia a unos 37 kilómetros del centro de Constanza (La Vega), justo a un costado de la carretera Casabito-Constanza, se quemó ayer al mediodía. Los medios reportan que la imagen en yeso de la virgen no sufrió daños, y que el fuego se produjo por la enorme cantidad de velones que los fieles “ofrecieron” a la inmaculada en su día, 21 de enero.
Dicen que el fuego la destruyó totalmente, así que aquí les dejo con dos fotos (de la fachada y del interior) como recuerdo. Como dato curioso, y aunque la ermita es muy chiquita, una verja divide el pequeño altar del resto de la estancia, suponemos que para evitar que los santos sean robados.
La ermita es muy humilde. Desde allí, los que aguanten el frío pueden disfrutar del hermoso paisaje verde y neblinoso de las montañas de la cordillera Central.

4/9/09

Los encantos de Valle Encantado

CON RAZÓN ES FÁCIL PERDERSE ALLÍ. PALPAMOS EL PORQUÉ DE TANTAS LEYENDAS SOBRE DESAPARICIONES Y MUERTES EN EL VALLE. Y NO ES PARA MENOS

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Texto y fotos: © Avic García
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Muchas son las historias que se tejen respecto al Valle Encantado, ubicado a 2,250 metros sobre el nivel del mar, que anima a conocerlo personalmente y descubrir sus encantos. Partimos, el grupo de Indiana Adventure Team, puntuales desde Constanza a las 4:00 de la madrugada a solicitud de nuestro guía, Miguel Abreu, conocedor del ultimo rincón del lugar, y quien se desempeña en el área de búsqueda y rescates en operaciones de montaña, así como a los también guías Máximo Kelly y Martín Ramírez. Con ese aval, había seguridad de salir viva del lugar.
Luego de un desayuno que compartimos con el personal del puesto militar de Valle Nuevo, nos dirigimos hacia Alto Bandera, a 2,800 metros sobre el nivel de mar, a presentar los permisos de lugar para poder acceder al área protegida.
Salimos hacia un recorrido que nos tomó aproximadamente seis horas a través de los 20 kilómetros que conducen al Valle, ida y vuelta. Habíamos escuchado la noche anterior las leyendas sobre el valle y estábamos dispuestos a conocer el misterioso lugar, a pesar de haber un “sendero” tuvimos que ser auxiliados con el corte de algunas ramas que permitieran el acceso de tan frondoso lugar. Con razón es fácil perderse allí. Palpamos el porqué de tantas leyendas sobre desapariciones y muertes en el valle. Y no es para menos. Si no eres conocedor del lugar, es seguro que te extravías.

Leyendas
El nombre real del valle, según nos comentara la noche anterior el señor Constancio Cassá, era “Sabana sin Provecho”, ya que los cazadores de cerdo cimarrón, por alguna fuerza extraña, no podían atrapar a los animales en dicho lugar.
“Cuenta la leyenda que el valle fue habitado en tiempos remotos por un señor procedente de La Vega o Santiago, quien en compañía de dos esclavos se refugió en el lugar llevando consigo su fortuna en el “lomo de las bestias”, pereciendo el señor junto a uno de sus esclavos, logrando el otro regresar a los lugares habitados, pero no pudo explicar de dónde venía: estaba totalmente contrariado o hechizado.
Otra leyenda cuenta que dos señores se establecieron en el valle, uno de los cuales pereció; el otro, después de varios años de permanencia allí, regresó, pero en las mismas circunstancias del esclavo de la leyenda anterior: no sabía de dónde venía.
En cuanto a la fortuna, se cuenta que quedó enterrada al pie de un árbol plantado expresamente para que sirviera de señal del lugar donde fue enterrada.

Explorando
Camino al valle se encuentra la Loma de la Paila, que debe su nombre a los restos de una paila que se rompió cuando se dirigían al valle los señores mencionados. En el trayecto se encuentra también la Loma del Mulo, porque hasta allí llegó uno de los mulos que llevaban y que trató de escaparse en varias ocasiones.
Esa fortuna era lo que el general venezolano Horacio Blanco Fombona buscaba en el siglo pasado y que le costó la vida, ya que extraviado en el camino, sin poder salir, murió de hambre.
ESA FORTUNA ERA LO QUE EL GENERAL VENEZOLANO HORACIO BLANCO FOMBONA BUSCABA EN EL SIGLO PASADO Y QUE LE COSTÓ LA VIDA, YA QUE EXTRAVIADO EN EL CAMINO, SIN PODER SALIR, MURIÓ DE HAMBRE.


En lo que respecta a las leyendas que lo hacen aparecer como “encantado”, tiene su explicación en que se trata de una región muy lejana de todo sitio habitado, donde reina perpetuamente una densa niebla (datos entregados por nuestro guía).
Luego de ver los orígenes del río Nizao en pleno valle, contemplar su belleza y dejarnos encantar, partimos hacia la Sabana de Calderón, próxima al Valle Encantado. En el trayecto nos encontramos con piedras basálticas, restos de un antiguo volcán del área. En la sabana existía un aserradero a vapor con agua extraída del río. Duró aproximadamente 60 años; fue cerrado en el año 1967 por orden de Joaquín Balaguer. Del mismo salían aproximadamente 3 o 4 camiones diarios cargados con madera. En dicho lugar sólo queda una vieja caldera que no pudo ser sacada.
El reloj marcaba las 4:00 de la tarde, hora del regreso. Ya la neblina, dueña del lugar, comenzaba a poblarlo.