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Cuándo volverán...

Como para burlarse de las últimas generaciones, en La Cafetera de la Zona Colonial conservan letreros como estos que indican los lejanos –y no tanto–, felices y prósperos años en los que cualquier comensal podía degustar un club sándwich con apenas 80 centavos y una batida de toronja con 25 centavos. Todo un lujo, considerando que hasta bien entrados los años 80 del siglo pasado –según dicen– ganar 100 pesos era un sueldo respetado. Hoy, el mismo sándwich mejorado cuesta entre 150 y 200 pesos, dependiendo los ingredientes y el tipo de carne que adornen sus orillas; y la batida, si se encuentra la toronja y quien la haga, 95 pesos.
Alguien dijo que cualquier tiempo pasado fue mejor. En asuntos financieros parece que sí…

Andrés Neuman en La Cafetera

Encontró a Lisa en la sala, avivando el fuego de rodillas. Ella se levantó de un salto, se sacudió los bajos de la falda, miró a Hans apenada. ¿De verdad te vas mañana?, preguntó. De verdad, contestó él reprimiendo el impulso de acariciarla. No puede ser, dijo ella negando con la cabeza. Sí, puede, sonrió él. ¿Puedo pedirte un último favor? El que quieras, dijo Lisa. (...)
Ella tomó el sobre con expresión solemne. Lo escondió entre la falda y la camisa, suspiró y se arrojó en brazos de Hans, que apenas tuvo tiempo de reaccionar para evitar que ella cayera de bruces. Lisa se dio por abrazada, lo besó en la comisura de los labios y anunció:

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Andrés Neuman
El viajero del siglo, pág. 524
Premio Alfaguara de Novela 2009

Un hombre y un café...

La entrada a las caballerizas de un antiguo palacio en el número 253 de la calle El Conde, en el corazón de la Zona Colonial, ha sido desde 1929 refugio de bohemios, artistas plásticos, hombres de letras y futuros personajes importantes de la sociedad dominicana. Es el local de La Cafetera, el café más antiguo de la ciudad, el mismo lugar al que llega todos los días don Roque Félix a disfrutar de aromas y sabores que no cambian, eso asegura, con el paso de los años. Y créalo si él lo dice: hace ya 57 años que no falta a esta cita diaria.

Yaniris López
Para Tuaventura.org

La Cafetera tiene apariencia de un largo callejón. En su parte delantera, en forma de bar, no caben dos coches colocados horizontalmente. En el año 1929, la familia Paliza convirtió el pequeño local en el café más visitado de La Zona, como también le llaman a la Ciudad Colonial de Santo Domingo. Otra familia, la Franco, lo administra desde 1949.
Dicen que el edificio donde está empotrado el café formaba parte de un palacio colonial y que en sus altos vivió un cuñado del mismísimo Napoléon Bonaparte.
Además de café recién molido, jugos y emparedados, en La Cafetera se venden libros, bebidas alcohólicas, tarjetas telefónicas y alguno que otro cuadro que de vez en cuando lleva un pintor amigo “para que lo ayuden”. Es, también, centro informal de tertulias sobre temas de actualidad, política y literatura.
Aquí llegó en 1950 un joven procedente de La Romana, al este del país, que se dedicó a la fabricación de ropa. Tanto le gustó el lugar a Roque Félix que hoy, a sus 80 y tantos (se niega a dar el último dígito), no ha dejado de visitarlo todos los días. Eso, todos los días. Llueva, truene o ventee. Ni enfermo, ni en días de huelga, ni en tiempos de guerra. Si La Cafetera abre, como cada día a las 7:30 de la mañana, puede contar con su presencia dos veces al día: mañana y tarde. Ha sido así por 57 años.

