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31/3/23

Frente al set de juegos de “Survivor: La isla de los famosos”


Sí, qué se le va a hacer, soy fan de algunos programas de supervivencia extrema, física y mental, como este de factura colombiana que se realiza en el Parque Nacional Cotubanamá, acá en República Dominicana, en la isla Saona y en la franja costera (suroeste) del área protegida en tierra firme.
Pasé hace unos días frente a la playa donde se realizan las competencias y mierda, sentí algo chulo en el corazón, como si parte de esos hierros, esa arena y el paisaje tuvieran algo que ver conmigo. Me imaginé al lindo de Tatán dirigiendo y narrando los juegos, y a los chicos matándose por ganar.


Aunque apenas están difundiendo el capítulo 46, correspondiente a la unificación de los equipos, creo que terminaron de grabar, porque no se ven los colores característicos del reality de esta temporada. En algunas plataformas se ven sillas y carpas y había personas trabajando en algunas estructuras (armándolas, quitándolas, sabrá Dios)…
¿O será que están grabando/armando el siguiente programa y estoy haciendo spoiler?
Lo único que no me gusta del programa es que permiten que corten especies en peligro y protegidas, como los mangles (los participantes los cortan para hacer el refugio o para leña). ¿El Ministerio de Medio Ambiente no los supervisa? En fin…

Les dejo algunas fotos. Aaaah, y espero que gane El Mago. 








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P.D. al 20 de abril: ahora quiero que gane Tania. 

6/12/17

La orilla detrás de la playa


No hay forma de perderse, pero, por si las moscas, pídale a un lugareño que le acompañe a dar una vuelta por la parte trasera de Mano Juan, en la isla Saona, si se encuentra de paseo por el pintoresco pueblo pesquero del este dominicano, en el Parque Nacional Cotubanamá.
 Es otra opción al obligatorio y placentero baño en la playa si le gusta el senderismo, y otra alternativa menos fatigosa al camino largo de casi nueve kilómetros que une los pueblitos de Mano Juan y Catuano si se estrena en las caminatas.


Entonces tomen el estrecho camino blanco y de casi dos kilómetros que corre paralelo a la playa y la laguna de Los Flamencos y que invita a disfrutar de cerca de las diferentes especies de mangles, uvas de playa, palmeras, yerba cimarrona, cangrejos solitarios, aves y el paisaje a ras de agua de la laguna, bajo un cielo azul intenso salpicado a veces por nubes blancas o por los puntos negros de los cuervos que sobrevuelan los matorrales en busca de comida.
Como el abrasante sol pondrá a prueba el humor y el esfuerzo pese a que se trata de un sendero plano, paren en el cementerio y retornen por la orilla de la playa, respirando hondo, pisando guijarros y refrescando el cuerpo en el paradisíaco paisaje de la isla adyacente más grande de República Dominicana. Un paseo corto dentro de otro paseo. Otra forma de explorar y divertirse...

2/2/17

En la cueva de Chicho

Es un paseo corto al este de Bayahíbe, al final del sendero que ocupa el extremo noroeste del Parque Nacional del Este. ¿El reto? Llegar frente al espejo del lago subterráneo

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Yaniris López
Bayahíbe, La Altagracia
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Al final del sendero ecoturístico Padre Nuestro, bajo una enorme loza de roca caliza de origen coralino, están las cuevas de Chicho I y II. El acceso a la primera está restringido para el público, así que doblaremos a la derecha, hasta la segunda.
Para llegar al hueco que da acceso al manantial hay que recorrer a pie o a caballo 1.9 kilómetros de los primeros metros verdes del Parque Nacional del Este, un camino blanco donde reinan los cactus gigantes, el guayacán, los cambrones, la guáyiga y las suculentas. Y luego bajar, bajar…
Unos tres kilómetros separan la cueva del centro de Bayahíbe, en San Rafael del Yuma, al suroeste de la provincia La Altagracia y en el extremo noroeste del parque.
Es un paseo corto. Una vez en la plataforma sedimentaria, bajas dos o tres escalones que conducen a la espesa entrada de la galería, lees en un quiosco algunas notas e instrucciones sobre el lugar, caminas otros metros y comienzas a descender una empinada escalera de piedra que conduce al estómago de la galería, una caverna de techo alto donde descansan las aguas transparentes de un lago subterráneo.
Mientras avanzas atrás va quedando, cada vez más pequeña, la apertura de la entrada y única claridad que alivia la sensación de desamparo que reina en las oscuras cavernas que todavía se conservan algo vírgenes para la exploración.
Son menos de 50 metros inclinados en vertical con algunos desniveles, se anima el espíritu. Y se trata de una de las cuevas más famosas de las muchas ubicadas en el hoy llamado Parque Nacional Cotubanamá...

¿Qué ver? Huele a humedad. Las gradas de piedra se ven resbaladizas. Los murciélagos (Artibeus jamaicensis), que al parecer le perdieron el miedo a la presencia humana, cuelgan de las raíces junto a las estalactitas y petroglifos y no huyen cuando los flashes de las cámaras alumbran su entorno y estorban su siesta diurna. Se han registrado 26 petroglifos en los primeros metros de la cueva de Chicho II, se lee en el cartel de la entrada.
Allí aparecen las caritas talladas por los primeros pobladores de la isla, unas riendo, otras con expresión de asombro o gesto inescrutable. Hay piedras anchas cubiertas de musgo y varias estalactitas y estalagmitas que llegan a formar columnas.
Al final del recorrido, aparece una especie de estrado para que el viajero se detenga y contemple desde allí las aguas transparentes del embalse. Debido a que se han encontrado bacterias en el agua superficial del pozo, no es recomendable el baño.

