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12/1/16

Huevos de lombriz de tierra

Apuesto a que no se imaginaban cómo lucen los huevos de la lombriz de tierra. Puafff. Nos los enseñó Mayra. Ella tomó la foto en Santo Domingo Este. Y dice que el huevo parece un cerebro envuelto en una fina tela. Algo así. Y que las lombrices de la foto aún están ahí dentro. Y que revisará los huevos mañana por si puede ver cuando salgan. ¿La verdad? Aaaaggghh.

7/2/15

Esas apariencias...

Tremenda la composición entre la iguana de verdad y la de mentira en el iguanario del Acuario Nacional. Tremendo el talento del dominicano Jorge Checo, que hizo el mural.

12/6/14

Monumento Natural Los Tres Ojos

El cenote visto desde el techo de la caverna.
¿Ecoturismo en la ciudad? Sí. Es la mejor forma de describir la experiencia que se vive en la cueva de Los Tres Ojos. Además de los tres manantiales, un cenote o dolina también pertenece al monumento natural.

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Yaniris López
Santo Domingo Este
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Con su cenote, ojos de agua de fondos transparentes, formaciones rocosas y verdes senderos, el Monumento Natural Parque Los Tres Ojos es uno de los principales atractivos del municipio Santo Domingo Este, tan accesible y cerquita del centro de la capital dominicana que sorprende que no reciba muchas más visitas.
El acceso a su área verde es gratis. Esto incluye pasear por los senderos y realizar actividades recreativas en sus pequeñas plazoletas.
Pero si quiere conocer la cueva donde se encuentran los manantiales que dan nombre al lugar deberá pagar 100 pesos y aceptar que le coloquen una bandita en la muñeca que lo acredita como visitante –o para que se sienta turista, por qué no.

La boca de una garita disimula los primeros peldaños de la escalera descendente que lleva al corazón de la caverna.

Lago de Azufre
Desde lo alto ya se aprecia el primer ojo de agua y los senderos de ladrillos y piedras que conectan los tres lagos subterráneos y facilitan el recorrido por el suelo de la enorme cueva con parte de su techo a cielo abierto.
Las estalactitas, las raíces de los mangles y las formaciones rocosas parecen vigilar a los recién llegados, el ruido desaparece y una paz que generalmente se asocia a lugares muy distantes de la ciudad augura un bonito paseo. Los ojos de agua, de diferentes tamaños y formas, son tres: el Lago de Azufre (se pensaba que sus aguas eran azufradas), La Nevera (de aguas muy frías) y Las Damas, que por ser el más bajito de los tres, con 1.5 metros de profundidad, era destinado al baño de mujeres y niños hace unos 35 años, cuando el manantial era usado como balneario público.
Durante el recorrido, el guía explicará que el parque mide 3.5 kilómetros cuadrados; que la cueva, descubierta en 1916, guarda vestigios de la cultura indígena; que las aguas de los lagos, conectados entre sí, forman parte del río subterráneo Brujuelas; y que el baño se prohibió para conservar sus recursos.
La única persona autorizada para disfrutar de sus aguas es Bienvenido Cabrera, el Tarzán del parque, que, para cuando los turistas alcanzan La Nevera, se tirará al ojo de agua de 6 metros de profundidad en un “show” que asegura realiza desde hace más de 50 años. Y lo hace con gusto aunque esté de mal humor porque alguien le reclamó su mala costumbre de fumar dentro de la caverna.

Los Zaramagullones
En el lago La Nevera se toma una rústica –pero segura- embarcación que atraviesa por un costado el ojo de agua y atraca en una estrecha plataforma que conecta con Los Zaramagullones, un cenote de unos 220 metros de circunferencia y aguas verdes rodeado por una tupida vegetación.
Aquí el guía explica que precisamente por estar al descubierto es que recibe el nombre de cenote y no de ojo de agua.
 Este es uno de los puntos más “fotogénicos” del recorrido y el único desde donde el visitante puede apreciar el cenote a “ras de agua”.
Ya en el exterior, sobre el techo de la caverna, se obtiene una vista espectacular de la depresión geológica.

