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11/7/18

Así de linda es Macao


Este promontorio rocoso distingue a Macao de las playas de largos kilómetros que se promocionan en los catálogos y revistas como representación turística de la línea costera oriental dominicana.
Entre Uvero Alto y Bávaro, a la derecha de la desembocadura del río Maimón, esta playa de aguas claras se está convirtiendo en una referencia del surf, sobre todo para principiantes, que prefieren aprender y practicar aquí antes de enfrentarse a las olas bravas de la costa Norte.
De fácil acceso, se llega a ella a pie, en vehículo privado o en bugui. La entrada principal es la carretera Higüey- El Macao.
A principios de junio, los ministerios de Turismo y Medio Ambiente desmintieron que se pretenda privatizar esta playa.
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#DescubreDominicana/LD

6/12/17

La orilla detrás de la playa


No hay forma de perderse, pero, por si las moscas, pídale a un lugareño que le acompañe a dar una vuelta por la parte trasera de Mano Juan, en la isla Saona, si se encuentra de paseo por el pintoresco pueblo pesquero del este dominicano, en el Parque Nacional Cotubanamá.
 Es otra opción al obligatorio y placentero baño en la playa si le gusta el senderismo, y otra alternativa menos fatigosa al camino largo de casi nueve kilómetros que une los pueblitos de Mano Juan y Catuano si se estrena en las caminatas.


Entonces tomen el estrecho camino blanco y de casi dos kilómetros que corre paralelo a la playa y la laguna de Los Flamencos y que invita a disfrutar de cerca de las diferentes especies de mangles, uvas de playa, palmeras, yerba cimarrona, cangrejos solitarios, aves y el paisaje a ras de agua de la laguna, bajo un cielo azul intenso salpicado a veces por nubes blancas o por los puntos negros de los cuervos que sobrevuelan los matorrales en busca de comida.
Como el abrasante sol pondrá a prueba el humor y el esfuerzo pese a que se trata de un sendero plano, paren en el cementerio y retornen por la orilla de la playa, respirando hondo, pisando guijarros y refrescando el cuerpo en el paradisíaco paisaje de la isla adyacente más grande de República Dominicana. Un paseo corto dentro de otro paseo. Otra forma de explorar y divertirse...

2/2/17

En la cueva de Chicho

Es un paseo corto al este de Bayahíbe, al final del sendero que ocupa el extremo noroeste del Parque Nacional del Este. ¿El reto? Llegar frente al espejo del lago subterráneo

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Yaniris López
Bayahíbe, La Altagracia
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Al final del sendero ecoturístico Padre Nuestro, bajo una enorme loza de roca caliza de origen coralino, están las cuevas de Chicho I y II. El acceso a la primera está restringido para el público, así que doblaremos a la derecha, hasta la segunda.
Para llegar al hueco que da acceso al manantial hay que recorrer a pie o a caballo 1.9 kilómetros de los primeros metros verdes del Parque Nacional del Este, un camino blanco donde reinan los cactus gigantes, el guayacán, los cambrones, la guáyiga y las suculentas. Y luego bajar, bajar…
Unos tres kilómetros separan la cueva del centro de Bayahíbe, en San Rafael del Yuma, al suroeste de la provincia La Altagracia y en el extremo noroeste del parque.
Es un paseo corto. Una vez en la plataforma sedimentaria, bajas dos o tres escalones que conducen a la espesa entrada de la galería, lees en un quiosco algunas notas e instrucciones sobre el lugar, caminas otros metros y comienzas a descender una empinada escalera de piedra que conduce al estómago de la galería, una caverna de techo alto donde descansan las aguas transparentes de un lago subterráneo.
Mientras avanzas atrás va quedando, cada vez más pequeña, la apertura de la entrada y única claridad que alivia la sensación de desamparo que reina en las oscuras cavernas que todavía se conservan algo vírgenes para la exploración.
Son menos de 50 metros inclinados en vertical con algunos desniveles, se anima el espíritu. Y se trata de una de las cuevas más famosas de las muchas ubicadas en el hoy llamado Parque Nacional Cotubanamá...

