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21/11/18

La Llovedora, en Loma Miranda



Es una ruta soñada para aquellos viajeros que no hacen alarde de una buena condición física, un sendero sombreado de apenas kilómetro y medio a lo largo del río Jagüey que termina frente a una pared asombrosamente negra de la que brota una lluvia permanente. 


Dejando atrás el popular balneario Acapulco, solo hay que seguir el curso de agua hacia arriba, a los pies de loma Miranda, para ir internándose poco a poco en el corazón de la montaña. Hay que atravesar cuatro o cinco veces el río con su lecho cargado de piedras de todos los tamaños y corriente cristalina para ubicar los senderos, pero no importa buscar aquí y allí si el guía es el veterano excursionista Manuel Peralta Ureña.


El suelo, una tupida alfombra de hojas o un camino de tierra, amortigua los pasos y hace más agradable la caminata. Solo una pequeña subida antes del destino final y ahí está.

Lluvia que brota de las piedras
Luego de media hora de ejercicio ecológico, se escucha el rumor de una cascada y tras la maleza aparece La Llovedora. 

Le caben muchas definiciones, pero la más justa es que parece la falda de una cascada cuya agua se desparrama sin sentido por la terraza de piedras acompañada de la música característica de un suave y constante aguacero. 
A simple vista, parecería que la lluvia brota de las piedras. Los hilos de agua parecen surgir de todos lados, de cualquier grieta, de lo alto, de los lados, de entre los árboles. 
El charco es cristalino y de pocos desniveles, haciendo del balneario un lugar perfecto para disfrutar en familia. Y para olvidarse, entre muchas otras cosas, del cada vez más nocivo estrés citadino.





16/5/07

¡Ay, Bahía!

Conversación telefónica
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"Sí, corazón, es cierto, pero tampoco es para tanto, no te rajes a llorar. Yo te entiendo, vida. Sí, lo dijo la Secretaría de Medio Ambiente: no se puede acampar en bahía de las Águilas. Yo sé. Pero ellos dicen que son simples normas para regular las visitas a las zonas protegidas.
No, ya no puedes establecer casas de campaña, ni dormir, ni cocinar allí. Sí, es la única zona protegida donde no se puede acampar. Pero, cielo, no hay que llorar por eso. Ahí tienes el valle del Tetero, Constanza, Jarabacoa, el valle de Bao, el pico Duarte, La Pelona... Ahí tienes el "pobre" Este, que, aunque no es la gran cosa para acampar, tiene sus encantos.
Pero, chico, no te pongas así. También es cierto, sí.
El Parque Nacional Jaragua, donde está Bahía de las Aguilas, tiene su horario de visitas: lunes a viernes de 8 a.m. a 6:00 p.m. ¡Pues claro que hay gente que no lo sabe y sigue acampando en la zona! ¡Y otros que lo saben y lo hacen de todas formas!
Es más, me enteré que la verdadera razón de la prohibición es que se acercan grandes... ups, casi lo digo.
Sí, corazón, las agencias siguen programando viajes los fines de semana. No te aflijas, cosa bella. Ya veremos qué hacemos.
¿Qué todavía te resistes a la idea de no poder disfrutar como antes de tu Bahía, de tu rincón favorito, de tu playa sin palmeras, de tus verdes y tus azules, de lo más lindo que hay en Pedernales? Bueno... Ni pa’ tanto ni tan poco... Ok. Abur..."