Los colores de la arena

¿Alguna vez se han preguntado por qué la arena de Punta Cana, Bayahíbe (al este) y Bahía de las Aguilas (al sur) es tan blanca? ¿Y por qué la arena de Salinas (Baní) y Palmar de Ocoa es negra/gris, mientras que la de Cabarete (al norte) y Las Terrenas (al noreste) es amarilla/dorada?
El dominicano Rubén Torres, biólogo marino y director de Reef Check Dominicana, nos regala la respuesta a propósito de celebrarse el próximo viernes 5 el Día Mundial del Medio Ambiente.
- La arena blanca proviene de los arrecifes y es como la gente piensa que “debiera” ser toda arena. Punto y seguido*.
- La arena gris también, pero tiene muchos aportes de sedimentos de ríos y piedras, generalmente de color gris.
- La arena dorada tiene mucha afluencia de piedra marrón, y se encuentra en lugares donde hay montañas cerca, por lo que “cada vez que llueve se produce una mezcla de sedimentos de tierra muy fuertes”, dice Torres.

* En las zonas donde no hay ríos (o muy poquitos), ni montañas, como en Bahía de las Aguilas, la arena es más blanca porque proviene directamente de los arrecifes de coral.

Una pregunta pendiente para Torres: ¿por qué las dunas de Baní son súper doradas, y justo donde terminan, colindando con el mar, la arena de la playa es negra, negra? ¡Tremendo contraste! ¡Da la impresión de que alguien ha vaciado una lata de arena de otro sitio allí!

Fotos de arriba: 1. Bahía de las Águilas (Pedernales). 2. Salinas (Peravia) 3. La Isabela (Puerto Plata)
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Posty recorrió 1,500 kilómetros y 19 provincias

"ENCONTRE GENTE MUY POBRE PERO SIEMPRE SONRIENTE. APRENDI A JUGAR DOMINO, CASINO Y BILLAR Y A BAILAR BACHATA Y MERENGUE"

©Yalo

Thierry Posty, el famoso trotamundos francés que recorre los cinco continentes a caballo desde hace 18 años, completó un recorrido de 1,500 kilómetros por República Dominicana que lo llevó por 19 provincias durante siete semanas.
Posty llegó a Santo Domingo el pasado mes de febrero y pidió a través de LISTIN DIARIO un caballo fuerte que aguantara su robusto cuerpo y se lanzó a recorrer los campos y las ciudades dominicanas.
Con los 1,500 kilómetros conseguidos aquí sobre un elegante corcel, Posty sumó 65,400 kilómetros a su gran sueño de alcanzar los 100,000 kilómetros alrededor del mundo.
Nos cuenta que quedó cautivado con la naturaleza, las montañas, los ríos, los árboles, los cultivos de arroz del norte y del cacao y el café en el sur. Y también quedó prendado de una playa: Las Terrenas, en Samaná.
El jinete, que hace unos días llegó a Vietnam para continuar sus viajes, quiso contarnos él mismo su aventura para “practicar el español que aprendió” en Dominicana.
“Aprendí con la población a jugar dominó, casino y billar. Aprendí a bailar bachata y merengue”, nos dijo. De su parte, y armado con su armónica, Posty tocó “blues” para su caballo y para la gente que encontraba a su paso.
“Encontré gente muy pobre pero siempre sonriente”, expresa. Las familias no sólo le ofrecieron espacio para su caballo, una casa de campaña y hasta una cama en las habitaciones para que descansara. Hubo una familia, dijo Posty, que en 20 minutos construyó un gran corral para “su” caballo.
Asegura que cada vez que pasaba por una ruta la gente admiraba y bendecía su “apuesto” corcel, un semental negro y blanco de ocho años propiedad de un español que reside en el país. Según Posty, él fue el primero en responder al llamado que hizo a través del periódico. Posty lo eligió a la primera por una sencilla razón: “La complicidad y la química con mi caballo, ‘Jefe’, fue total después de unas semanas. Cada noche dormía cerca de la tienda de campaña o se mantenía despierto, de pie, vigilándome. Cuando yo caminaba frente a él, incluso estando a más de 100 metros de distancia, nunca pensó en alejarse. Cuando atravesábamos alguna aldea dejaba que los niños lo montaran. Para muchos niños era la primera vez que montaban un caballo”, cuenta.
Y sigue: “La gente veía tal complicidad entre yo y mi hermoso caballo que realmente querían ayudarnos, incluso se ofrecían a construirle un corral en minutos para que pasara la noche”.
Posty recorrió el país por el este, el norte, el oeste y el sur y concluyó el viaje en La Feria, en Santo Domingo, sin presentar ningún percance. Los caballistas locales lo reconocieron y felicitaron.

