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15/8/13
13/8/13
Fieles al madero
Treinta artistas dominicanos, pioneros, consagrados y emergentes, evocan
en una exposición el uso de la madera en la escultura criolla.
Antes de presentarse impecables ante el público, la “Infanta 10” de Antonio
Prats Ventós formó parte de un esbelto roble, la “Damisela” de Miguel Estrella
de un pedazo de guayacán y “Las mellizas de Guazumal”, de Marcelo Bermúdez, de
sendos troncos de caoba.
Las 32 piezas que se exhiben en la sala de exposiciones temporales de la universidad Apec fueron, de hecho, trabajadas en madera.
De ahí el nombre de la exposición de la Unión de Escultores Dominicanos (UEDOM): “El madero, tradición en la escultura dominicana”, abierta al público desde el pasado jueves y hasta el 12 de septiembre con obras de 30 artistas dominicanos.
Es la primera vez que una exposición de este tipo reúne a tantos escultores locales y lo mejor, dice Freddie Cabral, presidente de UEDOM y curador de la muestra, es que brinda al público la oportunidad de apreciar en un solo lugar las creaciones maestras de pioneros como los fenecidos Gaspar Mario Cruz, Prats Ventós, Luis Martínez Richiez, Antonio Toribio, Miguel Estrella y Alberto Ulloa junto al trabajo de artistas vivos consagrados y emergentes.
Las 32 piezas que se exhiben en la sala de exposiciones temporales de la universidad Apec fueron, de hecho, trabajadas en madera.
De ahí el nombre de la exposición de la Unión de Escultores Dominicanos (UEDOM): “El madero, tradición en la escultura dominicana”, abierta al público desde el pasado jueves y hasta el 12 de septiembre con obras de 30 artistas dominicanos.
Es la primera vez que una exposición de este tipo reúne a tantos escultores locales y lo mejor, dice Freddie Cabral, presidente de UEDOM y curador de la muestra, es que brinda al público la oportunidad de apreciar en un solo lugar las creaciones maestras de pioneros como los fenecidos Gaspar Mario Cruz, Prats Ventós, Luis Martínez Richiez, Antonio Toribio, Miguel Estrella y Alberto Ulloa junto al trabajo de artistas vivos consagrados y emergentes.
“La madera tiene su particularidad. Algunos hacen leña con ella, otros
construyen viviendas, pisos y muebles. Pero para el escultor, la madera es una
obra que implica sacar lo que hay dentro de ella. Para hacerlo nos valemos de
madera noble, es decir, maderas que perduran a través del tiempo como el
guayacán, el roble, la caoba, la baitoa y muchas otras”.
Es posible apreciar en la sala la evolución de la escultura dominicana de los últimos 50 años porque la exposición muestra, por un lado, la maestría generalmente simple de los grandes maestros y, por el otro, la talla abundante y ansiosa de los jóvenes.
“El artista consagrado estudia la madera y le quita sencillamente lo que tiene de más. El joven viene con mucha fuerza, vigor y pasión y debe consumirlos”, lo explica Cabral.
El conjunto mantiene, sin embargo -como expresa el escultor a LISTÍN DIARIO-, las características del arte espacial y tridimensional hecho en República Dominicana y que se distingue por el movimiento típico del trópico, las estampas costumbristas y el erotismo de las curvas femeninas.
“Todas esas cosas que dan lugar a obras con una identidad asociada a nuestra cultura”, apunta.
Es posible apreciar en la sala la evolución de la escultura dominicana de los últimos 50 años porque la exposición muestra, por un lado, la maestría generalmente simple de los grandes maestros y, por el otro, la talla abundante y ansiosa de los jóvenes.
“El artista consagrado estudia la madera y le quita sencillamente lo que tiene de más. El joven viene con mucha fuerza, vigor y pasión y debe consumirlos”, lo explica Cabral.
El conjunto mantiene, sin embargo -como expresa el escultor a LISTÍN DIARIO-, las características del arte espacial y tridimensional hecho en República Dominicana y que se distingue por el movimiento típico del trópico, las estampas costumbristas y el erotismo de las curvas femeninas.
“Todas esas cosas que dan lugar a obras con una identidad asociada a nuestra cultura”, apunta.
Sobre UEDOM
La Unión de Escultores Dominicanos (UEDOM) se formó en junio de este año precisamente a partir de la invitación que se les hizo a los artistas para esta exposición, comenta Cabral.
