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28/12/08

¡Qué tupé! ¡Qué mal gusto!

Mira que construir el centro para visitantes de Valle Nuevo (Parque Nacional Juan B. Pérez Rancier) casi al lado de la principal atracción de la zona, Las Pirámides de Constanza, habiendo tanto espacio en el valle, como que deja mucho que decir del buen gusto de mi apreciada Secretaría de Medio Ambiente (Semarena).
Avic, que viajó hasta la zona a principios de este mes, nos muestra las fotos de “lo chulo” que va quedando el centro, y de lo feo que se verán, en lo adelante, las fotos que tomemos en uno de los espacios ecoturísticos más apreciados por los aventureros dominicanos.
¡Qué tupé! ¡Qué mal gusto! ¡Qué coj…! Tá bien, el mundo no se acabará por eso, pero cónchale…

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P.D.: Será como fotografiar el Altar de la Patria, en el parque Indepedencia: muy lindo y todo lo demás, pero el edificio construido al fondo es el que se roba el show.

14/12/08

El despojo (Novela de una chica ilusa, cap. 3)


Aunque no cree en eso, Yalo pensó que dado que tiene tan buena suerte para que la engañen, que casi nunca ha logrado entregar un trabajo a tiempo, que es haragana en extremo y tonta y pendeja en igual proporción… Ella pensó que un despojo no le vendría mal.
Así, aprovechando que acompañaba a unos amigos –que sí creen en eso– hasta las tierras de Solín, tal vez el más grande santero de San Juan y, cuidado, del país, decidió que ya era hora de “quitarse lo malo y echarlo en el mar”.
Franqueó caminos y laderas, cruzó riachuelos y carreteras y al llegar al llano de Solín hizo como Vicente (que hace lo que ve hacer a la gente): le dio tres vueltas a las cruces de Liborio, tocó cada una de las –no sé cuántas- campanitas del altar –enorme, imponente– y mandó a comprar el velón que emanaría la luz que le indicaría a Solín cuán descricajada era su vida.
Cuando le tocó su turno se sentó en la silla frente al altar mirando los trapos de colores que se enganchan en el techo por cada alma “despojada”, se sobresaltó cuando Solín le dijo que descruzara los pies y se quedó allí como una estatua, sin saber qué decir.
No preguntó nada, no dijo una sola palabra pero tampoco hizo falta. Solín la “desnudó” de arriba abajo, le dijo todo lo que ella quería y temía escuchar y muchas cosas de esas que ella siempre dice que se arrepiente de pensar y hacer. La más ingenua fue: “Tenga cuidado con el dinero, porque así como le llega se va”. Y con las palmas y los dedos de las manos dibujó la siguiente frase: “Le entra por aquí –porque le entra– y le sale por aquí”.
Las demás observaciones fueron muy dolorosas como para exponerlas así, sin que nadie pague por escucharlas.

Con cada palabra de Solín Yalo intentaba que los ojos no se le salieran y, a lo muy cibaeña que es, mantuvo siempre una actitud de: “Ja, no estoy muy segura de lo que usted dice”, cuando en el fondo quería decirle: “¡Mierda, Solín!, ¿cómo es que pegaste en todo?”
Para finalizar, Solín le dio su respectivo despojo con hojas de las que Yalo sólo alcanzó a reconocer la ruda. El agua usada despedía un olor “indescifrable”, como esos olores que emanan de las habitaciones de las abuelas que se están muriendo. Para completar la obra subimos hasta las montañas de Liborio y nos mojamos con la agüita santa que quita hasta las pecas.
Y de nuevo para el valle para hacer un recorrido por San Juan de la Maguana. El viaje había terminado. A las 5:00 de la tarde saldría la última guagua de Caribe Tours.

