25/3/15

¿Logran verlo?

Así se ve el Salto Jimenoa I desde el mirador ubicado en la comunidad El Salto (Jarabacoa, La Vega), perdido entre los verdes de las montañas que sirven de amortiguamiento a la Reserva Científica Ébano Verde. El mirador fue construido para que personas con discapacidad física pudieran disfrutar de este espectáculo natural. Justo aquí se inicia un recorrido de 1.4 kilómetros por un frondoso sendero que lleva a la playita de la cascada; una playita repleta de guijarros, arena clara, lodo y piedras grises a  los “pies” de la cortina de espuma blanca.

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19/3/15

Descubre San José de Ocoa (2). Los Martínez: un modelo de gestión comunitaria

El paraje se encuentra a 890 metros sobre el nivel del mar. Allí viven 55 familias.

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Yaniris López
yaniris.lopez@listindiario.com
San José de Ocoa
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Los Martínez, un paraje ubicado al sureste de San José de Ocoa, fue una de las primeras comunidades “adoptadas” por el padre Luis Quinn en esta provincia sureña, lugar al que llegó en 1965 y al que legó 42 años de sacerdocio y luchas comunitarias.  
Ocurrió en 1979, luego de que el huracán David azotara el lugar y el padre les ofreciera apoyo e incentivara, a partir del desastre, una reforma agraria que hoy cuenta con el reconocimiento internacional. 

Esta reforma vendría de la mano de la Asociación para el Desarrollo de San José de Ocoa (Adesjo).   Adesjo inició en esta comunidad, a principios de los 80, un proyecto modelo de desarrollo (una especie de laboratorio) de lo que sería una reforma agraria comunitaria en el municipio San José de Ocoa (elevado a provincia en el 2000).    
Carlos José Bonilla, encargado de proyectos de Adesjo, explica que fue un proyecto de irrigación y licitación para poner a producir la tierra con un componente fundamental: a cambio del agua, los dueños de tierras debían donar el 50 por ciento de sus terrenos a otros agricultores que no poseían tierras y que, para sobrevivir, explotaban la parte alta de las montañas haciendo agricultura migratoria.  
“O sea, agricultura de tumba, tala y quema, lo cual generaba grandes perjuicios y desastres al medio ambiente”, dice Bonilla. 


El primero en ceder sus tierras fue el señor Ramón Emilio Ortiz (Millo), que puso 40 tareas a disposición del proyecto. Quince agricultores se han sumado y hoy hay unas 700 tareas disponibles para la producción agrícola y la implementación de proyectos comunitarios.  
La comunidad mantiene un programa de conservación de suelo para evitar su degradación y garantizar la seguridad alimentaria y un programa de reforestación en lo alto de la montaña que ha devuelto el verde a la loma La Montiá y a todos los alrededores del paraje habitado por 55 familias.  
“Antes, todo era desierto -comenta Bonilla-.  Gracias a estas actividades de reforestación hemos logrado que diferentes arroyos y cañadas que antes se habían secado surjan de nuevo en pequeños caudales de agua”.

Autogestión
El desarrollo comunitario del paraje Los Martínez es integral, pues contempla el abordaje de servicios elementales de la comunidad con aquellos que eleven su calidad de vida, de manera que sus habitantes no necesiten migrar a la ciudad para vivir cómodamente.
Con la ayuda de Adesjo, han logrado gestionar una escuela, una clínica, un centro de informática para los agricultores y los niños y una hidroeléctrica comunitaria.
“Para nosotros el aprovechamiento del agua era fundamental. Aquí el agua se aprovecha desde el punto de vista del manejo y protección del medio ambiente pero también para sacarle provecho económico”, explica Carlos José Bonilla, de Adesjo.   
Cada familia paga 100 pesos por el servicio de energía eléctrica.
El proyecto de viviendas comunitarias, el acueducto rural, la producción en invernaderos, un estanque de 30 metros y cinco pies de profundidad donde crían tilapias y carpas, un centro de producción de abono orgánico (lombricultura) y un apiario manejado exclusivamente por las mujeres han activado la economía familiar del paraje y encaminan a Los Martínez a convertirse en la primera comunidad autosostenible de República Dominicana. 