“Me di cuenta del deseo que teníamos de hacer cosas en común y pensé que la mejor manera de hacerlo era formando una asociación. Hasta este momento no había un gremio que agrupara a los escultores de República Dominicana”.
Uno de los objetivos de UEDOM es motivar a los nuevos artistas a optar por la
escultura como forma de expresión y rescatar su prestigio como la categoría de
las artes dominicanas que más lejos ha llegado en el plano internacional, de lo
que da cuenta el nombre del escultor Luis Martínez Richiez, el primer
dominicano en ganar la Bienal de París, en 1959.Actividades
Como parte de “El madero, tradición en la escultura dominicana”, en la Sala de Exposiciones Temporales de Apec Cultural se realizarán paneles formativos los jueves 15, 22 y 29 de agosto y el jueves 4 de septiembre en los que se tratarán los temas: “La talla sobre madera en la escultura dominicana”, “La escultórica dominicana en el devenir de la nación”, “La escultórica dominicana, un análisis crítico” y “El mercado del arte de la escultura en RD”.
32 obras; 30 escultores
La sala de exposiciones de APEC acoge las obras de: Gaspar Mario Cruz, Antonio Prats Ventós, Luis Martínez Richiez, Antonio Toribio, Miguel Estrella, Alberto Ulloa, Ramiro Matos, Pedro Méndez, Ramón Osorio, Félix Paula, Genaro Reyes (Cayuco), José Ramón Rotellini, Ángela Burgos, Guadalupe Casasnovas, Andrés Julio Araujo, Ángel Araujo, Marcelo Bermúdez, Rafael Colón (Mangat), Johnny Segura, Sixto Sepúlveda, José Esperanza Trinidad, Fernando Ureña Rib, Salvador Vassallo, Freddie Cabral, Miguel Domínguez, Wilton de Jesús, Miguel Estrella (hijo), Danilo González, Roberto Herrera y Andrés Lantigua. Una obra del escultor Juan Trinidad fue también incluida en la exposición.
31/7/13
Las frías aguas del río Mao
Sí, el calor del verano desespera y hace
poco placentera la convivencia en la ciudad. Son días en los que seguro sueña
con sumergirse en un río como este.
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¿Playa con este calor? Nooo. Las altas temperaturas del verano se “apaciguan” mejor con las frías aguas de los ríos. ¿Sugerencia? Un baño en las casi heladas del río Mao, cerca de su nacimiento, en la estribación norte de la cordillera Central.
Deliciosas pocitas se forman a lo largo de los 105 kilómetros de este río que termina al formar confluencia con el Yaque del Norte en el municipio de Mao, provincia Valverde, luego de correr paralelo al costado este de la ciudad.
Las pozas más grandes y visitadas se forman en y en los alrededores de la presa de Monción y su contraembalse, lugares de impresionante belleza donde se realizan, además, actividades acuáticas y deportivas.
Pero si de verdad quiere sentir el frío en la piel hasta tiritar y ganarle -mientras el cuerpo aguante- la batalla al calor, nada como sumergirse en sus aguas de la cuenca alta, al este de la provincia Santiago Rodríguez y a la altura del municipio de Monción.
“Playitas” de guijarros y cascajo se forman en puntos de ribera (los visitantes suelen llevar sus sillas plásticas y, cobijados por la sombra de los árboles, disfrutar el paisaje) y hondas charcas rodeadas por grandes rocas en las zonas boscosas.
Dónde quedarse
Mientras más al sureste de la provincia se interne siguiendo la corriente del río, menos facilidades para visitantes encontrará. ¿Ayuda? Un punto donde pernoctar, zambullirse en el Mao, caminar por sus orillas y agradecer la existencia de estos accidentes fluviales lo encontrará en el Centro Ecoturístico El Catey, en la comunidad El Aguacate, en la zona de incidencia del Parque Nacional Armando Bermúdez.
--- El río Mao es afluente del Yaque del Norte y es compartido por las provincias Santiago Rodríguez, Santiago y Valverde. Sus alrededores son apropiados para realizar actividades ecoturísticas.
-- A orillas del río, el Centro Ecoturístico El Catey, administrado por una cooperativa de campesinos, ofrece a los viajeros y grupos organizados hospedaje, alimentación, excursiones y otras opciones.