Volverá

El corazón aventurero de Posty quedó tan enamorado de República Dominica que después de visitar Vietnam, Laos y Camboya prometió regresar al país. Realizará en vehículo la misma vuelta que hizo a caballo y donará sus fotografías a las familias con las que compartió.
“Pese a que a veces las montañas y el calor dificultaban la travesía, luego de 1,500 kilómetros a través de República Dominicana mi récord mundial es hoy de 65,400 kilómetros recorridos a caballo en los cinco continentes”, dice posty, a quien no le interesa la gloria ni el reconocimiento, sólo disfrutar de la naturaleza y compartir con la gente.
Como “Jefe” es ahora una estrella, Posty nos contó que su dueño decidió pintar con los colores del caballo la estatua de un corcel ubicada a la entrada de su rancho.
“Quisiera agradecer a todas las personas que conocimos y que nos ayudaron en este maravillo viaje a caballo. Los veo pronto. Gracias. Jefe y Thierry”.
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PD:. Fotos cortesía Thierry Posty

¿Logrará Samaná entrar al Club de las Bahías más Bellas del Mundo?

¡Qué bien! Comprendo y aplaudo que las autoridades de Samaná y del país anhelen que este pedazo de la –quizá- más hermosa y prometedora provincia del país pertenezca al Club de las Bahías más Bellas del Mundo. Se lo merece. Con el propósito de hacer una postulación oficial, una comisión local asiste al V Congreso Mundial que este club celebra del 14 al 18 de mayo en Setúbal, Portugal.
Ahora, para que no pasemos vergüenza, ¿por qué primero no limpiaron y desarrabalizaron su entorno? Santa Bárbara de Samaná es un basurero, un solo hoyo. Once cañadas vierten sus aguas negras en el río Pueblo Viejo, que a su vez tapa con porquerías y desechos sólidos su desembocadura en el malecón. El drenaje es un tormento: como la casa-bomba lleva más de 20 años dañada (ya la están arreglando), la m.. se está devolviendo a los inodoros de muchas casas (en serio, pregunten y verán). Los cayos del puente son utilizados como espacio de prostitución y las barandas del puente más fotografiado del país se están cayendo a pedazos, dejando enormes huecos por donde podrían caer esos pequeños juguetones que se les sueltan a los padres para corretear.
Por último (para no señalar cosas peores), hay que alumbrar el malecón (el síndico dice que se roban las bombillas), dotar de mejores barcos (y organizar) a los yoleros que asedian y acorralan a las pobres ballenas jorobadas y falta, también, que un espíritu emprendedor, ecológico y concienzudo se adueñe de todos los que viven y visitamos Samaná.
¡Y caray, samanenses, no sean tan pasivos, tan conformistas! ¡No dejen que les roben y les pudran la ciudad! ¡Quéjense! ¡No permitan que el Presidente diga que sólo faltan “detallitos” para que la ciudad sea un paraíso cuando todos sabemos que no es así! ¡Invítenlo a un paseo por los hoyos de Villa Salma, díganle que se baje del helicóptero y que recorra en vehículo la carretera Samaná-Las Galeras, que se acerque al tapado basurero, que se dé un baño en playa Carenero (cuya limpieza dejaron por mitad), o que almuerce en el comedor de Milagros cuando las aguas de las alcantarillas están en sus buenas! Será toda una aventura para él confirmar que el corazón de la auyama sólo lo conoce el cuchillo.
Cuenten con una servidora cuando se harten de que los j… y sea necesario amarrarse a un árbol para protestar...

