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27/2/17

Cayo Los Pájaros en doodle por Día de la Independencia



Ese mogote que se ve en el centro del doodle que Google dedicó hoy al Día de la Independencia Nacional es el cayo de Los Pájaros, tal vez el más emblemático de los que se levantan en el área marina del Parque Nacional Los Haitises. De hecho, rodearlo despacito en bote es una de las actividades obligadas en una visita al lugar. Desde lejos se pueden ver las aves endémicas, nativas y migratorias que lo eligen para reproducirse, alimentarse o descansar. Haciendo zoom con la cámara o con un binocular se pueden distinguir tijeretas, gaviotas, pelícanos, ciguas, cuervos y muchas otras que no logro reconocer.


De todas, la que más llama la atención es el macho de la Fregata magnificens, con su bolsa gular color rojo-rosado que impresiona al visitante y que, según los guías, la usan para atraer y cortejar a las hembras. Según Wiki, ciertas aves que presentan este tipo de bolsas también las usan, además del cortejo, “para amplificar sonidos y almacenar alimentos”. Como escribimos en otra ocasión, todavía no se sabe por qué los pájaros del Parque prefieren este montículo, cuando disponen de más de 60 cayos y mogotes para disfrutar.






23/2/17

Las reinas de la carretera

Spathodea campanulata 
Dos especies de amapolas crecen en República Dominicana que, para los primeros meses del año, se convierten en las reinas de las carreteras. A orillas del camino, o salpicando de rojo y mamey los bosques cercanos y lejanos, se levantan las Spathodea campanulata (amapola, mapolo o tulipán africano) y la Erythrina poeppigiana (amapola de sombra).
La primera es un árbol originario de África que alcanza hasta 15 metros. De crecimiento rápido, sus flores, grandes y muy vistosas, son de color rojonaranja. Sobre ella escribió Marianna Zsabo en Árboles de Santo Domingo: “Es un árbol tendencialmente a invasor y de vida corta. Su madera es susceptible a la pudrición y no resiste a los vientos fuertes”. No parece, ¿verdad?
La Erythrina poeppigiana, en cambio, es una Fabaceae nativa de las Antillas Mayores, Centro y Sudamérica muy usada en el Caribe para dar sombra en las plantaciones de café. Alcanza entre 20 y 35 metros de altura y prefiere los suelos húmedos y fértiles. Sus llamativas flores tienen forma amariposada.
Erythrina poeppigiana 
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P.D.: Luego, a mediados de año, llegan ellos: los flamboyanes...

21/2/17

La casa de piedra de Ponce de León


Convertida en Museo, desde esta casona gobernó el conquistador todo el este de La Española y planeó la conquista de Puerto Rico.

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Yaniris López/LD
San Rafael del Yuma, La Altagracia
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Justo un kilómetro antes de llegar al centro de San Rafael del Yuma, a un costado de la avenida Libertad, se levanta solitaria y al mismo tiempo imponente la casa de piedra de Juan Ponce de León.
Es un museo, un fuerte y una vivienda construida como residencia del conquistador español y pacificador del entonces muy rebelde cacicazgo de Higüey, que gobernaba el cacique Cayacoa.
Entre los gruesos muros de la restaurada casona fueron planeadas, como registra el investigador dominicano Emile de Boyrie de Moya, las tres expediciones más destacadas, significativas y decisivas en la vida de Ponce: “La del año 1508 en que partió a la conquista de Borinquen (Puerto Rico); la del año 1513 en que levantó en su fondeadero higüeyano el acta notarial de su partida desde aquel puerto de Yuma en pos del descubrimiento de La Florida, y la de su gesta sin retorno del 1521”.
Rescatada de sus ruinas, esta señorial casa de piedra es, según De Boyrie, una reliquia arquitectónica de la Época de la Conquista.
El museo complementa como destino cultural las atracciones naturales del municipio de San Rafael Yuma, incluyendo las convocadas costas de sus distritos municipales: Bayahíbe y Boca de Yuma.
La frescura del patio y el silencio de los alrededores invitan a una placentera caminata o al disfrute de un picnic sobre la grama o en los bancos del gazebo.

