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El laberinto verde de la Cueva de las Maravillas

De la administración del lugar se encarga el Patronato Cueva de Las Maravillas. 

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Una experiencia entre paredes vivas que pone a prueba tu paciencia y sentido de la orientación 
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YANIRIS LÓPEZ
yaniris.lopez@listindiario.com
Ramón Santana, ​San Pedro de Macorís

El propósito es que “te pierdas”. Dar vueltas hasta encontrar la palma real en el centro del recuadro parece ser un objetivo secundario.
Pero no se vale visitar la majestuosa Cueva de las Maravillas, en San Pedro de Macorís, y no internarse en el laberinto que, frente a la Autovía del Este, complementa una de las mejores experiencias espeleológicas de República Dominicana.
Un sendero sombreado conduce a la entrada de la plataforma donde se levanta el jardín vertical.

¿Te perdiste? No hay problemas. Un guía asiste desde lo alto a los visitantes en caso de que esto ocurra.

Es un cuadro de 60 x 60 metros. Los muros verdes de fukien tea (Carmona retusa), cuidadosamente podados, cubren la malla ciclónica que los mantiene erguidos y acogen a los visitantes que se internarán esperando ser lo suficientemente astutos como para no necesitar ayuda.
Porque una vez dentro, buscar la palmera no es lo único que importa. Importa también no extraviarse. Todos los sentidos deben concentrarse en ello.
El cascajo gris dificulta la caminata que comienza a hacerse larga. No hay forma de saber si volviste sobre los pasos. Todo luce igual. De lado y lado, solo las paredes verdes de medio metro de ancho.  

Cuando la palmera aparece sobre los muros, dependiendo del lugar del laberinto, sabrás si estás cerca o lejos de alcanzarla.
Al rato, las risas dejan de ser risueñas y espontáneas. Los 1.20 metros destinados a la circulación de las personas no quitan los pensamientos claustrofóbicos de qué pasaría si al final no se contara con un guía que, desde lo alto, auxilie al visitante en caso de necesitarlo.¿Quince, veinte, cuarenta minutos yendo y viniendo? A algunos les toma más, a otros menos. Lo que no puedes hacer, nunca, es devolverte…

El objetivo es encontrar la palma real ubicada en el centro del laberinto. 


SI VAS...

De lugar. El ancho de los arbustos es de medio metro (0.50 m).
El ancho de circulación de las personas es de 1.20 metros.
El recorrido es de 1,632 metros lineales.
Horario. De martes a domingo y días feriados de 9:00 de la mañana a 5:00 de la tarde. =
Costo de entrada al laberinto: 200 pesos.
Costo de entrada a la cueva: 300 pesos los adultos y 100 los niños.
Qué llevar
: buen calzado, protector solar y buena disposición para perderse.
Cómo llegar. Desde Santo Domingo, tomar la Autovía del Este rumbo a San Pedro de Macorís - La Romana. El lugar está ubicado en el municipio Ramón Santana, unos 15 kilómetros al este del centro de la ciudad de San Pedro y a tres kilómetros de la comunidad El Soco.
Diseño. Durante su inauguración, a finales de 2020, se explicó que su trazado está inspirado en los antiguos laberintos de Irlanda y Escocia. 

Jaclin y Yalo. 


El túnel sombreado que conduce a la plataforma donde está el laberinto.


Fukien tea (Carmona retusa), la especie elegida para los muros verdes.

La mujer al revés: turismo botánico en Laguna Mallén

Objetivo: localizar el tronco de esta peculiar jabilla en el refugio de vida silvestre de la Sultana del Este 

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Yaniris López 
yaniris.lopez@listindiario.com  
San Pedro de Macorís

Ni el famoso ponseré (árbol emblema del área protegida), ni la hilera de caoba criolla que vigila uno de los costados de la caseta de los guardaparques, ni los tupidos manglares llenos de biodiversidad…

 Es otra la especie que nos trae de vuelta al refugio de vida silvestre Laguna Mallén, el pulmón verde de la ciudad de San Pedro de Macorís.
La protagonista del turismo botánico de hoy es una jabilla criolla cuyo tronco es un homenaje a la mujer. Solo que… la mujer está al revés. Parece ‘sembrada de cabeza’ y por eso solo se le ven los brazos, el torso, la pelvis y unas piernas muy largas que terminan en el follaje verde oscuro de la Hura crepitans. 

¿El reto? Encontrarla.