La Casa de Tarzán

Entre La Ciénaga y Paraíso, Barahona ofrece al visitante muchos de sus más atractivos recursos ecoturísticos. Uno de ellos es la Casa de Tarzán o Maríalejos, un lugar que, como dice su creador, es un concepto más que una casa

Paraíso en las montañas de Barahona. ©Polibio Díaz

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Yaniris López
yaniris.lopez@listindiario.com
Fotos: ©Polibio Díaz
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A tres kilómetros de Casa Bonita (municipio La Ciénaga), el arquitecto, fotógrafo e investigador dominicano Polibio Díaz construyó hace 31 años una casa en pleno bosque, a orillas del río Riosito (afluente del río Bahoruco). Por su singular estructura la llaman la Casa de Tarzán y por su ubicación y difícil acceso muchos dudan de que realmente exista.
De hecho, muy pocos han visto fotografías del lugar, pese a que es visitado todo el año por viajeros y aventureros. A la casa de tres niveles se entra por arriba, es decir, por la planta más alta, muy al estilo Tarzán.
©Polibio Díaz
La cocina, el bar y el área para parrilladas está en la planta baja, casi pegada al río, y el resto está ocupado por cuatro habitaciones (tres con cama y una con tres camarotes).

Si la visitan, háganlo en vehículos 4 x 4, caminando, a caballo o en bicicleta; procuren llegar de día, lleven repelente, todo lo de comer, ropa ligera para el día, abrigos para la noche, gasolina para la planta (no hay electricidad), velones en vasos de vidrios o lámparas de gas, fundas para la basura, carbón para la parrillada, toallas, un neverita con hielo y muchas ganas de montear y pasarla bien. Caben 12 personas cómodamente y si lo solicitan se les puede proporcionar personal de cocina, caballos y bicicletas. Tomar el camino es en sí una aventura, porque el Riosito forma tantos meandros que es necesario atravesarlo varias veces en diferentes puntos antes de llegar.
Un dato
: Polibio dice que la casa (que en realidad se llama Marialejos) nació por un despecho de amor, donde ahogar sus penas; que no le celebró los 30 el pasado año porque no se veía muy bien y “ella” siempre ha sido romántica, discreta y presumida. Pero que ahora está “de 15”, con la remodelación que le regaló por su cumpleaños.
©Polibio Díaz

Falta de identidad
Polibio, amante del ecoturismo y la cultura dominicana, considera que uno de los problemas que arrastra el turismo dominicano es la falta de identidad.
“No nos gustamos como dominicanos, preferimos lo de fuera y por eso vivimos de espaldas a la ecología. Y ese es el turismo que más deja a nivel mundial. El turismo de masa ya no es interesante y en el Sur tenemos miles de opciones vírgenes”, señala.
Asegura que cuando República Dominicana decida explotar esos recursos la zona sur tendrá mucho éxito, siempre y cuidando se informe a la vez sobre la importancia de conservar el medio ambiente sacándole beneficio a lo que ofrece.
Por eso, dice, la Casa de Tarzán es un concepto más que una casa. “Es un respeto a la naturaleza , el hombre esta en un segundo plano y la naturaleza en un primer plano”. Así la quiere mantener todo el tiempo. “La idea no era alquilarla, pero uno suda la fiebre”, nos dijo. “Es una casa muy frágil que quiero mantenerla así”. Si desean conocerla escríbanle al correo polidiaz@codetel.net.do 


©Polibio Díaz

¡Amarrados!