“Nadie lo cree. A nosotros nos han dicho, en varias intervenciones internacionales que hemos tenido, que eso no es posible lograrlo.  Todo el mundo queda impactado y creo que se ha logrado un objetivo común y es que la comunidad mejore la calidad de vida y que el ambiente y todo el entorno se recupere”, sostiene Bonilla.

Esta recuperación la han conseguido en un 98 por ciento, asegura, porque antes de la intervención todo era desierto.
La clave, agrega, está en la distribución del uso de la tierra para garantiza la seguridad alimentaria. “Cuando nosotros le exigimos a un agricultor que tiene que donar hasta un 50 de sus tierras es para asentar en esa tierra a otro comunitario que vive en la parte alta, con el consentimiento y el acuerdo de que esos terrenos que ellos abandonan, donde realizan agricultura migratoria, tienen que dejarlos en descanso, no pueden realizar más actividades agrícolas, y por eso nosotros decimos que se recupera”. No hay tierra sin agua, insiste. Así que aquel agricultor de no quiere aportar ese 50%, la institución no le facilita el líquido.

Oportunidades
Todo este trabajo es coordinado en la comunidad por la Asociación de Vecinos La Vencedora, la Asociación de Mujeres Nueva Esperanza y la Asociación de Padres y Amigos de la Escuela.
Los trabajos se distribuyen por brigadas y las reuniones son frecuentes y sin exclusión.
Jorge David Ortiz comenta que es un orgullo decir que en Los Martínez las mujeres participan de todas las actividades en iguales condiciones que el hombre.
Ellas intervienen en la agricultura, administran varios invernaderos y el apiario. En tres años de trabajo, la producción les deja anualmente dos tanques y medio de miel. Comenzaron con ocho cajas. El poco dinero que conseguían con la extracción y la venta de la miel no se lo repartieron entre las 16 mujeres que administran el proyecto: se pusieron de acuerdo para comprar madera y hoy ya cuentan con 50 colmenas. Para mejorar la producción, reforestaron el apiario con 275 plantas de lipias.
Comenzaron con ocho cajas. El poco dinero que conseguían con la extracción y la venta de la miel no se lo repartieron entre las 16 mujeres que se benefician de este proyecto: se pusieron de acuerdo para comprar madera y hoy ya cuentan con 50 colmenas.
“El propósito no es el dinero. Es que nos mantengamos unidas y seamos ejemplo para otras comunidades. Sin organización, esto sería imposible”, dice Nurkis Rivera, encargada de mantenimiento del apiario. 
 

Claro que, como dice Orlando Guerrero, nacido y criado en Los Martínez, para beneficiarse de todos estos programas los comunitarios tienen que estar involucrados en los diferentes proyectos y actividades.
Guerrero comenta que como la comunidad comenzó a manejar sus recursos naturales y humanos sin tener recursos económicos, decidieron que el 5% de las ganancias de los proyectos iría a un fondo común que hoy alcanza unos RD$200,000.
La hidroeléctrica es manejado de la misma forma que se maneja el proyecto de riego, cuenta: “Aquella persona que a las tres cuotas no ha pagado, le cortamos  la luz”.
A la fecha se han beneficiado 55 familias con el proyecto agrícola y se han construido 22 viviendas (el beneficiario solo paga el 25% del costo de la infraestructura).
La vivienda pasa a ser patrimonio familiar y no puede ser vendida. Igual pasa con los terrenos “donados” a los agricultores: si el beneficiario decide irse del pueblo, un comité se encarga de distribuirlos entre otros beneficiarios, explica Bonilla.