Nativa y maderable, la jabilla o javilla es un árbol de tronco espinoso común en el campo dominicano. En Árboles de Santo Domingo (2010) Marianna Zsabo lo describe como un árbol monumental de los bosques ribereños y zonas húmedas que puede alcanzar los 30 metros de altura. En la ciudad se le puede ver en algunas plazas y parques. 

A nivel de folclore, sus frutos enteros se convierten a menudo en las ruedas de los carros de los chicos del campo y las semillas con forma de delfín se usan en artesanía y bisutería.

El ejemplar de Laguna Mallén es un atractivo más del área protegida ubicada en el extremo sureste de la capital petromacorisana.

Hasta ahora, sin embargo, solo han visto su peculiar formación quienes son guiados por algún guardaparques o por Gloria Díaz Martínez, la administradora de la zona protegida, primera mujer en ocupar este puesto en el Sistema Nacional de Áreas Protegidas de República Dominicana.

Es que tampoco es fácil de ver. ¿Una pista? Se encuentra en la Isla de la Mujer, un espacio dedicado precisamente a Gloria por convertirse en la primera guardaparques de Laguna Mallén y de San Pedro de Macorís. 

Glora Díaz

De la silueta de la jabilla, desnuda y boca abajo, llama la atención el perfecto trazado natural de los genitales externos femeninos.

Si logran verla, retratarla y ganar el reto, ¿qué más hacer para complementar el viaje? Un recorrido por los nueve kilómetros de senderos del monumento natural; observar aves nativas y migratorias (llegan para esta época huyéndole al frío del Norte) en los árboles y en los caños, acechar a las tortugas o simplemente respirar aire puro y dedicarse a la contemplación.

¿Qué llevar?

Binoculares, repelente, merienda y muchas ganas de aprender sobre la flora y la fauna del parque ecológico.

Creación. El decreto 309-95, del año 1995, declaró la Laguna de Mallén y sus humedales refugio de fauna Silvestre. 

Laguna Mallén, San Pedro de Macorís


 

Gloria Díaz Martínez, guardaparques: “Me gustaría que haya más mujeres dentro de las áreas protegidas”

“Nunca me ha dado temor hacer el trabajo ni he sentido que me irrespetan por ser mujer. Soy de las que digo que no mando a pasar un puente si yo no puedo pasar. Yo soy la cabeza y me voy alante”.

Yaniris López 
yaniris.lópez©listindiario.com 
San Pedro de Macorís

La tildaron de loca pero nunca se lo tomó a pecho. ¿Amanecer sola en una caseta en medio del bosque? ¿Bregar con hombres siendo la única mujer?  
Gloria Díaz Martínez no piensa en roles de género en el trabajo, mucho menos cuando se trata de defender su querido humedal.  
En el año 2010 hizo historia al convertirse en una de las primeras mujeres guardaparques de República Dominicana y hace poco como la primera administradora de un área protegida. 
El lugar que le asignaron vigilar y cuidar es el refugio de vida silvestre Laguna Mallén, el pulmón verde de la ciudad de San Pedro de Macorís.  
Ubicada al sureste del centro urbano del municipio, la reserva de 9 kilómetros de senderos es el punto de recreación y encuentros sociales favorito de los petromacorisanos. 

Entre sus caños, pantanos y manglares, aves nativas y migratorias atraen a estudiosos y observadores durante todo el año. 
Y Gloria se siente orgullosa de ayudar a mantener ese espacio gracias a los trabajos de conservación.

VOCACIÓN MILITAR

Hija de militares, Gloria nació en Jimaní pero se crió y ha vivido toda su vida en el municipio de San Pedro de Macorís. 
Su labor como vigilante de los recursos naturales comenzó hace 11 años, durante la gestión de Jaime David Fernández en el Ministerio de Medio Ambiente, cuando entre las brigadas forestales y militares se solicitaban personas interesadas en ser guardaparques. 
Motivada por su hermano (dizque porque no le tenía miedo a los ejercicios, había pasado por la policía municipal y practicaba levantamiento de pesas), Gloria se formó en la Escuela Nacional Forestal de Jarabacoa, hoy Instituto Técnico de Estudios Superiores en Medio Ambiente y Recursos Naturales. 
Al terminar, no dudó en aceptar el puesto de guardaparques en su pueblo. “Yo me crié prácticamente en la laguna, en el barrio de Villa Faro”. 
Por eso ve con orgullo la recuperación del espacio natural. 
El corte ilegal de árboles, la contaminación y la invasión de terrenos está controlado y el público, especialmente el local, comienza a reconocer su valor ecológico.  
Tampoco le provoca sinsabores el tema de género.  
“Nunca me ha dado temor hacer el trabajo ni he sentido que me irrespetan por ser mujer. Soy de las que digo que no mando a pasar un puente si yo no puedo pasar. Yo soy la cabeza y me voy alante”. 

