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El burro vanidoso

Bajábamos de Guayuyal (Bohechío, San Juan) y nos paramos en una casa no sé a qué. Al ver ese burro color polvo que venía por el camino -¡vaya parecido con el paisaje!- me aparté del grupo, corrí a la vía y me dispuse a tomar la foto. Al darse cuenta de las intenciones de la chica, el burro se paró, juntó las patas delanteras y luego las traseras (¿o fue al revés?), miró a la cámara con esos enormes ojos entre tristes y burlones que sólo tienen ellos, los burros, y posó para el lente de la siempre entrometida Yalo.

Posando...

…entonces comprendió que lo único que quería la pobre tipa con cara de boba parada frente a él era tomarle una foto. Y le dio pena verla maniobrar la cámara y echarse para atrás a medida que él avanzaba, regozo a caerse (ella) de espaldas en este camino que nunca ha sido asfaltado y que tantos estrallones ha provocado, especialmente en tiempos de lluvia.
E hizo algo que la gente cree que los burros no son capaces de hacer, porque nadie entiende que se hacen los tontos a propósito sólo para honrar el nombre que les dio el Creador: se paró en medio del camino, juntó las patas delanteras y luego las traseras (así como juntan los pies las personas cuando alguien les toma una foto), miró directamente a la cámara, esbozó una pequeña sonrisa (¿la ven?) y posó para el lente de la curiosa Yalo…