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29/10/24
La verdadera saona
Ziziphus rignonii. Sarcomphalus domingensis. Nativa del Caribe. Fruto comestible. Melífera. Abunda en los bosques secos. En la isla Saona, por ejemplo :)
La de estas fotos crece en las Dunas de las Calderas, Baní, provincia Peravia.
13/7/17
Saona y una historia nunca publicada (#tbt)
A veces te mandan a cubrir historias que nunca se publican. Entre las razones más ingenuas, para no entrar en asuntos internos del periodismo, figuran tres: poco espacio para el día o días siguientes a su cobertura, olvido por parte de los editores que deben pautarlas o poco interés en el tema por parte del medio. El caso es que el 2 de mayo de 2009 viajamos hasta Saona porque los ministerios (entonces secretarías) de Medio Ambiente y Turismo querían anunciar el remozamiento de las viviendas de la isla y otras medidas que favorecían a sus habitantes. Escribimos la nota y la dejamos lista con todo y fotos, pero nunca la publicaron. Acá la dejo, en recuerdo de ese día, porque la tenía guardada y para sentir que, después de todo, no perdí el tiempo…
Anuncian el rescate de las viviendas y de los servicios turísticos en la isla Saona
Yaniris López
Isla Saona
Las secretarías de Medio Ambiente (Semarena) y Turismo (Sectur), junto con el Instituto Nacional de la Vivienda (INVI), anunciaron el rescate de las viviendas del poblado de Mano Juan, enclavado en la isla Saona, en el Parque Nacional del Este.
El proyecto de rescate también contempla la construcción de un nuevo embarcadero, la rehabilitación del sendero Catuano-Mano Juan y otras iniciativas sociales que mejoren la calidad de vida de los habitantes del área protegida más visitada del país, en la que residen aproximadamente 300 personas.
Durante una actividad encabezada por el secretario de Medio Ambiente, Jaime David Fernández; la directora general del INVI, Alma Fernández, y el gobernador de la provincia La Romana, Pedro Dennis Rosario, se informó que durante la primera parte del proyecto serán remozadas 25 de las 84 viviendas que hay en toda la isla, con una inversión de cuatro millones de pesos.
Se espera que los trabajos inicien esta semana con las viviendas ubicadas en la primera fila de la playa de Mano Juan.
Al presentar el proyecto, Ricardo Contreras, subsecretario administrativo y financiero de Semarena, explicó que se trata de un proyecto de largo alcance que no sólo implica la remodelación física de las viviendas de la isla Saona, sino que se trata de una renovación integral que haga más digna la vida de los lugareños.
En ese sentido, el secretario de Medio Ambiente anunció que todas las viviendas se reconstruirán siguiendo un modelo arquitectónico antillano que sirva para mostrar los valores culturales del dominicano. Para motivar el turismo sostenible en la zona, se anunció el diseño del sendero Capuano-Mano Juan, el que podrá ser recorrido a pie, en bicicleta o en burro.
Esta última opción, explicó Fernández Mirabal, representaría una buena fuente de ingresos para las familias de Mano Juan, pues hay una gran cantidad de burros domesticados en la isla.
“Hay que generarle valor agregado a lo que ya tenemos. Esos burros con una buena montura son un medio de vida. Cualquier familia que tenga un burro y lo alquile, con un par de viajes al día, ya se ganaría el sustento de su familia. ¿A cuántos turistas no les gustaría hacer ese trayecto montado en un burro?”, dijo Fernández Mirabal, quien agregó que además han sido identificados dos puntos en la isla donde serán construidos dos miradores.
Incentivos comunitarios
Fernández Mirabal anunció que como parte del plan de rescate de la isla, que recibe un promedio de 300 mil visitas al año, una joven de Mano Juan fue enviada a la capital a estudiar enfermería con el fin de que más adelante se convierta en la enfermera de la pequeña clínica que funciona en la isla.
Igualmente, dos profesores del Cuerpo de Paz que trabajan voluntariamente en la Isla decidieron permanecer dos años más para enseñar inglés a los niños de la escuela, de manera que puedan integrarse a las labores de atención y recibimiento de los turistas.
