30/4/12

Federico Jovine sigue "soñando el Everest"

"Soñando el Everest", el diario de un dominicano a la montaña más alta del mundo, es el título del último libro del poeta, abogado y montañista.

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Yaniris López
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Coronar el Everest y ondear en su cima, a 8,848 metros sobre el nivel del mar, la bandera dominicana era la meta de un anhelado sueño que Federico Jovine Rijo, Iván Gómez y Karim Mella comenzaron a hacer realidad el 28 de marzo de 2011.
Semanas antes de iniciar la travesía, la primera expedición dominicana a la montaña más alta del mundo dejó de ser el sueño de tres amigos montañistas y se convirtió en el sueño de una nación.
El 20 de mayo, tras sortear los Himalayas, Iván y Karim lograron plantar en lo alto la enseña tricolor. Federico, en cambio, no pudo hacerlo. ¿Qué pasó allá arriba que se lo impidió? Y además, ¿cómo se gestó y se hizo realidad una expedición que ya forma parte de la historia dominicana?
Todo lo cuenta Federico Jovine en las 223 páginas de “Soñando el Everest” (2012), el diario de un dominicano en esa primera expedición a la montaña con la que sueñan los más apasionados escaladores, monteros y montañistas.
Son cinco capítulos en los que Jovine no sólo cuenta y desmenuza los preparativos del viaje, los contratiempos en los aeropuertos y ciudades en las que pernoctaban, la convivencia en los campamentos, el reto de cada escalada o esos angustiantes minutos en los que, a unos 400 metros de la cima, tomó una de las decisiones más difíciles (¿o fáciles?) de su vida.
“Soñando el Everest” es también una exaltación a la literatura de viajes que seduce y emociona. El libro está cargado de aforismos, historias y lecciones de vida que estremecen al lector y lo obligan a pensar y a cuestionar sus sueños y decisiones.
Y como toda buena narrativa dedicada a los viajes, Jovine aparta pequeñas secciones para explicar por qué el Everest cautiva y reta a los montañistas.

Por qué contarla
Jovine dice que decidió escribir la historia para motivar en los jóvenes dominicanos el amor por la montaña y, junto a ella, la oportunidad de descubrirse a sí mismos. ¿Por qué hacerlo si la historia no tuvo, para él, un lindo final?
“¿Y quién dijo que no tiene un lindo final? – responde Jovine–. En realidad, ni siquiera tiene un final. Es sólo una pausa en esta continua rueda que gira y gira, que es la vida. Es una historia hermosa. La de un grupo de jóvenes dominicanos que tuvieron un sueño; la de un equipo que se nucleó en torno a ese sueño; la de empresas, instituciones y personas que creyeron en él; la de todo un pueblo que estuvo atento, dando seguimiento, alentando, orando, viviendo esta odisea como si fuera de todos, porque lo era... Después, el más hermoso de todos los finales posibles: la bandera tricolor ondeando en la cima más alta del mundo… y quién la viera, quién la viera, más arriba, mucho más”.

El sueño le persigue
Federico Jovine Rijo es abogado, escritor y montero. Ha publicado dos libros de cuentos: “A veces yo también” y “Bitácora de viaje”; y uno de poesía: “Todos los demonios”.
Conociendo un poco de su historia y pasión por la montaña, le preguntamos si se sentía un perdedor por no haber completado el sueño de coronar el Everest. ¿Su respuesta?
Es imposible que me sienta un perdedor, pues fui parte de un equipo que fue exitoso. Yo sobreviví. Creo que no hay mayor gloria en la vida que poder estar vivo. El Everest no era más que una montaña, y cada quien tiene la suya. Ha habido muchas antes, y vendrán muchas más después. Tan sólo un simple eslabón en una larga cadena. Dondequiera que hay una cima, hay una bandera dominicana esperando ondear sobre ella. El sueño sigue ahí, aguardando…”

El sueño le aguarda y él seguirá persiguiéndolo. Lo persigue e intentará alcanzarlo en mayo de 2014, cuando se enfrente de nuevo al Everest y a su zona de muerte: uno de los lugares, dice Jovine en su libro, “más fríos y desolados que existen en el planeta”.

Tres momentos del viaje que marcaron a Federico

1. Cuando tuve que devolverme solo hacia un pueblo que estaba a 1,000 mts de desnivel del Campamento Base. Salí caminando con fiebre de 39º, una faringitis y una bronquitis. La idea era descansar y tratar de recuperarme ahí. Cuando partí, entre lágrimas, no sabía si volvería.

