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31/7/13

Las frías aguas del río Mao

Sí, el calor del verano desespera y hace poco placentera la convivencia en la ciudad. Son días en los que seguro sueña con sumergirse en un río como este.

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¿Playa con este calor? Nooo. Las altas temperaturas del verano se “apaciguan” mejor con las frías aguas de los ríos. ¿Sugerencia? Un baño en las casi heladas del río Mao, cerca de su nacimiento, en la estribación norte de la cordillera Central.
Deliciosas pocitas se forman a lo largo de los 105 kilómetros de este río que termina al formar confluencia con el Yaque del Norte en el municipio de Mao, provincia Valverde, luego de correr paralelo al costado este de la ciudad.
Las pozas más grandes y visitadas se forman en y en los alrededores de la presa de Monción y su contraembalse, lugares de impresionante belleza donde se realizan, además, actividades acuáticas y deportivas.
Pero si de verdad quiere sentir el frío en la piel hasta tiritar y ganarle -mientras el cuerpo aguante- la batalla al calor, nada como sumergirse en sus aguas de la cuenca alta, al este de la provincia Santiago Rodríguez y a la altura del municipio de Monción.
“Playitas” de guijarros y cascajo se forman en puntos de ribera (los visitantes suelen llevar sus sillas plásticas y, cobijados por la sombra de los árboles, disfrutar el paisaje) y hondas charcas rodeadas por grandes rocas en las zonas boscosas.

Dónde quedarse
Mientras más al sureste de la provincia se interne siguiendo la corriente del río, menos facilidades para visitantes encontrará. ¿Ayuda? Un punto donde pernoctar, zambullirse en el Mao, caminar por sus orillas y agradecer la existencia de estos accidentes fluviales lo encontrará en el Centro Ecoturístico El Catey, en la comunidad El Aguacate, en la zona de incidencia del Parque Nacional Armando Bermúdez.

--- El río Mao es afluente del Yaque del Norte y es compartido por las provincias Santiago Rodríguez, Santiago y Valverde. Sus alrededores son apropiados para realizar actividades ecoturísticas.
-- A orillas del río, el Centro Ecoturístico El Catey, administrado por una cooperativa de campesinos, ofrece a los viajeros y grupos organizados hospedaje, alimentación, excursiones y otras opciones.

22/7/13

Gallina con “sus” guineítas

Hace unas semanas aprendí (gracias a Robert) que las guineas no “empollan” sus huevos porque se ponen broncas y delicadas, algo así, cuando están poniendo. Que ponen muchos huevos y todas juntas, eso sí, pero ¡ay de aquel que le ponga las manos a los huevos!
Si eso ocurre, no ponen jamás en ese nido y se van, abandonan los huevos.
¿Qué hacen los campesinos, entonces?
Fácil –y cruel, qué se le va a hacer–: les quitan los huevos con un cucharón y se los ponen a una gallina para que los empolle, los saque y se quede con los “polluelos” los primeros días.
Lo que ocurre, también me dice Robert, es que las guineas no saben criar. O no quieren...
Nada, ¿ven la foto? Son “guineítas” escarbando junto a la gallina que les tocó de mamá. Una de las estampas campesinas que nos llevamos del patio de Pedro Suero, el tornero de Nigua (San Cristóbal).

18/7/13

Pedro Suero, un maestro del torno

Con su talento para trabajar la artesanía en madera, este artista del municipio de Nigua, en San Cristóbal, ha sacado adelante a una hermosa familia. 

Yaniris López
Listín Diario
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Rodeado de palos, gubias, formones y otros instrumentos usados en carpintería, Pedro Suero se concentra en la copa de caoba que en ese momento va tomando forma en su torno, esa máquina usada para labrar en redondo piezas de madera y otros materiales. Y una máquina que él conoce muy bien, porque la maneja con destreza desde 1992, cuando decidió dejar la soldadura y dedicarse a trabajar la madera. 
En pocos minutos tiene en sus manos una pieza de pulcro y refinado acabado que confirma su prestigio como uno de los mejores torneros del país.
Esa terminación fina y delicada es su carta de presentación. Aquí, en su modesto taller de Nigua, a unos 22 kilómetros de Santo Domingo, da rienda suelta a su talento. Se le oye hablar de punto al aire y punto mariposa, de pinchos, de formón plano y punta gorda, de gubia de canal y de la función de cada utensilio al tallar o esculpir. Terminología del oficio.
“Los objetos con más demanda son las copas y los pilones de majar sazón, pero yo con el torno hago cualquier cosa en madera ñdice Pedroñ: platos, ollas, tazas, bates, portabotellas, terminaciones de patas para sillas y mesas y hasta trompos. La gente trae revistas para que les haga algunas cosas y yo se las hago”. 
Miguelina de la Rosa, su esposa, defiende estas habilidades.
“Hay buenos torneros, pero Pedro es el único que se enfrenta a palos grandes”, exclama.
De lejos se nota que para manejar el torno hace falta mucha concentración, pericia y paciencia.
“Sí, hay que tener mucha paciencia, pero cuando a uno le gusta algo y dedica su tiempo a eso uno aprende, estamos en que le guste”, dice Pedro.
De aprender por voluntad él sabe mucho. Pedro creció recogiendo hojas y cocos que vendía en la ciudad. Nunca le compraron una mascota.
“A los 17 años no sabía leer ni escribir y no le contaba a usted hasta 10”, confiesa. Entonces empezó a enamorarse y le dio apuros ser analfabeto.  
“Le dije a un amigo que me enseñara a leer, que me iba a enganchar”. Cuando aprendió, a los pocos meses consiguió un certificado de octavo y se inscribió en la Academia de Policía de Hatillo. Pasó el examen, lo midieron (buena altura, 5’9), le sacaron sangre y “el 10 de enero de 1982 me enganché”.
Como le gustaban los estudios, Pedro decidió formarse. Motivado por un hermano, se inscribió en la Escuela Vocacional de las Fuerzas Armadas, donde se hizo soldador (lo dejó porque le provocó problemas en la vista) y luego tornero.

