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21/2/17

La casa de piedra de Ponce de León


Convertida en Museo, desde esta casona gobernó el conquistador todo el este de La Española y planeó la conquista de Puerto Rico.

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Yaniris López/LD
San Rafael del Yuma, La Altagracia
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Justo un kilómetro antes de llegar al centro de San Rafael del Yuma, a un costado de la avenida Libertad, se levanta solitaria y al mismo tiempo imponente la casa de piedra de Juan Ponce de León.
Es un museo, un fuerte y una vivienda construida como residencia del conquistador español y pacificador del entonces muy rebelde cacicazgo de Higüey, que gobernaba el cacique Cayacoa.
Entre los gruesos muros de la restaurada casona fueron planeadas, como registra el investigador dominicano Emile de Boyrie de Moya, las tres expediciones más destacadas, significativas y decisivas en la vida de Ponce: “La del año 1508 en que partió a la conquista de Borinquen (Puerto Rico); la del año 1513 en que levantó en su fondeadero higüeyano el acta notarial de su partida desde aquel puerto de Yuma en pos del descubrimiento de La Florida, y la de su gesta sin retorno del 1521”.
Rescatada de sus ruinas, esta señorial casa de piedra es, según De Boyrie, una reliquia arquitectónica de la Época de la Conquista.
El museo complementa como destino cultural las atracciones naturales del municipio de San Rafael Yuma, incluyendo las convocadas costas de sus distritos municipales: Bayahíbe y Boca de Yuma.
La frescura del patio y el silencio de los alrededores invitan a una placentera caminata o al disfrute de un picnic sobre la grama o en los bancos del gazebo.

Una reliquia arquitectónica
En 2010, a propósito de la restauración y relanzamiento del museo, el Ministerio de Cultura reeditó el documento “La casa de piedra de Ponce de León en Higüey”, del investigador, ingeniero civil, arqueólogo y escritor Emile de Boyrie de Moya.
El documento había sido publicado en 1964 por la Academia Dominicana de la Historia. Un año antes, el 27 de febrero de 1963, San Rafael del Yuma, el lugar donde se encuentra la edificación, fue elevado a la categoría de municipio. Sobre la casona, De Boyrie de Moya dice que se trata de una reliquia arquitectónica de la época de la Conquista y de los años medios (1505-1506) de la gobernación de Nicolás de Ovando.
Dice, también, que “más que una casa para morada fue una verdadera fortificación de gruesos muros, con medievales ventanas en aspilleras, portal único y secreto túnel de escape, lo que se construyó en aquella remota, fresca y feraz llanada de la margen derecha del Duey”.
De los detalles, y basados en estudios planimétricos de las ruinas, De Boyrie resalta que constaba de dos plantas, de 3.60 metros de altura cada una, con muros de 1.35 metros de espesor en la planta baja y de 0.70 metros de espesor en la segunda”.


Una sola puerta, un portal de frontón adovelado enmarcado en el exterior con piedra de cantería, la presencia sistemática de piedra de sillería y estrechas aspilleras caracterizaban el fortín.
Del túnel no hay rastros, pero registra el escritor que las informaciones al respecto indicaban que su interior estaba reforzado con ladrillos, “que conectaba el interior del castillo con la ribera del río Duey o Yuma que, con elevados barrancales, pasa a unos doscientos metros al Este de las ruinas”.
¿Por qué no hay rastros? “Añadieron estos informantes que gentes de la región habían estado sacando, por espacio de varios años, muchos centenares de ladrillos por la boca del túnel disimulada en la margen del río y que aquel extremo subterráneo, así privado de su entibación, había sufrido derrumbes, y había sido finalmente obliterado por las crecientes del río”, escribe uno de los pioneros de la arqueología dominicana, fallecido en 1967.


Para apreciar la historia
Desde este fuerte de 23 pies de altura gobernó Ponce de León todo el este de La Española durante cuatro años. En la casa se exhibe mobiliario, piezas y utensilios del siglo XVI. Algunos son auténticos, dice el guía; otras, réplicas. Pancartas en inglés y español explican a los visitantes la historia de Ponce y los orígenes del lugar.
Se lee, en una de ellas, que el español llegó al Nuevo Mundo a las actuales Turcas y Caicos, pero que pronto se instaló en La Hispaniola; que colaboró “en la conquista del pueblo taíno”, en la zona oriental de la isla, y que en 1508 ayudó a fundar La Hispaniola.
“Por dicha participación fue recompensado con el cargo de gobernador de la recién creada provincia de Higüey”. En esta estancia escuchó de las riquezas que había en la isla que llamaban Borinquen y a partir de ese momento, sigue el texto, “concentró todos sus empeños en poder acudir a ese sitio, siéndole concedido posteriormente el permiso necesario”.
En 1508 fundó el primer asentamiento en Puerto Rico, en Caparra, actual San Juan, y en 1509 fue nombrado gobernador de esta isla.


