25/7/15

Sabana de Juan

Hace tres años, Oro y Nessa me llevaron a conocer Sabana de Juan.
No había escrito antes sobre este lugar por egoísmo. Hay sitios así, tan especiales que no quieres compartirlos con nadie.
Para que nadie los visite. Para quedarte tú solita con lo que ven tus ojos y evocar cada detalle de la misma forma en que imaginas las escenas de los libros que lees: de manera íntima y subjetiva.
Pero con la edad una se pone sensible.
Sabana de Juan es un campito del distrito municipal El Limón ubicado en la franja norte de la península de Samaná. Para conocerlo hay que llegar hasta la calle principal de la comunidad Agua Sabrosa (cinco kilómetros al este del casco urbano de El Limón) y justo cuando la calle de asfalto se convierte en camino de tierra seguir loma arriba traqueteando unos cuantos kilómetros más hasta dar con una pradera accidentada desde donde se divisa un trozo enorme del Atlántico.
Montañas, hierbas altas, pasto, matas de café, flores silvestres, mangos, el campesino y su andar, empalizadas y, en el horizonte, el azul oscuro del mar.
Es un paisaje rural completo, perfecto. Nada pretencioso.
Aunque no se ve desde lo alto, entre la loma y el océano está Morón, una de las playas dominicanas más... lindas.


21/7/15

Comate en los años 60

José Batista nos dio permiso para publicar esta foto del río Comate tomada a mediados de los 60 del siglo pasado. La idea es demostrar que el humor del cauce del río Comate varía a través del tiempo – a veces caudaloso,  a veces así y que el alarme de Yalo, aunque justificado, no es para tanto.  
Como podrás ver, la cortina de agua, como tú dices, no es una cosa del otro mundo, aunque hay que admitir que el caudal es abundante (...). El bajo caudal es algo que ha pasado en el pasado”, dice José.
Ya lo ven.

15/7/15

Pobre Comate. Sniff...

28 de junio de 2009

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9 de julio 2015

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Perdonen el alarme (ya saben que Yalo es bien dramática), pero miren cómo se notan los efectos continuos de la sequía en el balneario sobre el río Comate. La primera foto fue tomada el 28 de junio de 2009; la segunda fue tomada el pasado jueves 9 de julio. Comparen y noten cómo las cortinas de agua de los extremos de la cascada prácticamente han desaparecido. Y decimos sequía para no pecar, porque en Bayaguana saben que también es obra y gracia de la intervención humana en Sierra de Agua, la loma donde nace Comate. Snif…

11/7/15

De la colección botánica dominicana (1)

En el herbario del Instituto de Investigaciones Botánicas y Zoológicas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) una se encuentra con joyas botánicas como estas: 

Una Galactia fuertesii Urb. (leguminosa endémica de República Dominicana) colectada en marzo de 1911 por el padre Miguel Fuertes en Cabral, Barahona.
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Y una Andropogon bicornis b. (gramínea nativa de América) colectada por Eugenio de Jesús Marcano el 6 de noviembre de 1954 en La Recta de Bonao, en la carretera Duarte. 
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La reserva ecológica Padre Miguel Fuertes (donde se encuentra la loma Cachote), convertida en monumento natural en 2004, rinde honor a este investigador; y Marcano… Bueno, qué decir del profesor Marcano.

1/7/15

Mabí champagne, orgullo seibano


Yaniris López
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Si recorre 135 kilómetros desde Santo Domingo hasta Santa Cruz de El Seibo solo para conocer el secreto de la bebida que ha hecho famosa a esta ciudad del este dominicano, no tendrá éxito. Don Ovidio Otto Morales, custodio de la fórmula del mabí champagne seibano y descendiente de Tomás María Otto Duvergé (pionero en la producción del refresco en 1883), no lo revela.
Con cara bonachona recibe a los visitantes que se acercan a la casona ubicada en la calle Duvergé a saborear el refrescante líquido claro hecho a base de azúcar, agua y Bejuco de Indio fermentado. Allí continúa don Ovidio una larga tradición familiar que se acerca a los 133 años.
Los viajeros se van en elogios hacia la fría y dulce bebida que se servía caliente hasta 1912, luego de que don Tomás instalara la primera fábrica de hielo en la ciudad y en la región.
Entre trago y trago preguntan cómo lo hacen, cómo logran esa textura tan suave, ese color; cómo es el proceso de producción. Se hace con agua, azúcar y Bejuco de Indio. Esa es toda la información que obtienen de don Ovidio y de los dos dependientes.
Según las malas lenguas, es para evitar que gente de fuera copie y reproduzca la centenaria fórmula. 


