5/1/15

El artesano de la radiolaria

En un taller del municipio Montellano, en Puerto Plata, Aramis Ciriaco Green (Bobo) trabajó por primera vez en República Dominicana, hace 10 años, este elegante fósil

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Yaniris López
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El primer dominicano que trabajó con fines artesanales la radiolaria, Aramis Ciriaco Green (Bobo), era ya un reconocido artesano puertoplateño con más de 40 años de experiencia cuando “descubrió” la piedra en la cuenca alta del río Camú, en la cordillera Septentrional, a unos 200 metros sobre el nivel del mar.    
Era el currú (maña) de todos los días -dice a LISTÍN DIARIO- ir con los amigos al río, en la zona de Juan de Nina (Montellano), a bañarse y a jugar dómino bajo un árbol de limoncillo.  
Mientras el resto jugaba en la parte alta, Aramis se iba a la ribera del río a buscar piedrecitas de ámbar y diminutas piezas taínas que los derrumbes arrastraban al afluente.  
“Míralo cómo está, buscando diamantes”, solían decir sus amigos, y él los escuchaba abajo. Un día de 2004, su amigo Elías Campos le tiró una piedra grande desde arriba mientas le voceaba: “Aramis, agarra ese diamante”.
Al caer, la piedra rompió en dos, a su vez, otra piedra que reposaba a los pies de Bobo. La pieza rota dejó al descubierto unos extraños dibujos.
“Yo la agarré, la miré, la mojé en el agua y vi que tenía esas caritas, esos ojitos. Dije ‘mira qué interesante, parecen flores’; la eché en la mochila y seguí buscando. No sabía qué hacer con ella. Me la llevé solamente porque me llamó la atención”. 
En el taller de la joyería que instaló en los años 80 en Montellano, Bobo cortó la piedra, talló tres cauchones (piezas ovaladas) y en su próximo encuentro se la mostró a un sorprendido Elías.  Luego invitó a otros amigos artesanos a trabajar la piedra, pero ninguno tenía idea de que se trataba de radiolario. 
Con la ayuda primero de una científica rusa que laboraba para la Universidad Autónoma de Santo Domingo (que erróneamente calificó el fósil como planta marina), y luego con la asesoría de un técnico de la USAID que trabajaba entonces en el país, identificaron el fósil. 
La piedra radiolaria, aprendió Bobo, es el mineral que resulta de la petrificación del radiolario: protozoos marinos que la Real Academia Española de la Lengua (RAE) describe “de la clase de los Rizópodos, con una membrana que divide el citoplasma en dos zonas concéntricas, de las que la exterior emite seudópodos finos, largos y unidos entre sí que forman redes”.
Pueden vivir aislados, sigue la RAE, “pero a veces están reunidos en colonias y en su mayoría tienen un esqueleto formado por finísimas agujas o varillas silíceas, sueltas o articuladas entre sí”. 
Bobo dice que algunos la llaman “flor de amor” pero a él no le gusta “porque es un nombre barato”.
“Me gusta que la llamen radiolaria. Son animales uniceluluares. Están petrificados porque son de agua pero quedaron atrapados en tierra”, explica.

