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10/10/19
Pobre Cuco...
Él es Cuco, el guardaparques del Valle de Dios desde hace 10 años. Tiene seis hijos. Su vecino más cercano se encuentra a cuatro kilómetros.
Vive en una casita muy modesta cruzando el río Colorado, a unos minutos de la confluencia de este arroyo y el Blanco.
Dice que va por 70 y pico de años, que nació y vivió en la comunidad de Arroyo Colorado y que una vez el área fue convertida en zona protegida (“le ofrecieron casas y tierra a la gente para que se fuera”) él se quedó con su solarcito cuidando el área.
Era, además, el alcalde pedáneo de este paraje ubicado en Los Cacaos, San Cristóbal. El valle forma parte del Parque Nacional Montaña La Humeadora.
Cría algunas vacas. Cosecha yuca, yautía, guineos, café, chinolas, pera criolla, naranjas, limón...
Tiene una especie rarísima de café brasileño (las flores de la foto).
No gana mucho. Un racimo de guineo lo vende a ¡50 pesos! en la placita (mercadito) de Santana Abajo (el pueblito desde donde salen las excursiones al Valle de Dios) y todo lo otro prácticamente lo regala, “así de mal anda el campo”.
Les cuento todo esto para que vean cuán terrible fue lo que le pasó.
Él venía cruzando el río con un hermoso caballo y varios racimos de guineos. Como íbamos a visitarlo – a lo mejor pensó que brevemente-, les pidió a dos chicos que estaban en el río que le vigilaran el caballo y la carga.
El lío es que duramos muchísimo hablando con él, recorriendo la parcela, conversando con su mujer. Cuando volvimos, los chicos no estaban y el caballo se estaba zampando uno de los racimos de guineo. Miren nomás su hocico, por si pensaban que no.
Y se nos metió una tristeza enorme…
Pobre Cuco. Nosotros ya sabíamos del valor de esos guineos.
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P. D.: Condena'os muchachos del…
26/7/18
La verdadera historia del Valle de Dios y el río Colorado
Fuimos al Valle de Dios y conocimos el río Colorado el pasado fin de semana. Toda una aventura. De la historia que publicamos ayer en Listín Diario reproduzco tres partes que considero interesantes porque hay algunas informaciones falsas sobre estos lugares rodando por ahí. ¿Quién fue la primera persona que documentó el lugar (para tv)? ¿Cuándo se realizó la primera visita ecoturística abierta al público? ¿Por qué el río tiene este color y quién y por qué le puso el nombre al valle?
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El valle y el río de moda
Hace tres años, el explorador dominicano José Then invitó a otro gran aventurero, Manuel Peralta Ureña, a explorar la parte alta del río Mahomita, al noroeste de San Cristóbal. Querían ver si encontraban charcos y cascadas a su paso por el Parque Nacional Montaña La Humeadora.
Comenzaron la ruta el 29 de marzo de 2015 en la comunidad Santana Abajo (municipio Los Cacaos) con el guía Antonio Tejeda (El deportao). Luego de seis kilómetros de subidas y bajadas divisaron desde lo alto de una loma un área verde claro descampada que contrastaba con el verde oscuro de los bosques que la rodeaban y hasta allí los condujo Antonio. Llegaron a las 12:30 de la tarde.
El lugar tenía su letrero: El valle de Dios, y en medio una caseta usada por los trabajadores de las brigadas forestales de Medio Ambiente que todavía hoy laboran de lunes a viernes en la reforestación, cuidado y control de la zona. Los monteros publicaron fotos y datos del lugar en las redes sociales.
Peralta los compartió con Lotetta Jiménez, de la Brigada Ecológica Aniana Vargas, quien para mayo de ese mismo año organizó la primera excursión ecoturística abierta al público hasta el lugar.
Cuatro años antes, en 2011, la periodista Altagracia Salazar ya había realizado un documental sobre el valle luego de visitarlo en compañía de Julio César Domínguez Montás, entonces viceministro de Medio Ambiente y encargado del programa de rehabilitación de la cuenca del río Nizao.
Las visitas no han parado desde hace tres años. Entre 30 y 100 personas se acercan todos los fines de semana para conocer el valle y muchos de los atractivos diseminados en sus alrededores. Uno, en particular...
¿Qué tiene de especial la zona y por qué se ha convertido en la excursión ecoturística de moda?
EL RÍO COLORADO
Luego de 10 minutos de caminata suave desde el área de camping se encuentra el motivo que inspira muchos de los viajes al Valle de Dios: conocer el único (todavía) río rojo de República Dominicana, entrar a sus aguas, tocarlas, caminar por su lecho y preguntar, claro, por qué tiene ese color. La teoría más difundida sobre el color de las aguas es que en su nacimiento hay una mina de óxido de hierro.
El guía forestal Ramón Osiris Casado (Yaco) asegura que cuando llueve se pone todavía más rojo, que cerca de su nacimiento tiembla la tierra de manera constante y que “si metes una vara y la empujas se va hundiendo, hundiendo”.
Domínguez Montás, en cambio, explica que simplemente el río nace en un pozo de arcilla roja, muy abundante en toda la zona, y que por eso este color característico tan marcado en su nacimiento que se mantiene a veces incluso hasta su desembocadura en el río Mahomita, un kilómetro y medio más adelante.
“Es roja porque el manantial sale directamente de la arcilla, y a veces también tiñe el Mahomita”, sostiene Domínguez.

¿POR QUÉ VALLE DE DIOS?