A las familias con hijos bachilleres que viven en la isla se les prometió el pago de la universidad y de cursos técnicos en La Romana o en otros puntos del país.
Para mitigar el problema de la basura, destacó que una brigada trabaja desde hace varios meses en la recogida de plásticos, latas y botellas de la isla.
Sobre el atracadero, cuya remodelación esperan desde hace años los habitantes de Mano Juan, señaló: “Hemos hablado con el secretario de Obras Públicas para ver cómo hacemos un mejor embarcadero, pequeño pero cómodo, sencillo, pero que pueda darnos mejores resultados”.
El funcionario incentivó a los medios de comunicación a monitorear los trabajos cada cierto tiempo, a proponer acciones, a reclamar decisiones y a criticar lo que no se haga bien.
De su lado Alma Fernández, directora general del INVI, dijo que todas las instituciones involucradas en el plan de rescate de la isla Saona trabajarán para hacer una remodelación integral “que permita que el paisaje que se observa en la isla sea un paisaje que nos corresponda como país, que nos corresponda como región y que esté acorde con el flujo turístico que vendrá aquí y lo que viene a buscar el turista a la isla Saona”.
La arquitecta Maribel Villalona representó al secretario de Turismo, Francisco Javier García, y el contralmirante y subjefe de la Marina Guerra, Luis Lee Ballester, representó a esta institución.
de rescate sembraron mangles, avellanos criollos y otras plantas típicas de la zona.
Ricardo Contreras, subsecretario administrativo y financiero de Semarena; Pedro
Dennis Rosario, gobernador de la provincia La Romana, y Jaime David Fernández,
secretario de Medio Ambiente, muestran el modelo de casas que regirá en lo adelante
en la isla Saona. Todas las casas dispondrán de un sistema para aprovechar el agua
lluvia, única fuente de agua potable con la que cuentan los residentes de Mano Juan.
Alma Fernández, directora general del INVI; el secretario de Medio Ambiente
y Maribel Villalona, de la Secretaría de Turismo, siembran un mangle en la
isla Saona.
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turismo dominicano
23/3/16
11/9/11
¿Puede el turismo generar pobreza? (1)
Abundan los análisis de preferencias del turista, y nada sobre el impacto social de las actividades turísticas en las comunidades donde se desarrollan.
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Yaniris López
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Alrededor de 1.6 mil millones de personas seremos turistas en el 2020. El turismo se perfila como la gran esperanza del futuro, motor del crecimiento socioeconómico y de la reducción de la pobreza, según la Organización Mundial del Turismo (OMT). No parece ni se espera que pudiera ser al revés, es decir, que en lugar de generar riqueza termine llevando carencias a las comunidades. Aunque…
Cuando el turismo de masas llegó a la isla Saona (sureste dominicano) a mediados de los años 70 del siglo pasado, el lugar fue convertido en área protegida y a sus cerca de 700 habitantes se les prohibió cultivar la tierra. Con el turismo ya no necesitarían labrar, se les dijo, todo cambiará en lo adelante.
Efectivamente, la más grande de las islas adyacentes de República Dominicana, con 110 kilómetros cuadrados de paisajes paradisíacos, es el área protegida más visitada del país, con más de 250 mil visitas al año, pese a que sus pobladores -hoy reducidos a menos de 200- apenas reciben dos horas de energía eléctrica al día, pese a que las plagas de mosquitos en tiempos de lluvia les asa la piel, pese a que el agua potable la obtienen llenando tanques y pozos cuando llueve. Juaniquito, de 75 años, el último de los colonos que poblaron la isla en 1944 y fundaron el poblado de Mano Juan, abrió un colmadito para subsistir. Y con los ojos llorosos se queja de que los clientes no llegan, de que ahora es más pobre que antes, cuando quemaba carbón y sembraba.