Una piedra común

La radiolaria tiene una dureza blanda (entre 2 y 3 en la escala de Mosh) y su color lo determina la tierra donde se compacta.  Aramis ha trabajado hasta con siete colores diferentes. El crema es el más abundante y el gris el más complicado para tallar, comenta. Y agrega que para identificar la roca sin tallar se necesita de un ojo experto porque casi siempre está cubierta de lama.  El artesano ha identificado buenas canteras en el río Camú, en la cuenca del Jamao y en los ríos de Los Haitises.
“Es una piedra común y ojalá que todos los artesanos puedan trabajarla con calidad, porque el ámbar y el larimar están ahora mismo fuera del alcance de los artesanos y esta tiene una tremenda demanda”.  Esta demanda comenzó cuando empezaron a promoverla en las ferias artesanales, con precios tan asequibles que muchos quedan sorprendidos de que piezas tan elegantes y bien trabajadas puedan adquirirse a bajo precio.
CORTE Y BRILLO. El arte de tallar la radiolaria radica en el corte y el brillo que le da el artesano. “La piedra tiene un frente y un lateral y el artesano debe saber cortarla y brillarla para hacer piezas únicas”, explica Ciriaco. Pocos dominicanos (unos cuatro) la trabajan hoy día, por eso Bobo promueve que sea declarada piedra semipreciosa para aumentar el interés de los artesanos y con ello la demanda.
“La piedra tiene un frente y un lateral y el artesano debe saber cortarla y brillarla para hacer piezas únicas”, sostiene Ciriaco.
Pocos dominicanos (unos cuatro) la trabajan hoy día, por eso Bobo promueve que sea declarada piedra semipreciosa para aumentar el interés de los artesanos y con él la demanda.
CALIDAD. En el certificado de autenticidad de la radiolaria dominicana se lee que el fósil “ha sido estudiado por geólogos de la UASD, así como por personas interesadas que han llevado muestras a Europa y EE.UU. para ser comparadas con piezas de la misma especie, determinándose que las locales poseen más dureza  y que existe una mayor variedad de colores (8) y diferencias de formas o núcleo (6)”.
PIEZAS. ¿Qué se puede elaborar con la radiolaria? Aretes, dijes, pulseras, anillos, portaservilletas. 
“Las contra-argollas de las piezas las hacemos con acero inoxidable o plata”, agrega Bobo.

30/12/14

Acampar en República Dominicana

En la montaña, a orillas del mar, sobre hierba, arena o suelo rocoso, los viajeros que disfrutan del ecoturismo prefieren vivir la experiencia cada vez más en boga de las acampadas.
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©Yaniris López para la revista RT (Resumen Turismo)
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Todas las regiones de República Dominicana ofrecen al viajero espacios idóneos para la acampada recreativa. ¿Le gusta el frío? Instale una casa de campaña a casi 3,000 metros sobre el nivel del mar y déjese envolver por el verde y la neblina de las montañas más altas del Caribe. ¿O prefiere la playa y los llanos costeros? Los hay para elegir si desea pernoctar al mejor estilo nómada.
En los ochenta y noventa, el destino favorito para acampar y disfrutar de la naturaleza era Jarabacoa. Las tiendas multicolores se instalaban en las riberas de los ríos Yaque del Norte y Jimenoa (especialmente en los alrededores de La Confluencia) y en los patios de los centros vacacionales.
A medida que el ecoturismo va entusiasmando a locales y extranjeros, nuevos ambientes han sido conquistados por los amantes de la aventura al aire libre. ¿Dónde están?

Entre montañas. En la cordillera Central, las tres excursiones de montaña más solicitadas por los campistas a lo largo del año cuentan con albergues públicos donde estos pueden hospedarse; la mayoría, sin embargo, prefiere montar una tienda y pasar la noche a ras de tierra.
Es lo que ocurre en las paradas de descanso camino al pico Duarte, en el Valle del Tetero y en el Parque Nacional Valle Nuevo.
Allí, en enclaves ubicados entre los 1,500 y 3,087 metros sobre el nivel del mar, los paisajes de pinos y pajones acompañan a los excursionistas que descansan tras largas horas de caminata entre barrancos, empinadas laderas y estrechos senderos.
Amén del contacto con la naturaleza, lo mejor de las acampadas intramontanas son esos recuerdos de experiencias vividas alrededor de una fogata que quedan registrados por siempre en la memoria.

En la playa. Hasta el 2007, cuando la entonces Secretaría de Medio Ambiente prohibió acampar sin permiso en el Parque Nacional Jaragua, Bahía de las Águilas era el escape perfecto de los campistas locales que preferían estacionarse en una zona exótica y remota.
Hoy, el destino de moda del camping en República Dominicana es también un rincón playero al que todavía no llega el agobio del turismo masivo. Bajo los cocoteros, sobre la arena o sobre un tapiz de hierba, montar tienda en playa Rincón, al oeste de Las Galeras (en la Península de Samaná), es, por mucho, una experiencia inolvidable. Como también lo es dormir a orillas del mar en Punta Rusia, al oeste de Puerto Plata, arrullados por el rumor de las olas.

