En la Casa-Museo Cayuco

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Yaniris López
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Además de sus 35 kilómetros de playa, de sus cuevas, montañas, artesanía, ríos, lagunas y mangles, una apuesta museográfica con opciones para locales y extranjeros se prepara para recibir al público en Miches: la casa museo de Cayuco (Genaro Reyes), uno de sus más grandes creadores y director artístico del festival cultural ArteMiches.
El lugar es mucho más que su taller y su refugio. Ubicada a orillas del río Yeguada, la casa exhibe y almacena toda la obra del artista desde que empezó a bregar con la madera en 1983.
Y Cayuco quiere compartirla con todos. Artistas y visitantes.
Para eso y por otros motivos volvió hace cinco años a su pueblo natal luego de trastrabillar por varios países y la capital- y se quedó a vivir frente al Atlántico dominicano, entre hierros, madera, lagartos, plantas y antigüedades.
“Es un lugar con mucha energía y los trabajadores como yo necesitan de esa energía para canalizar cierta búsqueda en la materia”, nos dijo Cayuco en la primera intromisión periodística a su refugio.
En el museo, de 400 metros cuadrados, los visitantes “se van a encontrar con lo que ha sido mi trayectoria, las obras de los últimos años de oficio”, dice Cayuco, que comenzó su carrera artística en el año 1983 aprendiendo ebanistería en la Escuela Vocacional de las Fuerzas Armadas de Miches.
De la ebanistería se desplazó a la artesanía y de ésta al tallado de madera. Luego se dedicó a la recuperación de materiales y a la soldadura.

“Sigo con el dibujo, voy unos años a la Universidad Autónoma de Santo Domingo, luego voy por el teatro y he estado canalizando inquietudes literarias a través de círculos literarios de la Zona Colonial, como el Cacibajagua, dirigido por el poeta Carlos Gómez Robles”.
Dice que todo ese proceso de aprendizaje es lo que ha venido a seguir canalizando en Miches. “A seguir compartiendo, contribuir a la formación de jóvenes con disposición a este tipo de oficio”.
En realidad son muchos oficios: hay dibujos, madera, muebles tallados y soldaduras distribuidos por todo el lugar.
“El proceso museográfico no es más que tratar de organizar científicamente la colección, porque ahora todo está como en un almacén, porque el proceso de montaje y de curaduría es un asunto que necesariamente se desarrolla a largo plazo, porque como puedes entender esto es autogestivo y la locura es precisamente esa: embarcarnos en un proyecto museográfico”.

Apuesta cultural
 Cayuco está consciente del trabajo que le aguarda. Sabe que será difícil despertar el interés artístico en un lugar que prefiere otro tipo de entretenimiento.
“Cuando es difícil vivir del oficio como artista plástico en el centro de Santo Domingo, imagínate en la ruralidad, donde todavía la gente no es sensible para adquirir, coleccionar, valorizar la producción de sus artistas y artesanos locales. La gente prefiere invertir en toda otra cosa, en zapatos, ropa, en un radio chino, una lavadora, pero no en un cuadro de un pintor local porque todavía no llegan a esa sensibilidad, y eso es parte de los quehaceres de Artemiches, educar, formar, orientar”.
Artemiches es un festival cultural que se celebra cada año en el municipio y que busca acercar las manifestaciones artísticas y la literatura a sus moradores.
Cayuco diseñó el trofeo en forma de yola o cayuco que se entrega durante la actividad.


Poesía visual
La casa entera de Cayuco es una obra de arte que amerita muchas horas de contemplación.
Horas para ver la colección de barcos y partes de muñecas apretadas en una vitrina, o un taburete que formaba parte de la decoración de un bar ensamblado a partir de un viejo gato automovilístico y pedazos de varillas.
Horas para ver las hojas de grayumo incrustadas en el techo, los cientos de catálogos que esperan ser organizados en un estante, un pedazo de larimar de la playa de Barahona, “la chiva atómica” y “la vinera”, una pieza ensamblada partiendo de la recuperación de vestigios de construcciones coloniales: cerrojos y pedazos de vigas centenarias.
“El hecho de recuperar es que me permite acceder a materiales con mucho pasado y precisamente eso es lo que uno impregna en el ensamblaje, toda la historia de los objetos hallados. No es difícil trabajar las alegorías. Uno busca expresarse a través de la materia”, explica Cayuco.
También hay piezas de galeones recuperados de la Costa Esmeralda y cientos de objetos que conforman una colección de amigos y artistas que quieren dejar algo para el espacio de 400 metros cuadrados que a Cayuco le parecen pocos.






