La colección de rocas de la Academia de Ciencias
En el patio de la Academia de Ciencias de la República Dominicana (ACRD) hay una colección muy bonita de rocas. Con todo y los mineros en el proceso de extracción. Perfecta para que estudiantes y aspirantes a geólogos las conozcan.
Algunas placas informativas están deterioradas, pero en general se puede aprender muchísimo sobre el color y la forma de las rocas/minerales/sedimentos de los que solo oyes hablar o de los que te toca escribir.
¿Quieren saber cómo luce el mármol gris, el sulfuro diseminado con pliegues o la arenisca calcárea? Allí los encuentran. Y muchas rocas más, como restos vegetales pectolitizados, falcondoita, yeso, basalto, nódulos de hierro, caliza, gossan masivo…
Es una exposición permanente. Las piezas escultóricas que acompañan las rocas reales fueron trabajadas por el artista plástico Rafael Bautista en el año 2010. Las placas incluyen el nombre de la roca, su composición, dónde puede encontrarse (o fue encontrada) en República Dominicana y hasta los nombres de los geólogos que la colectaron.
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Yaniris López. Periodista (Listín Diario). Algo misántropa. Prefiero leer a otros, tomar fotografías e imaginarme un mundo tan lindo como una postal de Las Terrenas. Quizá por eso me deprime cualquier cosa. No me gustan los vegetales, y no soporto el ruido...
Punta Popy, un trocito del paraíso en Las Terrenas
Punta Popy es, cuando de playas se trata, el Santo Grial encontrado de Las Terrenas.
Un triángulo ancho, ancho; de aguas claras y arenas amarillas, bajita y con –todavía- grandes manchas verdes que custodian su entrada.
La punta y sus laterales son la playa del pueblo, de las reuniones al aire libre, el sitio donde encuentras qué comer, qué beber y dónde tenderte sabiendo que estás a tres minutos del centro y custodiado por la anchura del espacio. Y lo mejor, un espacio público y por tanto libre de tumbonas y otras infraestructuras que le roban magia al paisaje.
¿Además del baño?
Frente al Atlántico, al noroeste de Samaná, Punta Popy es perfecta para la práctica de kite y surf de remo (paddle surf). Las terrazas marinas también permiten hacer buceo deportivo. Mejor si vas un día de semana, porque sentirás que el lugar es más grande y disponible para disfrutar.
Por estar enclavada en un destino turístico con muchas facilidades para el visitante, visitar Punta Popy puede ser el punto de partida para explorar muchos de los atractivos de Las Terrenas: galerías de arte, tiendas, mercadillos al aire libre y la hermana gemela de punta Popy, ubicada en su extremo oeste: Punta Bonita.
SI VAS. Se accede a la playa de Punta Popy por todo el borde costero que une las playas Ballenas y El portillo. O desde el centro del pueblo tomando directamente la carretera 27 de Febrero: la punta se encuentra a no más de 200 metros desde el pavimento.
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Llenemos la ciudad de robles amarillos (2)
A Irene Rodríguez (@Airín1978)
En serio, de verdad.
Así se veían ayer los que crecen en el parque Cristo Libre de La Agustina, entre la avenida del Zoológico y la Tiradentes.
Si llenamos la ciudad de robles amarillos (Tabebuia aurea), haríamos un festival en su honor y le dedicaríamos pinturas, versos y canciones.
Cuando México hable de sus jacarandas, Venezuela y Panamá de sus guayacanes (Handroanthus chrysabthus), Honduras de su lindo cortés y Argentina de sus lapachos rosados, nosotros les mostraremos una foto del roble amarillo.
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P.D.: Seguimos amando los flamboyanes de todos los colores, que conste, pero todavía no hemos visto gusanos en los robles amarillos. Y el color, ese color radiante...
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Qué triste –y chulo- es visitar el Zoológico Nacional
Triste porque, por más que una disfrute conocer animales exóticos que probablemente nunca tendría la oportunidad de ver, no deja de causar dolor ver a tantas criaturas cuya existencia/destino viene delimitada por las rejas de una jaula o un pozo profundo.