DE INTERÉS
Horario. La casa-museo permanece abierta de martes a domingo de 9:00 de la mañana a 5:00 de la tarde. Entrada. Adultos: 50 pesos; niños: 10. El pago se realiza directamente en el museo. Hay personal permanente para atender a los visitantes. Información. La dirección del Museo Alcázar de Colón, en Santo Domingo, también se encarga de la administración de la Casa Museo Ponce de León. Su número: 809.682.4750.


Sobre Ponce. “Escudero de escasos recursos económicos en su juventud, pero reputado hidalgo y soldado que había tomado armas en las guerras de la reconquista de Granada” (E. de Moya), Ponce de León llegó a las Indias Occidentales en el segundo viaje de Cristóbal Colón, en 1493.

10/2/17

¿Qué hervía dentro de la funda?


No pregunté por vergüenza. El año pasado, cuando regresábamos de una visita a Cotuí, nos paramos en El Tocao, el lugar donde, dicen, hacen las mejores frituras del Cibao. En el patio de una de las casas vi este fogón y no me atreví a preguntar qué cosa había en la funda que ven dentro del caldero, hirviendo como un vívere o un pedazo de carne más. En realidad le temía a la respuesta, o a que me dijeran que no me importaba, que qué entrometida era. Pero sí quería saber. A lo mejor es que alguna de las carnes hay que hervirla así, a lo mejor es una forma de cocinar, a lo mejor aprovecharon para hervir otra cosa. Ahora, ¿se hierven igual las cosas si las pones dentro de una funda plástica? ¿No le transmitirá el plástico algún componente químico peligroso a lo que hay dentro? En fin…

2/2/17

En la cueva de Chicho

Es un paseo corto al este de Bayahíbe, al final del sendero que ocupa el extremo noroeste del Parque Nacional del Este. ¿El reto? Llegar frente al espejo del lago subterráneo

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Yaniris López
Bayahíbe, La Altagracia
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Al final del sendero ecoturístico Padre Nuestro, bajo una enorme loza de roca caliza de origen coralino, están las cuevas de Chicho I y II. El acceso a la primera está restringido para el público, así que doblaremos a la derecha, hasta la segunda.
Para llegar al hueco que da acceso al manantial hay que recorrer a pie o a caballo 1.9 kilómetros de los primeros metros verdes del Parque Nacional del Este, un camino blanco donde reinan los cactus gigantes, el guayacán, los cambrones, la guáyiga y las suculentas. Y luego bajar, bajar…
Unos tres kilómetros separan la cueva del centro de Bayahíbe, en San Rafael del Yuma, al suroeste de la provincia La Altagracia y en el extremo noroeste del parque.
Es un paseo corto. Una vez en la plataforma sedimentaria, bajas dos o tres escalones que conducen a la espesa entrada de la galería, lees en un quiosco algunas notas e instrucciones sobre el lugar, caminas otros metros y comienzas a descender una empinada escalera de piedra que conduce al estómago de la galería, una caverna de techo alto donde descansan las aguas transparentes de un lago subterráneo.
Mientras avanzas atrás va quedando, cada vez más pequeña, la apertura de la entrada y única claridad que alivia la sensación de desamparo que reina en las oscuras cavernas que todavía se conservan algo vírgenes para la exploración.
Son menos de 50 metros inclinados en vertical con algunos desniveles, se anima el espíritu. Y se trata de una de las cuevas más famosas de las muchas ubicadas en el hoy llamado Parque Nacional Cotubanamá...