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Este sol tropical...


“…este sol tropical, que es ideal, cantado por los poetas, pero terrible cuando se le soporta de lleno”.
(Over, Ramón Marrero Aristy)

Catedral San Pedro Apóstol (San Pedro de Macorís)


En la avenida Francisco Domínguez, en el centro de San Pedro de Macorís, se levanta la catedral San Pedro Apóstol, el principal símbolo religioso del municipio y un atractivo turístico de la plaza Salvador. De estilo neogótico con interior románico, fue construida entre finales del siglo XIX y principios del XX y restaurada a mediados de la década pasada.

Juan Dolio sin gente...


Mi carro, el mejor de la bolita...


Batey Doña Lila, San Pedro de Macorís

El framboyán del año 2009

Se acerca la época urbana más linda del año, esos meses en los que las ciudades (y las carreteras) se tiñen de rojo y nos ofrecen uno de los más lindos espectáculos florales que pueda existir sobre la tierra. ¡Adivinaron! ¡Por ahí vienen los framboyanes!
El año pasado nos lanzamos a buscar el framboyán más lindo y frondoso de República Dominicana. Avic, Yalo y Eliú enviaron sus fotos. Algunos, como Alexéi, veían los framboyanes, dizque andaban sin cámaras o no alcanzaban a tomar la foto porque se desplazaban muy rápido y por eso no participaron (gracias por la intención, de todas formas).
Bien, la mayor cantidad de visitas a Flirck la recibió la foto de Avic tomada en la avenida Núñez de Cáceres con 30 de Mayo (alrededor de 53 vistas) y le siguió la enviada por Eliú Gómez (de keseyoke.com ) y tomada por Gloria Guerrero en San Pedro de Macorís (51 vistas).
Yalo insiste en que el framboyán más lindo fue el de la Juan Enrique Dunant con Paseo de los Periodistas (ejem), pero no recibió tantas visitas como esas dos. Como no es justo que existan framboyanes más lindos por ahí y haya quien piense que publicamos unos flejes de matas, la convocatoria no está abierta para este año, pero si quieren pueden enviar sus fotos a yalodominicana@gmail.com y con gusto y humildad (qué dramatismo el de la Yalo) las publicaremos y las votaremos. Abrazos tristes porque se fue abril, y alegres porque ya llegan los framboyanes.
Y.

Hasta siempre, Linda...

©Listín Diario
De los festivales, encuentros culturales y otras fiestas que se realizan en los pueblos dominicanos, la presentación del grupo Teatro Cocolo Danzante Los Guloyas de San Pedro de Macorís es uno de los espectáculos más esperados. Las cámaras fotográficas se levantan espontáneamente cuando aparece la colorida comparsa en la que ancianos, jóvenes, mujeres y niños danzan al compás de los tambores, foetes, pitos y cascabeles. Los cuerpos de los espectadores se dejan seducir y bailan solos, mientras las miradas se clavan en las plumas de los singulares sombreros, los movimientos de las manos al soltar las hachas y en el resplandor de los espejos redondos pegados a los trajes. Por todo lo que representan culturalmente para el país y para el mundo, el grupo fue declarado por la UNESCO en el 2005 Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. 
Siempre dispuestos a colaborar cuando se les llama, siempre sonrientes, atentos y simpáticos, este domingo el silencio opaca la alegría guloya. No hay motivos para celebrar. Una gran tristeza inunda los bateyes, los campos y centros urbanos de San Pedro de Macorís.
Los guloyas visten de luto.
Linda, su líder por muchos años y rey del Carnaval en el año 2006, murió la madrugada de ayer a los 78 años. Hacía un tiempo que venía soportando los tormentos de un cáncer de próstata y de hepatitis 3. Emigrante cocolo, nació en Saint Kitts y le dieron el nombre de Daniel Henderson. Pero es Linda para los dominicanos que le acogieron y que agradecen su entrega y legado. Su cuerpo será sepultado hoy en la tarde en el cementerio de San Pedro de Macorís.
Hasta siempre, Linda.

