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30/9/25

Tengo un nombre racista (Novela de una chica ilusa, cap. 21)

“El señor (…) te busca en recepción”, me dice Alex. 
No, pero, pero… No tengo nada pautado para hoy. Qué querrá. Sin cita. Así porque sí. No, es que…  Por qué hacen eso. No, pues… Ya. ¿Y entonces? Pero es que no tengo...

“Dice que es a entregarte una nota de prensa”, sigue Alex tras largos segundos de titubeos. 

Ah, bueno. Si es eso, está bien. 

Salgo, digo su nombre y se acerca.
Extiendo la mano, él la toma y lo primero que dice es: 
—Ah, pero yo pensé que usted era blanca.  
Abro los ojos y empiezo:
—Cómo así…
Otro señor que lo acompaña como que le dio vergüenza y le reclama que cómo dice eso, que qué tiene que ver.   
—Hay nombres que son de gente blanca —responde el señor como si nada. 

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P.D.  Así que hay nombres racistas, ¿eh? Vaya. Qué se le va a hacer.

18/3/12

¿Racista? ¡No, ombe! (Novela de una chica ilusa, cap. 13)

Juro que le caigo bien. De eso no hay duda. Ella me quiere, que conste. Doña Q se sincera conmigo y con los ojos vidriosos y las manos que se juntan y se abren formando capullos suelta algo parecido a:
“Mira, Yani, si tú la ves (aquí acerca el capullo a mi cara), esa prieta del diablo. Yo no sé lo que le vio mi hijo. Para mí que le hizo brujería. Esa fea, negra de la mierda. Es dañarme la familia que quiere, dañarme la raza. Yo que, si tú ves, Yani, mira lo bien que casé a… (su hija mayor), mira qué lindo salió… (su nieto, lindo, en verdad), para que venga esta maldita negra a dañarlo todo. Y él dizque que está enamorado, oye eso, de esa prieta, yo quisiera que tú la vieras, ah, y dizque está embarazada, yo espero que no, que sea embuste, porque tú te imaginas, esa maldita negra en la casa, porque es para allá que va a coger, para mi casa. Yo juro que fue brujería que le hizo, para agarrar a un hombre blanco, porque quién le va a hacer caso a esa prieta".

Y así toda la tarde. Si doña Q no lloró fue porque yo no dije nada. Generalmente soy muy enchinchadora, pero también empática, y como ella se sentía tan mal, a punto de quebrarse, opté por escucharla y abrir los ojos cada tres o cuatro segundos a modo de complicidad. Refresco la memoria y pienso que es verdad, que la familia de doña Q es una familia de gente rubia, que los nietos son blancos, sus yernos y demás nueras también. Y me imaginé que estaba sufriendo horrores porque en pueblos como en el que ella vive se le da mucha importancia a la estirpe. Para que venga una… y lo arruine todo.
A la semana siguiente (volvió a la ciudad a repetirse unos exámenes médicos) estaba de mejor humor. Incluso debió pensar que se había excedido un poco con la compañera (novia, querida, mujer) de su hijo, o tal vez olvidó completamente lo que me había contado una semana antes porque cuando comenzó a hablar, al referirse a la chica aquella dijo, mirando su brazo desnudo y acercándolo al mío.
“Ah, ella es una muchacha de... (un sitio que no recuerdo) así, como de tu color”.