¿Qué ver? Huele a humedad. Las gradas de piedra se ven resbaladizas. Los murciélagos (Artibeus jamaicensis), que al parecer le perdieron el miedo a la presencia humana, cuelgan de las raíces junto a las estalactitas y petroglifos y no huyen cuando los flashes de las cámaras alumbran su entorno y estorban su siesta diurna. Se han registrado 26 petroglifos en los primeros metros de la cueva de Chicho II, se lee en el cartel de la entrada.
Allí aparecen las caritas talladas por los primeros pobladores de la isla, unas riendo, otras con expresión de asombro o gesto inescrutable. Hay piedras anchas cubiertas de musgo y varias estalactitas y estalagmitas que llegan a formar columnas.
Al final del recorrido, aparece una especie de estrado para que el viajero se detenga y contemple desde allí las aguas transparentes del embalse. Debido a que se han encontrado bacterias en el agua superficial del pozo, no es recomendable el baño.

¿Logran verlo? Los murciélagos cuelgan junto a las estalactitas y los petroglifos de la caverna.
¿Qué sigue, entonces? Confirmar al menos con las manos la temperatura del agua, tomarse una foto, subir a la superficie y disponerse a disfrutar de toda la diversidad que ofrece el karso de Bayahíbe en el Sendero Ecoturístico Padre Nuestro.
Afuera hay culebras. Y avispas. En compensación, el paisaje conservado de una zona protegida de ocho kilómetros cuadrados. Si te armas de paciencia y de una cámara podrías incluso conocer y tomarle fotos a la lechuza cara ceniza (Tyto glaucops), una de las aves (endémica de La Española) que habitan en la zona.

Esa claridad es como se ve la entrada a medida que avanzas...

Sobre el sendero 
Al lugar se le dio importancia ecoturística y arqueológica a partir del 2002 gracias a la intervención de varias instituciones, entre ellas la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Asociación de Guías de Padre Nuestro y la Asociación de Hoteles La Romana-Bayahíbe (AHRB).
Ese año, los 8 kilómetros cuadrados del sector Padre Nuestro fueron incluidos dentro del Parque Nacional del Este y comenzó a gestarse “la ruta eco-arqueológica y turística de Padre Nuestro”.
El sendero, abierto por primera vez al público en 2008, fue cerrado en marzo en 2009 y reabierto en enero de 2010. Este último año, estas instituciones elaboraron el “Análisis de sitio y recomendaciones para el desarrollo ecoturístico del sendero Padre Nuestro”.


Según la publicación, “a pesar de su relativamente pequeño tamaño (813 ha), el área de Padre Nuestro es de vital importancia para la sobrevivencia de la zona, ya que aquí se concentra en manantiales el agua procedente de la infiltración en un área total aproximada de 71 kilómetros cuadrados. A pesar de que los asentamientos humanos sin condiciones sanitarias adecuadas, la deforestación e introducción de plantas y animales domésticos tuvieron impactos negativos significativos sobre el área y sus recursos naturales durante las tres últimas décadas del siglo XX; después de la reubicación de las 183 familias que poblaban el lugar, entre 1998 y 2004, ahora el entorno muestra señales positivas de recuperación, aunque algunos problemas persisten”.
Desde entonces se trabaja para desarrollar Padre Nuestro “como un modelo de gestión participativa, que permita preservar los recursos naturales y culturales”.
 En 2013 se firmó un acuerdo de cogestión entre el Ministerio de Medio Ambiente y la Asociación de Hoteles La Romana-Bayahíbe.

DE INTERÉS 

Valor.
El yacimiento hídrico que abarca toda la zona de Padre Nuestro, de unos 8 kilómetros cuadrados, abastece a la comunidad de Bayahíbe y las estructuras turísticas de los alrededores.

Para llegar.
Tome la Autopista del Coral y luego la carretera que conduce a Bayahíbe. El camino que lleva al sendero se encuentra a unos 400 metros antes de llegar al pueblo, sin embargo, deberá llegar hasta Bayahíbe para pagar la entrada en la caseta de Medio Ambiente (las visitas todavía no son suficientes para garantizar la sostenibilidad y pagar en la entrada del proyecto). Una vez en el pueblo, siga la carretera ubicada en la parada Bayahíbe-Benedicto-Higüey para regresar otra vez a la entrada del sendero.

Recomendaciones.
Usar calzados cerrados, repelente y protector solar. Si desea hacer una visita educativa, coordine a través de la AHRB o Medio Ambiente.

