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15/1/09

Iván, un chico extremo

"Nos perdimos por dos días entre Bonao y Constanza y se nos acabó la comida. Al final apareció un campesino que nos rescató. Al llegar abajo comí como un loco, tanto que justo al terminar, vomité todo de una vez".

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Yaniris López
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Iván Gómez Carrasco nació en Santo Domingo. Estudió Administración de Empresas pero desde los 15 años se dedica a practicar deportes extremos (él prefiere llamarlos no convencionales), entre ellos excursionismo y montañismo, windsurf, kitesurf, enduro, paracaidismo, rock climbing, exploración de cuevas, mountain bike, buceo y wakeboarding. Ha subido más de 24 veces al pico Duarte, fue miembro del primer equipo dominicano y del Caribe en participar y completar un Eco-challenge (2000) y formó parte de equipo dominicano que participó en el Malboro Adventure Team, en Utah, Estados Unidos (2002). Yalo lo torturó con unas preguntillas hace unos años:

¿Basta con ser arriesgado y loco para practicar deportes extremos?
No arriesgado y loco, sino tener el espíritu, la vocación y el ímpetu de hacer cosas no convencionales, que se salen de lo normal pero que te llenan de vida, te suben la adrenalina, te ponen en contacto con la naturaleza, te ensucian, donde pasas trabajo y te da miedo. Después, sólo tienes que conseguirte unos amigos locos, igual que tú, fajarte a trabajar porque los equipos son caros y sacar tiempo para divertirte.

Hablando de trabajo, ¿elegiste mal tu carrera o sí ejerces la administración de empresas?
Sí, soy vicepresidente ejecutivo de Segocar, una firma de consultoría y desde el año pasado soy socio de Desde el Medio Tour. Lo que hacemos es que trabajamos como locos de lunes a viernes hasta las 7:00 de la noche, de ahí pa’l gimnasio y los fines de semana pa’ los montes o pa’ la playa.

¿Qué tienen los deportes extremos que les falta a los más populares o tradicionales?
La mayoría se practican outdoors o al aire libre. Generalmente tienen un factor de riesgo mucho más alto. En otros deportes te lesionas, pero en estos las consecuencias pueden ser más graves, hasta la muerte en algunos casos. Necesitas mucha destreza y agilidad y por supuesto tienes que tener ciertas condiciones físicas, seguir ciertos entrenamientos y ser ágil.

¿Por qué se practican menos si son más completos?
Por eso, porque son más difíciles, más riesgosos y más costosos. Ah, y no puedes practicarlos solo porque nunca harías nada y te quedarías en el mismo círculo. Tengo amigos con los que practico buceo, con otros escalo montañas… También debes conocer las localidades en el país donde se practican estos deportes, que son muy específicas: si quieres hacer windsurf tienes que ir a Cabarete o a Salinas; si quieres escalar tienes que entrar al frontón de Samaná, al que se llega por un trillo que casi nadie conoce; si quieres bucear tienes que ir a La Caleta o a Dominicus…

¿Por qué vale la pena subir el pico Duarte?
Porque te ofrece una experiencia de vida indescriptible. La gente me pregunta por qué sigo subiendo y le respondo que hay que vivirlo para poder entenderlo. Es una experiencia lindísima. El contacto con la naturaleza es increíble, te independizas de todo. Puedes tener mil pesos y no te sirven de nada allá arriba, te desprendes de lo material, estás más cerca de Dios. Hay gente que ha llorado con nosotros, en los tours que hacemos con Desde el Medio Tour. Para mí no significa nada subir solo al Pico, la experiencia bonita la hace la gente con la que subes, ayudándolos, pasando trabajo...

Con 24 subidas al pico supongo que toda la gente de la zona te conoce...
Sí (ríe). En La Ciénaga de Manabao, el último pueblito que bordea el Parque Nacional, donde empezamos el ascenso, todo el mundo nos conoce, los guías, los muleros, los guardaparques...

Tierra, mar o aire, ¿dónde te sientes mejor?
Mi base es el montañismo, ahí empezó todo, a los 15 años, con el grupo de excursión del Colegio Loyola. Ahí empezó mi fascinación por los deportes al aire libre. Es chulísimo sentarte frente a una hoguera con los muchachos, a 3,000 metros de altura, con un frío del carajo... Más tarde llegó el senderismo, rockclimbing y el buceo, luego pasé al enduro, incursioné en paracaidismo y en los últimos tres años vengo con los deportes del agua, windsurf y kite.