Linda y los guloyas en el Festival Cultural Hermanas Mirabal 2007.

Un fogón de goma


* Está ubicado en el batey Doña Lila, en el municipio de Consuelo (San Pedro de Macorís). Se presta perfectamente para decir: Ayer vi…

El horno panadero de Andre Coffi

Vino de Haití en 1985 a trabajar en los campos de caña del país y se quedó a vivir en el batey Doña Lila, en el municipio Consuelo (San Pedro de Macorís), un lugar donde aproximadamente 200 personas sobreviven por obra, gracia y misericordia divinas.
Cuando se acaba la zafra no hay mucho que hacer, así que André Coffi vende mabí, dulces y conconetes para sostenerse –es soltero y tiene siete hijos.
Pero los días de pago Coffi se convierte en panadero. El panadero del batey Doña Lila.
El horno se lo construyeron hace dos años “unos padres americanos” a los que la comunidad recuerda con cariño.
Ubicado al fondo del cacerío de 25 viviendas, parece una pequeña ermita hecha de blocks, cemento y ladrillos.
Luce casi nuevo porque, como entenderán, los pagos no se hacen muy a menudo (la zafra dura cinco o seis meses) y Coffi debe viajar a San Pedro a Macorís (12 ó 13 kilómetros aproximadamente) a comprar la harina, porque ese ingrediente es un lujo en el pequeño ventorillo del batey, del que se encarga Agustín Pardilla, uno de los fundadores del lugar, allá por 1975.
La dueña de las tierras se llamaba Lila, y por eso el batey lleva su nombre.
Coffi dice que ha pasado “mucha calamidad” en esta vida. Y parece que es cierto. Sus pocos años (58) delatan mucho trabajo, mucha lucha, mucho sol cayendo sobre su negra piel, muchas horas de zafra, muchas promesas incumplidas. Y él se ríe con cara de tonto, ingenuo, esperanzado, buena gente…
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Ya saben. Si viajan al Este y deben tomar la carretera San Pedro-Consuelo-Hato Mayor, deténganse un día en un colmado o supermercado, compren una libra de harina de trigo, tomen la carretera y después del batey Don Juan y antes del batey Consuelito doblen a la derecha y llévensela a Coffi.
De la carretera al batey sólo les tomará unos cinco minutos, pero las brasas del horno de André Coffi arderán por horas y todos en Doña Lila se lo agradecerán. A cambio, él les regalará su sonrisa ingenua, tonta, esperanzadora...

Cuando la ciudad se tiñe de rojo...



Todos esperamos algo cada año. Hay quienes se pasan los meses planificando un cumpleaños. Hay quienes se pasan la vida esperando a su media naranja (¡anímate, Manny!). Hay quienes esperan, ansiosos, un concierto, una boda, diciembre, Navidad, Año Nuevo, Semana Santa. Y hay quienes no esperan nada, porque no les gusta esperar. Pero yo digo que también esos esperan algo. Yo me paso todos los días de mi vida esperando que llegue abril y que la ciudad se llene de framboyanes. Abril no sé por qué. A lo mejor porque mi canción favorita es Acuérdate de abril, de Amaury Pérez (te amo, Perales, no vayas a llorar), o porque es el mes más evocador. Y los framboyanes, en los meses de junio, julio y agosto, porque el simple hecho de contemplarlos me llena de dicha. Cuando se acerca el verano, acecho las matas de la avenida San Martín, porque son las primeras en florecer, a veces a finales de mayo. Si tienen flores, me pongo contenta. Significa que pronto toda la ciudad se teñirá de rojo y habrá que voltear para ver cómo refrescan el ambiente. En esos casos, una desearía ser peatón. Sólo en esos casos; y detenerse a tomar fotos y recrear estampas, así como hacen los estadounidenses y los japoneses con sus cerezos en flor.

Los framboyanes más bonitos de la ciudad son los de la cabeza del puente Juan Bosch, algunos del parque Mirador y los de la avenida Las Américas (acepto quejas). Este año descubrí que los framboyanes del Sur son muy coloridos, con pétalos enormes y hojas verdes, y que los de La Vega ya se están poniendo viejos (¡a trabajar, Fausto!). Los he visto rojos, mamey y amarillos. Los amarillos son difíciles de encontrar, pero el más hermoso de todos está en San Pedro de Macorís, en una calle perpendicular al Malecón, varias cuadras antes de llegar a éste; cuando lo ves, te quedas pasmado. El de la foto está ubicado en Puerto Plata.