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Cuando hay que lavar...


Allí donde la necesidad se viste con sus peores galas, las imágenes compiten en majestuosidad.
En la frontera dominico-haitiana norte, específicamente en la orilla occidental del río Masacre (Juana Méndez, Haití), cuando hay que lavar, se lava.
No importa que el río, ese día, esté de mal humor y tosa lodo.
Se sacó tiempo para eso. No hay vuelta atrás.
Así las aguas les cambien el color original a las telas, se lava porque se lava.
¿Que las ropas acabaditas de lavar se secan tendidas sobre la tierra, una tierra más oscura que las aguas del río y, a lo mejor, más sucia?
Y qué. No deja de ser ropa limpia por eso, lavada de ahora mismo, ropas limpias del sucio anterior preparadas para recibir el nuevo.
Total, como quiera se van a ensuciar, dirían ellos...

Imaginando el futuro

A Xiomarita Pérez

Niño 1: Yo prefiero tocar ese que parece un guayo, porque suena como cuando llueve y estoy dentro de mi casa.
Niño 2 (el más pequeño): Sí, es verdad. Entonces cuando llueve es que mucha gente está tocando al mismo tiempo, ¿verdad?


Niño 3: A mí gusta el que tiene Lupe, el que parece un gusano. A veces suena alegre, como cuando me compran helado; y a veces suena triste, como cuando me dan una pela.
Niño 2: Sí, es verdad. A mí me duelen mucho las pelas.


Niño 1: Y la tambora, ¿quién tocará la tambora?
Niño 2: Yo puedo. Suena como el caballito de mi hermano Polo cuando sale corriendo.
Niño 3: Listo, con el dinero que ganemos podremos viajar a la capital y comprarle una casa grande a nuestras mamás…

Cuando regresábamos de Río Limpio...

El chofer decía que no se movía de ahí, que no podía dejar la guagua sola, y la primeriza no quería subir y nos miraba con cara de “yo se los dije, yo se los advertí”.

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Algunas anécdotas da vergüenza contarlas, porque te desnudan y dejan a la intemperie tus miedos y frustraciones de una manera burda y desconsiderada. Pero a la vez una siente que, si no las cuenta, se comporta como toda una egoísta. Así que…
En enero pasado y como cada año nos fuimos con Xiomarita Pérez (directora nacional de Folklore), sus dos hijas y otras amigas a visitar a los niños de Río Limpio. Siempre nos paramos en El 14, en la casa de Lupe Valerio (justo donde inicia el camino hacia Río Limpio que se desprende de la carretera Loma de Cabrera-Restauración), a comer gallina criolla con yuca y a bailar perico ripiao con los músicos de Lupe. Las chicas de la chercha solemos bajar una cuesta hasta el Neita, un riíto cercano que corta el camino (a unos 500 metros de la casa) y luego subirla de nuevo en medio de divertidas quejas y protestas. Es que el camino es un desastre. De aquí pa llá es una bajada y de allá pa cá es una subida. Pero así de chéveres nos veíamos (primera foto) dos días antes de que pasara lo que pasó. En esta ocasión viajábamos en un autobús de la UASD que el chofer cuidaba y celaba en cantidad. Ah, él era el único hombre entre 11 mujeres y casi ni hablaba.

Bien. De regreso pa la capi nos paramos en el río Artibonito para el chapuzón obligatorio. Una invitada primeriza medio se quilló, dizque porque se hacía tarde y estaba nublado. Efectivamente, al rato de seguir el viaje la niebla y el frío se adueñaron de todo y comenzó a llover. En un momento debimos bajar de la guagua para que el chofer pasara liviano por el camino ya agrietado entre dos precipicios. (Segunda foto). Nos subimos de nuevo pero al llegar al riíto de la cuesta sabíamos que el autobús (el chofer ni lo intentó) no podría subir: el camino se había convertido, enterito, en un solo lodazal. Eran como las cinco pero parecía más tarde. Las aguas del riíto comenzaban a subir.

Una moto que bajaba con una chica atrás patinó y conductor y chica cayeron al lodo. (Tercera foto). Algunas camionetas de doble cabina (privadas y de servicio de transporte) lograban subir y varios choferes de la zona, “mire que conocemos muy bien esa subía”, se ofrecieron para pasar nuestra guagua, cosa que el chofer declinó porque ese vehículo era su responsabilidad y no dejaría que nadie la manejara. “Y yo soy tan buen chofer como ustedes y sé que no podré subir y no pondré en riesgo a esta gente”. Hasta los militares del puesto El 14 ayudaron a subir con sogas los vehículos menos afortunados.
Y así fue como nos quedamos solos. Solitos en el monte. Xiomarita, que se sentía responsable del grupo, subió la cuesta creo que con Noris Decena y comenzó a gestionar ayuda desde la carretera. Y a esperar se ha dicho. El único teléfono con señal tenía la batería por el suelo y había que reservarlo para cuando Xiomarita llamara.