Ubicación del sendero Padre Nuestro y de la Cueva de Chicho al (nor)este del centro de Bayahíbe.
Una vez sean ejecutadas las recomendaciones contempladas en el “Análisis de sitio y recomendaciones para el desarrollo ecoturístico del sendero Padre Nuestro”, así quedaría apta para las visitas la cueva de Chicho II. La publicación, donde aparece este bosquejo, está disponible en línea.

10/8/16

Palmilla, piscina natural

Se encuentra unos 20 kilómetros al sureste del centro de Bayahíbe, en medio del Caribe, frente a la costa oeste de la zona protegida más visitada de República Dominicana 

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Hasta hace unos años, la piscina natural de playa Palmilla, frente a la costa oeste del Parque Nacional Cotubanamá (antiguo Parque del Este), no era un destino final, sino una parada intermedia y casi obligatoria en la ruta hacia Catuano, Mano Juan u otras playas de la paradisíaca isla Saona.
Zarpando del embarcadero público de Bayahíbe o de cualquiera de los hoteles de la zona, los botes y catamaranes echan anclas en medio del mar Caribe, a unos 200 o 300 metros de la línea de playa, y allí se quedaban media hora o cuantos minutos quisieran los turistas.
Ahora no. Aunque sigue siendo el “plus” de los tours hasta la islita adyacente más grande de República Dominicana, cada vez más turistas locales y extranjeros exigen una única parada para darse un baño en las aguas turquesas y transparentes de la poza de agua salada. 


“Es exactamente como me imaginaba el Caribe”, se le escucha decir a un turista argentino, sorprendido que de que el agua apenas le llegue al pecho encontrándose tan lejos de la orilla.
Los bañistas tienen para disfrutar alrededor de 800 metros paralelos a la playa, entre la arena blanca y la enorme terraza coralina que separa la alberca natural del mar abierto y que hace posible esta maravilla geológica. 

Todo el litoral hacia el sur, hasta el Canal de Catuano (el estrecho brazo de mar que separa la tierra firme de la provincia La Altagracia de la isla Saona), es una larga ribera de aguas claras y piscinas naturales a descubrir.
Por su impresionante belleza, Palmilla es una de las opciones que hacen del antiguo Parque Nacional del Este el área protegida más visitada de República Dominicana, con 631,102 visitantes en 2015. 


12/5/16

Nuestra Divina Pastora


La iglesia de Bayahíbe vista desde el mar, una de las estampas más lindas del pueblito pesquero y de San Rafael del Yuma (La Altagracia).

17/7/11

La rosa de Bayahíbe, nuestra flor nacional

Es poco conocida entre la población, pero sus características únicas en el mundo la hacen una flor interesante para la ciencia y especial para el país. Además, ¡es un cactus!

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Yaniris López
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Pertenece a la familia de las cactáceas y es uno de los pocos cactus con hojas, alcanza hasta los seis metros de altura, se encuentra en peligro de extinción, es endémica de la zona de Bayahíbe y es, desde el pasado miércoles 13 de julio, la flor nacional dominicana.
Con la promulgación de la ley 146-11, que declara a la rosa de Bayahíbe y a la caoba flor y árbol nacionales de República Dominicana, las autoridades se hicieron eco de una campaña de promoción y conservación que realiza desde hace décadas el Jardín Botánico Nacional, propulsor de esta propuesta legislativa.
La Pereskia quisqueyana fue descubierta en 1977 por el botánico francés Alain Liogier en Bayahíbe, hoy distrito municipal de la provincia La Altagracia, y declarada especie nueva para la ciencia en 1980.
Tras años de investigaciones y exploraciones sólo encontraron ejemplares machos (con flores masculinas), por lo que la reproducción de la planta debió hacerse por esqueje o estaca, explica Brígido Peguero, encargado de Taxonomía y Exploraciones del Jardín Botánico Nacional.
“Teníamos flores muy bonitas pero nunca frutos, y así no podríamos iniciar su reproducción sexual. Inicialmente la gente las cortaba porque tenían espinas y apenas pudieron quedarse las que estaban en la iglesia de Bayahíbe. Durante mucho tiempo estuvimos reproduciéndola en su zona natural y aquí en el Botánico y ya mucha gente la tiene en sus casas, igualmente muchos hoteles de Bayahíbe, Bávaro y Uvero Alto la adoptaron y reprodujeron”, dice.