¿Qué ver? Huele a humedad. Las gradas de piedra se ven resbaladizas. Los murciélagos (Artibeus jamaicensis), que al parecer le perdieron el miedo a la presencia humana, cuelgan de las raíces junto a las estalactitas y petroglifos y no huyen cuando los flashes de las cámaras alumbran su entorno y estorban su siesta diurna. Se han registrado 26 petroglifos en los primeros metros de la cueva de Chicho II, se lee en el cartel de la entrada.
Allí aparecen las caritas talladas por los primeros pobladores de la isla, unas riendo, otras con expresión de asombro o gesto inescrutable. Hay piedras anchas cubiertas de musgo y varias estalactitas y estalagmitas que llegan a formar columnas.
Al final del recorrido, aparece una especie de estrado para que el viajero se detenga y contemple desde allí las aguas transparentes del embalse. Debido a que se han encontrado bacterias en el agua superficial del pozo, no es recomendable el baño.

¿Logran verlo? Los murciélagos cuelgan junto a las estalactitas y los petroglifos de la caverna.
¿Qué sigue, entonces? Confirmar al menos con las manos la temperatura del agua, tomarse una foto, subir a la superficie y disponerse a disfrutar de toda la diversidad que ofrece el karso de Bayahíbe en el Sendero Ecoturístico Padre Nuestro.
Afuera hay culebras. Y avispas. En compensación, el paisaje conservado de una zona protegida de ocho kilómetros cuadrados. Si te armas de paciencia y de una cámara podrías incluso conocer y tomarle fotos a la lechuza cara ceniza (Tyto glaucops), una de las aves (endémica de La Española) que habitan en la zona.

Esa claridad es como se ve la entrada a medida que avanzas...

Sobre el sendero 
Al lugar se le dio importancia ecoturística y arqueológica a partir del 2002 gracias a la intervención de varias instituciones, entre ellas la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Asociación de Guías de Padre Nuestro y la Asociación de Hoteles La Romana-Bayahíbe (AHRB).
Ese año, los 8 kilómetros cuadrados del sector Padre Nuestro fueron incluidos dentro del Parque Nacional del Este y comenzó a gestarse “la ruta eco-arqueológica y turística de Padre Nuestro”.
El sendero, abierto por primera vez al público en 2008, fue cerrado en marzo en 2009 y reabierto en enero de 2010. Este último año, estas instituciones elaboraron el “Análisis de sitio y recomendaciones para el desarrollo ecoturístico del sendero Padre Nuestro”.


Según la publicación, “a pesar de su relativamente pequeño tamaño (813 ha), el área de Padre Nuestro es de vital importancia para la sobrevivencia de la zona, ya que aquí se concentra en manantiales el agua procedente de la infiltración en un área total aproximada de 71 kilómetros cuadrados. A pesar de que los asentamientos humanos sin condiciones sanitarias adecuadas, la deforestación e introducción de plantas y animales domésticos tuvieron impactos negativos significativos sobre el área y sus recursos naturales durante las tres últimas décadas del siglo XX; después de la reubicación de las 183 familias que poblaban el lugar, entre 1998 y 2004, ahora el entorno muestra señales positivas de recuperación, aunque algunos problemas persisten”.
Desde entonces se trabaja para desarrollar Padre Nuestro “como un modelo de gestión participativa, que permita preservar los recursos naturales y culturales”.
 En 2013 se firmó un acuerdo de cogestión entre el Ministerio de Medio Ambiente y la Asociación de Hoteles La Romana-Bayahíbe.

DE INTERÉS 

Valor.
El yacimiento hídrico que abarca toda la zona de Padre Nuestro, de unos 8 kilómetros cuadrados, abastece a la comunidad de Bayahíbe y las estructuras turísticas de los alrededores.

Para llegar.
Tome la Autopista del Coral y luego la carretera que conduce a Bayahíbe. El camino que lleva al sendero se encuentra a unos 400 metros antes de llegar al pueblo, sin embargo, deberá llegar hasta Bayahíbe para pagar la entrada en la caseta de Medio Ambiente (las visitas todavía no son suficientes para garantizar la sostenibilidad y pagar en la entrada del proyecto). Una vez en el pueblo, siga la carretera ubicada en la parada Bayahíbe-Benedicto-Higüey para regresar otra vez a la entrada del sendero.

Recomendaciones.
Usar calzados cerrados, repelente y protector solar. Si desea hacer una visita educativa, coordine a través de la AHRB o Medio Ambiente.

