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31/8/24
1/7/15
Mabí champagne, orgullo seibano
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Si recorre 135 kilómetros desde Santo Domingo hasta Santa Cruz de El Seibo solo para conocer el secreto de la bebida que ha hecho famosa a esta ciudad del este dominicano, no tendrá éxito. Don Ovidio Otto Morales, custodio de la fórmula del mabí champagne seibano y descendiente de Tomás María Otto Duvergé (pionero en la producción del refresco en 1883), no lo revela.
Con cara bonachona recibe a los visitantes que se acercan a la casona ubicada en la calle Duvergé a saborear el refrescante líquido claro hecho a base de azúcar, agua y Bejuco de Indio fermentado. Allí continúa don Ovidio una larga tradición familiar que se acerca a los 133 años.
Los viajeros se van en elogios hacia la fría y dulce bebida que se servía caliente hasta 1912, luego de que don Tomás instalara la primera fábrica de hielo en la ciudad y en la región.
Entre trago y trago preguntan cómo lo hacen, cómo logran esa textura tan suave, ese color; cómo es el proceso de producción. Se hace con agua, azúcar y Bejuco de Indio. Esa es toda la información que obtienen de don Ovidio y de los dos dependientes.
Según las malas lenguas, es para evitar que gente de fuera copie y reproduzca la centenaria fórmula.
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Cuando las preguntas arrecian, en el local sacan dos hojas de papel grapadas y las entregan a los clientes.
El documento trae una breve semblanza del “ilustre ciudadano Tomás María Otto Duvergé”, hijo distinguido de la ciudad. Registra el texto que Tomás nació en 1883 en Santa Cruz de El Seibo. Que su padre era de ascendencia holandesa y su madre de la provincia (sobrina del militar y prócer de la Independencia Antonio Duvergé).
Que don Tomás llevó a El Seibo el primer circo de diversiones, el primer vehículo de motor, la primera agencia de bicicletas, el primer receptor de radio, la primera vellonera y la imprenta donde se imprimió La Voz del Este. También estableció el primer restaurante (Café Ideal) y el primer teatro de la ciudad (Quisqueya).
“Por sus amplios conocimientos en electricidad y mecánica, trajo y operó durante casi toda su vida el alumbrado eléctrico de la ciudad de El Seibo, la fábrica de hielo y la producción del rico y exquisito mabí, que descubrieran sus antepasados; y además instaló una factoría para el procesamiento del arroz”.
Falleció en mayo de 1948.
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Está tan rico el mabí que el cliente pasa por alto la brevísima alusión que sobre él contiene el documento. “¿Y dónde consiguen el Bejuco de Indio, don Ovidio?, porque no negará que se trata de una planta exótica”, siguen las preguntas. Y a esto sí respondió Ovidio, diciendo que, para garantizar la materia prima del mabí, ‘cosechan’ la planta en una finquita de la familia.
El cliente -que sabe que la colorida casona es un punto obligado en una visita a El Seibo- sucumbe ante la seguidilla que produce el mabí. Y don Ovidio lo premia con el precio. El visitante acepta pagar con cierta aprensión, asombrado de poder disfrutar a tan bajo costo de este atractivo de la ciudad.
11/12/10
Salto Los Cocuyos
23/8/10
¿Se venden niños?
¡Ah, sí! ¡Envueltos!
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P.D. Comprensión de la lectura:
A ver. Sólo se venden niños envueltos los sábados. Los demás días... Los demás días... No sé... ¿Desnudos, enhojados, bien vestidos?
Es broma.
27/12/09
Si yo viviera en Miches...
Si lo querían subir sobre un pedestal, ¿no pudieron construir algo más decente, más elaborado, un poco más lindo?
Haría la protesta aunque no me hagan caso, porque creo que Duarte, como Padre de la Patria, se merece algo mejor. Y si fuera "síndico" de Miches o "gobernadora" de la provincia El Seibo, después de tumbar el busto mandaría a meter preso por tres días al responsable de tan dudoso gusto arquitectónico. Sólo para asustarlo.
Pero como, lamentablemente, no vivo ni soy de Miches…
17/8/09
¿Ilusión óptica?
23/6/09
ArteMiches 2009, del 23 al 28
A veces también huele a fango, a muerte, a tierras dadas por cheles y a conformismo.
Para multiplicar los primeros olores y eliminar los segundos, hoy miches vuelve a cantar, a pintar, a recitar poemas, a ver personajes inmóviles en el parque, a aplaudir… como lo hace cada verano. El festival ArteMiches, que desde el año 2004 llena de otros olores el pueblito pesquero ubicado frente al Atlántico - ese que tantas estampas nos regala desde lo alto del hotel La Loma-, será celebrado del 23 al 28 de junio.