Una reliquia arquitectónica
En 2010, a propósito de la restauración y relanzamiento del museo, el Ministerio de Cultura reeditó el documento “La casa de piedra de Ponce de León en Higüey”, del investigador, ingeniero civil, arqueólogo y escritor Emile de Boyrie de Moya.
El documento había sido publicado en 1964 por la Academia Dominicana de la Historia. Un año antes, el 27 de febrero de 1963, San Rafael del Yuma, el lugar donde se encuentra la edificación, fue elevado a la categoría de municipio. Sobre la casona, De Boyrie de Moya dice que se trata de una reliquia arquitectónica de la época de la Conquista y de los años medios (1505-1506) de la gobernación de Nicolás de Ovando.
Dice, también, que “más que una casa para morada fue una verdadera fortificación de gruesos muros, con medievales ventanas en aspilleras, portal único y secreto túnel de escape, lo que se construyó en aquella remota, fresca y feraz llanada de la margen derecha del Duey”.
De los detalles, y basados en estudios planimétricos de las ruinas, De Boyrie resalta que constaba de dos plantas, de 3.60 metros de altura cada una, con muros de 1.35 metros de espesor en la planta baja y de 0.70 metros de espesor en la segunda”.


Una sola puerta, un portal de frontón adovelado enmarcado en el exterior con piedra de cantería, la presencia sistemática de piedra de sillería y estrechas aspilleras caracterizaban el fortín.
Del túnel no hay rastros, pero registra el escritor que las informaciones al respecto indicaban que su interior estaba reforzado con ladrillos, “que conectaba el interior del castillo con la ribera del río Duey o Yuma que, con elevados barrancales, pasa a unos doscientos metros al Este de las ruinas”.
¿Por qué no hay rastros? “Añadieron estos informantes que gentes de la región habían estado sacando, por espacio de varios años, muchos centenares de ladrillos por la boca del túnel disimulada en la margen del río y que aquel extremo subterráneo, así privado de su entibación, había sufrido derrumbes, y había sido finalmente obliterado por las crecientes del río”, escribe uno de los pioneros de la arqueología dominicana, fallecido en 1967.


Para apreciar la historia
Desde este fuerte de 23 pies de altura gobernó Ponce de León todo el este de La Española durante cuatro años. En la casa se exhibe mobiliario, piezas y utensilios del siglo XVI. Algunos son auténticos, dice el guía; otras, réplicas. Pancartas en inglés y español explican a los visitantes la historia de Ponce y los orígenes del lugar.
Se lee, en una de ellas, que el español llegó al Nuevo Mundo a las actuales Turcas y Caicos, pero que pronto se instaló en La Hispaniola; que colaboró “en la conquista del pueblo taíno”, en la zona oriental de la isla, y que en 1508 ayudó a fundar La Hispaniola.
“Por dicha participación fue recompensado con el cargo de gobernador de la recién creada provincia de Higüey”. En esta estancia escuchó de las riquezas que había en la isla que llamaban Borinquen y a partir de ese momento, sigue el texto, “concentró todos sus empeños en poder acudir a ese sitio, siéndole concedido posteriormente el permiso necesario”.
En 1508 fundó el primer asentamiento en Puerto Rico, en Caparra, actual San Juan, y en 1509 fue nombrado gobernador de esta isla.


DE INTERÉS
Horario. La casa-museo permanece abierta de martes a domingo de 9:00 de la mañana a 5:00 de la tarde. Entrada. Adultos: 50 pesos; niños: 10. El pago se realiza directamente en el museo. Hay personal permanente para atender a los visitantes. Información. La dirección del Museo Alcázar de Colón, en Santo Domingo, también se encarga de la administración de la Casa Museo Ponce de León. Su número: 809.682.4750.


Sobre Ponce. “Escudero de escasos recursos económicos en su juventud, pero reputado hidalgo y soldado que había tomado armas en las guerras de la reconquista de Granada” (E. de Moya), Ponce de León llegó a las Indias Occidentales en el segundo viaje de Cristóbal Colón, en 1493.

10/2/17

¿Qué hervía dentro de la funda?