LA RUTA
¿Le interesa conocer esta comunidad modelo, recorrer sus senderos y aprender sobre agroturismo? Puede hacerlo cuando quiera porque Los Martínez es uno de los componentes de “El tesoro del guayacán”, la primera ruta ecoturística de San José de Ocoa que coordina el Fondo de Desarrollo Ecoturístico de San José de Ocoa (Fondeprosjo).
“Ellos ya lo tenían todo. Nosotros lo que hicimos fue ponerles en valor esos recursos y hacer que esta sea una ruta interpretativa que le sirva de educación al visitante”, observa Rafael Reed, director ejecutivo de Fondeprosjo.
Y agrega: “Capacitamos a la comunidad en todo lo que tiene que ver con el manejo de sus recursos, con la interpretación de esos recursos y el manejo de su plan de negocios”. Hay 3.3 kilómetros de senderos y unas 480 tareas para aprender y disfrutar del campo.

DE INTERÉS
-- El nombre. La comunidad se llama Los Martínez porque unos hombres con este apellido solían cazar en la zona, hace ya muchos años, puercos cimarrones.
-- Producción. Tras la reforma agraria, dicen los agricultores, aquí se produce de todo: zanahorias, remolachas, cuatro variedades de aguacate, guineos, guandules, mangos, ajíes, tomates, miel y peces. Los principales mercados de estos productos están en San José de Ocoa, Baní y Santo Domingo.
--Piscicultura. En un estanque de 30 metros  y cinco pies de profundidad crían tres tipos de tilapia y carpa. Una brigada de 10  personas se encarga de su administración durante seis meses. Estas personas se distribuyen la crianza y venden el producto a la comunidad a 40 pesos la libra.
--El agua que alimenta la hidroeléctrica de la comunidad viene del río El Limón.  
--Aunque todavía la agricultura que practican en la comunidad no es ciento por ciento orgánica, los agricultores han ido reduciendo los pesticidas e incrementando el abono orgánico (lombricultura).
-- Actividad agroforestal. En Los Martínez combinan la siembra de aguacate con frutales y otros productos de ciclo corto. Han logrado cosechar una variedad de aguacate llamada Carla fuera de época y por ello muy solicitada en el mercado local. Anualmente pueden cosechar un millón de unidades de aguacate. Para reforestar la zona utilizan pino, eucalipto, acacia, melina, almácigo y palo amargo.
--Cómo llegar. En la carretera Baní-Ocoa, a 16 kilómetros del centro de San José de Ocoa, se toma el camino vecinal a la altura del paraje Las Caobas que conduce a Los Martínez. La demarcación pertenece a San José de Ocoa, municipio cabecera de la provincia homónima. Se encuentra a 890 metros sobre el nivel del mar con una temperatura entre los 17 y 18 grados Celsius.


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15/3/15

Descubre San José de Ocoa (1): El tesoro del guayacán

La provincia más joven del suroeste dominicano inaugura su primera ruta ecoturística con una fuerte referencia al legado comunitario y cultural del padre Luis Quinn.

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Yaniris López
yaniris.lopez@listindiario.com
San José de Ocoa
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Con el telón multicolor de las montañas que coronan su territorio, San José de Ocoa ya cuenta con una ruta ecoturística que recoge lo más emblemático de sus atractivos naturales y culturales. Se llama “Tesoro del Guayacán” y es un homenaje al legado del padre Luis Quinn, sacerdote de origen inglés que se afincó en San José de Ocoa en el año 1965 para dirigir la parroquia del pueblo, entonces un municipio de la provincia Peravia, y allí permaneció durante 42 años hasta su muerte, en 2007.
La ruta es la primera oferta del proyecto que promueve la creación de clúster provincial y el desarrollo de los productos turísticos de la provincia más joven del suroeste dominicano (2000) como parte, también, del corredor multidestino Constanza-Jarabacoa-San José de Ocoa.
En la organización y planificación de este reto acompañan a la comunidad el Fondo de Desarrollo Ecoturístico de San José de Ocoa (Fondeprosjo) y la Asociación para el Desarrollo de San José de Ocoa (Adesjo).