Es una emoción bipolar: 1) qué lindo está el parque, bien cuidado, con vigilancia, buenas atenciones y muchos animales… y 2) qué pena ver a los animales como objeto de exhibición, encerrados, tirados ahí. Snif…
Algunos tienen más suerte que otros. Los monos araña no se pueden quejar (menos el del zoo infantil), pues tienen un islote grande para hacer de las suyas. Las garzas son “almas” libres y nadie se mete con ellas. Pero ay...
Nada. Aquí va mi recuento turístico de Semana Santa por uno de los zoo más grandes de América Latina (1,250,000 metros cuadrados y 8 kilómetros de carretera, inaugurado el 5 de julio de 1975).
La entrada es genial, porque el primer encuentro es con los flamencos (comparten laguna con patos, cisnes y peces) y no hay forma de no enamorarse de su color.
Eso sí, vayan temprano si quieren fotografiarlos en todo su esplendor, porque después del mediodía se les mete una modorra tremenda y se tiran a un lado donde es casi imposible “captarlos”.
Luego tienes que decidir si sigues el recorrido a pie o en tren.
En esta ocasión nos fuimos en tren, que bastante lo hemos caminado ya. Y comienza el desfile de emúes, avestruces, camellos (sí, tres camellos), un tigre, un león, lémures, rinocerontes, monos, chimpancés, bisontes, venados, hipopótamos, cebras, una hiena y muchas aves. La colección la pueden ver en la página del zoo.
El tren para en el punto donde se encuentran el serpentario y el anfibiario, el área para picnic y juegos infantiles, la caballeriza del poni y el zipline.
Para los amantes de las culebras, el serpentario es un lugar muy bonito y cumple sus expectativas.
No vimos ranas ni sapos.
La chica guía dice que a cinco minutos de caminata más adelante está el lugar desde donde partió el tren y la salida.
Y acá vienen algunas notitas
¿Hay un zoo para adultos y otro para niños en el mismo zoo? La entrada general cuesta 150 adultos y 100 niños, pero si quieres ir al zoo infantil son 30 más por persona, a pagar en la entrada del pequeño. En el parque infantil están los burros, diferentes tipos de aves (domésticas y exóticas, como el pavo real y el faisán), las iguanas rinoceronte, las cabras enanas, los conejillos de Indias, el canguro, las cotorras y pericos, el mapache, la lechuza de cara ceniza, el cocodrilo americano, el buitre rey, la cacatúa, papagayos, tortugas y otros animales. Y hay juegos infantiles, claro.
Eso da risa, porque se supone que si pagas 150 y 100 para ver los animales del zoo, es para ver toooodos los animales del zoo, no un grupo en un lugar y luego pagar para ver el resto, así sean repetidos. En realidad, a los chicos hay que arrastrarlos y amenazarlos para que vean a los animales, porque solo quieren estar en los juegos.
La lechuza cara ceniza, endémica de La Española y en peligro crítico de extinción, ¡tenía polluelos!
Algunos hijos de p… tiran basura en los estanques y en las orillas del bosque ¿húmedo? La cañada también tiene mucha basura (foto de ayer). En la entrada, a una chica no le permitieron pasar con una botella de vidrio. La seguridad le señala otra botella grande de plástico y le dice: “Esta es la buena”. La chica y otros que estábamos ahí, de metiches, le respondimos que la entendíamos, pero que se supone que debería ser al revés, que el Zoo no debería fomentar el uso de plásticos.
La cara del mapache, pobrecito, como diciendo: Por fis, sácame de aquí.
“¡Harta! ¡Harta de que me visiten, me fotografíen, me vigilen! ¡Harta!”
Las iguanas rinoceronte parecen contorsionistas. Estas están en una especie de ladera, encima.
La cotorra de la Española (Amazona ventralis). El zoo inició hace unos años un proyecto de rehabilitación que ha dado buenos resultados.
Ella es la tortuga de espolones africana (Geochelone sulcata), una de las tres más grandes del mundo.
La señora hiena duerme en ese rincón casi todo el día. De hábitos nocturnos, ¿qué puede hacer allí de noche?
El tigre rota la siesta todo el día para que coincida con la sombra de la enramada.
¡Qué lindos son el buitre rey y el mutón pico amarillo! Lástima…
Las cabras enanas.