Centros ecoturísticos. Casi todos los centros y hoteles ecoturísticos del país disponen de áreas para camping, muchas de ellas espacios baldíos dentro de la propiedad. Son famosas las acampadas en Rancho Baiguate (Jarabacoa), en Paraíso Caño Hondo (uno de los puntos de embarque hacia el Parque Nacional Los Haitises, en Hato Mayor), en los tradicionales campamentos de verano de Monte Plata y, en los últimos años, en el centro ecoturístico de la comunidad de Cachote, en Barahona.


Áreas protegidas. Recuerde que para acampar en las zonas protegidas necesita un permiso del Ministerio de Medio Ambiente. Este permiso se obtiene en los centros para visitantes o en las casetas de vigilancia de estas áreas naturales. La mayoría de los operadores turísticos que ofrecen excursiones de acampada tanto en espacios públicos como en centros ecoturísticos privados incluyen en sus paquetes los permisos de entrada y hospedaje y las casas de campaña.

11/12/14

¿Otoño en El Valle?

Los pajones de los prados y laderas de la región El Valle, en el Suroeste dominicano, se tornan amarillos para esta época. Se ven tan lindos/pastoriles/bucólicos/ y amarillentos que da la impresión de que, por lo menos por esos lados, sí llega el otoño. 
Así sea por dos o tres semanas. Porque dice doña Cira, vecina de Sabana Mula, al sureste de la provincia Elías Piña, que los pajones (allá le llaman “yerba de avión”) se ponen de nuevo verdes en cuanto llueve. Qué suerte poder verlos así, marrones y secos. Coincidir en su etapa triste, en su ocaso, en su degeneración… 






 

27/11/14

Ups. La flor de la caoba ya no es la flor nacional

Naturaleza 4. Serie Innova
En el libro Naturaleza 4 de la editorial Santillana Dominicana (página 26 de la serie Innova, 2014) la flor de la caoba todavía es la flor nacional. Con todo y que hace tres años y cuatro meses, el 13 de julio de 2011, fue promulgada la ley 146-11 que declara la rosa de Bayahíbe la flor nacional en sustitución de la flor de la caoba (el árbol de la caoba pasó a ser el árbol nacional).
El 'copyright' de la primera edición del libro tiene fecha 2012 (luego de promulgada la ley), con una reimpresión en 2014, es decir, este año. Tiempo de sobra para corregirlo. Hasta en la nueva familia de billetes hicieron el cambio. Es más, la foto ni siquiera muestra la flor, sino el follaje de la planta.
¿Se imaginan que en un examen le pregunten a un estudiante de cuarto de primaria cuál es la flor nacional y que él responda que es la rosa de Bayahíbe (porque su tía se la enseñó y se la mostró, ejem…) y que la profe (que a lo mejor no conoce la ley y sólo la referencia del libro de Santillana) le ponga mala nota?
Ah, y en el libro Santillana Integral 3 (ese que trae todas las asignaturas juntas), en la edición del 2013 dejaron fuera de la región Suroeste a San Cristóbal, San José de Ocoa y Peravia (ver foto). ¡Jaaaaa!
A cualquiera se le va la guagua, es verdad, pero como los libros de Santillana son tan caros (y ellos justifican el precio en la calidad del contenido), pues… eh… este… o sea... como que…
En fin…
Santillana Integral 3 (2013)

24/11/14

La playita del cayo (Samaná)