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Cuando las preguntas arrecian, en el local sacan dos hojas de papel grapadas y las entregan a los clientes.
El documento trae una breve semblanza del “ilustre ciudadano Tomás María Otto Duvergé”, hijo distinguido de la ciudad. Registra el texto que Tomás nació en 1883 en Santa Cruz de El Seibo. Que su padre era de ascendencia holandesa y su madre de la provincia (sobrina del militar y prócer de la Independencia Antonio Duvergé).
Que don Tomás llevó a El Seibo el primer circo de diversiones, el primer vehículo de motor, la primera agencia de bicicletas, el primer receptor de radio, la primera vellonera y la imprenta donde se imprimió La Voz del Este. También estableció el primer restaurante (Café Ideal) y el primer teatro de la ciudad (Quisqueya).
“Por sus amplios conocimientos en electricidad y mecánica, trajo y operó durante casi toda su vida el alumbrado eléctrico de la ciudad de El Seibo, la fábrica de hielo y la producción del rico y exquisito mabí, que descubrieran sus antepasados; y además instaló una factoría para el procesamiento del arroz”.
Falleció en mayo de 1948.
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Está tan rico el mabí que el cliente pasa por alto la brevísima alusión que sobre él contiene el documento. “¿Y dónde consiguen el Bejuco de Indio, don Ovidio?, porque no negará que se trata de una planta exótica”, siguen las preguntas. Y a esto sí respondió Ovidio, diciendo que, para garantizar la materia prima del mabí, ‘cosechan’ la planta en una finquita de la familia.
 El cliente -que sabe que la colorida casona es un punto obligado en una visita a El Seibo- sucumbe ante la seguidilla que produce el mabí. Y don Ovidio lo premia con el precio. El visitante acepta pagar con cierta aprensión, asombrado de poder disfrutar a tan bajo costo de este atractivo de la ciudad.

30/6/15

“Mami, súbete el zíper” (Novela de una chica ilusa, cap. 16)

Hombres. Muchos lo hacen porque saben que una correrá a subirlo, oh vergüenza, y eso les provoca placer. Otros lo usan como ardid para que una los mire, para llamar la atención. Porque se saben ignorados y despreciables y solo de esta forma una mujer posaría en ellos los ojos cuando te dicen, al pasar: “Mami, súbete el zíper”.
Con voz libidinosa, obscena, empalagosa...
Exactamente como me lo voceó un guachi hace rato, en La 27, en plena calle, a unos diez metros de Caribe Tours, con su fusil descansando en el hombro derecho.
Yo lo miré momentáneamente porque ese es el trabajo del infame reflejo. Y vi en sus ojos de lagarto la malicia que acompañó a la frase, su morbosa insinuación. 
Le corté los ojos a sabiendas de que quería burlarse de mí, una mirada breve de vete a la mierda, imbécil; dedícate a vigilar, vago sin oficio; idiota, depravado hijo de...
En medio del insulto mental decidí que no le iba a dar el gusto de que me viera bajar los ojos y subir la mano, rata de alcantarilla, engendro de mente retorcida, degenerado, ¡estúpido! $%&#@&©!
Apresuré el paso y seguí como si nada. Ya en los escalones de la parada llena de gente (día de pago) le hice honor a la naturaleza humana: coloqué discretamente la pañoleta entre la barriga y la pelvis y miré hacia abajo solo para confirmar que, efectivamente, el zíper estaba abierto. De par en par.