Allí vamos
¡Vida nueva!, pensó Yalo. Adiós, temores. Adiós, arrepentimientos. Es tiempo de renacer. ¡Allá nos vemos, Santo Domingo!
El frío de la guagua, unido al polvo recogido durante el día, presagiaron una incipiente gripe que Yalo pensó no pasaría de ahí, por lo menos no después de haber dejado atrás todo lo malo.
De la parada siguió hasta el trabajo y allí la “jalaron” los jefes a una oficina para informarle que el proyecto en el que venía trabajando desde hacía un año y pico había sido cancelado, y que ya le informarían lo que haría en lo adelante.
Luego, por primera vez en su vida como empleada –que ya ronda los trece años–, Yalo faltó tres días al trabajo. Sí, ella nunca había faltado, por ningún motivo, a ninguno de sus trabajos (ni siquiera cuando le sacaban las muelas para que los brackes encontraran espacio en su boca). Faltar es lo de menos, se dijo, algún día tenía que ser, ¡pero faltar por una gripe era inconcebible! ¡Intolerable!
Pero así fue. ¿Las hojas? ¿El agua? ¿El polvo de agosto de San Juan? ¿El frío de la guagua? ¿Un castigo del Señor? Ella intenta averiguarlo aún. Solín le había predicho lo del trabajo –en serio– pero también le había dicho que si de algo Yalo debía estar muy orgullosa, con todo y quejarse tanto, era de su envidiable salud…
 
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P.D.: A veces, cuando recuerda el despojo con cariño, Yalo se pregunta de qué color habrá puesto Solín su trapo en el techo de la santería...

25/11/08

¡Nacieron tortugas en Güibia!

Yalo fue la primera sorprendida. ¿Tortugas en la asquerosa playa de Güibia, en el malecón de Santo Domingo? Buehhh... Lo creo porque lo dice una de mis secretarías “favoritas”: Medio Ambiente.
Ellos monitorearon el nido. Nacieron 111 tortuguitas carey de 144 huevos incubados en las arenas amarillas.
“Técnicos de la Subsecretaría de Recursos Costeros y Marinos de SEMARENA, en colaboración con la Policía Municipal del Ayuntamiento del Distrito Nacional (ADN), vigilaban el nido desde agosto hasta octubre”, dice una nota enviada a los medios.
No se tienen registros oficiales de la última vez que alguna anidó en el lugar.
Según la bióloga Antonia Marte Cabrera, técnica de la institución, este año se han contabilizado entre 40 y 50 nidos en playas de todo el litoral dominicano. 
“Algunos anidamientos han sorprendido, por ser en playas muy pobladas, que hacía años que no se producían, como los de tortuga tinglar en Cabarete, Puerto Plata”.
En cada nido las tortugas depositan unos 100 huevos en promedio, dijo.
¿Vieron, Secretaría de Turismo? ¡Hay vida en Güibia! Quién lo iba a decir. Dos millones de capitaleños esperan que la limpien, regeneren y la hagan parecida a lo que era en los años 50 del siglo pasado: el mejor lugar de esparcimiento playero de la Primada y hoy Patrimonio de la Humanidad...

6/11/08

Buen té, excelente café…

O al revés. "Buen café, excelente té".
Don Julio repite estas palabras no sé cuántas veces al día.
Se pasea por El Conde, el parque Colón y las calles de la Ciudad Colonial el día entero anunciando su rica mercancía.  
Es el cafetero ambulante oficial de La Zona y de algunos salones de belleza que lo esperan con ansias después del mediodía, cuando el sopor obliga a buscar en esta bebida la alerta necesaria para seguir en pie.
En esos momentos la voz de don Julio es una bendición. Porque su voz no molesta. Treinta años de experiencia le han convertido en un “marchante” educado, fino. Comenzó con dos termos y ahora lleva seis. Y seguro que es porque no puede cargar más.
Empezó siendo un jovencito porque no pudo seguir estudiando. Vendiendo café y té hizo su casa y mantiene a sus tres hijos. Siempre afable y contento, no le importó posar para Yalo, que cada vez que lo ve y le compra café piensa que si tomara a don Julio como ejemplo no se quejaría tanto de la vida, de lo que estudió, de las experiencias que le ha tocado vivir y de las cosas que aún anhela descubrir.
Lo piensa mientras camina, pero lo olvida todo al llegar al parque Independencia, la condená. Por eso su “depre” es eterna.