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Despedida de año en La Sal


Yaniris López 
La Vega 
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A unos 1,060 metros sobre el nivel del mar, rodeado de pinos, hierba y flores silvestres, el centro de visitantes de la montaña La Sal, en Jarabacoa, promete y cumple una acampada que reaviva el espíritu montero y al mismo tiempo frena y aleja, así sea por un día y una noche, el estrés y las preocupaciones.
No hay prisas. Solo dejarse llevar. Caminar. Explorar. Sentir el frío de la montaña. Capturar imágenes y vivencias mientras se cuaja un sancocho, te pones al día con amigos de aventuras pasadas y conoces gente maravillosa. 
Hay dos opciones para llegar. La primera es recorrer a pie los 10 kilómetros que unen la caseta con El Arroyazo, punto de partida del más exigente circuito de senderismo que ofrece la reserva científica Ébano Verde. Como El Arroyazo se encuentra en Constanza, la caminata “Sendero al Centro La Sal” une los dos municipios veganos a lo largo de las laderas de loma La Golondrina y en su ruta panorámica regala al viajero todos los tonos de verde del bosque húmedo dominicano.


La otra opción es tomar la carretera La Sal, siguiendo un sendero sombreado de unos 10 kilómetros que inicia en la comunidad Paso Bajito y atraviesa el río Jimenoa y su emblemático puente colgante. 

Punete colgante sobre el río Jimenoa.

Marotear lulo, toronja, naranja y candongo forma parte de las delicias del recorrido.
Así, próximo al arroyo La Sal, sobre la grama o al calor del fuego de la chimenea, rememorando viajes y aventuras en los montes dominicanos, los chicos y chicas que recorren la geografía nacional con Manuel Peralta Ureña (@MonteroDeCorazón) eligieron este punto del macizo oriental de la cordillera Central para despedir el año y desear, para todos los viajeros y amantes de la naturaleza, un 2026 cargado de nuevas y fascinantes andanzas. 

Acogedor. El centro cuenta con baño y cocina. 







En El Arroyazo, Constanza, inicia y termina el sendero dentro de la reserva que lleva a loma La Sal. En la imagen: Chiara.

Se busca un mercado para el lulo

También conocida como naranjilla o nuquí, es una fruta muy consumida en Colombia y Ecuador

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“No se puede ir de aquí sin probar un jugo de lulo”, dicen a los visitantes los moradores de Los Dajaos, un paraje agrícola de Manabao, al suroeste de Jarabacoa. El líquido es amarillo, parecido al jugo de chinola, y poco espeso. El invitado lo prueba con cierta aprensión. Es posible que nunca haya escuchado hablar del lulo, así que le teme al sabor, a lo desconocido. Las miradas esperan con paciencia su reacción, una reacción de asombro que en Los Dajaos conocen muy bien: “¡Esto está riquísimo, quiero más! ¿De dónde sacaron esta fruta? ¿Me enseñan la mata?”.
Reacciones como esta han motivado a los campesinos y productores de Los Dajaos a buscarle un mercado al lulo (Solanum quitoense), una fruta tropical también conocida como naranjilla, coconilla o nuquí, muy consumida en Colombia, Ecuador y Costa Rica.

Un fruto raro
La planta no parece un árbol frutal, parece más bien un arbusto ornamental, de unos cuatro metros de altura y hojas anchas. El fruto maduro es amarillo o anaranjado y su sabor es ácido.

“El clima de Jarabacoa es bueno para el lulo. Hay dos o tres plantaciones por aquí, pero queremos que se multipliquen, que la gente lo conozca y lo cultive para jugos, mermeladas o para comérselo fresco”, explica Johan Lantigua, administrador de la Asociación Agrícola de Los Dajaos (Asada).
Lo incómodo del lulo que se cultiva en Jarabacoa, sigue Lantigua, es que el fruto debe recogerse y manipularse con guantes, debido a que su cáscara viene forrada con diminutas espinitas que podrían provocar algún daño en las manos. Esta variedad del lulo se conoce como Septentrional, pero hay otra, la quitoense, que no tiene espinas y que puede procesarse con todo y cáscara.

Más sobre el lulo
- El lulo es un arbusto de la familia de las solanaceae. El fruto, ovoide, llega a medir entre 4 a 6 centímetros de diámetro y por dentro tiene un color verdáceo. El tallo es semileñoso y las hojas, lobuladas y grandes, alcanzan hasta los 45
- El lulo es un fruto de clima fresco que requiere mucha agua. La temperatura adecuada para su cultivo debe rondar los 17 y 20 grados Celsius. Puede crecer de forma espontánea, preferiblemente en lugares sombreados.
- La planta produce frutos todo el año. Se da por semillas, por injerto y por estacas.