El parque está lindo, verde. ¿Ven lo que les digo de las emociones bipolares? Ahora, si me ponen una pistola en la cabeza, voto porque el zoo sea un lugar de recreación y un centro para programas de conservación y rehabilitación de nuestra fauna. La nuestra. Y luego los sueltan.... Dejar solo los animales que se adapten -por el tamaño del lugar y hábitos- a determinados espacios, como los flamencos y los peces, por ejemplo...
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¡Hola, abril!
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La costa de Nigua
Luego de recorrer los senderos que serpentean entre manglares, mangos y uvas de playa (más una parada de cortesía para saludar al “Santo de los Humedales”), no se vale dejar el primer patrimonio natural del municipio San Gregorio de Nigua, en San Cristóbal, sin dar un paseo por su orilla costera y contemplar, a lo lejos, el horizonte de la ciudad de Santo Domingo.
Al norte de la reserva, después de la desembocadura del Haina, los edificios de la capital se perfilan algo borrosos sobre el mar Caribe.
Esa cercanía citadina convierte a Nigua en el sistema de humedales metropolitano más grande del país, inaugurado hace justo nueve años como el “Parque Ecológico de Nigua”, luego de ser convertida en área protegida mediante el decreto 571- 09.
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Celebremos la dominicanidad...
...con este mural callejero de Federico Velásquez ubicado en Salcedo, provincia Hermanas Mirabal. ¿Listos para hacer un majarete?
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¿Bao o Tetero? Dos valles ‘para perderse’ en la cordillera Central
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| Valle de Bao |
Yaniris López
yaniris.lopez@listindiario.com
Santiago y San Juan
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¿Bao o Tetero? Ambos. Ahora, pese a que comparten cordillera y los separan apenas unos 13 kilómetros en línea recta, son dos valles muy diferentes, como diferentes son los gustos del viajero que debe decidir cuál visitar primero como destino final, es decir, no como parada de paso en la ruta hacia el pico Duarte.
La primera diferencia tiene que ver con el grado de dificultad para alcanzarlos partiendo de las rutas “oficiales” desde una comunidad.
Para llegar al valle de Bao salimos desde Mata Grande, en San José de las Matas, recorremos 32 kilómetros de puras pruebas físicas entre pinares y pequeños bosques nublados y alcanzamos la caseta en el segundo día. Para muchos, es el recorrido que muestra los más espectaculares paisajes del Parque Nacional Armando Bermúdez.
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| Valle de Bao |
Los contratiempos, la media vida que se deja en el Filo de la Navaja, merecen otra escritura. Además, todo se olvida cuando los pies alcanzan la vieja caseta ubicada a 1,800 metros sobre el nivel del mar.
Para llegar al Tetero, al noreste de la provincia San Juan, partimos de La Ciénaga de Manabao (Jarabacoa, La Vega), atravesamos varias casetas de descanso y sudamos la gota gorda hasta llegar al Cruce, el punto donde los caminos se bifurcan: a la derecha hacia el pico y a la izquierda hacia el Tetero.
A partir de aquí el sendero de bajadas y suaves subidas no es tan complicado. En total, 18 kilómetros hasta alcanzar los 1,562 metros sobre el nivel del mar, en el Parque Nacional José del Carmen Ramírez.
PAISAJES. La otra gran diferencia entre los valles más visitados de la cordillera Central dominicana es el color de su fondo: amarillo en el Bao y verde en el Tetero.
Debido a las características del suelo, en el centro del Bao no crecen pinos ni otros árboles, solo pajones, grandes pajones que absorben el agua de los pequeños riachuelos y manantiales que terminan entregándole sus aguas al río Bao.
También por este motivo es poco lo que se puede hacer en medio del valle, porque el suelo es una especie de esponja mojada y fácilmente te “enchumbas” cuando pisas.
El Tetero, en cambio, es pura yerba que crece en suelo firme, con una isla de pinos a un costado de su centro. Lo primero que hacemos muchos al llegar es correr, correr y correr a toda velocidad por su largo “lecho” pegando un grito enorme de felicidad. Y hay quienes prefieren jugar pelota o tenderse a mirar el cielo que aquí tiene un azul brillante diferente al azul del resto del cielo.