Por tratarse de un área protegida, los turistas no amanecen en la isla porque deben partir antes de las 5:00 de la tarde. Apenas tienen contacto con los lugareños. Las mujeres de Mano Juan comparten las cabezas de las chicas que deciden trenzar sus cabellos y las niñas aprenden desde pequeñitas a elaborar pulseras y collares.
Los recién llegados adoran tomarse fotos en las casetas repletas de pinturas naif y artesanías, pero casi nadie compra. Las autoridades les han prometido un muelle, una plaza artesanal, el arreglo de las casitas y capacitación.
Cierto, las mujeres aprendieron artesanía, pero dicen que deben salir a venderlas a las playas cercanas y a tierra firme, en La Romana, porque los turistas llegan a Mano Juan, toman el sol y se marchan a otra playa de la isla donde les espera un buffet costeado por su plan todo incluido. No les interesa comprar. Sólo les interesa el sol y la playa. La lancha que lleva a las mujeres hasta La Romana les cobra 300 pesos (unos siete dólares). La venta del día llega, si hay suerte, a 100 ó 200 pesos.
¿Turista o local?
Las autoridades se ponen felices cuando las cifras anuncian el aumento de turistas. Realizan congresos cuando las cifras bajan y se alarman si en los medios de comunicación aparecen noticias que desacreditan su gestión. La imagen creada fuera es más importante que la local. Parece que el turista es el personaje que hay que proteger y cuidar. Es el que trae el dinero. En un segundo plano quedan los trabajadores de los grandes complejos hoteleros que a menudo se quejan de las muchas labores que deben realizar por un salario. En un tercer lugar habría que ubicar al resto de la población que, sin participar de la industria, sabe que mientras más turistas lleguen mejor le irá al país.
Abundan los análisis de preferencias del turista, y nada sobre el impacto social de las actividades turísticas en las comunidades donde se desarrollan. El paraíso existe dentro del resort, en sus jardines amurallados. Si el turista desea ponerse en contacto con los dominicanos, debe reservar un tour que lo paseará por sus principales atractivos. Y luego volver al resort.
Las ganancias se registran en el Producto Interno Bruto del país (PIB) porque cada vez llegan más turistas, casi cinco millones en el 2009. Con todo y la crisis. Sin embargo, se trata de un progreso que, desde mi percepción personal, no se nota en las comunidades ni se refleja en el bienestar de su gente. Y entonces llega la pregunta: ¿puede el turismo generar pobreza? Claro, sobre todo en la población que no se beneficia de sus ganancias y que tampoco tiene alternativas cuando ve cómo desmantelan su espacio para dar paso a grandes proyectos en los que no puede decidir, en los que no le dan participación. Les dicen que el turismo genera riquezas, trabajo, bienestar. Y es cierto, ¿pero quién se queda con esa riqueza, adónde va, por qué no se refleja en la población, por qué no puedo saber yo en qué se invierte el dinero que genera el turismo?
A Lidia Josefa Maloon (doña Fefa, 83 años) la desalojaron hace 17 años de sus tierras ubicadas en el área de incidencia del Parque Nacional Los Haitises con la promesa de una indemnización que aún espera en su casita del barrio Altamira en Sánchez, Samaná.
Doña Fefa echa de menos la abundancia de comida que tenía entonces (de reses y pescados) y la tranquilidad del campo. Ahora su casa es una de las muchas afectadas por los deslizamientos de tierra que frecuentemente sacuden Sánchez y asegura que a duras penas consigue para comer.
La industria de los cruceros ha dinamizado la economía de Samaná y la observación de ballenas atrae a casi 35 mil turistas cada año hasta sus costas. Hay que pagar 100 pesos para verlas.
El gobierno se ufana de las buenas entradas, de lo bien que marcha el turismo en la zona. Las autoridades locales, en cambio, dicen que no tienen recursos para mover el ya tapado vertedero de la ciudad, ubicado a menos de un kilómetro del centro. Las cañadas y la basura causan estragos cuando llueve y la población no se queja, no actúa aunque le afecta la situación. Tiene fama de ser paciente. Y aquí, para ser imparciales, nos preguntamos hasta qué punto son también responsables los pueblos del desarrollo de su comunidad.