Una prefiere pensar que sí, que los pequeños disfrutan tanto asistir a la Feria del Libro que poco les importa que los amarren. Da hasta un chin de risa verlos: un grupo que agarra la soga con las manos (so pena de morir pisoteados si la sueltan en ese mar de gente que da la vida por ¿comprar? matatiempos, stickers y, si les sobra tiempo, libros); y otros, los más pequeños, unidos a la soga por las pretinas de sus pantalones. La profesora de la foto duró varios minutos intentando desatar al último de esta fila cuando, después del paseo, se sentaron a merendar bajo una mata. ¿Vale la pena que los amarren? "Sí, porque si no se pierden". ¿Saben los más pequeños qué es una feria del libro? "Por supuesto, que sean niños no significa que sean tontos". ¿De cuánto dinero disponen para gastar? "Unos 20 pesos. Suficiente para comprar el sticker del Hombre Araña o de Puca". ¿Cómo se asoman a las librerías y eligen lo que compran si no pueden moverse más que algunos centímetros para evitar arrastrar al compañerito? "Los libreros se los enseñan". ¿Por qué mejor no los llevan los padres a la feria? "Están trabajando, nena, ¡pero qué estúp...!"¿Se imaginan que se arme la de San Fermín y haya que salir corriendo? "Ehhh... Este... pues... ah... a ver..."

Un fogón de goma


* Está ubicado en el batey Doña Lila, en el municipio de Consuelo (San Pedro de Macorís). Se presta perfectamente para decir: Ayer vi…

Leyendas de la Zona Colonial de Santo Domingo

Entre los muros de la Zona Colonial viven enamorados frustrados, sacerdotes sin cabeza, esclavos maltratados, damas que guardan dolorosos secretos y cientos de historias que, en lo adelante, valdrá la pena contar.

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Yaniris López
yaniris.lopez@listindiario.com
Ilustraciones: Rafael Hutchinson
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El Tapado

Cuentan por La Zona que se trataba de un hombre misterioso de figura alta y elegante que vivía en el segundo piso de la casa que se encontraba en la esquina de la calle 19 de Marzo con Billini. Nunca pudieron verle la cara porque se tapaba con una oscura capa larga y por eso le llegaban “el tapado”. Caminaba por los túneles de la ciudad y nunca faltaba a la misa de las 6:00 p.m. que se oficiaba en la Catedral. Entre las especulaciones sobre su identidad y las posibles razones de su ocultamiento figuran que tenía alguna deformidad física o lepra; que se trataba de un noble que se ocultaba en la colonia porque había matado a otro; o que era el famoso contrabandista que había fundado la ciudad de Baní. Hay quienes, todavía hoy, continúan llamando a la 19 de Marzo la “Calle del Tapado”.

El aljibe
La historia ocurrió a principios del siglo XIX. Una doncella se enamora de uno de los sirvientes negros que trabajaban en su casa, quien solía expresarle su amor con poemas que él mismo escribía. Un día que fueron sorprendidos juntos por el padre de la joven, el sirviente se esconde con todos sus poemas en el aljibe (pozo) del patio. La chica no le despegaba la vista desde un balcón, pero el joven no resistió mucho tiempo y murió ahogado. Tanto lloró la doncella que sus lágrimas llegaban al mar y su alma se secó. Como nunca pudo volver a enamorarse, optó por convertirse en monja.



El padre Canales
Vivió en La Zona por el año 1836 y tenía fama de malo. Fue asesinado por Juan Rincón, un asesino descarado.
Cuando Rincón fue llevado ante la justicia, a la pregunta de quién había matado al padre Canales respondió: “¡La justicia de Santo Domingo!”.
Lo repitió una segunda vez y luego agregó: “Porque si cuando yo maté a mi primera esposa embarazada me hubieran quitado la vida, no habría podido matar al padre Canales”.
El crimen quedó impune, pero hay personas que han dicho haber visto vagar por las calles la figura ensangrentada del padre, huyendo de su inminente final.

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*Nota: El Museo de la Familia Dominicana (en cuyo patio ocurrió la historia de El aljibe) ha recuperado muchas de las historias más famosas de la Zona Colonial y las ha recopilado en el libro: “Noches de Leyendas”.