El premio es también para… (Monumento al ego 14)


1.Santiago Tejedor, creador y director de la página de ciberperiodismo de viajes donde se publicaron los trabajos digitales, tuaventura.org. Porque deja que sus corresponsales escriban con el alma. Porque cada entrega de la página nos enseña a comprender el verbo viajar y llegan cargadas de detalles que editan en los diarios, que quitan en los diarios, que excluyen en los diarios. Porque cree en el talento de todos los viajeros –no importa la profesión- y les permite transmitir sus vivencias como a ellos les dé la gana. Porque ha publicado –y nos deja publicar- cosas de RD en las que valora todo lo que hay “más allá del resort”.
2. Tres editoras del Listín Diario: Doris Javier, María Isabel Soldevila y Rosa Borg (Martha Queliz también). Porque a ellas les tocó aprobar y muchas veces defender los trabajos publicados en el formato impreso (sobre todo cuando algunas autoridades salían con un “¿de dónde sacó ella eso?” Y yo loca por decirles, cortándoles los ojos: “De donde ella dice, porque ella estuvo ahí”). Porque gracias a sus diligencias LD fue el medio de comunicación que más apoyo le dio este año al ecoturismo, al turismo cultural y a la promoción de los perfiles provinciales de todo el país. Porque soportaron mi pereza, mi mala maña de dejarlo todo para último momento y aún así confiar en que todo saldría bien…
3. Las Aldeas. Porque esos primeros campamentos en Jarabacoa, Monción, Constanza y Hainamosa cuando apenas éramos unos bichos prendieron en Yalo el amor por la naturaleza, el campo, la lucha, la monteadera y el maroteo.
4. María Mercedes. Na. Porque es la que soporta conmigo la esperadera en los montes (hacer turno para hacer pipí, por ejemplo), el frío de los montes, las maldiciones de los montes, el calor de los montes, la humedad de los montes, y también la que comparte conmigo la belleza de los montes. La belleza única, indescriptible y sublime de los montes. Ah, y porque ella es la que cocina en el monte...
5. Los chicos de “Párate Ahí Tours” (Ismael, Albida, Naivi, Lai, Chabe, Rafa, Eli, Maro, Omar y Cristian). Porque son los viajeros más auténticos, locos, sensibles y manipuladores con los que me ha tocado viajar. No necesitan un solo motivo para coger carretera. Sólo que alguien insinúe la palabra viajecito…
6. Y todos los lectores de Ningún lugar está lejos… en RD. Porque hay que estar medio… para soportar a la Yalo esa.

Con santos no hay misa...

Qué risa. El sacerdote asignado al paraje Hoyo Oscuro, de la sección Sierra Prieta (La Victoria), se niega a dar misa en la iglesia de la comunidad hasta que los moradores quiten los cuadros de los santos y vírgenes que tienen en el altar.
Mientras, las oficia en la escuela.
La iglesia, que está como quien dice abandonada, sirve de depósito de las butacas rotas del centro educativo.
Don Obispo de la Cruz, uno de los fundadores de Sierra Prieta, me dijo que ellos no piensan quitar nada porque “esos santos fueron dejados ahí por sus ‘antecesores’, padres y abuelos, con un propósito santo”, y que ellos respetan a los santos, motivo por el que “ni locos” los moverán de su lugar.
Yo –que no sé nada de religión- respeto la decisión del sacerdote y comparto eso de no venerar imágenes, pero me quedo con los moradores, que han demostrado más devoción y osadía al defender lo que consideran “su patrimonio espiritual”.
Ay, cómo me gustaría que ese sacerdote insinuara que quiten el cuadro de la Virgen de la Altagracia del altar de la Basílica de Higüey. No joda nadie.