Por más cuentos que hicimos, por más que nos reímos, la lluvia no paraba y se hizo de noche. Y llegó el momento de la verdad. ¿Qué pasaría si nos quedábamos allí varados, si Xiomarita no conseguía ayuda, si teníamos que amanecer por ahí, si el río subía y, como nos habían contado, inundaba los alrededores? Y empezamos a sentir miedo. De verdad. Decidimos que lo mejor era intentar subir la cuesta despacito hasta la casa de Lupe llevando sólo lo indispensable y una toalla por si había que amanecer en el piso. El chofer decía que no se movía de ahí, que no podía dejar la guagua sola, y la primeriza no quería subir y nos miraba con cara de “yo se los dije, yo se los advertí”.
Cuando las esperanzas pasaban de color verde a marrón, Xiomarita logró comunicarse y nos informó que pidió bolas hasta Restauración y que mendigó (toda una odisea que merece una historia aparte) un tractor que subiría la guagua. Como no teníamos idea de si la operación resultaría exitosa, de todos modos comenzamos a subir la cuesta a pie y cuando las últimas chicas estaban a punto de llegar a la casa de Lupe apareció Xiomarita encima de un tractor. Eran casi las nueve, creo…

Xiomarita nos contó que había llamado al Listín y que al contarle lo ocurrido al jefe de redacción nocturno se pusieron en contacto con el corresponsal de Dajabón y que hicieron todas las llamadas posibles en busca de ayuda. Yo me imaginaba al siempre dispuesto Javier Valdivia en medio de la redacción, con el teléfono en la mano, con la expresión grave, preocupado, tratando de comunicarse con alguien, caminando por el pasillo, y a los muchachos (hora pico) cuchicheando primero y luego riéndose y burlándose al saber lo que nos había pasado. Jíbara al fin, hasta pensé no ir a trabajar al día siguiente, para que no me miraran. Pero na, que cuando llegué ningún ser vivo me miró ni dijo nada relacionado con el incidente…
Aliviada, escribí sobre el mal estado del camino que lleva hasta Río Limpio y otras cosillas y, qué creen, hace unos días me contaron que ya lo están arreglando…

Flores raras

Es un verdadero placer recorrer los campos dominicanos y detenerse a fotografiar flores silvestres. Aparecen a lo largo del camino, entre alambradas, enredadas entre las paredes de madera o decorando los setos de las casas de los campesinos, que se desviven por mantener bien cuidados y tupidos sus jardines. Con sus colores y formas premian el ánimo del viajero y le auguran un recorrido lleno de vivencias que quedarán eternizadas, como ellas, en el lente. Aunque algunas, la verdad, son muy raras.

El frío Artibonito

Al norte de la provincia Elías Piña, el mayor sistema fluvial de la isla de Santo Domingo se transforma en un balneario de frías aguas

© Yalo

Con 321 kilómetros de largo y una cuenca que alcanza los 9,013 kilómetros cuadrados, el río Artibonito es el mayor sistema fluvial de la Isla de Santo Domingo. Nace en la cordillera Central dominicana, en el Parque Nacional Nalga de Maco, y desemboca en el Golfo de la Gonaive, en la República de Haití.
A su paso por las tierras norteñas del distrito municipal de Río Limpio, en la provincia fronteriza de Elías Piña, el Artibonito se transforma en un balneario de aguas frías franqueadas por enormes piedras y protegidas por una vegetación espesa y verde. Es un punto donde los paisajes se juntan y en pocos metros es posible disfrutar de charcos profundos que forman remolinos, pequeñas cascadas, riberas planas con arena y zonas bajas de poca corriente.
Se trata, aún, de un lugar de paso cuya belleza obliga a los transeúntes a parar y darse un baño, antes de salir o entrar al prometedor pueblito de Río Limpio, el que, en las faldas del pico Nalga de Maco, espera a los viajeros que buscan paisajes y experiencias ecoturísticas nuevas.

Precaución
El balneario, a la altura de Río Limpio, está ubicado a orillas del camino vecinal que une esta comunidad con la carretera principal que comunica, a su vez, los municipios de Restauración y Loma de Cabrera (en la provincia Dajabón). La vía, que se encuentra en construcción, presenta tramos peligrosos, por lo que es preferible visitar el lugar temprano y dejarlo antes de que anochezca, para evitar accidentes.
El Artibonito es la principal fuente de agua dulce de Haití. El 27% de su cuenca se encuentra en territorio haitiano. Los ríos Macasías, Joca y Tocino son sus afluentes principales. Para aprovechar sus aguas, grupos fronterizos vienen solicitando a las autoridades la construcción de una hidroeléctrica binacional.

Se acerca abril...



Foto: ©Yalo. Flora en el kilómetro 14 de la carretera Loma de Cabrera-Restauración, en Dajabón (entrada a Río Limpio)