22/7/13
Gallina con “sus” guineítas
Hace unas semanas aprendí (gracias a Robert) que las guineas no “empollan” sus huevos porque se ponen broncas y delicadas, algo así, cuando están poniendo. Que ponen muchos huevos y todas juntas, eso sí, pero ¡ay de aquel que le ponga las manos a los huevos!
Si eso ocurre, no ponen jamás en ese nido y se van, abandonan los huevos.
¿Qué hacen los campesinos, entonces?
Fácil –y cruel, qué se le va a hacer–: les quitan los huevos con un cucharón y se los ponen a una gallina para que los empolle, los saque y se quede con los “polluelos” los primeros días.
Lo que ocurre, también me dice Robert, es que las guineas no saben criar. O no quieren...
Nada, ¿ven la foto? Son “guineítas” escarbando junto a la gallina que les tocó de mamá. Una de las estampas campesinas que nos llevamos del patio de Pedro Suero, el tornero de Nigua (San Cristóbal).
Si eso ocurre, no ponen jamás en ese nido y se van, abandonan los huevos.
¿Qué hacen los campesinos, entonces?
Fácil –y cruel, qué se le va a hacer–: les quitan los huevos con un cucharón y se los ponen a una gallina para que los empolle, los saque y se quede con los “polluelos” los primeros días.
Lo que ocurre, también me dice Robert, es que las guineas no saben criar. O no quieren...
Nada, ¿ven la foto? Son “guineítas” escarbando junto a la gallina que les tocó de mamá. Una de las estampas campesinas que nos llevamos del patio de Pedro Suero, el tornero de Nigua (San Cristóbal).
18/7/13
Pedro Suero, un maestro del torno
Con
su talento para trabajar la artesanía en madera, este artista del municipio de
Nigua, en San Cristóbal, ha sacado adelante a una hermosa familia.
Yaniris López
Listín Diario
_____
Rodeado de palos, gubias, formones y otros instrumentos usados en carpintería, Pedro Suero se concentra en la copa de caoba que en ese momento va tomando forma en su torno, esa máquina usada para labrar en redondo piezas de madera y otros materiales. Y una máquina que él conoce muy bien, porque la maneja con destreza desde 1992, cuando decidió dejar la soldadura y dedicarse a trabajar la madera.
En pocos minutos tiene en sus manos una pieza de pulcro y refinado acabado que confirma su prestigio como uno de los mejores torneros del país.
Esa terminación fina y delicada es su carta de presentación. Aquí, en su modesto taller de Nigua, a unos 22 kilómetros de Santo Domingo, da rienda suelta a su talento. Se le oye hablar de punto al aire y punto mariposa, de pinchos, de formón plano y punta gorda, de gubia de canal y de la función de cada utensilio al tallar o esculpir. Terminología del oficio.
“Los objetos con más demanda son las copas y los pilones de majar sazón, pero yo con el torno hago cualquier cosa en madera ñdice Pedroñ: platos, ollas, tazas, bates, portabotellas, terminaciones de patas para sillas y mesas y hasta trompos. La gente trae revistas para que les haga algunas cosas y yo se las hago”.
Miguelina de la Rosa, su esposa, defiende estas habilidades.
“Hay buenos torneros, pero Pedro es el único que se enfrenta a palos grandes”, exclama.
De lejos se nota que para manejar el torno hace falta mucha concentración, pericia y paciencia.
“Sí, hay que tener mucha paciencia, pero cuando a uno le gusta algo y dedica su
tiempo a eso uno aprende, estamos en que le guste”, dice Pedro.
De aprender por voluntad él sabe mucho. Pedro creció recogiendo hojas y cocos que vendía en la ciudad. Nunca le compraron una mascota.
“A los 17 años no sabía leer ni escribir y no le contaba a usted hasta 10”, confiesa. Entonces empezó a enamorarse y le dio apuros ser analfabeto.
“Le dije a un amigo que me enseñara a leer, que me iba a enganchar”. Cuando
aprendió, a los pocos meses consiguió un certificado de octavo y se inscribió
en la Academia de Policía de Hatillo. Pasó el examen, lo midieron (buena
altura, 5’9), le sacaron sangre y “el 10 de enero de 1982 me enganché”.
Como le gustaban los estudios, Pedro decidió formarse. Motivado por un hermano, se inscribió en la Escuela Vocacional de las Fuerzas Armadas, donde se hizo soldador (lo dejó porque le provocó problemas en la vista) y luego tornero.