Desarrollo sostenible
Como la mayoría de los grandes complejos hoteleros está en manos de extranjeros (la oferta hotelera, que llega a más de 60 mil habitaciones, incluye 10 de las 50 mayores cadenas hoteleras del mundo), es frecuente escuchar que el turismo es la industria que genera más empleo en el país, como si el progreso estuviera determinado por la cantidad de ingresos de una persona más que por las facilidades de servicios (educación, salud, diversión) a la que pueda acceder.
Por suerte, el ecoturismo ha venido en auxilio del sector.
Los proyectos ecoturísticos que ven en el desarrollo sostenible el punto social del turismo comienzan a poblar los lugares apartados y menos agraciados con el turismo de masas y les está yendo bien, y los turistas más exigentes, esos que no se conforman con el paraíso llamado resort, lo consumen con agrado.
Las comunidades están comprendiendo que pueden hacerse cargo del desarrollo de su localidad y repartirse entre ellos los beneficios. Entienden que pueden transformar para bien su calidad de vida y vivir en armonía con el medio ambiente. Y están comprobando que, manejado de esta forma, el turismo sí puede generar riqueza.
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Febrero, 2010
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Yaniris López
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Alrededor de 1.6 mil millones de personas seremos turistas en el 2020. El turismo se perfila como la gran esperanza del futuro, motor del crecimiento socioeconómico y de la reducción de la pobreza, según la Organización Mundial del Turismo (OMT). No parece ni se espera que pudiera ser al revés, es decir, que en lugar de generar riqueza termine llevando carencias a las comunidades. Aunque…
Cuando el turismo de masas llegó a la isla Saona (sureste dominicano) a mediados de los años 70 del siglo pasado, el lugar fue convertido en área protegida y a sus cerca de 700 habitantes se les prohibió cultivar la tierra. Con el turismo ya no necesitarían labrar, se les dijo, todo cambiará en lo adelante.
Efectivamente, la más grande de las islas adyacentes de República Dominicana, con 110 kilómetros cuadrados de paisajes paradisíacos, es el área protegida más visitada del país, con más de 250 mil visitas al año, pese a que sus pobladores -hoy reducidos a menos de 200- apenas reciben dos horas de energía eléctrica al día, pese a que las plagas de mosquitos en tiempos de lluvia les asa la piel, pese a que el agua potable la obtienen llenando tanques y pozos cuando llueve. Juaniquito, de 75 años, el último de los colonos que poblaron la isla en 1944 y fundaron el poblado de Mano Juan, abrió un colmadito para subsistir. Y con los ojos llorosos se queja de que los clientes no llegan, de que ahora es más pobre que antes, cuando quemaba carbón y sembraba.
Por tratarse de un área protegida, los turistas no amanecen en la isla porque deben partir antes de las 5:00 de la tarde. Apenas tienen contacto con los lugareños. Las mujeres de Mano Juan comparten las cabezas de las chicas que deciden trenzar sus cabellos y las niñas aprenden desde pequeñitas a elaborar pulseras y collares.
Los recién llegados adoran tomarse fotos en las casetas repletas de pinturas naif y artesanías, pero casi nadie compra. Las autoridades les han prometido un muelle, una plaza artesanal, el arreglo de las casitas y capacitación.
Cierto, las mujeres aprendieron artesanía, pero dicen que deben salir a venderlas a las playas cercanas y a tierra firme, en La Romana, porque los turistas llegan a Mano Juan, toman el sol y se marchan a otra playa de la isla donde les espera un buffet costeado por su plan todo incluido. No les interesa comprar. Sólo les interesa el sol y la playa. La lancha que lleva a las mujeres hasta La Romana les cobra 300 pesos (unos siete dólares). La venta del día llega, si hay suerte, a 100 ó 200 pesos.
¿Turista o local?