¿Qué ver?
El ‘tesoro del Guayacán’ incluye un primer recorrido por los senderos de Los Martínez, un paraje ubicado a 16 kilómetros del centro de San José de Ocoa que, gracias a la reforma agraria implementada por Quinn a principios de los 80, va camino a convertirse en la primera comunidad autosostenible de República Dominicana. La siguiente parada es en la casa-museo del sacerdote y la iglesia San José, donde reposan los restos del “protector de los pobres”.
Como dice Rafael Reed, director ejecutivo de Fondeprosjo, el padre Luis Quinn fue el gran motivador de la reforma agraria y cultural que transformó para bien San José de Ocoa.
La opción para hospedarse es el emblemático Rancho Francisco; la gastronomía local está representada en los restaurantes Comida de la Casa y la Cocina de Mabel y en paradas culturales para conocer la producción de las famosas galletas Lavigne y los dulces que prepara doña Lolín.
Y, como símbolos de una ciudad de unos 25,000 habitantes ubicada a unos 115 kilómetros de Santo Domingo: el frondoso parque Libertad, frente a la iglesia; la parroquia San José y la sede de Adesjo, considerada el corazón económico y cooperativo de la provincia. Fuera de la ciudad, en el municipio Rancho Arriba, recibirán al visitante los ríos, valles e invernaderos de un próspero enclave de clima fresco y verdes paisajes; y la sede del café Samir, en Mahoma, con la implementación de normas ecológicas en su producción.

El tesoro del Guayacán
Como el guayacán, árbol nativo de la isla famoso por su dureza, el nombre de la primera ruta ecoturística de San José de Ocoa hace alusión a la fortaleza física y espiritual del padre Luis Quinn, virtudes que puso al servicio de los más necesitados de la provincia. Así también le llamaban con cariño sus amigos.
Si desea hacer la ruta, el Fondeprosjo se encarga de la organización de los paquetes ecoturísticos. Jóvenes miembros de la Cruz Roja filial Ocoa (formados también como guías) acompañarán a los viajeros en los circuitos.


LA CASA DEL RECUERDO
El padre Luis Quinn nació el 12 de enero de 1928 en Inglaterra y murió el 11 de octubre de 2007 en Florida. Los 42 años de su vida sacerdotal en San José de Ocoa se pueden apreciar en la casa donde vivía, en la calle Mella: sus ornamentos sacerdotales, su cama, su colección de cámaras (era un gran fotógrafo), su guitarra, discos... Muchos voluntarios cedieron los recuerdos materiales que guardaban del padre para completar el mobiliario de la “Casa del recuerdo”. Los restos del sacerdote descansan detrás de la puerta principal de la iglesia que lo acogió en 1965.


CAFÉ SAMIR
En las montañas de Mahoma, en Rancho Arriba, se produce el café Samir, entre los 900 y 1,050 metros sobre el nivel del mar. Para probarlo tendrá que venir aquí, a San José de Ocoa, porque el producto se exporta a Francia, Italia y Japón. Una versión menos exclusiva se distribuye en la provincia. El recorrido por la planta y los cafetales (1,400 tareas) es interesante e incluye la historia personal de Samuel Baltensperger, presidente de la empresa: de cómo su familia vino desde Suiza a instalarse en República Dominicana, de cómo su papá fundó la fábrica en 1985, de por qué el café lleva este nombre (una combinación del nombre de Samuel y el de su hermana, Irene), y de las normas sostenibles que implementan para impactar lo menos posible el medio ambiente. Este café arábico tipo Ocoa, explica Samuel, “se caracteriza por tener una taza bien equilibrada entre cuerpo y acidez, con buen aroma y notas achocolatadas”. El suelo, el clima y la altura de Mahoma contribuyen en la obtención de este resultado, comenta.