¿Logran verlo? Los murciélagos cuelgan junto a las estalactitas y los petroglifos de la caverna.
¿Qué sigue, entonces? Confirmar al menos con las manos la temperatura del agua, tomarse una foto, subir a la superficie y disponerse a disfrutar de toda la diversidad que ofrece el karso de Bayahíbe en el Sendero Ecoturístico Padre Nuestro.
Afuera hay culebras. Y avispas. En compensación, el paisaje conservado de una zona protegida de ocho kilómetros cuadrados. Si te armas de paciencia y de una cámara podrías incluso conocer y tomarle fotos a la lechuza cara ceniza (Tyto glaucops), una de las aves (endémica de La Española) que habitan en la zona.

Esa claridad es como se ve la entrada a medida que avanzas...

Sobre el sendero 
Al lugar se le dio importancia ecoturística y arqueológica a partir del 2002 gracias a la intervención de varias instituciones, entre ellas la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Asociación de Guías de Padre Nuestro y la Asociación de Hoteles La Romana-Bayahíbe (AHRB).
Ese año, los 8 kilómetros cuadrados del sector Padre Nuestro fueron incluidos dentro del Parque Nacional del Este y comenzó a gestarse “la ruta eco-arqueológica y turística de Padre Nuestro”.
El sendero, abierto por primera vez al público en 2008, fue cerrado en marzo en 2009 y reabierto en enero de 2010. Este último año, estas instituciones elaboraron el “Análisis de sitio y recomendaciones para el desarrollo ecoturístico del sendero Padre Nuestro”.


Según la publicación, “a pesar de su relativamente pequeño tamaño (813 ha), el área de Padre Nuestro es de vital importancia para la sobrevivencia de la zona, ya que aquí se concentra en manantiales el agua procedente de la infiltración en un área total aproximada de 71 kilómetros cuadrados. A pesar de que los asentamientos humanos sin condiciones sanitarias adecuadas, la deforestación e introducción de plantas y animales domésticos tuvieron impactos negativos significativos sobre el área y sus recursos naturales durante las tres últimas décadas del siglo XX; después de la reubicación de las 183 familias que poblaban el lugar, entre 1998 y 2004, ahora el entorno muestra señales positivas de recuperación, aunque algunos problemas persisten”.
Desde entonces se trabaja para desarrollar Padre Nuestro “como un modelo de gestión participativa, que permita preservar los recursos naturales y culturales”.
 En 2013 se firmó un acuerdo de cogestión entre el Ministerio de Medio Ambiente y la Asociación de Hoteles La Romana-Bayahíbe.

DE INTERÉS 

Valor.
El yacimiento hídrico que abarca toda la zona de Padre Nuestro, de unos 8 kilómetros cuadrados, abastece a la comunidad de Bayahíbe y las estructuras turísticas de los alrededores.

Para llegar.
Tome la Autopista del Coral y luego la carretera que conduce a Bayahíbe. El camino que lleva al sendero se encuentra a unos 400 metros antes de llegar al pueblo, sin embargo, deberá llegar hasta Bayahíbe para pagar la entrada en la caseta de Medio Ambiente (las visitas todavía no son suficientes para garantizar la sostenibilidad y pagar en la entrada del proyecto). Una vez en el pueblo, siga la carretera ubicada en la parada Bayahíbe-Benedicto-Higüey para regresar otra vez a la entrada del sendero.

Recomendaciones.
Usar calzados cerrados, repelente y protector solar. Si desea hacer una visita educativa, coordine a través de la AHRB o Medio Ambiente.

Ubicación del sendero Padre Nuestro y de la Cueva de Chicho al (nor)este del centro de Bayahíbe.
Una vez sean ejecutadas las recomendaciones contempladas en el “Análisis de sitio y recomendaciones para el desarrollo ecoturístico del sendero Padre Nuestro”, así quedaría apta para las visitas la cueva de Chicho II. La publicación, donde aparece este bosquejo, está disponible en línea.

10/8/16

Palmilla, piscina natural

Se encuentra unos 20 kilómetros al sureste del centro de Bayahíbe, en medio del Caribe, frente a la costa oeste de la zona protegida más visitada de República Dominicana 

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Hasta hace unos años, la piscina natural de playa Palmilla, frente a la costa oeste del Parque Nacional Cotubanamá (antiguo Parque del Este), no era un destino final, sino una parada intermedia y casi obligatoria en la ruta hacia Catuano, Mano Juan u otras playas de la paradisíaca isla Saona.
Zarpando del embarcadero público de Bayahíbe o de cualquiera de los hoteles de la zona, los botes y catamaranes echan anclas en medio del mar Caribe, a unos 200 o 300 metros de la línea de playa, y allí se quedaban media hora o cuantos minutos quisieran los turistas.
Ahora no. Aunque sigue siendo el “plus” de los tours hasta la islita adyacente más grande de República Dominicana, cada vez más turistas locales y extranjeros exigen una única parada para darse un baño en las aguas turquesas y transparentes de la poza de agua salada. 


“Es exactamente como me imaginaba el Caribe”, se le escucha decir a un turista argentino, sorprendido que de que el agua apenas le llegue al pecho encontrándose tan lejos de la orilla.
Los bañistas tienen para disfrutar alrededor de 800 metros paralelos a la playa, entre la arena blanca y la enorme terraza coralina que separa la alberca natural del mar abierto y que hace posible esta maravilla geológica. 

Todo el litoral hacia el sur, hasta el Canal de Catuano (el estrecho brazo de mar que separa la tierra firme de la provincia La Altagracia de la isla Saona), es una larga ribera de aguas claras y piscinas naturales a descubrir.
Por su impresionante belleza, Palmilla es una de las opciones que hacen del antiguo Parque Nacional del Este el área protegida más visitada de República Dominicana, con 631,102 visitantes en 2015.