2. La primera noche que cruzamos el glaciar de Khumbu. Uno de los lugares más peligrosos del planeta. A oscuras, congelándonos, caminando rápido, sabiendo que en cualquier momento, por más preparados que estábamos, podía caérsenos encima una avalancha, o abrirse el piso bajo nuestros pies, y acabar todo de una vez. Esa incertidumbre, durante horas y horas nocturnas, te marcan, te hacen ver que eres insignificante y efímero.

3. A 50 metros del Balcón (8,400 msnm) a la 1:30 am, camino a la cima, la máscara de oxígeno se me congeló y no podía respirar. Mientras mis compañeros iban rumbo a la cumbre, intenté varias veces resolver el problema técnico. En medio de la desesperación de no poder respirar el oxígeno, tuve que decidir si seguía o si daba media vuelta. Hacia adelante estaba la cima, mi reto, mi sueño, pero también estaba mi orgullo y mi vanidad de escalador, y también, seguramente, estaba esperándome la muerte. Tras de mí estaban mi familia, mi esposa, mis amigos, mi país. La decisión más difícil que he tomado en toda mi vida, se me hizo sumamente fácil.

14/4/12

Chicos maroteando mangos...

... ayer en la Plaza de la Cultura. Quizá por falta de piedras, o para no dañar las frutas, usaban los mangos que caían para tumbar otros mangos. Aunque, si nos fijamos bien, parecían tener especial interés por dos mangos en particular, y por eso los demás que caían no les interesaban.

5/4/12

Delicias de una Miss en Cabarete

Estas tartas que ven en la foto las hizo Anna Ranalli, la chica que a los 18 años se convirtió en Miss Europa 1960, luego de ganar el título de Miss Italia. La conocimos en 2010 en Mojito Bar, un lindo establecimiento frente a la playa de Cabarete que dirige su hijo Franco junto a su esposa Sonia. Franco y Sonia son cheverísimos y fueron ellos los que le insistieron a Anna, que estaba de visita, para que nos contara su historia.
A ver. Luego de ganar el certamen, Anna se dedicó a cantar y a hacer películas (hizo seis) hasta que conoció a su marido y papá de Franco, un corredor (y campeón) de autos apellido Batelli dueño de un club nocturno al que Anna iba a cantar. De amores duraron siete meses y se casaron cuando ella tenía 22.
Anna dice que dejó la vida de reina por amor.
“Ser miss era gran cosa –dice–, pero el amor era más grande”.
Su marido heredó el hotel del papá (el Italia Gran Hotel) y Anna nos cuenta que allí se enamoró de la cocina viendo trabajar a los chefs, que atendían, indica, unas 350 personas al día.
En la cocina del hotel permaneció por 20 años. ¿Su debilidad y especialidad? Los postres como estos, tartas de frutas y de chocolate que saben a gloria, si es que la gloria existe...
Las recetas no son complicadas, asegura, porque son las tradicionales tartas que elaboran las abuelas italianas. Estas son pequeñas pero igual las prepara grandes. En Italia ya no las hace porque sus dos hijos viven fuera y el hotel lo vendieron al morir su esposo, en 2001. Cuando viene a Cabarete, Anna aprovecha y las prepara para los clientes.
Anna visitó República Dominicana por primera vez en 2006. Boca Chica. Sonia dice que es más linda que Sofía Loren, y es una pena que ustedes no lo puedan confirmar, porque Ana accedió a contarnos todo con una condición: que no le tomáramos fotos. ¿Por qué, Anna? Y fuán, abre los brazos, se señala a sí misma y viene y suelta algo que una piensa nunca piensa una reina:
“Porque ya no estoy bonita, ya no estoy para fotos; porque 50 años es mucho, aunque cuando cierro los ojos pienso que fue ayer”.

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PD. En internet y en la página http://provinciadiroma.archivioluce.com/ podemos ver fotos de Anna cuando era Miss Europa.

1/4/12

¡Hola, abril!

Picoteando la cáscara
de algún viejo recuerdo
con la lluvia de abril
nacerá mi poema
le pondré mil colores
los más puros y claros
una música tenue
y el perfume de nardos.

Como una luciérnaga
brillará titilando
subirá por los aires
escapando de mi alma
se estirarán mis manos
sin poder alcanzarlo,
se quedarán mis labios
como siempre rogando:

Que una estrella lo guíe
que lo lleve a tu lado,
pues si tú lo encontraras,
y llegas a escucharlo
mi poema de abril
quizá viva... hasta mayo.


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Mi poema de abril
Ramón de Almagro (argentino).
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