Una situación lamentable
Hace cinco años aparecieron las plantas hembras de la rosa de Bayahíbe en una zona apartada del litoral del poblado. Afortunadamente, indica Peguero, las encontraron florecidas y frutificadas e iniciaron la esperada reproducción sexual que garantizaría su variabilidad genética. Pese a que hablaron con la persona que entendieron dueña del lugar acerca de la importancia de la planta para la ciencia, los ejemplares fueron cortados.
“Pensamos que tal vez para evitar un problema por temor a que declararan el área zona protegida o que les intervinieran la tierra”, señala Peguero.
El Botánico arreció entonces su campaña de conservación entre los comunitarios y los hoteles.
“De ser antes una planta que nadie quería saber de ella, que estaba confinada a esos pocos individuos en la iglesia, ahora la tienen como emblema vegetal de la comunidad. Los hoteles la cuidan y la han reproducido bastante”.

La flor nacional
¿Por qué elegir flor nacional una planta apenas conocida por la población, que requiere cuidados especiales para su reproducción y que está confinada a una única zona en su estado natural?
“Precisamente porque es una planta única en el mundo que sólo existe aquí. Otras hermanas de ella, de las Pereskia, se encuentran en otros lugares pero esta planta en su ambiente natural solamente se encuentra en el país. Es uno de los cactus más raros porque tiene hojas, tiene una flor bonita y es una planta que está en peligro de extinción y que estuvo al borde de la desaparición. Todas esas consideraciones nos llevaron a plantearla como flor nacional”, expresa Peguero.
En todo caso, sigue el biólogo botánico, lo fundamental es que la gente no sólo conozca esta planta sino que la cuide, la conserve y extienda su cultivo.
La planta se puede cultivar en cualquier sitio con ambiente apropiado. Aunque necesita agua, el suelo no debe estar saturado. Ya sea en tierra o maceta, Peguero recomienda sembrarla en suelo para que cuando las raíces penetren encuentren dónde anclar, colocándoles piedra o gravilla para que el agua escurra. La planta, que florece desde que alcanza los 1.5 o 2 metros, tiene dos floraciones al año, generalmente en los primeros meses del año y en otra época.
Las personas que deseen adquirir un ejemplar, los hay disponibles a un módico precio en el vivero del Jardín Botánico Nacional.

Más datos sobre la flor
- La única población conocida de rosa de Bayahíbe (unos ocho ejemplares) se encuentra en los alrededores de la vieja iglesia de la comunidad costera.
- Del género Pereskia (origen neotropical) existen unas 17 especies, cinco de ellas en el país. Generalmente se encuentran en zonas de precipitaciones y por ello tienen hojas, pues no necesitan retener tanta agua como los cactus de zonas muy secas. La rosa de Bayahíbe se parece a la rosa de Bánica.
- En Bayahíbe le llaman mata de chele porque el fruto tiene dentro una forma de monedita, lo que indica que la comunidad de Bayahíbe sí conocía poblaciones de hembras de la planta.
- Los pétalos de la flor suelen medir 2.2 centímetros de largo.
- La rosa de Bayahíbe, que sustituye a la flor de la caoba como flor nacional, aparecerá en las nuevas ediciones de papel moneda del país.
- Alain Liogier falleció en 2009 a los 93 años. Residía en Texas.

12/2/11

Bayahíbe no pertenece a La Romana

Es un distrito municipal de San Rafael del Yuma, provincia La Altagracia

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Dolidos porque generalmente aparece o se hace referencia a que Bayahíbe es una comunidad de La Romana, los gestores culturales de la provincia La Altagracia, entre ellos Rady Cedano, arquitecto fundador de la ruta cultural creada para conocer esta provincia, han iniciado una especie de campaña para que, en lo adelante, los comunicadores y todos los que debamos referirnos a este lugar lo hagamos de la manera correcta, es decir: Bayahíbe, La Altagracia. Bayahíbe es un distrito municipal pesquero y turístico del municipio San Rafael del Yuma ubicado al suroeste de la provincia La Altagracia.
Muchos dicen que parte de la confusión tiene su origen en el nombre de la Asociación de Hoteles La Romana-Bayahíbe, cuya explicación es muy lógica y no debería causar confusión: si Bayahíbe perteneciera a La Romana, la asociación haría alusión solamente a la provincia de La Romana y no habría necesidad de incluir a Bayahíbe. Bayahíbe forma parte de ella porque ambos destinos están muy cerca y se promueven en conjunto.
Como los dominicanos somos muy sensibles en asuntos relacionados con nuestros orígenes y defendemos a rabiar nuestras raíces geográficas, es justa la reclamación. En el futuro no sabemos (miren nomás dónde está ubicada la isla Saona, al sur de La Altagracia, y políticamente pertenece a La Romana), pero actualmente Bayahíbe le pertenece a La Altagracia.