Ubicación del sendero Padre Nuestro y de la Cueva de Chicho al (nor)este del centro de Bayahíbe.
Una vez sean ejecutadas las recomendaciones contempladas en el “Análisis de sitio y recomendaciones para el desarrollo ecoturístico del sendero Padre Nuestro”, así quedaría apta para las visitas la cueva de Chicho II. La publicación, donde aparece este bosquejo, está disponible en línea.

12/1/17

Punta Balandra, para ver a las jorobadas desde tierra


En la punta de este saliente fue inaugurado, en 2011, el primer observatorio terrestre de ballenas jorobadas en la bahía de Samaná. Como cada año, entre diciembre y marzo, los cetáceos llegan a las aguas cálidas del Atlántico para reproducirse y aparearse, ofreciendo un espectáculo que atrae a locales y extranjeros.
Punta Balandra está ubicada a unos 14 kilómetros del centro de Santa Bárbara, tomando la carretera Samaná- Las Galeras.

¿Por qué lo construyeron allí? Porque, como escribimos en ocasión de su inauguración, se estima que el 80 por ciento de las ballenas que nos visitan ha sido visto en sus alrededores.
Además de observar a las jorobadas, el lugar es perfecto para tomar fotos del litoral sur de la península, tanto desde la punta como a lo largo del estrecho camino de tierra que conduce a ella.


La temporada de observación de ballenas jorobadas en República Dominicana inició formalmente ayer. El año pasado, alrededor de 55,000 personas vivieron la experiencia en las costas de Samaná, El Seibo, Hato Mayor y María Trinidad Sánchez.




5/1/17

Arte compartido: hombre y vacas


“Lamedoras de diamantes”. Esta es la propuesta del artista visual Ernesto Rodríguez para el 26 Concurso de Arte Eduardo León Jimenes (Centro León, Santiago).
El artista, dice el texto que escribimos para Listín Diario, “tomó seis bloques de sal de mina, los esculpió con formas de diamantes ¡y se los dio a lamer a las vacas! ¿Su explicación? Resaltar la relación ancestral del hombre con los animales”. (¿?)
El jurado consideró que su obra “es un giro refrescante y sorpresivo en el que invita a disfrutar de una instalación escultórica procesual integrando un interesante elemento colaborativo: las vacas”.
¿Arte compartido? Por qué no. Al final tiene más mérito el trabajo de las vacas, que imprimieron en los diamantes los surcos y huecos -¿logran verlos?- que confirman su intervención en la obra y justifican la elección de la pieza, que el trabajo de Ernesto, que por ser artista le resulta fácil esculpir la sal de mina.
Ahora, si Ernesto gana el concurso (los ganadores serán dados a conocer el próximo 19 de enero a las 7:00 de la noche en el Centro León), ¿debería compartir el premio con las vacas? Abur.


Este sol tropical...


“…este sol tropical, que es ideal, cantado por los poetas, pero terrible cuando se le soporta de lleno”.
(Over, Ramón Marrero Aristy)

2/1/17

Diez años ya… (Monumento al ego 27)

Yalo en La Cortina, Jarabacoa.
Cómo pasa el tiempo. Con las prisas de fin de año olvidé contarles que el mes pasado Ningún lugar está lejos… en RD cumplió 10 años de andanza virtual. Diez años ya siendo el refugio receptor de esos lugares muy o poco conocidos de República Dominicana donde nos perdemos de vez en cuando.
La complicidad que inició el 5 de diciembre de 2006, con la crónica de un viaje subestimado al pico Duarte, se resume en 677 entradas publicadas y 2,451 comentarios compartidos.
Según Blogger, las entradas más populares han sido La casa de Tarzán (Barahona, con 25,724 visitas), De qué están hechas las gomitas (con 25,131) y Juan Dolio sin gente (San Pedro de Macorís, con 23,858). La entrada más comentada ha sido ¡Vi un jurón! (48), ¿la recuerdan?
El blog se dio a conocer en 2008 gracias a Remo (Remolacha.net), que enlazó la nota sobre el nacimiento de tortugas carey en la playa de Güibia.  Ya pasamos por mucho el millón de visitas (algo genial, porque nunca tuvimos grandes pretensiones).