Don Roque
Risueño, conversador, saludable pese a la edad y fumador, don Roque es una biblioteca andante que guarda en su memoria, hasta ahora infalible, cada detalle de la historia reciente dominicana. Su mayor orgullo es haber visto pasar por La Cafetera a muchos personajes cuya sola mención llenaría de envidia a políticos, escritores y artistas.
“Todos venían”, responde a los tertulianos que se dan cita en La Cafetera sólo para oírlo hablar. A cada pregunta don Roque se acerca la mano a la oreja para que le repitan “la idea”. Achaques de la edad. Luego le toma a una el antebrazo y habla, habla, habla... De cuando el café costaba cinco cheles. De cuando el agua se bebía de la pluma y gratis porque no existía eso de botellitas ni se vendía. De cuando llegaron muchos españoles huyéndole a la Guerra Civil. De cuando los hermanos y un cuñado del dictador Leónidas Trujillo pasaban por allá a beber café. De cuando murió el dictador en 1961...
Cuenta que en La Cafetera se sufrió el triste desenlace de uno de sus clientes ilustres, el escritor español Jesús Galíndez; y explica con detalles, para deleite del interlocutor, por qué Galíndez le caía mal a Trujillo y las posibles causas de su desaparición.

Una excelente “hoja de servicios”
Entre café y café, don Roque le hizo diez “chacabanas” (camisas) a Fulgencio Batista, “cuando salió corriendo de Cuba y se refugió aquí”, en 1959. Colaboró para Óscar de la Renta, “con su marca, claro. Óscar tenía una tienda en la calle Pasteur a principio de los años 70 pero no prosperó. Se le adelantó al tiempo. No había auge. Ahora sí le está yendo bien”.
Conoció a Jacques Chirac antes de ser presidente de Francia y al coronel cubano Eleuterio Pedraza. Tomó café con los ex presidentes Juan Bosch y Jacobo Majluta y conoció muchos otros personajes que hoy figuran, por diferentes motivos, en las enciclopedias dominicanas.
Don Roque es el fundador de los famosos partidos de ajedrez de la peatonal calle El Conde. En cualquier banco, frente a las tiendas de ropa, en los restaurantes, no es extraño toparse con dos concentrados jugadores frente a un destartalado juego de ajedrez. ¿Quiere ver el juego, retar, esperar y jugar? Puede hacerlo, se aceptan curiosos y desconocidos.
Para dar por acabada la tertulia, dice don Roque -casado y con 5 hijos- que no le pregunten si algún día dejará de ir a La Cafetera, que puede no ser la más elegante del área, “pero sí donde hacen los mejores sandwichs”.
“No, qué va”, responde si alguien insiste. Son 57 años de tomar el mejor café de La Zona, el que ya ni le cobran; de sentarse con sus eternos breteles en la barra del estrecho y oscuro bar, donde le tratan “mejor que en casa y las mujeres lo enamoran”, a rememorar mejores y peores tiempos.
No, qué va. “Qué pregunta tan tonta”, pensará don Roque...

P.D. Un hombre y un café... se publicó en marzo de 2007, por lo que ya suman 59 y pico los años que lleva don Roque visitando La Cafetera

El cumpleaños del Jefe


Como cada 24 de octubre, Manuel llevará mañana un cuadro de Trujillo a La Cafetera y con un velón encendido y una radio celebrará un aniversario más del nacimiento de El Jefe. “Porque fue un gobernante de verdad, porque es mentira todo lo que dicen de él”, defiende Manuel su celebración. Algunos se reirán al pasar, otros le mentarán la mai y los más ni siquiera repararán en tan campante festividad. Franklin (a la derecha) le seguirá la corriente porque La Cafetera siempre ha sido así: abierta, plural.
Para los que creen que han visto todo en esta vida…

Don Roque (Monumento al ego 5)


¿Qué decir de don Roque, la figura más querida de La Cafetera, en la Zona Colonial? Cosas que todos saben: que tiene 57 años yendo todos los días a esta cafetería (sí, 57) y 80 y pico de vida. Que es el fundador de los juegos de ajedrez de la calle El Conde. Que trabajó para Oscar de la Renta en los años 70. Que conoció a todos los políticos e intelectuales cuando eran pobres y se tomaban un café allí y muchas otras cosas que pueden leer aquí...

Ah, y que fue un honor para Virginia y Yalo que don Roque gentilmente nos donara un minuto de su entretenido juego de ajedrez para tomarse esta foto con nosotras el pasado jueves 16 de agosto.

Foto: Jaclin Campos