19/11/10

Manantiales en Punta Cana: Ojos Indígenas

Yaniris López
Punta Cana, La Altagracia
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Los proyectos de desarrollo sostenible que ejecutan la Fundación Ecológica Punta Cana y los hoteles Meliá y Palladium en el principal polo turístico del país, así como los que se implementarán en los próximos meses en la laguna de Bávaro, visten de ecología un destino que, con todo y ser una referencia mundial, nunca ha destacado por ofrecer opciones ecoturíticas o de aventura a los visitantes.
Y es esa, precisamente, la imagen que el Clúster Turístico de La Altagracia quisiera promover en lo adelante: la de un destino de calidad que conjuga los más hermosos paisajes playeros del este dominicano con experiencias ecoturísticas placenteras. Aquí la historia publicada en Listín Diario:  Punta Cana, ecoturismo y medio ambiente.
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Y acá algunas imágenes de los manantiales administrados por la Fundación Ecológica Punta Cana a un costado del resort Punta Cana Resort & Club. Escondidos entre la maleza y conectados por senderos, imprimen al lugar un aire que muchos no asocian con los complejos hoteleros de playa y sol. Se trata de un bosque privado protegido llamado Ojos indígenas de unos 1,500 acres: 12 lagunas de agua dulce alimentadas por el río subterráneo Yauya.
"Si camina hacia la playa justo frente a la reserva y observa atentamente el agua restante entre los manglares, puede ver el Yauya descargando en el océano", se lee en uno de los murales informativos de la reserva. Los nombres de los ojos de agua fueron designados por el historiador Bernardo Vega y el sendero fue diseñado por el explorador Manolo Despradel. ¡Disfrútenlas!







 

2/11/10

Lechosa mata de coco, de tan alta

Es obvio que no caen enteras desde esa altura.

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Concéntrense en la primera imagen por unos segundos. No. Esa mata que ven no es de coco, que ya quisiera ella. ¡Es una mata de lechosa enorme, gigante!, tan alta como una palma o una mata de coco y con tantos frutos como los echaría una de coco. Al menos nunca las había visto tan altas. Chequeen el tronco, anchísimo y gordo para la especie. Está tan desarrollada esta lechosa que ¡echó una rama y ésta, a su vez, frutos! (segunda foto). Una está acostumbrada a ver el palito de la lechosa solo, sin ramas, con todos los frutos concentrados en el centro.
Está plantada frente al Centro de Sustentabilidad de la Fundación Ecológica Punta Cana (del Grupo Punta Cana, en La Altagracia) y tiene más de seis años, eso es seguro, porque esos son los años que lleva Jake Kheel como director ambiental de la Fundación y él dice que siempre la ha visto ahí.
Creo que, celosa de las palmas importadas que crecen en los alrededores, en las playas cercanas, la mata pensó que podía competir con ellas, y se propuso crecer y engordar, de maldad, para desde lo alto burlarse de la mata de coco, que si suelta uno le rompe la cabeza a cualquiera, mientras que ella da frutos suavecitos, que gotean por nada cuando están maduros aunque se desparramen en el suelo, porque es obvio que no caen enteros desde esa altura. Aunque, tal vez la teoría más lógica es otra: ¿para qué diañe necesitan una mata de lechosa los ricos que llegan hasta aquí? Por eso se olvidaron de ella y la dejaron crecer. Muy diferente sería la historia si, en lugar de un punto exclusivo de Punta Cana, la matita hubiese crecido en, por ejemplo… cualquier otro lado.

22/9/10

El trigonolito de Bayahíbe

Siguiendo con el chisme de las cabezas de los indios, éste de Bayahíbe es un monumento que no hace ruido ni asusta (ejem). Es un trigonolito (cemí de tres puntas) inspirado en el arte taíno ubicado frente a la playita desde donde zarpan los botes que llevan a la isla Saona.