27/6/15

La Cueva de los Pescadores (Pedernales)

El paraje se llama La Cueva (Cabo Rojo, Pedernales) pero todos le conocen como el Poblado Cueva de los Pescadores. Y estas son las imágenes prometidas de la cueva actualmente.
Ubicada unos 28 kilómetros al sur del centro de Pedernales, la historia que siempre nos han contado es que los pescadores se instalaron allí en la década del 60, frente al mar; se repartieron la cueva y separaron y cerraron los espacios con madera, zinc, palos y cartones. Que llegaron a ser más de 30 los inquilinos que allí vivían sin ningún tipo de servicio. Esta historia publicada por Diario Libre en 2007 les muestra cómo era la cueva y la convivencia entonces.
Aunque el ‘paisaje’ dentro y fuera de la cueva resultaba desagradable (al menos para la Yalo), el sitio se convirtió en una atracción por encontrarse frente al pequeño muelle desde donde zarpan los botes que llevan a Bahía de las Águilas y a Isla Beata.
Medio Ambiente desalojó a los pescadores en 2009, levantó a un costado varias casitas en las que viven algunos de estos y habilitó la cima del farallón como un mirador natural. A orillas de la playa funciona un comedor/restaurante/rancheta que brinda servicio a los turistas.
A veces vemos fotos tomadas en los alrededores de este rancho y en el muelle desde donde salen los botes con la etiqueta “Bahía de las Águilas”, haciendo referencia a la playa, pero es una etiqueta falsa. El rancho y el muelle se encuentran a unos 15 minutos en bote de la playa de Bahía; un largo y alto farallón los separa. Según el mapa geopolítico de Pedernales publicado por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) en sus perfiles provinciales, gran parte de la bahía (el sur) no pertenece al municipio cabecera de la provincia, Pedernales, sino a Oviedo.


Las casitas construidas para los pescadores.


22/6/15

¿Qué tiene de especial Bahía de las Águilas?


Yaniris López

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Ni una sola palmera, ni árboles frondosos ni sillones donde tomar el sol. Tampoco se ven señales de las exóticas flora y la fauna que promueven los ecologistas como símbolos del Parque Nacional Jaragua. Sólo se advierte el sol abrasante de un mediodía que se alarga hasta las 4:00 de la tarde y caminos de arena que calientan los pies e impiden caminar.
Sólo se ven cactus, árboles que dejan pasar el sol y matorrales; sólo agua salada y un silencio sepulcral apenas perturbado por el rumor de unas olas minúsculas que se niegan a echar espumas. Es más, dicen que no es una bahía, sino una gran ensenada. Y de ecoturismo ni hablar: la Secretaría de Estado de Medio Ambiente prohibió acampar en la zona el año pasado.
Entonces llegan las preguntas: ¿qué tienen esos siete kilómetros de playa que enamoran al visitante? ¿Cuáles detalles la hacen irresistible? ¿Por qué se ha convertido en el destino de moda local que todos quieren visitar y los grandes empresarios turísticos se disputan? ¿Cuáles son los encantos de Bahía de las Águilas? Un pedazo virgen, todavía...
No hace falta decir el nombre completo. En los últimos años, al mencionar la palabra bahía la mente ya no viaja al norte del país. Decir bahía hoy día significa viajar al Suroeste, a la provincia de Pedernales, a 323 kilómetros de Santo Domingo.

Para encontrarla, enclavada en el Parque Nacional Jaragua, entre Punta Chimanche y Punta Águila, hay que salir rumbo a Pedernales y, 12 kilómetros antes de llegar a la ciudad, doblar hacia Cabo Rojo. Atravesar el paisaje estepario del parque, entre matorrales y guazábaras, entre grises y verdes, es de por sí una aventura, y no por las malas condiciones del camino. Enormes cactus y arbustos bajos en los costados, tierra roja en el suelo y una franja azul que aparece a intervalos acompañan a los visitantes que consideran esa zona “hermosa”.