En este cayito de forma alargada terminan las escalinatas del famoso puente peatonal de Santa Bárbara de Samaná, un símbolo de esta ciudad costera dominicana construido en los años 70 del siglo pasado.
Al frondoso montículo le llaman “Cayo del puente” y a la playita que se forma en uno de sus costados, frente al puerto del centro urbano, los lugareños le dicen “La playita del cayo”.
Desde allí se obtiene una hermosa vista del puerto de Samaná a ras de agua y también del emblemático puente. Esta parte de la bahía parece un lago o, más bien, un balneario de aguas interiores de esos que aparecen en las películas románticas.
Los niños disfrutan pasear en bicicleta entre piedras y guijarros, batear piedrecitas y tirarse al agua desde los árboles y desde el muelle.
No es raro ver personas pescando con anzuelos.
Como las olas de verdad aquí solo se forman en tiempos de tormenta, la experiencia de bajar hasta la playa y zambullirse en las quietas aguas está más que recomendada para toda la familia.
Hay, además, otro atractivo que llega por sorpresa pero muy seguido. Por algún motivo científico en espera de confirmación, los viajeros fieles a los cayos de Santa Bárbara notan que esta zona de la bahía de Samaná es uno de los lugares del país donde con mayor frecuencia se forman arcoíris. Un paisaje de una belleza irresistible.


17/11/14

La flor que cambia de color a medida que avanza el día (…y la noche)

Esta hermosa Hibiscus mutabilis que plantó y cuida doña Rita (la guardiana de las frutas en extinción) en su finca tiene una ‘particular característica que la hace superespecial. Las flores, blanquísimas en la mañana, se van tornando rosadas con el paso de las horas hasta alcanzar el rosado intenso en la tarde y el rojo en la noche. 
Una piensa que debería ser al revés, por lo de la luz del Sol, ya saben. Algo así. ¿O será el cúmulo de calor lo que las hace cambiar de color?
Mi cámara ha registrado el cambio de color en varias ocasiones, pero como siempre dejamos el lugar antes de las 6:30 p.m., nunca he visto las flores de noche. Así que me traje varias semillas para fotografiar el ciclo en casa, cuando la planta crezca. 
Ah, es de la familia de las malváceas y se da espigadita y con las hojas palmeadas. Y dice doña Rita que crece rápido.
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Continuará…

10/11/14

El Bahía Príncipe San Juan no está en Puerto Plata

En asuntos geográficos no se vale mentir

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Algunos hoteles mienten sobre la ubicación exacta del lugar donde se encuentran por conveniencia, es decir, les conviene más decir que están en un lugar más famoso y accesible que en otro más lejano o menos famoso. Pero en asuntos geográficos no se vale mentir, porque es muy fácil comprobar la mentira. Algunos amigos y lectores extranjeros nos piden que les elaboremos rutas para visitar por su cuenta el país y al verificar las direcciones de los hoteles en las páginas web nos encontramos con que muchas veces sus administradores no tienen idea de la provincia o municipio donde se encuentran. O se hacen que no lo saben. Es lo que ocurre con el hotel Bahía Príncipe San Juan.
En su página web, en la pestaña de los resorts, dice que este hotel está en Puerto Plata, y así lo repiten otros sitios web, y así lo cree muchísima gente que seguro lo ha visitado. Sin embargo, el hotel está en Gaspar Hernández, provincia Espaillat (a 20 minutos del centro), y al oeste del municipio Río San Juan (a 10 minutos del centro), provincia María Trinidad Sánchez.
O sea, el hotel, ni por asomo, está en Puerto Plata. Pero claro, ¿quién conoce a Gaspar Hernández como un destino turístico? Cuando llamamos y les hicimos notar el error, nos dicen que lo venden así porque les es más conveniente. Y la Yalo, siempre entrometida, piensa: si les resulta tan fácil mentir sobre algo tan fácil de comprobar, ¿cómo saber que no lo hacen con otros aspectos del lindo resort? Con la decadencia del turismo en Puerto Plata, hasta les convendría decir que están en otro lugar. Al buscar en la página la dirección exacta del hotel (ver aquí), dice lo siguiente: Ubicado en Puerto Plata (con mapa incluido), pero con la siguiente dirección: Carretera Gaspar Hernández - Río San Juan, Km 18. República Dominicana. O sea…

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Publicado el 24 de enero de 2012 (estaba en borrador, ups). Suerte que existen los "caché"....