Tour virtual por el Zoológico

La última novedad de la página del Zoológico Nacional es un tour virtual por las principales áreas del Parque (en realidad son vistas panorámicas). Gracias a la tecnología, paseamos por los caminos y observamos la fauna y la vegetación del parque de 1,250,000 metros cuadrados y 8 kilómetros de carreteras que constituye uno de los pulmones más importantes de la zona urbana de Santo Domingo. Varios clics y visualizamos las entradas exterior e interior del lugar, el trencito, la planicie I (donde está el Emú) y la planicie II (el rinoceronte y los bisontes americanos). Otros clics y el viaje virtual nos llevará por las áreas de los primates, los felinos y la planicie donde descansan los hipopótamos, la Isla de Monos Araña y la Isla de Cabras y Maribues africanos. Todo el colorido del lago de la aves, los avestruces, la caseta de los monos, los osos y el zoológico de niños también están incluidos en el tour.
La pantalla de acceso no presenta ninguna herramienta “extraña”. Y ya en la página, no está de más seguir navegando y conocer un poco sobre los programas y servicios que lleva a cabo el Parque Zoológico Nacional, inaugurado el 5 de julio de 1975.
Ubicación: avenida Los Arroyos, en Arroyo Hondo. Teléfono (809) 562-3149.
Horario: de martes a domingo de 9:00 a.m. a 5:00 p.m.
Entrada: público en general RD$30, incluido paseo en tren.

PD: No, no es ninguna payola sentimental. Sólo me pareció chévere...

Divinas letrinas

Hace unos años, cuando trabajaba para el periódico Hoy, me tocó hacer un reportaje sobre el trabajo social que hacía una ONG en los lugares más alejados de las provincias del sur del país. Lo titulé “De comunidades aisladas a núcleos de integración social” porque eso, precisamente, era lo que hacía la organización, ayudar a elevar la calidad de vida de los moradores organizándolos en núcleos comunitarios y facilitándoles ayuda económica. De todas las actividades que realizaban, hubo una que me afectó en gran manera y que nunca he podido olvidar: las comunidades hacían una fiesta cada vez que inauguraban un grupo de tres o cuatro letrinas. Sí, letrinas. Un hoyo en el suelo con cinco hojas de zinc y un sentadero. Recuerdo que ese día, que coincidió con las fiestas de San Miguel, en uno de los parajes que bordean el río Mijo, en San Juan de la Maguana, prepararon unos cinco calderos enormes de sanchocho en fogones al aire libre y la gente bailaba salves y palos de lo más feliz. Lo recordé porque la semana pasada tuve que recurrir a una de ellas para vaciar el contenido de mediodía de brincaderas por los campos de la provincia Espaillat. Leo Santiago pensó que sería divertido tomarme unas fotos entrando en la letrina. De hecho, se rió muchísimo. Pero qué va. No me importa usarlas. En el monte, una letrina es un lujo. Y yo también haría una fiesta si su construcción implicaría dejar de defecar en los ríos y entre los matorrales.

¿Chow mein o lou mein?

Nunca discutan con Iván, el chino que atiende en el Centro Restaurante Popular del Barrio Chino, en la avenida Duarte después de la Benito González. El y su papá son unos expertos manipuladores (insertar sonrisa).
El menú dice que el plato se llama “chow mein” y así se lo pide una pero entonces él, con su carota, siempre te dice: “Lou mein, lou mein, no chow mein”. Pero anjá, Iván, ahí dice chow mein. “Pero es lou mein, con pasta apastado y blandito como lo comen los dominicanos”. Una se ríe. Nació en China y se llama Iván. Está bien, Iván, tráeme un show mein.
“¡Lou mein!”, explota una y otra vez con su español "alitraneao". “El chow main trae pasta frita”.
Está bien, lo que quieras, Iván.

“No, decidan ustedes”. Pero Iván, lo que sea que traigas está bien. Bueno, trae el lou mein ese.
Es de las cosas más rápidas que preparan, porque si una se queda a esperar que te presenten el pescado y las carnes para que luego te los cuezan, fácil que pierdes una hora sentada. Con la discusión olvido lo de los vegetales y a los cinco minutos grito a la chica dominicana que sirve de mesera:
“¡Ay, mi madre, sin vegetales, corazón, no me le pongan vegetales!”
Y ella, que por suerte no ha heredado a Iván (que al final siempre sonríe cuando una se va), pone la cara medio triste y dice “ya está en el caldero, mezclada con el pollo y la pasta”. En fin, que siempre dejo el “chow mein” o “lou mein” como lo ven en la foto: casi enterito, porque aquí entre nos, no sé por qué siempre le echan más vegetales que pedazos de pollo.

Una expedición "kowabonga" a Cabarete (2)

Los surfistas suelen lanzar un fuerte “kowabonga” cuando logran dominar una gran ola. Indica júbilo, goce, pasarla bien... Cabarete es ese grito, eterno.