Las autoridades se ponen felices cuando las cifras anuncian el aumento de turistas. Realizan congresos cuando las cifras bajan y se alarman si en los medios de comunicación aparecen noticias que desacreditan su gestión. La imagen creada fuera es más importante que la local. Parece que el turista es el personaje que hay que proteger y cuidar. Es el que trae el dinero. En un segundo plano quedan los trabajadores de los grandes complejos hoteleros que a menudo se quejan de las muchas labores que deben realizar por un salario. En un tercer lugar habría que ubicar al resto de la población que, sin participar de la industria, sabe que mientras más turistas lleguen mejor le irá al país.
Abundan los análisis de preferencias del turista, y nada sobre el impacto social de las actividades turísticas en las comunidades donde se desarrollan. El paraíso existe dentro del resort, en sus jardines amurallados. Si el turista desea ponerse en contacto con los dominicanos, debe reservar un tour que lo paseará por sus principales atractivos. Y luego volver al resort.
Las ganancias se registran en el Producto Interno Bruto del país (PIB) porque cada vez llegan más turistas, casi cinco millones en el 2009. Con todo y la crisis. Sin embargo, se trata de un progreso que, desde mi percepción personal, no se nota en las comunidades ni se refleja en el bienestar de su gente. Y entonces llega la pregunta: ¿puede el turismo generar pobreza? Claro, sobre todo en la población que no se beneficia de sus ganancias y que tampoco tiene alternativas cuando ve cómo desmantelan su espacio para dar paso a grandes proyectos en los que no puede decidir, en los que no le dan participación. Les dicen que el turismo genera riquezas, trabajo, bienestar. Y es cierto, ¿pero quién se queda con esa riqueza, adónde va, por qué no se refleja en la población, por qué no puedo saber yo en qué se invierte el dinero que genera el turismo?
A Lidia Josefa Maloon (doña Fefa, 83 años) la desalojaron hace 17 años de sus tierras ubicadas en el área de incidencia del Parque Nacional Los Haitises con la promesa de una indemnización que aún espera en su casita del barrio Altamira en Sánchez, Samaná.
Doña Fefa echa de menos la abundancia de comida que tenía entonces (de reses y pescados) y la tranquilidad del campo. Ahora su casa es una de las muchas afectadas por los deslizamientos de tierra que frecuentemente sacuden Sánchez y asegura que a duras penas consigue para comer.
La industria de los cruceros ha dinamizado la economía de Samaná y la observación de ballenas atrae a casi 35 mil turistas cada año hasta sus costas. Hay que pagar 100 pesos para verlas.
El gobierno se ufana de las buenas entradas, de lo bien que marcha el turismo en la zona. Las autoridades locales, en cambio, dicen que no tienen recursos para mover el ya tapado vertedero de la ciudad, ubicado a menos de un kilómetro del centro. Las cañadas y la basura causan estragos cuando llueve y la población no se queja, no actúa aunque le afecta la situación. Tiene fama de ser paciente. Y aquí, para ser imparciales, nos preguntamos hasta qué punto son también responsables los pueblos del desarrollo de su comunidad.
Desarrollo sostenible
Como la mayoría de los grandes complejos hoteleros está en manos de extranjeros (la oferta hotelera, que llega a más de 60 mil habitaciones, incluye 10 de las 50 mayores cadenas hoteleras del mundo), es frecuente escuchar que el turismo es la industria que genera más empleo en el país, como si el progreso estuviera determinado por la cantidad de ingresos de una persona más que por las facilidades de servicios (educación, salud, diversión) a la que pueda acceder.
Por suerte, el ecoturismo ha venido en auxilio del sector.
Los proyectos ecoturísticos que ven en el desarrollo sostenible el punto social del turismo comienzan a poblar los lugares apartados y menos agraciados con el turismo de masas y les está yendo bien, y los turistas más exigentes, esos que no se conforman con el paraíso llamado resort, lo consumen con agrado.
Las comunidades están comprendiendo que pueden hacerse cargo del desarrollo de su localidad y repartirse entre ellos los beneficios. Entienden que pueden transformar para bien su calidad de vida y vivir en armonía con el medio ambiente. Y están comprobando que, manejado de esta forma, el turismo sí puede generar riqueza.
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Febrero, 2010
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