GASTRONOMÍA
¿Ha probado las galletas Lavigne? Es probable que sí, porque las ofrecen en todos los supermercados del país. Pues se hacen aquí, en una casona convertida en fábrica frente al parque Libertad. La panadería y repostería es un negocio familiar que nació en 1975 y se afianzó en el 2000 sin más pretensiones que las de brindar un producto artesanal de calidad, dice Amalia Lavigne, encargada de producción. Son muy conocidas las galletas integrales, las de anís, las integrales con granola y al pesto. Y si le gustan los dulces criollos, adorará pasar por Dulcería Lolín, en la prolongación Salvador Alcántara 8. Allí, doña Dolores Arias viuda Brache agradará su paladar con unas 25 dulces opciones creadas por su ingenio y su pasión por la cocina, una relación que ya cumplió 30 años.


RANCHO FRANCISCO. En la entrada del pueblo de San José de Ocoa, es el lugar favorito de locales y visitantes para descansar y realizar actividades sociales. El centro turístico Rancho Francisco cuenta con 21 habitaciones (dobles y sencillas), piscina, restaurante, canchas y área infantil. Si se queda a dormir, el rumor del río Ocoa, a un costado del centro, le servirá también de compañía.
IGLESIA SAN JOSÉ. Construida en 1939, es el principal edificio religioso de San José de Ocoa. Aquí reposan los restos del padre Luis Quinn, justo a la entrada del templo.
PARQUE LIBERTAD. Uno de los más frondosos de República Dominicana, hogar de una importante colección de plantas endémicas y nativas. Es el corazón de la ciudad, punto de encuentro de comunitarios de todas las edades.

SOBRE LA PROVINCIA
Está dividida en tres municipios: San José de Ocoa (cabecera), Sabana Larga y Rancho Arriba. La ciudad, cuentan sus historiadores, tiene su origen en una historia de amor: fue fundada en 1805 por Andrés Pimentel y Ana Lucía Tejeda, dos jóvenes banilejos que huyeron de sus familiares para “poder vivir juntos” y establecieron en el valle de Ocoa su hogar.


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11/3/15

Cosas del amor…

Que el amor acaba, se renueva o se transforma lo confirman estas “tú y yo” (Euphorbia mili).
Parece que el nombre, que les viene precisamente porque los pétalos salen de dos en dos enfrentados, cara a cara, en un aparente dulce y romántico diálogo/beso/abrazo, no les cayó bien a esta planta de la jardinera (las otras decidieron mantenerse fieles a su naturaleza), que decidió parirlas en desorden.
¿Se pelearon las flores en el capullo antes de salir? ¿Se ‘jartaron’ de salir de dos en dos y decidieron hacerlo en grupo? ¿Sufrieron alguna mutación? ¿Sienten celos de las rosas? ¿Se rebelan y protestan porque está de moda quejarse por todo, rebelarse y cuestionar la naturaleza de las cosas?

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P.D.: ¿Por qué tiene que ser tan mal pensada la Yalo? Puede ser que, como dijo Daniela Cruz en la entrada que le dedicamos a estas flores aquí, simplemente están pariendo “nosotros”.

Así se supone que deben de parir las "Tú y yo".

2/3/15

Laguna de Oviedo

En sus aguas habita el Cyprinodon nicholsi, un pececito que solo se ha visto en esta laguna

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Yaniris López
yaniris.lopez@listindiario.com
Oviedo, Pedernales
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Una delgada franja de arena y roca separa el agua salobre de la laguna de Oviedo del mar Caribe, al sureste de Pedernales.  La silueta de forma alargada,  de 28 kilómetros cuadrados y 1.5 metros de profundidad, es uno de los principales atractivos ecoturísticos del Parque Nacional Jaragua.
Una red de aguas subterránea que llega desde la Sierra de Bahoruco, más el agua que se introduce desde el mar, alimentan el cuerpo de agua.
Como los lugareños suelen comentar que el agua de la laguna de Oviedo es tres veces más salada que la del mar, una ¿mala? costumbre de algunos visitantes primerizos es llegar al muelle, acercarse a la orilla, introducir una mano y probarla: saladísima.
Con el sabor a sal en la boca inicia un recorrido en bote que consiste en ir bordeando la veintena de cayos e islotes del interior del lago (con paradas en el “cayo de las Iguanas” y “El Guanal”) mientras una cortina de aves, barcos y verdes paisajes se despliega en el horizonte.  

