
En ese mar inmenso de 10 centímetros de profundidad, aguas claras y piedras gruesas, él chapoteaba y chapoteaba. Nadaba a diestra y siniestra.
El pueblo me necesita. Esa gente del otro lado me necesita. El mundo me necesita. Luchaba y luchaba. Sacaba fuerzas de donde no había, de donde no tenía. Por la gloria eterna. ¡Adelante, pequeño campeón! No importa que en estas aguas de Nigua se haya bañado Trujillo. El Señor ya reprendió tanta maldad. Estas piscinas naturales son ahora del pueblo y tú te puedes bañar aquí. ¡Adelante, pequeño guerrero! ¡A por la recompensa! ¡No te ahogues! ¡Nada por tu vida! ¡No desmayes! ¡Hasta la victoria siempre!