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9/5/17

Una jina casi bonsái...


Nadie podía creer que tuviéramos una plantita de jina (Pithecellobium dulce) como “mascota vegetal”.  Se acercaban y preguntaban qué mata era esa, tan rara para estar en una maceta y en interiores.
Gina. Es gina. ¿O es jina? La de las vainas verdes con masitas rosablanco por dentro, una pulpa que comen los pájaros y la gente también.
Los más jóvenes no entendían nada. Ni siquiera, decían, habían visto un árbol con estas características. Algunos adultos la conocían. Pero los del campo... Ay, los que habían crecido en un campo o viajan mucho al interior… Esos sí sabían de qué frutita se trataba. Y recordaban haberla comido, o haberla maroteado, como escribimos en aquella ocasión. Nada.
La de la foto creció así de linda en nuestro pozuelo/macetero después de germinar en el patio del fotógrafo Leo Santiago (tiene tantas plantitas frutales que cultiva por placer que ya no sabe qué hacer con ellas) y pasar a adornar nuestra mesa de trabajo. La regalamos para que sea plantada en tierra, en un patio grande, porque pronto nos mudamos (harán cambios en el espacio) y a donde vamos no podemos llevar muchas cosas… 

12/3/08

En la ciudad, nadie se mata por comer jina

Virgi (23 añitos) asegura que ha visto muchas veces este árbol en muchos lados y que, la verdad, no le parecía nada extraordinario, sólo una mata más. 
Lo que a Virgi nunca le pasó por la mente –y es raro, porque le fascina montear- es que esa masita blanco con rojo que explota de sus vainas es un delicioso manjar para los chicos del campo. Qué vida nos dábamos maroteando y tirándole palos a las matas de jina. ¿O es gina? Digo maroteando porque es imposible subirse a cogerlas (tienen espinas). A veces esperábamos que cayeran vainas enteras para sacarles las semillas negras y aprovechar mejor la masa.
Eso es en el campo. Aquí en la ciudad, en cambio, las matas de jina (Pithecellobium dulce) se llenan de hermosas vainas y nadie repara en ellas, nadie se detiene a recogerlas o a tumbarlas. Salvo Virgi, que para ver si era verdad no dudó en encaramarse en esta verja, “jalar” una rama de esta mata y “apiar” una "baqueta". Pero no le gustó su sabor y la tiró.
Debe ser que no es lo mismo una jina del campo que una de la ciudad. Debe ser que no saben igual, porque las que yo comía eran dulces, sabrosas. Debe ser por eso que casi nadie se mata por cogerlas aquí. ¡Pobres chicos citadinos!