BIODIVERSIDAD. En los cayos y ribera de la laguna se observan cucharetas, yaguazas, flamencos, garzas, gaviotas y otras aves migratorias. También cangrejos, iguanas rinoceronte, murciélagos y, según los guías (es que son muy difíciles de ver, para qué mentirles), selenodontes y jutías.
El fondo de la laguna, registra el Ministerio de Medio Ambiente, está constituido por plantas fanerógamas y algas verdes y al norte se encuentra una importante población de manglares de la especie Rhizophora mangle.
En sus aguas habita el Cyprinodon nicholsi, un pececito que solo se ha visto en esta laguna y que, de acuerdo con el Grupo Jaragua, fundación que se dedica a investigar y promover la biodiversidad del parque, “es el mayor de todas las especies conocidas de este interesante grupo de peces”.   


El paseo es corto, de unas horas, pero sólo ir para conocer la biodiversidad de unos de los humedales más importantes del país, o contemplar desde el mirador el contraste de colores del agua, la maleza y la colonia de flamencos rosados (Phaenicopterus ruber) que se alimenta en la parte norte de la laguna, habrá valido la pena.

CARITAS EN EL LAGO. Una parada interesante en el recorrido norte-sur de la laguna ocurre en el cayo “El Guanal”, donde, tras desembarcar, un sendero lleva hasta un abrigo rocoso donde se pueden observar  petroglifos (caritas). Otros cayos: De Pei, Puerto Rico, Caliente, Los Mellizos, De Mosquea y De la Rabiza.

¿CÓMO LLEGAR? La laguna de Oviedo se encuentra en el límite noreste del Parque Nacional Jaragua, a pocos minutos del centro del municipio de Oviedo, y para visitarla se necesita un permiso del Vice-ministerio de Aéreas Protegidas.  En el poblado El Cajuil, en la carretera que une Juancho con Oviedo, se desprende el caminito que conduce al muelle. 

28/2/15

24/2/15

Barahona y sus hermosos acantilados

La vía panorámica Carretera Barahona-Paraíso incluye tres de los más atractivos acantilados de República Dominicana.

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A sur de la ciudad de Barahona, entre Playa Azul, Quemaíto y La Meseta, tres paredes verticales “siluetean” a intervalos la costa caribeña de la Perla del Sur.
A lo largo de unos 15 kilómetros, las paredes desnudas forman una cadena de verdes, marrones, amarillos, blanco calizo y grises dignos de ver y de fotografiar.
En los huecos del terreno se forman ensenadas, pequeños montículos con yerba y maleza, poblaciones de palmas y cocoteros y las inconfundibles playas de olas bravas y arena gruesa que caracterizan la costa barahonera.
Algunos acantilados no se ven desde la carretera. Las mejores vistas se obtienen de los hoteles que usan precisamente como patio las mesetas de estos despeñaderos que, sin alcanzar los 30 metros, se alzan imponentes desafiando los vientos y recibiendo las aguas marinas de un prometedor destino ecoturístico frente al mar.

El paisaje que ofrece la intermitente pared rocosa de color naranja que se ve desde el patio del Hotel Playa Azul, coronada con una frondosa alfombra verde, deslumbra a los viajeros que se acercan a contemplar las bellezas de Barahona.

Desde el hotel Quemaíto se obtiene esta vista del acantilado que termina en la playa homónima, una de las más visitadas de la provincia Barahona, famosa por el ardiente sol que suele acompañar al visitante.

Las primeras luces de la mañana bañan el acantilado del patio trasero del hotel Playa Azul, en su extremo izquierdo. Césped, palmas y una tupida vegetación costera cobijan la meseta.

Grises y blancos. La escarpada pared que se avista desde el hotel Pontevedra corre paralela a la playa La Meseta.


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