El horno panadero de Andre Coffi

Vino de Haití en 1985 a trabajar en los campos de caña del país y se quedó a vivir en el batey Doña Lila, en el municipio Consuelo (San Pedro de Macorís), un lugar donde aproximadamente 200 personas sobreviven por obra, gracia y misericordia divinas.
Cuando se acaba la zafra no hay mucho que hacer, así que André Coffi vende mabí, dulces y conconetes para sostenerse –es soltero y tiene siete hijos.
Pero los días de pago Coffi se convierte en panadero. El panadero del batey Doña Lila.
El horno se lo construyeron hace dos años “unos padres americanos” a los que la comunidad recuerda con cariño.
Ubicado al fondo del cacerío de 25 viviendas, parece una pequeña ermita hecha de blocks, cemento y ladrillos.
Luce casi nuevo porque, como entenderán, los pagos no se hacen muy a menudo (la zafra dura cinco o seis meses) y Coffi debe viajar a San Pedro a Macorís (12 ó 13 kilómetros aproximadamente) a comprar la harina, porque ese ingrediente es un lujo en el pequeño ventorillo del batey, del que se encarga Agustín Pardilla, uno de los fundadores del lugar, allá por 1975.
La dueña de las tierras se llamaba Lila, y por eso el batey lleva su nombre.
Coffi dice que ha pasado “mucha calamidad” en esta vida. Y parece que es cierto. Sus pocos años (58) delatan mucho trabajo, mucha lucha, mucho sol cayendo sobre su negra piel, muchas horas de zafra, muchas promesas incumplidas. Y él se ríe con cara de tonto, ingenuo, esperanzado, buena gente…
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Ya saben. Si viajan al Este y deben tomar la carretera San Pedro-Consuelo-Hato Mayor, deténganse un día en un colmado o supermercado, compren una libra de harina de trigo, tomen la carretera y después del batey Don Juan y antes del batey Consuelito doblen a la derecha y llévensela a Coffi.
De la carretera al batey sólo les tomará unos cinco minutos, pero las brasas del horno de André Coffi arderán por horas y todos en Doña Lila se lo agradecerán. A cambio, él les regalará su sonrisa ingenua, tonta, esperanzadora...

Los cayos dominicanos: paraísos en miniatura (2)

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Yaniris López
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La diversidad geológica de los cayos que bordean las costas dominicanas nos permiten encontrar en ellos playas, formaciones rocosas, aves, pinos, mangles o nada de vegetación, como ocurre con Cayo Arena, un montículo coralino formado sólo por arena cuyo tamaño varía según el humor de las olas.

Cayos Los Frailes.
Le llaman así porque a la distancia parecen frailes vestidos de blanco. Están ubicados 18 kilómetros al noroeste de la isla Beata y al norte de la isla Alto Velo. Forma parte del Parque Nacional Jaragua y es de difícil acceso. Las observaciones, según recomiendan las autoridades, deben hacerse desde el bote.

 La Matica.
Famoso promontorio ubicado en la playa de Boca Chica, a 500 metros de la costa. Con 200 metros de largo y 50 de ancho, la islita solía albergar una gran cantidad de palomas y durante mucho tiempo se le llamó así: isla Paloma. Hoy día, las garzas pueblan el lugar. Próximo a La Matica está la isla La Piedra, de 780 metros de largo y 330 de ancho. En los alrededores de ambas islitas se practica buceo y deportes acuáticos.

Cayo Levanado, en la costa sur de la Bahía de Samaná
Cayo Levantado. Es el más grande de los cayos que bordean las costas interiores de la bahía de Samaná y el más explotado del país en el área turística. Antiguo refugio de piratas y corsarios, cuenta con 8 kilómetros cuadrados y unos 450 metros de costa arenosa, así como una atractiva plataforma de arrecifes y yerbas marinas. Cientos de turistas lo visitan cada año y muchos más en los últimos meses, con la llegada de cruceros semanales a sus aguas cristalinas y playas paradisíacas. Las caminatas y la práctica de snorkell forman parte de las actividades que se pueden realizar en la zona, que cuenta con facilidades de hospedaje y restaurantes. Las agencias de viajes programan excursiones regulares a la isla.

Cayitos en la bahía y Cayo del Puente en Santa Bárbara; Cayo Ballena en Las Terrenas .
Cayo del Puente. Localizado frente a la ciudad de Santa Bárbara de Samaná, es el único de los cayos dominicanos que se comunica con tierra firme a través de un puente. Su silueta y la del puente forman parte de las postales de la bahía de Samaná y desde su playa, de suave oleaje, se obtiene una hermosa vista de la bahía y de la ciudad.