¿Qué es lo peor que puede pasarle a un extremista?
Que te enfermes, que llueva, y en el caso del windsurf y el kite, que no haya viento.

¿Eco-Challenge o Marlboro Adventure Team?
Son cosas diferentes. Como reto, Ecochallenge es una experiencia casi inhumana, hasta crees que te vas a morir; pero el MAT es más divertido, más emocionante, que requiere de un trabajo en equipo.

¿Cuál es la situación más extrema que has vivido?
Paracaidismo, tirarme desde 13,000 pies de altura en la Base Aérea de San Isidro con el Club Dominico-Canadiense, al que pertenezco.

Mi hijo, pero a algo tienes que tenerle miedo...
Al fracaso, en todos los sentidos, y a quedarme inválido...

¿Y qué es lo peor que te ha pasado en un monte de esos?
Lo peor que me ha pasado en un monte fue entrenando para el EcoChallenge: nos perdimos por dos días entre Bonao y Constanza y se nos acabó la comida. Al final apareció un campesino que nos rescató. Al llegar abajo comí como un loco, tanto que justo al terminar, vomité todo de una vez.

¿Le ves futuro a los deportes extremos en el país? ¿Se pueden practicar con éxito?
Aquí se practican exitosamente sin ningún problema; la mayoría de estos deportes tienen grupos, asociaciones o federaciones o escuelas... Aquí tenemos en windsurf a Tony García, que quedó número 1 del mundo el año pasado en el Aloha Classic de Hawai, también a Pablito Guzmán y a Ricardo Esteban; tenemos a Luciano en el kite… Claro que tienen futuro.

¿De qué se queja la gente en las excursiones?
Dicen que no lo van lograr, que se van a lesionar, que se van a perder, que “me voy a morir, a mojar, a pasar trabajo, que me va a dar hambre”…

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PD: Esta entrevista fue publicada en el año 2003 en la sección La Generación, del Listín Diario. Iván participó en el 2005 en la expedición Coronando Africa (subida al Kilimanjaro) y en el 2006 en Coronando América (subida al monte Aconcagua, en Argentina).
Foto: proyecto de montañismo 10en10.com
Arte: Eric Febrillet

6/1/09

“Vengan a Ver”

Que hace muchos años en la zona había tantos chivos, vacas y ovejas y se cosechaban tantos plátanos, guineos, arroz y hortalizas que la gente se acercaba al campo y voceaba: “¡El picho, vengan a ver!” (las dos primeras palabras son de Yalo, pero debió ser algo así).
Que ahora sólo quedan La Zurza (al norte) y más arriba el lago Enriquillo como únicos atractivos.
Que después de la debacle era peor, más feo, más “desbaratao”. Que ahora luce un poco mejor. Que, realmente, aunque hay muy poco que ver, vale la pena el viaje y seguir averiguando por qué le dicen así.

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Vengan a Ver es un distrito municipal de la provincia Independencia ubicado aproximadamente tres kilómetros al oeste del municipio Duvergé. Allí viven, según la ONE, 2,635 habitantes. Es un paso obligado de la ruta sur del lago Enriquillo, porque la carretera Duvegé-El Limón-Jimaní atraviesa la comunidad y de todas formas hay que pararse en el balneario La Zurza. Los ancianos de la comunidad aseguran que la abundancia de recursos hacía que la gente se acercara y dijera: “Vengan a ver”.

28/12/08

¡Qué tupé! ¡Qué mal gusto!

Mira que construir el centro para visitantes de Valle Nuevo (Parque Nacional Juan B. Pérez Rancier) casi al lado de la principal atracción de la zona, Las Pirámides de Constanza, habiendo tanto espacio en el valle, como que deja mucho que decir del buen gusto de mi apreciada Secretaría de Medio Ambiente (Semarena).
Avic, que viajó hasta la zona a principios de este mes, nos muestra las fotos de “lo chulo” que va quedando el centro, y de lo feo que se verán, en lo adelante, las fotos que tomemos en uno de los espacios ecoturísticos más apreciados por los aventureros dominicanos.
¡Qué tupé! ¡Qué mal gusto! ¡Qué coj…! Tá bien, el mundo no se acabará por eso, pero cónchale…

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P.D.: Será como fotografiar el Altar de la Patria, en el parque Indepedencia: muy lindo y todo lo demás, pero el edificio construido al fondo es el que se roba el show.

