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Tremenda foto, Jorge


En la serie especial sobre la cárcel de La Victoria que está publicando en siete entregas Listín Diario desde ayer, bajo la firma escrita de Javier Valdivia, aparece en la página 7 de hoy esta fotografía tomada por Jorge Cruz, fotorreportero que le acompañó en una jornada de 29 días dentro del recinto.
La imagen muestra el momento en que los reclusos se asean en el patio inmediatamente son abiertas las celdas. Si se fijan bien, hay muchos reclusos desnudos (unos 10, contamos), pero a ninguno se le ve el miembro. A ninguno.
Las chicas de la sección La Vida nos preguntamos cómo diache logró Jorge hacerlo, cuánto tiempo tuvo que esperar para apretar el obturador y tomar una instantánea perfecta.
Para no quedarnos con las dudas, me acerqué y le pregunté. Acá su respuesta:
“Una vez Valdivia me preguntó por qué a veces yo duraba tanto haciendo una foto. Le respondí: Yo espero que todos los elementos se organicen… y disparo. No importa que tenga que durar media hora con la cámara pegada a la cara”.
En esta no tuvo que esperar tanto, entonces. “Me tomó cinco minutos”.
Para los impacientes, ¡toda una eternidad!

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P.D. (1). Sí, nos pasamos unos segundos viendo los cuerpos de los chicos.
P.D. (2). Jorge es el fotógrafo que tomó las primeras y más desgarradoras imágenes del terremoto en Haití, en 2010.  Ese 12 de enero se encontraban allí él y Valdivia haciendo reportajes para LD. Aquí en la redacción les decimos Batman y Robin.

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Con santos no hay misa...

Qué risa. El sacerdote asignado al paraje Hoyo Oscuro, de la sección Sierra Prieta (La Victoria), se niega a dar misa en la iglesia de la comunidad hasta que los moradores quiten los cuadros de los santos y vírgenes que tienen en el altar.
Mientras, las oficia en la escuela.
La iglesia, que está como quien dice abandonada, sirve de depósito de las butacas rotas del centro educativo.
Don Obispo de la Cruz, uno de los fundadores de Sierra Prieta, me dijo que ellos no piensan quitar nada porque “esos santos fueron dejados ahí por sus ‘antecesores’, padres y abuelos, con un propósito santo”, y que ellos respetan a los santos, motivo por el que “ni locos” los moverán de su lugar.
Yo –que no sé nada de religión- respeto la decisión del sacerdote y comparto eso de no venerar imágenes, pero me quedo con los moradores, que han demostrado más devoción y osadía al defender lo que consideran “su patrimonio espiritual”.
Ay, cómo me gustaría que ese sacerdote insinuara que quiten el cuadro de la Virgen de la Altagracia del altar de la Basílica de Higüey. No joda nadie.