Montículo frente a la Ciudad de Puerto Plata, con la estatua de Neptuno. Foto tomada en 2007.

De interés.
Los cayos son islas pequeñas casi siempre deshabitadas y arenosas. En el país hay más de 100, entre cayos e islotes, distribuidos en todas las regiones: norte, sur y este. La mayor cantidad se concentra en la bahía de Samaná y el noroeste de la provincia Montecristi. ¿Te interesa el tema? La guía “Islas, cayos e islotes de República Dominicana”, editada por la Secretaría de Estado de Turismo, con datos e investigaciones del periodista Geraldino González, contiene muchas informaciones de interés.

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Relacionado
Cayos dominicanos: paraísos en miniatura (1)

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Cayo del Puente, en Samaná
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Yaniris López

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Cientos de cayos e islotes rodean las costas dominicanas. Algunos parecen perfectos conos de helado; otros, dudosos sacerdotes vestidos de blanco. Son paraísos en miniatura que atraen por sus singulares características: espacios pequeños y casi todos deshabitados que guardan entre las aguas que los rodean o la vegetación de sus rocas y tierra peculiares ecosistemas de gran valor ecológico para el país.
Mientras Cayo Levantado, La Matica y Cayo Arena acaparan la mayor cantidad de visitas, los Cayos 7 Hermanos concentran la mayor flora y fauna, y Cayo Los Frailes, la más espectacular formación rocosa. Los pájaros tienen un favorito, y la playa que bordea el más cercano a la ciudad de Samaná parece un lago.
¿Qué hacer en un cayo? Además de la observación de aves, enormes plataformas de arrecifes de coral rodean casi todos los islotes del país, invitando a la exploración submarina y a la práctica de buceo y vela. Las reglas para visitarlos se siguen con rigor, sobre todo porque muchos están ubicados en áreas protegidas.

Cayos de Montecristi. El último tramo de la autopista Duarte concluye frente a Cayo Zapato o El Fraile, uno de los puntos más visitados y fotografiados de la provincia de Montecristi. Desde lo alto de El Morro se observa claramente la silueta de la isla Cabra, que se utiliza como salina, y al oeste del dromedario dormido comienzan a sucederse los cayos Siete Hermanos, una especie de archipiélago de gran importancia ecológica y ecoturística, debido a la gran cantidad de aves migratorias, mangles, arrecifes y fauna marina que concentran.
Se llaman Tururú, Monte Chico, Monte Grande, Terrero, Ratas, Muertos y Arenas. En cayo Ratas o Pablillo se mantiene en pie un faro que antaño guiaba a los navegantes, cuando las costas de Montecristi figuraban entre las más importantes del país.


Cayo de los Pájaros. Rodeado de cientos de mogotes, este cayo es una parada obligada para los visitantes que se acercan a conocer los atractivos del Parque Nacional Los Haitises. Cientos de pájaros, algunos exhibiendo particulares y grandes bolsas rojas en el pecho (fragatas), revolotean todo el tiempo sobre los arbustos. Todavía no se sabe por qué los pájaros del Parque lo prefieren, cuando disponen de más de 60 cayos y mogotes para disfrutar.


Cayo Arena. Formado solo por arena, es uno de los puntos favoritos del país para la práctica de buceo y snorkel. Ubicado en los límites costeros de las provincias Puerto Plata y Montecristi, 20 minutos en bote lo separan del pueblito de Punta Rucia, de donde zarpan las embarcaciones y donde funcionan touroperadores que ofrecen servicio de comida y hospedaje a los visitantes. La carretera de acceso está en muy malas condiciones.

De interés: Los cayos son islas pequeñas casi siempre deshabitadas y arenosas. En el país hay más de 100, entre cayos e islotes, distribuidos en todas las regiones. La mayor cantidad se concentra en la bahía de Samaná y el noroeste de la provincia Montecristi. ¿Te interesa el tema? La guía “Islas, cayos e islotes de República Dominicana”, editada por la Secretaría de Estado de Turismo, con datos e investigaciones del periodista Geraldino González, contiene muchas informaciones de interés.

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