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Si los ven por ahí...


¿Alguien conoce a los artistas que hicieron la instalación Reminiscencia platónica, exhibida en el Museo de Arte Moderno (MAM) durante la 28 Bienal Nacional de Artes Visuales 2015?
La ficha dice: Grupo 4+1 Artistas Contemporáneos.
Los busco y los busco de todas las formas posibles y no los encuentro por parte. Al lado de la ficha hay una hoja que explica la obra, pero no ofrece información sobre los artistas.
No es por na’. Es solo para saber sus nombres.
La pieza es algo escalofriante. Mide 145 por 131 pulgadas y utilizaron para hacerla madera, metal, yeso e hilo de pescar.







Celebremos la dominicanidad...


...con este mural callejero de Federico Velásquez ubicado en Salcedo, provincia Hermanas Mirabal. ¿Listos para hacer un majarete?

La Consolación de San Cristóbal y República del Color


La Cinemateca proyectó en la FIL2016 el documental República del Color. Hermosa la forma en que, sin narración principal, artistas plásticos, críticos de arte y coleccionistas nos enseñan el origen de la luz y el color en la pintura dominicana. Dirigido por Héctor M. Valdez, los paisajes naturales no pudieron ser más lindos y mejor escogidos. Solo una observación en el subtítulo que aparece en el punto en el que hablan de Vela Zanetti y sus murales: aunque se ve majestuosa, la iglesia Nuestra Señora de la Consolación de la ciudad de San Cristóbal no es una catedral. Acá la explicación. Como todavía no lanzan el ‘dvd’ para el público, podrían tomar esto en cuenta y así les queda más bonito (todavía) el material.

José Perdomo, 50 años dedicado a la pintura

El pintor dominicano celebra cinco décadas en las artes plásticas con la exposición “Por los caminos de la madre naturaleza”.

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Yaniris López
Santo Domingo
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Nació en 1946 en Santo Domingo y para finales de los 50 ya sabía que quería ser pintor. Decidirse fue fácil: desde muy pequeño, José Perdomo se dio cuenta que la pasión que sentía por la pintura y el dibujo y el talento para crear obras pictóricas les venían de nacimiento.
Dice que le dieron muchos fuetazos por llenar todos los cuadernos escolares con dibujos; que cobraba un centavo a los compañeros de escuela por hacerles las ilustraciones de Naturales y Geografía, y que siendo muy pequeño solía rellenar con color –y sin permiso- los dibujos en blanco y negro de su mamá, entonces estudiante de pintura.
A los 15 inició su formación en la Escuela Nacional de Bellas Artes y en los talleres de Paul Giudicelli y Gilberto Hernández Ortega. Su primera gran paga, a los 16, se la debe a los bodegones y desnudos que hiciera para un comerciante puertorriqueño que vivía en Santo Domingo y viajaba mucho a Santiago.
“Él me dijo 'Vamos a hacer un negocio: te voy a traer tela y óleo, te voy a dar algo de dinero y tú me pintas esos bodegones’. Esa fue la primera vez que cogí dinero por hacer pintura”, comenta.

 Convencido del talento de Perdomo, este señor le ofreció ayuda para que estudiara y trabajara en Estados Unidos. Se marchó ya iniciada la Revolución de Abril y regresaría en 1966 para su primera individual en el Palacio Nacional de Bellas Artes. Un gran escenario para iniciar la carrera. De vuelta al país norteamericano estudió con los maestros Luis Camnitzer y Robert Motherwell.
Luego vivió varios años en Perú (donde aprovechó para estudiar sobre las Líneas de Nazca, Machu Picchu y el arte peruano) y en Brasil. A República Dominicana regresaría para quedarse en 1983. A partir de este año, el contenido plano y sin fondo de sus cuadros, la singularidad de sus trazos y los colores fuertes de sus figuras humanas le aseguraron un espacio en la plástica dominicana.

José Perdomo lleva más allá del lienzo su admiración por la biodiversidad. Por muchos años se ha dedicado al cultivo de bonsáis y en el patio de su casa crecen decenas de plantas, incluyendo especies propias de bosques muy húmedos.