El tornero de la Feria
Pedro, de 53 años, es instructor en las Escuelas Vocacionales de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. De Nigua se desplaza todos los lunes y miércoles hasta San Isidro, en Santo Domingo Este, para impartir clases de artesanía en madera. Muchos de sus alumnos son hoy profesores de este oficio. También se le ve cada año en algún punto de la Plaza de la Cultura, durante la celebración de la Feria del Libro, concentrado en su torno, rodeado de curiosos.
“El trabajo que hacemos en la Feria es para motivar a los jóvenes a estudiar artesanía. Es bueno, porque al ver el trabajo, algunos toman los cursos”, explica.
Listín Diario
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Rodeado de palos, gubias, formones y otros instrumentos usados en carpintería, Pedro Suero se concentra en la copa de caoba que en ese momento va tomando forma en su torno, esa máquina usada para labrar en redondo piezas de madera y otros materiales. Y una máquina que él conoce muy bien, porque la maneja con destreza desde 1992, cuando decidió dejar la soldadura y dedicarse a trabajar la madera.
En pocos minutos tiene en sus manos una pieza de pulcro y refinado acabado que confirma su prestigio como uno de los mejores torneros del país.
Esa terminación fina y delicada es su carta de presentación. Aquí, en su modesto taller de Nigua, a unos 22 kilómetros de Santo Domingo, da rienda suelta a su talento. Se le oye hablar de punto al aire y punto mariposa, de pinchos, de formón plano y punta gorda, de gubia de canal y de la función de cada utensilio al tallar o esculpir. Terminología del oficio.
“Los objetos con más demanda son las copas y los pilones de majar sazón, pero yo con el torno hago cualquier cosa en madera ñdice Pedroñ: platos, ollas, tazas, bates, portabotellas, terminaciones de patas para sillas y mesas y hasta trompos. La gente trae revistas para que les haga algunas cosas y yo se las hago”.
Miguelina de la Rosa, su esposa, defiende estas habilidades.
“Hay buenos torneros, pero Pedro es el único que se enfrenta a palos grandes”, exclama.
De lejos se nota que para manejar el torno hace falta mucha concentración, pericia y paciencia.
De aprender por voluntad él sabe mucho. Pedro creció recogiendo hojas y cocos que vendía en la ciudad. Nunca le compraron una mascota.
“A los 17 años no sabía leer ni escribir y no le contaba a usted hasta 10”, confiesa. Entonces empezó a enamorarse y le dio apuros ser analfabeto.
Como le gustaban los estudios, Pedro decidió formarse. Motivado por un hermano, se inscribió en la Escuela Vocacional de las Fuerzas Armadas, donde se hizo soldador (lo dejó porque le provocó problemas en la vista) y luego tornero.
El tornero de la Feria
Pedro, de 53 años, es instructor en las Escuelas Vocacionales de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. De Nigua se desplaza todos los lunes y miércoles hasta San Isidro, en Santo Domingo Este, para impartir clases de artesanía en madera. Muchos de sus alumnos son hoy profesores de este oficio. También se le ve cada año en algún punto de la Plaza de la Cultura, durante la celebración de la Feria del Libro, concentrado en su torno, rodeado de curiosos.
“El trabajo que hacemos en la Feria es para motivar a los jóvenes a estudiar artesanía. Es bueno, porque al ver el trabajo, algunos toman los cursos”, explica.
El
arte de labrar la madera con pasión
Las callosidades en sus manos hablan de lo duro que puede ser el trabajo de Pedro.
Peligroso a veces, dice el artesano, porque se trabaja con corriente y el manejo de la polea requiere de mucha precisión, pero un trabajo que le ha permitido sacar adelante a su familia.
Pedro tiene seis hijos, cuatro con Miguelina de la Rosa, su compañera desde hace 22 años. Y si se toma en cuenta el ambiente de armonía y respeto que reina en el hogar, Pedro, Miguelina y sus hijos conforman lo que los psicólogos llamarían una familia ejemplar.
El artesano enfoca todo su esfuerzo en los estudios de los muchachos porque quiere darles la oportunidad que de pequeño él no tuvo.
Como Pedro casi siempre trabaja por encargo, a veces hay mucho que hacer y otras, no.
Miguelina cuenta que en una ocasión tuvieron que empeñar la estufa y el tanque del gas para mandar a los chicos a la escuela.
