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Adiós, pedacito de sombra y paz

Si uno de tus rincones favoritos de la Plaza de la Cultura es/era esa área verde ubicada en el costado derecho del Teatro Nacional, detrás de la estación del Metro… Si te gustaba caminar por el lugar y sentarte en la grama o en los bancos del fondo bajo la sombra acogedora de los flamboyanes, las acacias, las caobas, el avellano criollo y otras especies que no recuerdo…
Espero que tengas guardada alguna foto que te sirva para recordarlo porque así están dejando la antigua frondosa área (fotos tomadas de ahorita mismo).
¿Llorar por la sombra que se fue? ¿Por los árboles cortados? Nooooo (incluir gesto de desdén con la mano). Pero, pero, ¿por qué no hicieron algo más lindo, con adoquines claros y tipo plaza? ¿Por qué llenar todo el espacio de negro asfalto? ¿Por qué? En fin…

Antes. Junio 23 del 2008.




Al noroeste de Azua...

...antes de llegar a Padre las Casas (después de dejar Bohechío, San Juan), justo cuando los flamboyanes comienzan a salpicar de rojo el ceniciento paisaje de este puntito del Sur.

El rojo más esperado

Un dato curioso: las semillas del flamboyán se usan para llenar las maracas. (Árboles de Santo Domingo, de Marianna Szabó).

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Vuelve la ciudad a teñirse de rojo. Vuelven los flamboyanes a llenar de color las avenidas, los montes y los caminos vecinales. No importa que el árbol, como dicen los expertos, a veces se comporte como un invasor, impidiendo el crecimiento de especies nativas; que sus raíces fuertes puedan romper la pavimentación (dejémosle espacio para que crezcan, pues); que sea susceptible a daños por el viento y al ataque de termitas. El patriotismo que se vaya de paseo cuando se trata del flamboyán (Delonix regia), originario de Madagascar y naturalizado en el país. Gracias a quien sea que lo haya traído aquí. Con gusto cambiaría algunas especies nativas, de esas que crecen sin gracia, por ver cada año las flores del flamboyán. Es un amor así, celoso. (Borges)

Transformación


Al framboyán (Delonix regia) le concedieron la virtud de pasar, en apenas semanas, de un gris triste a un rojo felicidad. De no tener hojas a ser dueño de brillantes y coloridas flores. De pasar desapercibido a ser el centro de miradas de admiración. A veces, cuando llegan los problemas, las angustias y los sinsabores de esta cosa que llaman vida, una quisiera, así sea por los meses que duran las flores del framboyán, bloquear los grises y los aguaceros, sellar las quejas y los pesares y ponerle alas al fastidio y a la pasividad… y luego abrir las puertas y las ventanas del alma y permitirle sólo el paso a la dicha y a la prosperidad...

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P.D.
: Es posible que vuelvan los grises, pero es más seguro que cada año retornen los rojos felicidad.