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Yaniris López
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Sin auto, a menos que te hospedes en un hotel del centro debes tomar un motoconcho para llegar a la ciudad. Turistas, trabajadores y residentes lo usan sin rechistar. Te cuesta 10 pesos de día y 20 de noche. Cada motoconchista usa un chaleco rojo numerado, medida establecida por las autoridades para organizar el transporte y proteger a los turistas.
Al salir, nuevamente los letreros neón van apareciendo casi inmediatamente y llega un punto en que todos se juntan. Hemos llegado a Cabarete, ciudad de una calle principal famosa por ser la favorita de románticos, amantes de deportes acuáticos, bohemios y hippies de unos 30 países. Aunque esa noche también descubrimos otra cosa: intelectuales, genios en computación y grandes negociantes también se refugian aquí de vez en cuando.
“Es que aquí todo el mundo se lleva bien. Nadie te conoce y el único objetivo común es pasarla bien”, responden los turistas. Para los negociantes, la actividad turística deja buenas ganancias en la zona.
Y, pequeño o grande, cada lugar de Cabarete tiene su público. Los bonches nocturnos no tienen horario pero todos aconsejan los que empiezan a partir de las 10:00 y 11:00. En estos días están de moda los bares Onno’s, Holala, Opa’s y Kiti Bar, donde se reúnen los kiboarders.
Los ritmos se mezclan, el baile invita, los “sanky” se portan bien esa noche y llega un punto en que nadie les hace caso a las voces de U-Brown, Shakira y a un lejano “I jumping, jumping”. Si prefieres algo más calmado, a orillas de la calle está el acogedor restaurant Exenkessel, donde probará las mejores pizzas y comida internacional.
Cuando vence el cansancio termina la noche en Cabarete. Nada del otro mundo y, sin embargo, ese ambiente irresistible hace el viaje inolvidable.
Y si la noche es para el bonche, el día en Cabaerete es para la playa, los deportes acuáticos y la aventura. Las mañanas son para el surf y las tardes para el windsurf y el kite.

Algo interesante sobre el surf nos lo reveló Julia, una chica belga radicada en Cabarete desde hace dos años: nadie se pelea por las olas, como parece que ocurre en otros sitios mucho más famosos como Hawai. Además, ¡no hay tiburones!
Si, en cambio, no te gusta la playa, ni el surf, ni el kite, Cabarete es ciudad de muchas alternativas. Puedes disfrutar de las excursiones a Boca de Yásica o al Parque Nacional El Choco, con sus cuevas y las lagunas “Cabarete” y “Punta Goleta”; o puedes montar a caballo, bucear, hacer “hiking”, montañismo, ciclismo, jugar golf o simplemente explorar los alrededores.

La ciudad
Hace apenas unos 15 años que Cabarete se ha dejado descubrir “a gran escala”. Está ubicado a sólo 20 kilómetros de la ciudad de Puerto Plata y su historia está ligada a la de su municipio cabecera, Sosúa, que en 1940 era una pequeña aldea de refugiados poblada originalmente por inmigrantes europeos (alemanes y austriacos) que huían de la Segunda Guerra Mundial.
Con 14.000 habitantes, hay unos 54 hoteles activos que entre villas, cabañas y edificios ofertan unas 2,500 habitaciones. Hay más de 100 negocios incluyendo restaurantes, bares, tiendas de ropas y de regalos, rent-car, supermercados, bancos de cambio, farmacias, centros médicos, estación de radio y estaciones de gasolina y 7 escuelas de surf y windsurf.
En esta zona se celebra cada año algunos eventos nacionales e internacionales como el Cabarete Race Week, la Copa Mundial de la Asociación de Windsurfing, la Copa Mundial de Kiteboarding y diferentes festivales de jazz.

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Una expedición "kowabonga" a Cabarete (1)
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Publicado en La Generación,
Listín Diario, en enero de 2003
Fotos: Yalo y Cabareteonline

Los murales de Salcedo (y 5)




Historia sobre Salcedo y el origen de los murales
Fotos: Yalo

Una expedición “kowabonga” a Cabarete (1)


Los surfistas suelen lanzar un fuerte “kowabonga” cuando logran dominar una gran ola. Indica júbilo, goce, pasarla bien... Cabarete es ese grito, eterno.

