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11/7/15

De la colección botánica dominicana (1)

En el herbario del Instituto de Investigaciones Botánicas y Zoológicas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) una se encuentra con joyas botánicas como estas: 

Una Galactia fuertesii Urb. (leguminosa endémica de República Dominicana) colectada en marzo de 1911 por el padre Miguel Fuertes en Cabral, Barahona.
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Y una Andropogon bicornis b. (gramínea nativa de América) colectada por Eugenio de Jesús Marcano el 6 de noviembre de 1954 en La Recta de Bonao, en la carretera Duarte. 
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La reserva ecológica Padre Miguel Fuertes (donde se encuentra la loma Cachote), convertida en monumento natural en 2004, rinde honor a este investigador; y Marcano… Bueno, qué decir del profesor Marcano.

1/7/15

Mabí champagne, orgullo seibano


Yaniris López
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Si recorre 135 kilómetros desde Santo Domingo hasta Santa Cruz de El Seibo solo para conocer el secreto de la bebida que ha hecho famosa a esta ciudad del este dominicano, no tendrá éxito. Don Ovidio Otto Morales, custodio de la fórmula del mabí champagne seibano y descendiente de Tomás María Otto Duvergé (pionero en la producción del refresco en 1883), no lo revela.
Con cara bonachona recibe a los visitantes que se acercan a la casona ubicada en la calle Duvergé a saborear el refrescante líquido claro hecho a base de azúcar, agua y Bejuco de Indio fermentado. Allí continúa don Ovidio una larga tradición familiar que se acerca a los 133 años.
Los viajeros se van en elogios hacia la fría y dulce bebida que se servía caliente hasta 1912, luego de que don Tomás instalara la primera fábrica de hielo en la ciudad y en la región.
Entre trago y trago preguntan cómo lo hacen, cómo logran esa textura tan suave, ese color; cómo es el proceso de producción. Se hace con agua, azúcar y Bejuco de Indio. Esa es toda la información que obtienen de don Ovidio y de los dos dependientes.
Según las malas lenguas, es para evitar que gente de fuera copie y reproduzca la centenaria fórmula. 


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Cuando las preguntas arrecian, en el local sacan dos hojas de papel grapadas y las entregan a los clientes.
El documento trae una breve semblanza del “ilustre ciudadano Tomás María Otto Duvergé”, hijo distinguido de la ciudad. Registra el texto que Tomás nació en 1883 en Santa Cruz de El Seibo. Que su padre era de ascendencia holandesa y su madre de la provincia (sobrina del militar y prócer de la Independencia Antonio Duvergé).
Que don Tomás llevó a El Seibo el primer circo de diversiones, el primer vehículo de motor, la primera agencia de bicicletas, el primer receptor de radio, la primera vellonera y la imprenta donde se imprimió La Voz del Este. También estableció el primer restaurante (Café Ideal) y el primer teatro de la ciudad (Quisqueya).
“Por sus amplios conocimientos en electricidad y mecánica, trajo y operó durante casi toda su vida el alumbrado eléctrico de la ciudad de El Seibo, la fábrica de hielo y la producción del rico y exquisito mabí, que descubrieran sus antepasados; y además instaló una factoría para el procesamiento del arroz”.
Falleció en mayo de 1948.
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Está tan rico el mabí que el cliente pasa por alto la brevísima alusión que sobre él contiene el documento. “¿Y dónde consiguen el Bejuco de Indio, don Ovidio?, porque no negará que se trata de una planta exótica”, siguen las preguntas. Y a esto sí respondió Ovidio, diciendo que, para garantizar la materia prima del mabí, ‘cosechan’ la planta en una finquita de la familia.
 El cliente -que sabe que la colorida casona es un punto obligado en una visita a El Seibo- sucumbe ante la seguidilla que produce el mabí. Y don Ovidio lo premia con el precio. El visitante acepta pagar con cierta aprensión, asombrado de poder disfrutar a tan bajo costo de este atractivo de la ciudad.

30/6/15

“Mami, súbete el zíper” (Novela de una chica ilusa, cap. 16)

Hombres. Muchos lo hacen porque saben que una correrá a subirlo, oh vergüenza, y eso les provoca placer. Otros lo usan como ardid para que una los mire, para llamar la atención. Porque se saben ignorados y despreciables y solo de esta forma una mujer posaría en ellos los ojos cuando te dicen, al pasar: “Mami, súbete el zíper”.
Con voz libidinosa, obscena, empalagosa...
Exactamente como me lo voceó un guachi hace rato, en La 27, en plena calle, a unos diez metros de Caribe Tours, con su fusil descansando en el hombro derecho.
Yo lo miré momentáneamente porque ese es el trabajo del infame reflejo. Y vi en sus ojos de lagarto la malicia que acompañó a la frase, su morbosa insinuación. 
Le corté los ojos a sabiendas de que quería burlarse de mí, una mirada breve de vete a la mierda, imbécil; dedícate a vigilar, vago sin oficio; idiota, depravado hijo de...
En medio del insulto mental decidí que no le iba a dar el gusto de que me viera bajar los ojos y subir la mano, rata de alcantarilla, engendro de mente retorcida, degenerado, ¡estúpido! $%&#@&©!
Apresuré el paso y seguí como si nada. Ya en los escalones de la parada llena de gente (día de pago) le hice honor a la naturaleza humana: coloqué discretamente la pañoleta entre la barriga y la pelvis y miré hacia abajo solo para confirmar que, efectivamente, el zíper estaba abierto. De par en par.

27/6/15

La Cueva de los Pescadores (Pedernales)

El paraje se llama La Cueva (Cabo Rojo, Pedernales) pero todos le conocen como el Poblado Cueva de los Pescadores. Y estas son las imágenes prometidas de la cueva actualmente.
Ubicada unos 28 kilómetros al sureste del centro de Pedernales, la historia que siempre nos han contado es que los pescadores se instalaron allí en la década del 60, frente al mar; se repartieron la cueva y separaron y cerraron los espacios con madera, zinc, palos y cartones. Que llegaron a ser más de 30 los inquilinos que allí vivían sin ningún tipo de servicio. Esta historia publicada por Diario Libre en 2007 les muestra cómo era la cueva y la convivencia entonces.
Aunque el ‘paisaje’ dentro y fuera de la cueva resultaba desagradable (al menos para la Yalo), el sitio se convirtió en una atracción por encontrarse frente al pequeño muelle desde donde zarpan los botes que llevan a Bahía de las Águilas y a Isla Beata.
Medio Ambiente desalojó a los pescadores en 2009, levantó a un costado varias casitas en las que viven algunos de estos y habilitó la cima del farallón como un mirador natural. A orillas de la playa funciona un comedor/restaurante/rancheta que brinda servicio a los turistas.
A veces vemos fotos tomadas en los alrededores de este rancho y en el muelle desde donde salen los botes con la etiqueta “Bahía de las Águilas”, haciendo referencia a la playa, pero es una etiqueta falsa. El rancho y el muelle se encuentran a unos 15 minutos en bote de la playa de Bahía; un largo y alto farallón los separa. Según el mapa geopolítico de Pedernales publicado por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) en sus perfiles provinciales, gran parte de la bahía (el sur) no pertenece al municipio cabecera de la provincia, Pedernales, sino a Oviedo.


Las casitas construidas para los pescadores.