“Hemos llevado esta familia pero no ha sido fácil. Nos mudamos aquí sin piso y sin nada. Hay ocasiones en las que a Pedro le dan las 3:00 de la madrugada trabajando, haciendo copas. Si la situación esta difícil y hay mercancía salgo a la calle y la vendo”, afirma Miguelina.
Los hijos compensan tanta dedicación.
La más pequeña, Yahaira (14 años), ya sabe manejar el torno y le va muy bien en la escuela. A Yan Carlos, de 18 años, que sueña con ser piloto y pronto ingresará a la Academia Militar, un accidente frustró sus planes de convertirse en un jugador de las Grandes Ligas.
Es, pese a esta experiencia, un joven modelo tanto en la casa como en la escuela, por lo que a nadie sorprendió que le exoneraran todos los exámenes en el último año de bachillerato.
“Cuando veo el esfuerzo que hace mi papá no puedo ir a relajar a la escuela. Tengo que trabajar duro para que él vea que ese esfuerzo no es en vano”, expresa Yan Carlos.
Las callosidades en sus manos hablan de lo duro que puede ser el trabajo de Pedro.
Peligroso a veces, dice el artesano, porque se trabaja con corriente y el manejo de la polea requiere de mucha precisión, pero un trabajo que le ha permitido sacar adelante a su familia.
Pedro tiene seis hijos, cuatro con Miguelina de la Rosa, su compañera desde hace 22 años. Y si se toma en cuenta el ambiente de armonía y respeto que reina en el hogar, Pedro, Miguelina y sus hijos conforman lo que los psicólogos llamarían una familia ejemplar.
El artesano enfoca todo su esfuerzo en los estudios de los muchachos porque quiere darles la oportunidad que de pequeño él no tuvo.
Como Pedro casi siempre trabaja por encargo, a veces hay mucho que hacer y otras, no.
Miguelina cuenta que en una ocasión tuvieron que empeñar la estufa y el tanque del gas para mandar a los chicos a la escuela.
“Hemos llevado esta familia pero no ha sido fácil. Nos mudamos aquí sin piso y sin nada. Hay ocasiones en las que a Pedro le dan las 3:00 de la madrugada trabajando, haciendo copas. Si la situación esta difícil y hay mercancía salgo a la calle y la vendo”, afirma Miguelina.
Los hijos compensan tanta dedicación.
La más pequeña, Yahaira (14 años), ya sabe manejar el torno y le va muy bien en la escuela. A Yan Carlos, de 18 años, que sueña con ser piloto y pronto ingresará a la Academia Militar, un accidente frustró sus planes de convertirse en un jugador de las Grandes Ligas.
Es, pese a esta experiencia, un joven modelo tanto en la casa como en la escuela, por lo que a nadie sorprendió que le exoneraran todos los exámenes en el último año de bachillerato.
“Cuando veo el esfuerzo que hace mi papá no puedo ir a relajar a la escuela. Tengo que trabajar duro para que él vea que ese esfuerzo no es en vano”, expresa Yan Carlos.
Pedro
nació en la comunidad de Nigua y allí vive con su familia en una parcela de
tres tareas que le regaló su mamá. Es feliz criando gallinas y sembrando. “Me
gusta esto aquí por la tranquilidad, porque esto no tiene precio. Me pueden dar
lo que sea para salir de aquí y no salgo”, comenta.
Él mismo construyó su casita “buscando piedritas en el río Nigua”, que pasa detrás de la casa. Al ver la morada de Pedro, algunos de los curiosos que ese día lo visitaban comentaron que alguien con tanto talento merecería vivir en mejores condiciones.
Él sueña con que sea así. Hace poco marcó las zanjas de una casita de cemento que espera construir cuando tenga ‘fuerza’ (dinero). Si desea cooperar con este sueño de Pedro, llámelo al 829.531.5679 o al 809.634.8841.
Él mismo construyó su casita “buscando piedritas en el río Nigua”, que pasa detrás de la casa. Al ver la morada de Pedro, algunos de los curiosos que ese día lo visitaban comentaron que alguien con tanto talento merecería vivir en mejores condiciones.
Él sueña con que sea así. Hace poco marcó las zanjas de una casita de cemento que espera construir cuando tenga ‘fuerza’ (dinero). Si desea cooperar con este sueño de Pedro, llámelo al 829.531.5679 o al 809.634.8841.
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