El tornero de la Feria
Pedro, de 53 años, es instructor en las Escuelas Vocacionales de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional.  De Nigua se desplaza todos los lunes y miércoles hasta San Isidro, en Santo Domingo Este, para impartir clases de artesanía en madera.  Muchos de sus alumnos son hoy profesores de este oficio. También se le ve cada año en algún punto de la Plaza de la Cultura, durante la celebración de la Feria del Libro, concentrado en su torno, rodeado de curiosos.
“El trabajo que hacemos en la Feria es para motivar a los jóvenes a estudiar artesanía. Es bueno, porque al ver el trabajo, algunos toman los cursos”, explica. 

El arte de labrar la madera con pasión
Las callosidades en sus manos hablan de lo duro que puede ser el trabajo de Pedro.
Peligroso a veces, dice el artesano, porque se trabaja con corriente y el manejo de la polea requiere de mucha precisión, pero un trabajo que le ha permitido sacar adelante a su familia.
Pedro tiene seis hijos, cuatro con Miguelina de la Rosa, su compañera desde hace 22 años. Y si se toma en cuenta el ambiente de armonía y respeto que reina en el hogar, Pedro, Miguelina y sus hijos conforman lo que los psicólogos llamarían una familia ejemplar.
El artesano enfoca todo su esfuerzo en los estudios de los muchachos porque quiere darles la oportunidad que de pequeño él no tuvo.
Como Pedro casi siempre trabaja por encargo, a veces hay mucho que hacer y otras, no.
Miguelina cuenta que en una ocasión tuvieron que empeñar la estufa y el tanque del gas para mandar a los chicos a la escuela.
“Hemos llevado esta familia pero no ha sido fácil. Nos mudamos aquí sin piso y sin nada. Hay ocasiones en las que a Pedro le dan las 3:00 de la madrugada trabajando, haciendo copas. Si la situación esta difícil y hay mercancía salgo a la calle y la vendo”, afirma Miguelina.
Los hijos compensan tanta dedicación.
La más pequeña, Yahaira (14 años), ya sabe manejar el torno y le va muy bien en la escuela.  A Yan Carlos, de 18 años, que sueña con ser piloto y pronto ingresará a la Academia Militar, un accidente frustró sus planes de convertirse en un jugador de las Grandes Ligas.
Es, pese a esta experiencia, un joven modelo tanto en la casa como en la escuela, por lo que a nadie sorprendió que le exoneraran todos los exámenes en el último año de bachillerato.
“Cuando veo el esfuerzo que hace mi papá no puedo ir a relajar a la escuela. Tengo que trabajar duro para que él vea que ese esfuerzo no es en vano”, expresa Yan Carlos. 


Su sueño: construir una casita de blocks
Pedro nació en la comunidad de Nigua y allí vive con su familia en una parcela de tres tareas que le regaló su mamá. Es feliz criando gallinas y sembrando. “Me gusta esto aquí por la tranquilidad, porque esto no tiene precio. Me pueden dar lo que sea para salir de aquí y no salgo”, comenta.
Él mismo construyó su casita “buscando piedritas en el río Nigua”, que pasa detrás de la casa. Al ver la morada de Pedro, algunos de los curiosos que ese día lo visitaban comentaron que alguien con tanto talento merecería vivir en mejores condiciones.
Él sueña con que sea así. Hace poco marcó las zanjas de una casita de cemento que espera construir cuando tenga ‘fuerza’ (dinero).  Si desea cooperar con este sueño de Pedro, llámelo al 829.531.5679 o al 809.634.8841. 

15/7/13

El centro de los girasoles

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El escritor argentino Andrés Neuman dijo en una ocasión: “La rutina se llena de matices en cuanto la anotas”.
Los girasoles confirman, en cierta forma y visualmente, claro, esta linda percepción. O, mejor dicho, ponen a prueba la capacidad visual del ser humano de reparar en detalles y matices apenas perceptibles por las miradas que observan todo en modo macro.
A medida que la colección de fotografías avanza, poco a poco dejas de fotografiarlos. “Ya tengo suficientes”, piensa una.
Hasta que, revisando esas mismas fotos, aterrizas en todos los detalles que hacen diferentes a casi todos los girasoles de tu colección.
En una de esas acciones que la rutina llamaría “operaciones inútiles”, notas que muchos de ellos sólo comparten el color amarillo de los pétalos que enmarcan su centro. Ah, el centro. Algunos enormes, otros pequeñitos, unos alargados, otros redonditos...
Y en el centro del centro: ¿notan las poblaciones de pistilos negros, las alfombras multicolores de florecillas, las pieles de peluche, los arcoíris verdes y marrones? Pensamos que vemos el mismo girasol, pero no es así. ¿Asunto de genes y diversidad de especies? Sí, lo sabemos. Lecciones básicas de Biología. ¡Pero cómo cambia tu percepción y tu rutina visual en cuanto “lo notas”! 














11/7/13

Y otro reto de observación

Este está superfácil. Vi por ahí un comentario de alguien que decía que nunca se le había ocurrido tomar este ángulo de uno de los monumentos más (...) del país. Así que ahí les va como reto de observación. ¿Saben de qué monumento se trata y dónde está ubicado? Una pista: no se encuentra en la capital. ¡Suerte!