TURISMO. Al llegar al pequeño poblado de Las Cuevas, famoso porque sus pocos habitantes viven en las cavernas de la zona –dicen que huyéndole al sol-, varios botes esperan a los visitantes que irán por mar hasta Bahía de las Águilas. Los que decidan viajar por tierra deben hacerlo en un vehículo 4 x 4 y poner un experto al volante. Por agua, el recorrido de unos 15 minutos se hace bordeando la costa.
Los enormes farallones que se alzan en el mar -algunos parecen verdaderos conos de helado- son los primeros en pronosticar un paisaje de ensueño. El bote se detiene, los pasajeros bajan.
Ahí está Bahía, tan grande que los ojos no la pueden abarcar, confirmando por qué los turistas criollos la han bautizado como una de las playas más bellas del país.
La vista justifica el viaje. Tan claras que permiten fotografiar la sombra, sus aguas son las más transparentes del país y sus arenas las más blancas.
No hay palmeras porque el paisaje no las necesita, ni sillones de playa porque el hotel más cercano está a kilómetros de distancia.
¿Qué tiene Bahía que enamora a la gente?
Aunque difíciles de ver, según las autoridades de Medioambiente, alrededor de la bahía, formando parte de los 1,374 kilómetros cuadrados del Parque Nacional Jaragua, se esconden unas 130 especies de aves de las que 10 son endémicas, 76 residentes y 47 migratorias. En sus aguas abundan los corales, las estrellas de mar, las gorgonias Pseudoterogorgia (invertebrados marinos que parecen esqueletos de arbustos) y las praderas marinas.
Si hay suerte, es posible ver tortugas carey, pues se dice que en estas playas se encuentra el mayor anidamiento del Caribe y la mayor cantidad de careyes jóvenes del mundo. Igualmente importantes son las poblaciones de iguana rinoceronte, paloma coronita, paloma ceniza, lambíes y manatíes. Plantas endémicas como la canelilla y el guanito conviven con el guayacán, el roble, el gayuco y la guazábara.
En el Parque Jaragua, establecido en 1983, también se han encontrado importantes yacimientos arqueológicos prehispánicos que registran asentamientos indígenas. En las cavernas El Guanal, La Poza y Mongó aún se pueden ver las pictografías realizadas por los taínos.
Por su gran biodiversidad, el parque fue declarado por la Unesco Reserva de la Biosfera en el año 2002, junto con los parques Lago Enriquillo y Sierra de Bahoruco.

Y por otras razones -la belleza de los alrededores y las pocas precipitaciones- Bahía de las Águilas se debate desde hace años entre la lujuria de los grandes empresarios turísticos que desean construir infraestructuras permanentes en la zona y el celo de los grupos ecológicos que, como la Coalición para la Defensa de las Áreas Protegidas, aseguran que se trata de un ecosistema frágil “cuya conservación y uso público demanda de una visión de futuro y un alto sentido de responsabilidad ante la sociedad dominicana y ante el mundo”.
Por tratarse, además, de un área protegida, está prohibido acampar, hacer fogatas y dejar basuras entre la maleza. Por las fundas que cuelgan de los árboles y los palos secos que hay en la arena, es obvio que no todos obedecen las reglas.

EXCURSIONES. Para los que prefieren viajar solos, el alquiler de un bote desde Las Cuevas hasta Bahía de las Águilas ronda los 30 y 40 dólares para seis personas. Para los que prefieren hacerlo en grupos turísticos o en viajes privados, hay agencias que pautan periódicamente tours a Bahía de las Águilas.

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P.D.: Esta historia (con algunas fotos actualizadas) fue publicada en 2008 en LD, pero la repetimos aquí porque el lío por el caso de los terrenos en la playa está en sus buenas y tal vez quienes nunca la han visitado se pregunten qué tiene, efectivamente, de especial. Ya los pescadores no viven en la cueva, sino en casitas construidas a pocos metros por Medio Ambiente, que ya no es secretaría sino ministerio (prometo traerles fotos de cómo está el lugar ahora en la próxima entrada).
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