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Esas apariencias…

El pasado martes, luego de un fuc… día de trabajo, Yalo sale a la calle que comunica con el parqueo del periódico y alcanza a ver a cierta distancia, justo en la acera que ella debe tomar, una cara blanca, arrugada, engurruñá y malhumorada que la mira de arriba-abajo, que sigue sus pasos con la vista y la escudriña desde lejos como diciendo:
“Esta tipa –Yalo– debe tener un mes que no se peina, camina demasiado rápido, cree que se ve bien y debe dársela muchísimo, y para colmo pasará frente a mí…”.
Yalo, de su lado, en los cinco segundos que la separan de la señora que evidentemente esperaba de pie a alguien que estaba en el parqueo pensó:
“¿Qué me mira ella, con esa cara de odiosa, tan fea, como si yo apestara? La gente aburrida no debería salir a la calle. Y lo peor es que debo pasar frente a ella. La ignoraré. Pasaré mirando al suelo y la ignoraré”.
Tres segundos después, cuando Yalo pasa frente a la señora nota que la mueca dura y sufrida de la doña se transforma, esboza una pequeña sonrisa, mira a Yalo de repente como hace la gente del campo cuando se topa con alguien en pleno camino y le dice:
– Vete con Dios.

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P.D. Pensaron que los frutos rojos de la imagen son tomates, ¿verdad? Pues no. En realidad es una mata de hojas grandes parecidas a las de la berenjena, con espinas por todas partes y con frutos parecidos a los del tomate que a los chicos del campo les dicen que envenenan. La foto fue tomada en Sierra Prieta, al sur de Fantino, provincia Sánchez Ramírez.