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Adrián (Monumento al ego 26)

Este chico es Adrián Torres, español, pintor y fundador del proyecto Riding Colors.
Comencé a seguirlo en sus redes sociales porque sabe dibujar muy bien los caballos. Y para Yalo, alguien que sabe dibujar caballos es, por default, una buena persona (insertar guiño).
Bueno, es que me recuerdan a Sacha Tebó, pero en este caso resultó ser cierto.
Su nombre es más conocido por los coloridos retratos que hace de grandes personalidades. ¿Han visto el retrato de Eva Longoria colgado en el apartamento de su nueva serie, “Telenovela”? Lo hizo Adrián.
El otro Adrián, el menos conocido, hace a través de Riding Colors una labor hermosísima: se traslada voluntariamente a comunidades muy necesitadas ubicadas en diferentes partes del mundo para trabajar con niños socialmente vulnerables. Juntos pintan murales, crean obras, aprenden, comparten y viven experiencias difíciles de explicar porque, como dice Adrián: “Es una satisfacción ver cómo puedes ayudar a los demás a través del arte, cómo puedes mejorar sus vidas un poquito, hacer que niños con problemas se expresen libremente y se diviertan, ver cómo gente que no tiene nada se sienta valorada y orgullosa y aunque sea por unos momentos se olvidan de sus problemas”.

¿No es lindo pensar así? Este trabajo voluntario lo ha llevado a la India, Camboya, Tailandia, Malasia, Filipinas… Y en diciembre pasado a La Romana, aquí en República Dominicana.
Adrián trajo su explosión de color y su buena vibra a los niños del orfanato Niños de Cristo (ver historia y fotos en Listín Diario) y, nada, como escribimos en el periódico: su sensibilidad, pasión por la pintura, desprendimiento y energía le brotan en forma de colores...

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P.D.: Pueden ver lo que hace Adrián en www.adriantorresart.com, @ADRIANTORRESART (Twitter), en Facebook e Instagram.

Mira dentro de tu piel

Fil 2013. La instalación de la dominicana Miguelina Rivera impresiona a los visitantes que se acercan al Museo de Arte Moderno (MAM)
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Es uno de los aspectos más positivos de la Feria del Libro de Santo Domingo: además de promover la lectura, acerca las expresiones artísticas a un público que, por circunstancias sociales, siempre se ha mantenido alejado de ellas.
En el sótano del Museo de Arte Moderno (MAM), durante la presente XVI Feria Internacional del Libro 2013, un grupo de estudiantes del liceo Domingo Moreno Jiménez está a punto de iniciar un recorrido por la exposición de pinturas e instalaciones “Traces”, de la artista plástica dominicana radicada en Francia Miguelina Rivera.
Los chicos adelantaron unos pasos, pasearon la mirada por la sala, vieron un hombre y una mujer hechos de alambre y ya se iban a retirar cuando alguien les dijo: ¿Saben que la mujer está embarazada de pajaritos, y que los pajaritos están vivos?
“¿Vivos?”, giraron los muchachos, y corrieron a presenciar la obra de alambre y arena. La instalación se llama “En tu piel”, y, como explica su creadora, es una propuesta en forma de jaula, de cuerpo humano.
“Una mujer embarazada en la que viven dos 'periquitos de amor’. Una reflexión sobre la dualidad entre el espacio negativo y el espacio positivo. Sobre el encierro y la libertad. Un cuestionamiento sobre las contradicciones o paradojas entre los límites de la seguridad y la vulnerabilidad de la condición humana contemporánea entre la autoprotección y las ataduras de la individualidad”.
Los alumnos del Moreno Jiménez quedaron encantados y, de paso, disfrutaron de toda la exposición. Era la primera vez que pisaban una galería de arte. 




En la casa de Juan Trinidad

Era el loco de la casa. El que prefirió dedicarse a tallar la madera con una cuchara antes que convertirse en sacerdote. Y aquí está. Sus robles tallados le dan la vuelta al mundo. Los rostros que nacen de la madera que trabaja en la parte trasera de su casa lo han convertido en uno de los escultores más talentosos y reconocidos del país. Y él como que no se da cuenta. Su humildad trasciende todo tipo de orgullo desmedido y engreimiento.
Su casa es como él
. Como un artista que respeta y colecciona el arte de otros artistas. Repleta de antigüedades porque tienen su valor. Repleta de afecto familiar. De formas.
Cuando Virgi le preguntó a Juan Trinidad si primero concebía la escultura en su mente antes de empezar a trabajar, él le confesó un secreto: no es necesario hacerlo porque en cada tronco se esconde una figura en sí misma que él simplemente ayuda a emerger. La madera le habla. El le da la forma que tiene por dentro. Por eso cada pieza es distinta y ninguna comparte su madera con otra. Y por eso él deja parte de su corazón en cada pieza que trabaja porque, dice, es algo así como una relación de amor. La misma relación de amor que vive junto a Wendy, Leonor, WendyLiana, Clifford y miles de amigos que visitan su patio en la entrada de una cada vez más pujante, hermosa y prometedora San Francisco de Macorís.