13/5/10

Una ruta cultural para conocer La Altagracia

“No se les ocurra nunca decirle paso fino al paso higüeyano”, advierte a los visitantes Severo Morales, presidente de la Asociación de Caballos de Paso Higüeyano, fundada en el 2002.

Yaniris López
Listín Diario

Higüey.- Dos recorridos muestran al viajero el legado cultural de la provincia La Altagracia. En el municipio de Higüey: la Basílica de Nuestra Señora de La Altagracia, la iglesia de San Dionisio, el obelisco, el Pozo de la Virgen, las Tres Cruces, los parques del pueblo, los caballos de paso higüeyano y las casas victorianas del distrito municipal La Otra Banda.
En el municipio de San Rafael del Yuma: la casa fuerte de Ponce de León, conquistador de Puerto Rico, y los yacimientos arqueológicos, ojos de agua, bosques y tradiciones centenarias de la Punta de Bayahíbe, el pujante distrito municipal pesquero en el que conviven armónicamente modernos complejos turísticos y modestas casas típicas, grandes barcos de pasajeros y yolas de vela utilizadas para la pesca artesanal.
El arquitecto Rady Cedano es el creador y primer anfitrión de la ruta de La Altagracia. Es miembro del Cluster Turístico de la provincia y un gran conocedor de su cultura, gente y geografía. Cedano creó la ruta como parte de las actividades ofrecidas a los participantes de la Primera Conferencia Mundial sobre Clusters Turísticos y Competitividad celebrada en abril en Bávaro, Punta Cana, por el Instituto de Competitividad (TCI, en inglés) y organizada en el país por el Consejo Nacional de Competitividad (CNC).

De Higüey a San Rafael del Yuma
La ciudad de Higüey invita a caminar. Grande y bonita, es difícil perderse entre sus calles. Desde cualquier punto del centro, el arco ovalado de la Basílica de La Altagracia sirve de referencia al visitante, y en cualquier esquina aparece un parque o un punto donde parar y descansar.
Cedano asegura que el diseño de la ciudad es original y adecuado para pasear, por lo que motiva a los turoperadores a insertar sus muchas opciones culturales en sus paquetes. Eso, más “una buena política social y la unidad de criterios de todos los que trabajan el turismo”, hará florecer las ofertas culturales en la provincia, sostiene.

San Dionisio y el Pozo de la Virgen
La avenida Agustín Guerrero conecta la Basílica con la pequeña iglesia de San Dionisio, el primer hogar del cuadro de la Virgen de La Altagracia. Construida en 1512, es una de las primeras iglesias de América. Está ubicada en un costado del parque central. En su frente se conserva la Cruz del Perdón y muchos peregrinos siguen la tradición de hacer penitencia salvando la distancia de la cruz al altar de rodillas.
Fuera de la iglesia, y en medio de una calle, está el Pozo de la Virgen. Cuenta la leyenda que allí surgió un brote de agua que sirvió para sofocar un incendio que amenazaba la iglesia, por lo que está considerado como un milagro de la protectora.
Desde un extremo de esta calle es posible ver la iglesia de San Dionisio, el Pozo de la Virgen, la Cruz del Perdón y el arco de la Basílica. En los últimos años ha crecido el apoyo a un proyecto que procura convertir los aproximadamente 500 metros de la avenida Agustín Guerrero que separa los dos templos en una calle peatonal.

La Basílica
El monumento religioso más visitado del país es la principal atracción cultural de la ruta. Su historia, detalles interiores, pinturas y vitrales deslumbran tanto como la majestuosidad arquitectónica de su fachada. Tocar el cuadro de la Virgen de La Altagracia, caminar por los pasillos exteriores, escudriñar la pintura de Vela Zanetti y los relieves de su puerta de bronce bañada en oro forman parte del paseo, aunque es posible que nunca le dejen contar las 500 hojitas de cedro donde reposa el cuadro y que representan las ramas del naranjo donde, según la leyenda, fuera encontrado en más de una ocasión. El árbol fue tallado en México. La Basílica fue inaugurada en 1971 y bendecida por el papa Juan Pablo II en 1992. Si visita el templo a mediados de agosto, se topará con una de las más lindas tradiciones dominicanas: la fiesta de Los Toros de la Virgen, cuyos miembros montan a caballo, usan uniformes especiales y entonan cantos en honor a la patrona.