14/12/08

El despojo (Novela de una chica ilusa, cap. 3)


Aunque no cree en eso, Yalo pensó que dado que tiene tan buena suerte para que la engañen, que casi nunca ha logrado entregar un trabajo a tiempo, que es haragana en extremo y tonta y pendeja en igual proporción… Ella pensó que un despojo no le vendría mal.
Así, aprovechando que acompañaba a unos amigos –que sí creen en eso– hasta las tierras de Solín, tal vez el más grande santero de San Juan y, cuidado, del país, decidió que ya era hora de “quitarse lo malo y echarlo en el mar”.
Franqueó caminos y laderas, cruzó riachuelos y carreteras y al llegar al llano de Solín hizo como Vicente (que hace lo que ve hacer a la gente): le dio tres vueltas a las cruces de Liborio, tocó cada una de las –no sé cuántas- campanitas del altar –enorme, imponente– y mandó a comprar el velón que emanaría la luz que le indicaría a Solín cuán descricajada era su vida.
Cuando le tocó su turno se sentó en la silla frente al altar mirando los trapos de colores que se enganchan en el techo por cada alma “despojada”, se sobresaltó cuando Solín le dijo que descruzara los pies y se quedó allí como una estatua, sin saber qué decir.
No preguntó nada, no dijo una sola palabra pero tampoco hizo falta. Solín la “desnudó” de arriba abajo, le dijo todo lo que ella quería y temía escuchar y muchas cosas de esas que ella siempre dice que se arrepiente de pensar y hacer. La más ingenua fue: “Tenga cuidado con el dinero, porque así como le llega se va”. Y con las palmas y los dedos de las manos dibujó la siguiente frase: “Le entra por aquí –porque le entra– y le sale por aquí”.
Las demás observaciones fueron muy dolorosas como para exponerlas así, sin que nadie pague por escucharlas.

Con cada palabra de Solín Yalo intentaba que los ojos no se le salieran y, a lo muy cibaeña que es, mantuvo siempre una actitud de: “Ja, no estoy muy segura de lo que usted dice”, cuando en el fondo quería decirle: “¡Mierda, Solín!, ¿cómo es que pegaste en todo?”
Para finalizar, Solín le dio su respectivo despojo con hojas de las que Yalo sólo alcanzó a reconocer la ruda. El agua usada despedía un olor “indescifrable”, como esos olores que emanan de las habitaciones de las abuelas que se están muriendo. Para completar la obra subimos hasta las montañas de Liborio y nos mojamos con la agüita santa que quita hasta las pecas.
Y de nuevo para el valle para hacer un recorrido por San Juan de la Maguana. El viaje había terminado. A las 5:00 de la tarde saldría la última guagua de Caribe Tours.

Allí vamos
¡Vida nueva!, pensó Yalo. Adiós, temores. Adiós, arrepentimientos. Es tiempo de renacer. ¡Allá nos vemos, Santo Domingo!
El frío de la guagua, unido al polvo recogido durante el día, presagiaron una incipiente gripe que Yalo pensó no pasaría de ahí, por lo menos no después de haber dejado atrás todo lo malo.
De la parada siguió hasta el trabajo y allí la “jalaron” los jefes a una oficina para informarle que el proyecto en el que venía trabajando desde hacía un año y pico había sido cancelado, y que ya le informarían lo que haría en lo adelante.
Luego, por primera vez en su vida como empleada –que ya ronda los trece años–, Yalo faltó tres días al trabajo. Sí, ella nunca había faltado, por ningún motivo, a ninguno de sus trabajos (ni siquiera cuando le sacaban las muelas para que los brackes encontraran espacio en su boca). Faltar es lo de menos, se dijo, algún día tenía que ser, ¡pero faltar por una gripe era inconcebible! ¡Intolerable!
Pero así fue. ¿Las hojas? ¿El agua? ¿El polvo de agosto de San Juan? ¿El frío de la guagua? ¿Un castigo del Señor? Ella intenta averiguarlo aún. Solín le había predicho lo del trabajo –en serio– pero también le había dicho que si de algo Yalo debía estar muy orgullosa, con todo y quejarse tanto, era de su envidiable salud…
 
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P.D.: A veces, cuando recuerda el despojo con cariño, Yalo se pregunta de qué color habrá puesto Solín su trapo en el techo de la santería...