Habrá muchos artistas invitados, titiriteros, payasos, estatuas vivientes, obras callejeras, artesanos, lecturas de poemas y exposiciones.
Exitos, Miches. Nunca pierdas la esperanza.
Relacionado
En la casa-museo Cayuco
22/9/08
En la Casa-Museo Cayuco
Yaniris López
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Además de sus 35 kilómetros de playa, de sus cuevas, montañas, artesanía, ríos, lagunas y mangles, una apuesta museográfica con opciones para locales y extranjeros se prepara para recibir al público en Miches: la casa museo de Cayuco (Genaro Reyes), uno de sus más grandes creadores y director artístico del festival cultural ArteMiches.
El lugar es mucho más que su taller y su refugio. Ubicada a orillas del río Yeguada, la casa exhibe y almacena toda la obra del artista desde que empezó a bregar con la madera en 1983.
Y Cayuco quiere compartirla con todos. Artistas y visitantes.
Para eso y por otros motivos volvió hace cinco años a su pueblo natal luego de trastrabillar por varios países y la capital- y se quedó a vivir frente al Atlántico dominicano, entre hierros, madera, lagartos, plantas y antigüedades.
“Es un lugar con mucha energía y los trabajadores como yo necesitan de esa energía para canalizar cierta búsqueda en la materia”, nos dijo Cayuco en la primera intromisión periodística a su refugio.
En el museo, de 400 metros cuadrados, los visitantes “se van a encontrar con lo que ha sido mi trayectoria, las obras de los últimos años de oficio”, dice Cayuco, que comenzó su carrera artística en el año 1983 aprendiendo ebanistería en la Escuela Vocacional de las Fuerzas Armadas de Miches.
De la ebanistería se desplazó a la artesanía y de ésta al tallado de madera. Luego se dedicó a la recuperación de materiales y a la soldadura.
“Sigo con el dibujo, voy unos años a la Universidad Autónoma de Santo Domingo, luego voy por el teatro y he estado canalizando inquietudes literarias a través de círculos literarios de la Zona Colonial, como el Cacibajagua, dirigido por el poeta Carlos Gómez Robles”.
Dice que todo ese proceso de aprendizaje es lo que ha venido a seguir canalizando en Miches. “A seguir compartiendo, contribuir a la formación de jóvenes con disposición a este tipo de oficio”.
En realidad son muchos oficios: hay dibujos, madera, muebles tallados y soldaduras distribuidos por todo el lugar.
“El proceso museográfico no es más que tratar de organizar científicamente la colección, porque ahora todo está como en un almacén, porque el proceso de montaje y de curaduría es un asunto que necesariamente se desarrolla a largo plazo, porque como puedes entender esto es autogestivo y la locura es precisamente esa: embarcarnos en un proyecto museográfico”.
Apuesta cultural
Cayuco está consciente del trabajo que le aguarda. Sabe que será difícil despertar el interés artístico en un lugar que prefiere otro tipo de entretenimiento.
“Cuando es difícil vivir del oficio como artista plástico en el centro de Santo Domingo, imagínate en la ruralidad, donde todavía la gente no es sensible para adquirir, coleccionar, valorizar la producción de sus artistas y artesanos locales. La gente prefiere invertir en toda otra cosa, en zapatos, ropa, en un radio chino, una lavadora, pero no en un cuadro de un pintor local porque todavía no llegan a esa sensibilidad, y eso es parte de los quehaceres de Artemiches, educar, formar, orientar”.
Artemiches es un festival cultural que se celebra cada año en el municipio y que busca acercar las manifestaciones artísticas y la literatura a sus moradores.
Cayuco diseñó el trofeo en forma de yola o cayuco que se entrega durante la actividad.
Poesía visual
La casa entera de Cayuco es una obra de arte que amerita muchas horas de contemplación.
Horas para ver la colección de barcos y partes de muñecas apretadas en una vitrina, o un taburete que formaba parte de la decoración de un bar ensamblado a partir de un viejo gato automovilístico y pedazos de varillas.
Horas para ver las hojas de grayumo incrustadas en el techo, los cientos de catálogos que esperan ser organizados en un estante, un pedazo de larimar de la playa de Barahona, “la chiva atómica” y “la vinera”, una pieza ensamblada partiendo de la recuperación de vestigios de construcciones coloniales: cerrojos y pedazos de vigas centenarias.
“El hecho de recuperar es que me permite acceder a materiales con mucho pasado y precisamente eso es lo que uno impregna en el ensamblaje, toda la historia de los objetos hallados. No es difícil trabajar las alegorías. Uno busca expresarse a través de la materia”, explica Cayuco.
También hay piezas de galeones recuperados de la Costa Esmeralda y cientos de objetos que conforman una colección de amigos y artistas que quieren dejar algo para el espacio de 400 metros cuadrados que a Cayuco le parecen pocos.


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