No pregunté por vergüenza. El año pasado, cuando regresábamos de una visita a Cotuí, nos paramos en El Tocao, el lugar donde, dicen, hacen las mejores frituras del Cibao. En el patio de una de las casas vi este fogón y no me atreví a preguntar qué cosa había en la funda que ven dentro del caldero, hirviendo como un vívere o un pedazo de carne más. En realidad le temía a la respuesta, o a que me dijeran que no me importaba, que qué entrometida era. Pero sí quería saber. A lo mejor es que alguna de las carnes hay que hervirla así, a lo mejor es una forma de cocinar, a lo mejor aprovecharon para hervir otra cosa. Ahora, ¿se hierven igual las cosas si las pones dentro de una funda plástica? ¿No le transmitirá el plástico algún componente químico peligroso a lo que hay dentro? En fin…

2/2/17

En la cueva de Chicho

Es un paseo corto al este de Bayahíbe, al final del sendero que ocupa el extremo noroeste del Parque Nacional del Este. ¿El reto? Llegar frente al espejo del lago subterráneo

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Yaniris López
Bayahíbe, La Altagracia
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Al final del sendero ecoturístico Padre Nuestro, bajo una enorme loza de roca caliza de origen coralino, están las cuevas de Chicho I y II. El acceso a la primera está restringido para el público, así que doblaremos a la derecha, hasta la segunda.
Para llegar al hueco que da acceso al manantial hay que recorrer a pie o a caballo 1.9 kilómetros de los primeros metros verdes del Parque Nacional del Este, un camino blanco donde reinan los cactus gigantes, el guayacán, los cambrones, la guáyiga y las suculentas. Y luego bajar, bajar…
Unos tres kilómetros separan la cueva del centro de Bayahíbe, en San Rafael del Yuma, al suroeste de la provincia La Altagracia y en el extremo noroeste del parque.
Es un paseo corto. Una vez en la plataforma sedimentaria, bajas dos o tres escalones que conducen a la espesa entrada de la galería, lees en un quiosco algunas notas e instrucciones sobre el lugar, caminas otros metros y comienzas a descender una empinada escalera de piedra que conduce al estómago de la galería, una caverna de techo alto donde descansan las aguas transparentes de un lago subterráneo.
Mientras avanzas atrás va quedando, cada vez más pequeña, la apertura de la entrada y única claridad que alivia la sensación de desamparo que reina en las oscuras cavernas que todavía se conservan algo vírgenes para la exploración.
Son menos de 50 metros inclinados en vertical con algunos desniveles, se anima el espíritu. Y se trata de una de las cuevas más famosas de las muchas ubicadas en el hoy llamado Parque Nacional Cotubanamá...

¿Qué ver? Huele a humedad. Las gradas de piedra se ven resbaladizas. Los murciélagos (Artibeus jamaicensis), que al parecer le perdieron el miedo a la presencia humana, cuelgan de las raíces junto a las estalactitas y petroglifos y no huyen cuando los flashes de las cámaras alumbran su entorno y estorban su siesta diurna. Se han registrado 26 petroglifos en los primeros metros de la cueva de Chicho II, se lee en el cartel de la entrada.
Allí aparecen las caritas talladas por los primeros pobladores de la isla, unas riendo, otras con expresión de asombro o gesto inescrutable. Hay piedras anchas cubiertas de musgo y varias estalactitas y estalagmitas que llegan a formar columnas.
Al final del recorrido, aparece una especie de estrado para que el viajero se detenga y contemple desde allí las aguas transparentes del embalse. Debido a que se han encontrado bacterias en el agua superficial del pozo, no es recomendable el baño.

¿Logran verlo? Los murciélagos cuelgan junto a las estalactitas y los petroglifos de la caverna.
¿Qué sigue, entonces? Confirmar al menos con las manos la temperatura del agua, tomarse una foto, subir a la superficie y disponerse a disfrutar de toda la diversidad que ofrece el karso de Bayahíbe en el Sendero Ecoturístico Padre Nuestro.
Afuera hay culebras. Y avispas. En compensación, el paisaje conservado de una zona protegida de ocho kilómetros cuadrados. Si te armas de paciencia y de una cámara podrías incluso conocer y tomarle fotos a la lechuza cara ceniza (Tyto glaucops), una de las aves (endémica de La Española) que habitan en la zona.

Esa claridad es como se ve la entrada a medida que avanzas...