La elegancia del caballo de paso higüeyano
Higüey es tierra de caballos. Y de unos muy especiales. Los ejemplares que se pasean por los potreros de la Asociación de Ganaderos de Nisibón (Agani), en La Otra Banda, saben que los están observando y se muestran altivos y elegantes.
“No se les ocurra nunca decirle paso fino al paso higüeyano”, advierte a los visitantes Severo Morales, presidente de la Asociación de Caballos de Paso Higüeyano, fundada en el 2002.
¿Por qué? Porque el caballo de paso higüeyano tiene sus propias características, únicas en el mundo, producto del cruce de varias razas que lo afinaron y dieron como resultado un ejemplar brioso, resistente, cómodo, de buena alzada y manso, explica. Su paso tiene 4 tiempos isócronos (que suenan igual) pero más lento que otras razas. Son elegantes por naturaleza. El montador va muy cómodo y no tiene que hacer el recurrido movimiento de “spring”.
“Un gran equipo de hombres y mujeres agrupados en la Asociación estamos afinando aún más nuestros ejemplares; hoy somos una modalidad en el andar, la estamos cerrando genéticamente con presteza y eficacia para que un día, en un puntito de Quisqueya, llamado Higüey, el mundo se entere de que existe una raza de caballo paso dominicano”, dice Morales. Mientras, ¡cuánto se disfruta la exhibición y se aprende de caballos en Higüey! En especial de lo mucho que se parecen las yeguas a las mujeres.

Museo Ponce de León
A 24 kilómetros de Higüey, en el municipio San Rafael del Yuma, la casa de piedra y mampostería de Ponce de León, conquistador de Puerto Rico, espera a los visitantes.
La casona, rodeada de un fresco jardín, fue construida en 1505 y allí vivió Ponce con su esposa Leonor y sus tres hijas hasta 1508. Puerto Rico patrocinó la restauración de la casa en 1970 y el Ministerio de Cultura dominicano la dotó con mobiliario original de la época traído del Alcázar de Colón.
La carretera que conecta Higüey con el museo merece más de una fotografía, y los chicos que atienden a los visitantes, oriundos de San Rafael del Yuma, son de lo más atentos y responden cualquier pregunta sobre el lugar, abierto de 10:00 de la mañana a 4:00 de la tarde, de martes a domingo.

La Punta de Bayahíbe
El recorrido cultural por la Punta de Bayahíbe muestra el rico legado cultural de este distrito municipal pesquero ubicado al suroeste de la provincia. ¿Qué incluye? Un yacimiento arqueológico fechado en el año 2000 antes de Cristo, una antigua iglesia fundada en 1925 y consagrada por el arzobispo Monseñor Nouel donde se venera la imagen de la Divina Pastora; una visita al milenario bosque de Pereskya quisqueyana (Rosa de Bayahíbe), planta endémica en peligro de extinción que sólo crece en este lugar; las yolas de vela utilizadas en la pesca artesanal y la popular alfarería de la zona.

11/4/10

Hecho a "retazos"

El tramo de la carretera Higüey-Bávaro ubicado a la altura del centro urbano del distrito municipal La Otra Banda parece hecho a retazos. De todas las formas y los colores propios de las calles. La historia me la imagino así: con todo y tratarse de la provincia más pujante, actualmente, en asuntos turísticos, las autoridades no tenían dinero para reparar ese tramo y le pidieron a la próspera comunidad que les ayudara. Y resulta que las familias de La Otra Banda, que sí comprenden la importancia de las obras viales cuando de turismo se trata, decidieron colaborar. Cada una según sus posibilidades. Y así vemos que las familias más pudientes donaron los parches más grandes, y las menos, los más pequeños, hasta formar este mosaico gigante. O a lo mejor no fue así, y fueron los demás distritos municipales del país (hay 299), los que donaron un pedazo de asfalto cada uno, transportándolos ya hechos desde sus distintas demarcaciones. Bah, me quedo con la primera historia, y, aunque no pude comprobarlo, sé que si me bajaba del autobús y escudriñaba las esquinas de cada retazo iba a encontrar en cada uno un letrero pequeñito que diría: “Este pedazo de calle fue donado por la familia tal…”