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Yaniris López
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Esta vez viajaremos a Cabarete y, aunque no lo creas, “enmochilarse” hasta allá no cuesta tanto. Sólo necesitas llevar ropa cómoda, trajes de baño, bronceador (todo lo demás lo alquilan y muy barato) y separar un boleto en Caribe Tours, único transporte que nos llevará hasta Sosúa, la parada más próxima a nuestro destino.
Siempre alerta a la bocina, los pasajeros con rumbo a Sosúa son los últimos en abordar -primero lo hacen los que van a Santiago y a la ciudad de Puerto Plata-, así que no hay muchas esperanzas de que nos toque la ventanilla. Si tienes esa suerte, disfrutar de los verdes arrozales y otros paisajes del norte del país te sale gratis.
Después de cinco horas, 235 kilómetros y cuatro paradas, estaremos llegando a Sosúa. Y la adrenalina comienza a subir. ¿Será la ciudad tan pintoresca como la pintan en las revistas? ¿Se verá el mar desde la carretera? Pronto lo sabremos.
Sí, el mar se puede ver a intervalos y la ciudad, desde la calle principal, no es tan preciosa como la pintan. Pero vista desde el mar o tomando una de las calles que se esconden tras las montañas, luce poderosamente atractiva. Pero nuestro destino es Cabarete.
La parada en Sosúa es pequeña y el autobús se queda en la carretera. La tarde se apaga. ¿Será fácil encontrar un taxi? Justo al frente de la parada, un letrero pegado a un árbol nos indica que la central era la sombra de la mata y una pizarra el control de las tarifas. Es mejor no mirar los precios. Se supone que en el interior del país los servicios son más baratos.
- Oiga, señor, ¿cuánto me cobra por llevarme a Kite Beach? Está a unos 10 minutos de aquí, antes de llegar al centro de Cabarete.
- Son 200 pesos.(Después de varias “muelas” terminó en cien, pero aún así me parecía muy caro llevarme a un lugar que se encontraba a 10 minutos).
- Y dígame, ¿de qué otra forma puedo llegar?
- Por aquí pasan carros públicos y guaguas que la llevan por cinco pesos.
¡Haber preguntado antes! Hasta barato está el precio. Tomé “la voladora”, pregunté si alguien sabía dónde estaba el hotel y en menos de 10 minutos allí estaba, frente al Kite Beach, que también lucía mucho más pequeño aunque más acogedor que en su página web.
El hotel está a dos minutos de Cabarete y toma el nombre de la playa donde está ubicado, escenario de las prácticas de kiteboarding, deporte acuático que ha colocado a Cabarete en la mirilla mundial en los últimos tres años. Tan normales y simpáticos que da “grima”, es fácil toparse en cualquier playa con estrellas mundiales del kite como Luciano González, “Bobby” o Eric Hertsens.
La mayoría de los hoteles de Cabarete no ofrecen el servicio todo incluido y sus administradores siempre suponen que los huéspedes almorzarán y cenarán en la ciudad. Y Cabarete, de noche, era una tentación. ¿Sería tan activa como dicen?

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Una expedición "kowabonga" a Cabarete (2)
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Publicado en La Generación,
Listín Diario, en enero de 2003
Fotos: Yalo

¡Qué vergüenza! (Novela de una chica ilusa, cap. 2)

En uno de los parques de Baní, el busto de Juan Pablo Duarte comparte primacía con el de Marcos A. Cabral. El de Cabral está ubicado frente a la catedral, y el de Duarte en el otro extremo.
Ayer, cuando paseando con los amigos de Párate Ahí Tours Yalo le preguntó a un señor muy mayor que estaba sentado en un banco quién era Marcos A. Cabral, él hizo señas con las manos, bajando y subiendo el índice en dirección al suelo, como indicando, pensó ella, que tenía algo que ver con el parque o con la ciudad.
Qué bien, pensó la Yalo. En los pueblos suelen ponerles los nombres de personas importantes de la comunidad a los parques.
―Ahhh, ya entiendo ―dice Yalo―, él les ayudó a construir el parque, ¿verdad?
―Pero mi hija ―respondió el señor, entre asombrado y decepcionado―. Marcos A. Cabral fue presidente de este país.

¡Ups! ¡Ups! ¡Ups!

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P.D.: Marcos Antonio Cabral nació en Baní en 1846 y fue presidente de la República del 10 de diciembre de 1876 al 26 de diciembre de 1876. Dieciséis días, pero lo fue. También se destacó en la Guerra de la Restauración. Murió en 1912. Les juro que Yalo jamás lo olvidará.