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13/11/09

Un hombre y un café...

La entrada a las caballerizas de un antiguo palacio en el número 253 de la calle El Conde, en el corazón de la Zona Colonial, ha sido desde 1929 refugio de bohemios, artistas plásticos, hombres de letras y futuros personajes importantes de la sociedad dominicana. Es el local de La Cafetera, el café más antiguo de la ciudad, el mismo lugar al que llega todos los días don Roque Félix a disfrutar de aromas y sabores que no cambian, eso asegura, con el paso de los años. Y créalo si él lo dice: hace ya 57 años que no falta a esta cita diaria.

Yaniris López
Para Tuaventura.org

La Cafetera tiene apariencia de un largo callejón. En su parte delantera, en forma de bar, no caben dos coches colocados horizontalmente. En el año 1929, la familia Paliza convirtió el pequeño local en el café más visitado de La Zona, como también le llaman a la Ciudad Colonial de Santo Domingo. Otra familia, la Franco, lo administra desde 1949.
Dicen que el edificio donde está empotrado el café formaba parte de un palacio colonial y que en sus altos vivió un cuñado del mismísimo Napoléon Bonaparte.
Además de café recién molido, jugos y emparedados, en La Cafetera se venden libros, bebidas alcohólicas, tarjetas telefónicas y alguno que otro cuadro que de vez en cuando lleva un pintor amigo “para que lo ayuden”. Es, también, centro informal de tertulias sobre temas de actualidad, política y literatura.
Aquí llegó en 1950 un joven procedente de La Romana, al este del país, que se dedicó a la fabricación de ropa. Tanto le gustó el lugar a Roque Félix que hoy, a sus 80 y tantos (se niega a dar el último dígito), no ha dejado de visitarlo todos los días. Eso, todos los días. Llueva, truene o ventee. Ni enfermo, ni en días de huelga, ni en tiempos de guerra. Si La Cafetera abre, como cada día a las 7:30 de la mañana, puede contar con su presencia dos veces al día: mañana y tarde. Ha sido así por 57 años.

Don Roque
Risueño, conversador, saludable pese a la edad y fumador, don Roque es una biblioteca andante que guarda en su memoria, hasta ahora infalible, cada detalle de la historia reciente dominicana. Su mayor orgullo es haber visto pasar por La Cafetera a muchos personajes cuya sola mención llenaría de envidia a políticos, escritores y artistas.
“Todos venían”, responde a los tertulianos que se dan cita en La Cafetera sólo para oírlo hablar. A cada pregunta don Roque se acerca la mano a la oreja para que le repitan “la idea”. Achaques de la edad. Luego le toma a una el antebrazo y habla, habla, habla... De cuando el café costaba cinco cheles. De cuando el agua se bebía de la pluma y gratis porque no existía eso de botellitas ni se vendía. De cuando llegaron muchos españoles huyéndole a la Guerra Civil. De cuando los hermanos y un cuñado del dictador Leónidas Trujillo pasaban por allá a beber café. De cuando murió el dictador en 1961...
Cuenta que en La Cafetera se sufrió el triste desenlace de uno de sus clientes ilustres, el escritor español Jesús Galíndez; y explica con detalles, para deleite del interlocutor, por qué Galíndez le caía mal a Trujillo y las posibles causas de su desaparición.

Una excelente “hoja de servicios”
Entre café y café, don Roque le hizo diez “chacabanas” (camisas) a Fulgencio Batista, “cuando salió corriendo de Cuba y se refugió aquí”, en 1959. Colaboró para Óscar de la Renta, “con su marca, claro. Óscar tenía una tienda en la calle Pasteur a principio de los años 70 pero no prosperó. Se le adelantó al tiempo. No había auge. Ahora sí le está yendo bien”.
Conoció a Jacques Chirac antes de ser presidente de Francia y al coronel cubano Eleuterio Pedraza. Tomó café con los ex presidentes Juan Bosch y Jacobo Majluta y conoció muchos otros personajes que hoy figuran, por diferentes motivos, en las enciclopedias dominicanas.
Don Roque es el fundador de los famosos partidos de ajedrez de la peatonal calle El Conde. En cualquier banco, frente a las tiendas de ropa, en los restaurantes, no es extraño toparse con dos concentrados jugadores frente a un destartalado juego de ajedrez. ¿Quiere ver el juego, retar, esperar y jugar? Puede hacerlo, se aceptan curiosos y desconocidos.
Para dar por acabada la tertulia, dice don Roque -casado y con 5 hijos- que no le pregunten si algún día dejará de ir a La Cafetera, que puede no ser la más elegante del área, “pero sí donde hacen los mejores sandwichs”.
“No, qué va”, responde si alguien insiste. Son 57 años de tomar el mejor café de La Zona, el que ya ni le cobran; de sentarse con sus eternos breteles en la barra del estrecho y oscuro bar, donde le tratan “mejor que en casa y las mujeres lo enamoran”, a rememorar mejores y peores tiempos.
No, qué va. “Qué pregunta tan tonta”, pensará don Roque...

P.D. Un hombre y un café... se publicó en marzo de 2007, por lo que ya suman 59 y pico los años que lleva don Roque visitando La Cafetera

4 comentarios:

Héctor Emilio (Motika) dijo...

Don Roque, todo un personaje! Dios le de salud por muchos años mas.

Òscar dijo...

Qué personaje tan interesante! Debe ser una delicia compartir con él uno de esos cafés... :-)

Sil Ferreras dijo...

Quien No Conoce a Roque en la Zona!? Ese caballero que a diario lo vemos caminar solo por su calle (Calle Sanchez) hacia el conde a darse cita en "LA CAFETERA" que todos nos preguntamos cual sera el secreto para mantenerse tan saludable con tanta edad. Que el señor lo llene de bendiciones y le de fuerzas para seguir.

Yalo dijo...

Don Roque falleció en mayo de 2014.
:(
Y.

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