Sobre el sendero 
Al lugar se le dio importancia ecoturística y arqueológica a partir del 2002 gracias a la intervención de varias instituciones, entre ellas la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Asociación de Guías de Padre Nuestro y la Asociación de Hoteles La Romana-Bayahíbe (AHRB).
Ese año, los 8 kilómetros cuadrados del sector Padre Nuestro fueron incluidos dentro del Parque Nacional del Este y comenzó a gestarse “la ruta eco-arqueológica y turística de Padre Nuestro”.
El sendero, abierto por primera vez al público en 2008, fue cerrado en marzo en 2009 y reabierto en enero de 2010. Este último año, estas instituciones elaboraron el “Análisis de sitio y recomendaciones para el desarrollo ecoturístico del sendero Padre Nuestro”.


Según la publicación, “a pesar de su relativamente pequeño tamaño (813 ha), el área de Padre Nuestro es de vital importancia para la sobrevivencia de la zona, ya que aquí se concentra en manantiales el agua procedente de la infiltración en un área total aproximada de 71 kilómetros cuadrados. A pesar de que los asentamientos humanos sin condiciones sanitarias adecuadas, la deforestación e introducción de plantas y animales domésticos tuvieron impactos negativos significativos sobre el área y sus recursos naturales durante las tres últimas décadas del siglo XX; después de la reubicación de las 183 familias que poblaban el lugar, entre 1998 y 2004, ahora el entorno muestra señales positivas de recuperación, aunque algunos problemas persisten”.
Desde entonces se trabaja para desarrollar Padre Nuestro “como un modelo de gestión participativa, que permita preservar los recursos naturales y culturales”.
 En 2013 se firmó un acuerdo de cogestión entre el Ministerio de Medio Ambiente y la Asociación de Hoteles La Romana-Bayahíbe.

DE INTERÉS 

Valor.
El yacimiento hídrico que abarca toda la zona de Padre Nuestro, de unos 8 kilómetros cuadrados, abastece a la comunidad de Bayahíbe y las estructuras turísticas de los alrededores.

Para llegar.
Tome la Autopista del Coral y luego la carretera que conduce a Bayahíbe. El camino que lleva al sendero se encuentra a unos 400 metros antes de llegar al pueblo, sin embargo, deberá llegar hasta Bayahíbe para pagar la entrada en la caseta de Medio Ambiente (las visitas todavía no son suficientes para garantizar la sostenibilidad y pagar en la entrada del proyecto). Una vez en el pueblo, siga la carretera ubicada en la parada Bayahíbe-Benedicto-Higüey para regresar otra vez a la entrada del sendero.

Recomendaciones.
Usar calzados cerrados, repelente y protector solar. Si desea hacer una visita educativa, coordine a través de la AHRB o Medio Ambiente.

Ubicación del sendero Padre Nuestro y de la Cueva de Chicho al (nor)este del centro de Bayahíbe.
Una vez sean ejecutadas las recomendaciones contempladas en el “Análisis de sitio y recomendaciones para el desarrollo ecoturístico del sendero Padre Nuestro”, así quedaría apta para las visitas la cueva de Chicho II. La publicación, donde aparece este bosquejo, está disponible en línea.

12/1/17

Punta Balandra, para ver a las jorobadas desde tierra


En la punta de este saliente fue inaugurado, en 2011, el primer observatorio terrestre de ballenas jorobadas en la bahía de Samaná. Como cada año, entre diciembre y marzo, los cetáceos llegan a las aguas cálidas del Atlántico para reproducirse y aparearse, ofreciendo un espectáculo que atrae a locales y extranjeros.
Punta Balandra está ubicada a unos 14 kilómetros del centro de Santa Bárbara, tomando la carretera Samaná- Las Galeras.

¿Por qué lo construyeron allí? Porque, como escribimos en ocasión de su inauguración, se estima que el 80 por ciento de las ballenas que nos visitan ha sido visto en sus alrededores.
Además de observar a las jorobadas, el lugar es perfecto para tomar fotos del litoral sur de la península, tanto desde la punta como a lo largo del estrecho camino de tierra que conduce a ella.


La temporada de observación de ballenas jorobadas en República Dominicana inició formalmente ayer. El año pasado, alrededor de 55,000 personas vivieron la experiencia en las costas de Samaná, El Seibo, Hato Mayor y María Trinidad Sánchez.




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