¿Qué decirles que no sepan? Que el amor por la monteadera comenzó hace mucho, entre 1982 y 1983, cuando en el Hogar Escuela La Milagrosa de Moca (monjas, internado) nos llevaron a conocer el Monte de Oración, en San Víctor (Espaillat), y luego la playa Cofresí (Puerto Plata). Y que recuerdo todas las sensaciones que experimenté entonces al ver la naturaleza en su estado puro, y que si no fuera porque apenas comenzaba a aprender a leer y escribir, las habría dejado plasmadas en algún lugar.
Y que las vivencias nunca han parado, porque a partir de 1984, en las Aldeas SOS, la buena conducta y las buenas calificaciones eran premiadas con viajes ecoturísticos y culturales. Y como Yalo siempre se portó bien y sacaba muy buenas notas (ejem), le tocó conocer prácticamente toda la isla siendo muy chica. Sí, toda la isla. De hecho, la primera montaña que escalé, a mano pelá, fue el monte La Ferrière (La Citadelle, Cabo Haitiano, Haití).


Los veranos nos íbamos de campamento (Monción, Jarabacoa, Constanza, Hainamosa cuando era monte…). Conocimos el lago Enriquillo cuando los cocodrilos salían a tomar el sol y se nos permitía acercarnos un poquito, para luego salir corriendo ante el menor movimiento. Nos tocó dormir a orillas de La Confluencia (Jimenoa y Jaque del Norte) cuando eran ríos de verdad, y ‘marotear’ guayabas y naranjas en verdaderos bosques. Cocinamos a orillas de Masipedro; nos tiramos de cascadas que no recordamos el nombre.
Cuánto sol acumulado en la piel… Cuánto lodo en los caminos de Benedicto (La Romana). Cuántas patadas de caballo recibidas por querer ser ‘simpática’. Cuántas caídas en cuevas y orillas de ríos…
¿Y por qué un blog? Antes de 2006 creamos la página ViveDominicana para publicar fotos y crónicas viajeras, pero, por asuntos de manejo, decidimos que era más fácil un blog. Nunca pusimos la página en línea y dejamos perder el dominio.

Pero no nos arrepentimos. Escribir y compartir fotos por aquí es lo máximo. De vez en cuando, incluso, me gusta el blog. En esas ocasiones pienso que, si no lo administrara yo, sentiría mucha envidia de la persona que lo hace (doble monumento al ego, ¡jaaaaaa!).
Dice un amigo muy querido, también bloguero, que “las redes sociales han matado los blogs”. En cierta forma es verdad. Ya no existe ese anillo palaciego de amigos lectores que comentaba por placer y, aunque la gente sigue entrando y las visitas siguen creciendo, no es lo mismo. Se nos cuestiona la poca presencia en las redes, el poco interés en la parte comercial, el poco afán en promovernos como figuras, como marca.
Poca gente entiende que a los monteros de verdad solo les interesa el monte, la naturaleza… Y que si una decide compartir muchas cosas es porque nos da apuros que se queden guardadas por ahí, sin que otros las disfruten. Na, como le dije a mi amigo: sigamos alimentando eso que nos hace felices, aunque solo nos leamos nosotros. Gracias a los que siguen ahí… 

8/12/16

Parque Eugenio María de Hostos. ¿Y si lo usamos como antes?

Inaugurado el 26 de diciembre de 1937 (obra del arquitecto Guillermo González), el parque infantil Ramfis (hoy Eugenio María de Hostos) fue y sigue siendo lo más parecido a un parque europeo de esos donde la gente no solo va a sentarse y conversar. Hasta choca un poco ver, en las imágenes de los años 40 y 50, cómo la gente se tiraba a la fuente, nadaba y disfrutaba de (seguro) un refrescante baño. Justo como se hace en muchas ciudades del mundo en época de calor. Remodelado hace unos años, la fuente sigue ahí. La alcaldía mantiene el área limpia y acondicionada. Los árboles ofrecen una frondosa sombra. Entonces…

Yalo: ¿Qué nos impide utilizarlo como antes? ¿Qué harán los vigilantes si ven de repente que un chico se tira al agua, que una chica se sienta en el borde y refresca sus pies dentro de la fontana?

Angelito del lado izquierdo:
Cogerían el lugar de relajo y no cabría un alma a cualquier hora del día. La gente se tiraría con todo y ropa y no respetaría las normas de higiene y cuidado. Se instalarían vendedores ambulantes en las aceras y en cualquier lugar del parque. La zona se “arrabalizaría”. Ya no sería un parque, si no un balneario. Y un largo etcétera de probables malas prácticas…




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