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Concéntrense en la primera imagen por unos segundos. No. Esa mata que ven no es de coco, que ya quisiera ella. ¡Es una mata de lechosa enorme, gigante!, tan alta como una palma o una mata de coco y con tantos frutos como los echaría una de coco. Al menos nunca las había visto tan altas. Chequeen el tronco, anchísimo y gordo para la especie. Está tan desarrollada esta lechosa que ¡echó una rama y ésta, a su vez, frutos! (segunda foto). Una está acostumbrada a ver el palito de la lechosa solo, sin ramas, con todos los frutos concentrados en el centro.
Está plantada frente al Centro de Sustentabilidad de la Fundación Ecológica Punta Cana (del Grupo Punta Cana, en La Altagracia) y tiene más de seis años, eso es seguro, porque esos son los años que lleva Jake Kheel como director ambiental de la Fundación y él dice que siempre la ha visto ahí.
Creo que, celosa de las palmas importadas que crecen en los alrededores, en las playas cercanas, la mata pensó que podía competir con ellas, y se propuso crecer y engordar, de maldad, para desde lo alto burlarse de la mata de coco, que si suelta uno le rompe la cabeza a cualquiera, mientras que ella da frutos suavecitos, que gotean por nada cuando están maduros aunque se desparramen en el suelo, porque es obvio que no caen enteros desde esa altura. Aunque, tal vez la teoría más lógica es otra: ¿para qué diañe necesitan una mata de lechosa los ricos que llegan hasta aquí? Por eso se olvidaron de ella y la dejaron crecer. Muy diferente sería la historia si, en lugar de un punto exclusivo de Punta Cana, la matita hubiese crecido en, por ejemplo… cualquier otro lado.