4/11/14

Antiguas tarjetas postales dominicanas

¿Cómo lucía el puerto de Samaná antes de la construcción de su emblemático puente? ¿Qué edificio ocupaba en 1911 el lugar donde hoy se levanta el histórico Royal Palace, en La Vega?

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Yaniris López
Santo Domingo
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El ejemplar se perfila como una obra de referencia para coleccionistas, urbanistas, sociólogos, geógrafos, antropólogos, investigadores, nostálgicos y todo aquel que busca y encuentra en el pasado motivos para regocijarse, para aprender o simplemente rememorar tiempos mejores... o peores.
Todos disfrutarán abrir “Antiguas tarjetas postales dominicanas de la colección de Miguel D. Mena” y posar la vista en sus 53 imágenes, todas fechadas antes de 1932.
El libro es publicado por la Academia Dominicana de la Historia (ADH), con edición y textos de su presidente, el economista, escritor e historiador Bernardo Vega. Las estampas visuales, escribe D. Mena en la introducción, son un asomo a los primeros tres decenios del siglo XX dominicano.
“Arte, historia, antropología, política, vida cotidiana; cada una de estas postales es ventana y puerta, puente y mirador para contemplarnos en esas esferas primeras del siglo XX”, comparte D. Mena.
¿Por qué publicarlas? Vega señala en la presentación de la obra que esta nace a partir de una conferencia ofrecida por D. Mena en la ADH (2013) en la que mostraba parte de su colección de postales dominicanas. Ante la entusiasta reacción del público, D. Mena aceptó que la Academia publicase una selección acompañadas con comentarios.
Para la selección, sigue Vega, “primó la rareza y lo inusual del tema mostrado, dando preferencia a postales de ciudades del interior del país, ya que las relativas a la ciudad de Santo Domingo son más conocidas”.

Correspondencia ilustrada
Ensayista, urbanista y editor dominicano, D. Mena hace en la introducción del libro (2014) un recorrido por la historia mundial y local de esa correspondencia ilustrada que las personas emprenderían con pasión desde finales del siglo XIX; y también hace referencia al hecho de que las fotografías e ilustraciones siempre han sido soportes, pero no testigos con voz propia de la historiografía dominicana.

“Si valiosa es la bibliografía que analiza la complejidad de la historia insular en su aspecto temporal, todavía será un reto la que valora la constitución de su paisaje -sus aspectos espaciales- (...) Esperamos que con estas imágenes de los primeros treinta años del siglo XX dominicano recuperemos referentes de este espacio insular en el que nos desenvolvemos”, expresa.

D. Mena recoge hechos tecnológicos, sociales e históricos que marcaron el auge de las tarjetas postales en República Dominicana. Resalta, por ejemplo, cómo la ocupación militar norteamericana de 1916 estimuló la impresión de las llamadas “Real Photo Postcards” de manera privada, “debido a la necesidad de comunicación e información con amigos y familiares”.

De esta forma, dice, “las postales no solo nos brindan la posibilidad de asumir visualmente nuestros paisajes de entonces, sino también que a veces se pueden constituir en verdaderos documentos históricos, al relatar pormenores de la vida cotidiana de aquellos sujetos integrados en nuestra sociedad: soldados, marines, funcionarios, familiares, turistas, científicos, políticos, etc”.

Imágenes de Santo Domingo 
y ocho provincias
¿Cómo lucía el puerto de Samaná antes de la construcción de su emblemático puente? ¿Qué edificio ocupaba en 1911 el lugar donde hoy se levanta el histórico Royal Palace, frente al parque de La Vega? ¿Cuán desolado quedó el parque Colón tras el paso del ciclón San Zenón? ¿Cómo celebró el “Tío Sam” y otros miliares en el país el fin de la Primera Guerra Mundial?
Las tarjetas postales de D. Mena responden visualmente estas preguntas. La obra contiene imágenes de San Pedro de Macorís, Montecristi, El Seybo, Santiago, La Vega, Samaná, Barahona, Puerto Plata y Santo Domingo.
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