Cuenta Manolo (Tomás Santana, nuestro guía) que el paraje se llamaba Arroyo Colorado, y que el nombre “El valle de Dios” se lo puso en 2009 el entonces viceministro de Medio Ambiente Julio César Domínguez Montás en un encuentro en el que participaron unas 200 personas.
Ya en Santo Domingo, don Julio no solo corrobora esta historia, sino que nos narra cómo pasó. Dice que conoce bien el lugar desde hace muchísimo tiempo pues en 1994, siendo todavía gobernador de la provincia San Cristóbal, el presidente Joaquín Balaguer lo nombró supervisor de la zona.
Y sostiene que el 22 de marzo de 2009, estando en Arroyo Colorado con los comunitarios de Los Cacaos para firmar el convenio entre Medio Ambiente y la Empresa de Generación Hidroeléctrica Dominicana (Egehid) que dejaría inaugurado el proyecto de rehabilitación de la cuenca del Nizao, los ríos bajaron de repente, rapidísimos, llenos agua, “una cosa tremenda”.
“Estando durmiendo en un pequeño rancho ya abandonado escuchamos un fuerte ruido y eran los ríos y arroyos bajando agua sin estar lloviendo en el área. Al otro día el valle lucía con una hermosa playa de arena y cubierto todo de una espesa y hermosa neblina”.
Al grupo le impactó tanto lo que pasó que Domínguez les pidió: “Levanten la mano, que hoy yo bautizo este valle como El valle de Dios. Y ahí mismo juramenté una comisión para que en lo adelante el valle fuera conocido de esta forma”.
Y así fue.
Cuando el ministro de Medio Ambiente Jaime David Fernández le dijo que todos los valles eran de Dios él respondió que sí, que podrían ser todos de Dios, pero que ese era “de nuestro Dios” y un lugar especial donde se conjugan todas las aguas de las montañas cercanas.
El letrero lo mandó a hacer con Luis Castillo, artesano oriundo de Baní ya fallecido que residía en La Colonia (Cambita). “Es una tabla de madera de melina (Gmelina arbórea) quemada con fuego”, explica Domínguez Montás.
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Más fotos de la aventura:

21/2/15
La ruta Piedra Blanca-Rancho Arriba
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A Vladimir Fernández
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Una vez concluyan de manera definitiva los trabajos en la carretera que conecta Piedra Blanca (Monseñor Nouel) con Sabana Larga (San José de Ocoa), más viajeros dominicanos tendrán la oportunidad de disfrutar de una vía panorámica tan bonita como las de los municipios Jarabacoa y Constanza en La Vega y San José de las Matas en Santiago. Si todavía no lo hacen es porque el camino es casi intransitable y los atractivos turísticos del área son poco conocidos.
Como habíamos escrito en 2013, desde Piedra Blanca hasta el Cruce de Ocoa, en la provincia Peravia, hay 84 kilómetros de puros verdes en los que unas 42 fuentes acuíferas (entre ellas los ríos Maimón, Nizao, Ocoa y Banilejo) alimentan una de las zonas de agua más importantes de República Dominicana.
“En ese trayecto, la carretera pasa
por el Parque Nacional Montaña La Humeadora (una zona de bosque nublado que registra una de las pluviometrías más altas del país) e incide en los alrededores de otros tres: Valle Nuevo, La Barbacoa y Padre Luis Quinn”.
(Leer en Listín Diario).
Pocos viajeros, esos que han tenido el placer de hacer el trayecto en camionetas, vehículos 4 x 4 o, como ya lo hicieron los chicos del Hispaniola Dual Riders en motocicletas, ya conocen la maravilla que es el tramo Piedra Blanca-Juan Adrián-Rancho Arriba (y un poco más: Sabana Larga).
Si hacemos a un lado las zanjas y los pelados “derricaderos” que diseñan las lluvias y la erosión (es que hasta eso es bonito), nos queda un paisaje de montañas y valles muy parecido al de la zona de Casabito.
Entonces es una delicia pararse a observar las cascadas que se pierden entre las piedras y la maleza, apenas distinguibles desde un vehículo en marcha; detenerse en el punto exacto de la carretera desde donde se obtiene la mejor vista de La Humeadora, o dejar que la vista se deleite en la contemplación, desde un mirador natural, de las formas perfectas de las lomas (parecen dibujadas) y los valles sembrados de hortalizas y vegetales.
¡Qué lindos se ven los pueblitos intramontanos desde lo alto de las mesetas y los despeñaderos! ¡Cuántos tonos verdes se pueden contar entre los altos pinares y la yerba tierna! ¡Qué coqueta la ermita de la virgen de la Altagracia en un costado del camino, qué risa con los charamicos que se ofrecen en la vía en pleno verano y cuánto se aprende en una visita a los invernaderos!
¡Qué desafiantes a la aventura lucen los senderos de tierra que se unen a la carretera principal!
¡Cuántas flores y plantas "raras" alegran los caminos, los patios y las cercas de las casas! ¡Y qué rica la comida y el buen trato a los viajeros del hotel y restaurante Tell Alpin (Rancho Arriba).
Na.
Qué prometedor es el futuro ecoturístico alrededor de esta carretera, sobre todo en la parte que corresponde a San José de Ocoa. Porque lo que ven en las fotos es solo un poquito de lo mucho que ofrece la provincia sureña. Dejar la vía principal y explorarla “por dentro” es parte de otra historia que espero contarles algún día...
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