PERNOCTAR. Es más acogedor el Tetero porque hace justo dos años, gracias a la gestión de la fundación Desde el Medio y el Ministerio de Medio Ambiente, el centro de visitantes fue remozado y provisto de paneles solares y un sistema de comunicación por radio. La caseta del Bao está a la espera de estas remodelaciones pero igual caben muchas personas y hay lugar en el patio para varias casas de campaña.
DEL BAÑO. El río Bao está cerquita de la caseta, bajando por un sendero cuya pendiente se torna un poco peligrosa cuando llueve. Es de aguas oscuras y algo bravas. En el Tetero, luego de entre cinco y diez minutos de caminata se alcanzan los charcos cristalinos del Yaque del Sur y el balneario La Ballena, rodeado de enormes piedras claras. Las noches son despejadas en ambos lugares, algo sobrecogedoras en el Bao porque este valle está rodeado de altas montañas y es más pequeño que el Tetero.
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| El Tetero |
En fin, una opción de senderismo algo extremo y una estadía más enigmática y solitaria sobre un alto la ofrece el Bao; una opción más parecida a los campamentos de verano, a ras de tierra, el Tetero (que agrega a su paisaje grandes áreas cubiertas de helechos y petroglifos que evidencian el legado cultural dejado allí por los aborígenes de la isla).
Ambos: frío, mucho frío en las noches; largas y acogedoras jornadas frente al crispar de una fogata y la sensación de estar en un universo paralelo donde no existe la palabra “ciudad”.
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¿Quién hizo el Duarte del emblemático parque de la Ciudad Colonial?
Es uno de los conjuntos escultóricos más elogiados y fotografiados de los construidos en honor al patricio Juan Pablo Duarte, de cuyo natalicio se cumplen hoy 206 años.
Ubicada en el centro del parque Duarte, en la Ciudad Colonial, la obra fue inaugurada el 16 de julio de 1930 durante el breve gobierno de Rafael Estrella Ureña.
¿Saben quién fue su creador? El escultor y pintor italiano Arturo Tomagnini (1879-1957).
Se trata de una pieza vaciada en bronce y de pulido natural fundida en Italia entre 1928 y 1929. De pie, con la mano derecha en el pecho y la izquierda sosteniendo su proyecto de Constitución, el fundador de la República Dominicana ‘saluda’ al cielo desde un pedestal en hormigón con terminación en granito acompañado, más abajo, por la diosa de la Victoria.
La plazoleta se encuentra entre las calles Hostos, Duarte y Padre Billini, frente a la iglesia y convento de los Dominicos, y es uno de los puntos más populares de la Ciudad Colonial.
El lugar está, además, cargado de simbolismos, pues fue escogido por los trinitarios para realizar reuniones y fraguar desde allí ideas y planes que conducirían a la anhelada independencia.
DE INTERÉS. Los datos básicos de esta escultura están registrados en el catálogo “Arte urbano en los espacios públicos de la Ciudad Colonial de Santo Domingo”, elaborado por el Ayuntamiento del Distrito Nacional (ADN).
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Acapulco sin gente
Jima Abajo, La Vega
-----Si no ha ido, por lo menos ha escuchado que es uno de los balnearios más visitados de La Vega. De lo rico que saben las tilapias y el moro que sirven en las enramadas; de que las pozas que se forman a lo largo del río Jagüey no son tan bajitas como parecen, que lo que pasa es que el agua es tan transparente y limpia que confunden a cualquiera.
Pero si va por estas fechas lo encontrará al mediodía así: quieto, sin bulla, verde por todos lados, perfecto para las almas solitarias que no soportan el ruido. Acapulco en calma es un regalo para los sentidos.
El agua fría solo se siente al principio, después: ¡bienvenidos todo tipo de chapuzones!
PARA IR. Desde Santo Domingo, tome la autopista Duarte y doble a la izquierda en el cruce de Los Algarrobos (a unos 12 kilómetros del centro de La Vega), donde se encuentran las famosas lechoneras. El camino vecinal que conduce a la falda de loma Miranda le llevará directo al balneario. El trayecto le tomará unos cinco minutos.
El amplio balneario cuenta con zonas verdes para picnic, pequeñas enramadas donde almorzar y parqueo. Aproveche la ocasión –porque de todas formas hay que pagar la entrada- y exíjale a los administradores que sean más cuidadosos con los residuos sólidos que se generan en el balneario.
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