Más que una cueva Luego de largos años marcados por la falta de vigilancia y el descuido ambiental, el Monumento Natural Los Tres Ojos fue rescatado en 2008 por las autoridades de Medio Ambiente.
Parte de este trabajo se puede apreciar en la limpieza del entorno, cierta vigilancia y en la abundancia de especies nativas y endémicas de la flora y la fauna dominicanas.
Aves, murciélagos, lagartos y jurones comparten espacio con frutales, mangles, suculentas, robles, copeyes, helechos, caobas, uvas de playa, otros árboles y cobertores de suelo. A lo largo de los senderos fueron colocadas unas 20 piezas de los famosos santos de palo que elaboran los artesanos de Bonao.
Si, además de la cueva, decide recorrer los senderos del parque, la naturaleza le premiará con el rojo y brillante espectáculo de los flamboyanes en flor…


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¿Qué hace falta en los tres ojos?
- Folletos con información oficial y detallada del monumento natural que estén disponibles en la caseta de entrada o en la tienda de artesanía que funciona en el parqueo de la cueva.
- Más vigilancia en los senderos exteriores, especialmente en los alrededores del cenote.
- Un número telefónico al que las personas puedan llamar para solicitar información (información que incluso en el Ministerio de Medio Ambiente se dificulta conseguir).
- Más respeto ambiental por parte de los visitantes. Muchos agreden la naturaleza al escribir en las hojas y troncos de los árboles.

UBICACIÓN Y ACCESO.
El Monumento Natural Los Tres Ojos está ubicado en el extremo este del Parque Mirador del Este (provincia Santo Domingo).
La entrada se encuentra en la calle marginal Las Américas Este (del Expreso Las Américas).

HORARIO Y TARIFA.
El parque está abierto todos los días de 8:00 de la mañana a 5:00 de la tarde. La entrada a la cueva cuesta 100 pesos para todo público. Este precio no incluye el guía (su tarifa dependerá del tamaño del grupo) ni la barcaza que lleva a Los Zaramagullones (en este caso se deberá pagar 25 pesos).

7/10/10

En la gallera...

No sabía que había que pagar para ver las peleas

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No tenía idea de que el ambiente de las galleras fuera tan intenso. Es cierto todo lo que dicen: la bulla, el ¡voy al pinto!, ¡voy al negro!, ¡voy al rojo!, el dinero (miles y miles de pesos) rodando entre las manos de los apostadores, tipos que gritan como si estuvieran al tris de caerse a trompadas y nada, que así es que hablan; el calor, el olor a sudor, a cerveza, a carne frita y a empanadas y la confirmación del dicho ese que dice que la palabra del hombre sólo es válida y sincera en una gallera.

De lo que casi nadie habla es del silencio que se hace cuando los gallos que pelean -de tantos picotazos y espuelazos que dieron y recibieron- se tambalean por el “ring” como borrachos, se marean, caen y dejan de moverse por largos segundos. Y la algarabía que truena otra vez cuando uno de ellos se mueve, le cuentan los minutos reglamentarios al que sigue tirao y proclaman un ganador.
Tampoco sabía que había que pagar para ver las peleas, y que debes conservar el ticket si sales y vuelves a entrar, y que hay todo un protocolo de pesaje y exhibición de los gallos que puede provocar risa en los no seguidores de este “deporte”.

La mayor sorpresa que me llevé fue ver a los dueños y cuidadores de gallos tratar a estos animales como príncipes antes de la pelea, y luego rociarles, untarles y darles a tragar medicinas lo más rápido que pueden si, después de todos los golpes que recibieron, quedaron vivos. Hasta los lloran, algunos. En serio. Entonces me pregunto qué gracia tiene tratarlos como reyes, cuidarlos y mimarlos para luego incitarlos a la muerte. En todo caso no sabría distinguir qué es más cruel: lo que hacen en España con los toros o lo que hacemos aquí con los gallos…