
Casi nadie repara en ellos ni les toma cariño (los botan y ya), pero los tenis son, de alguna forma, los grandes y verdaderos compañeros de viaje.
Si incomodan, si quedan un poco estrechos o un poco grandes, el viaje no sirve. Hay que estar en paz con ellos para que todo “marche bien”. Estos, que no costaron 300 pesos y que Yalo se los compró a un amigo “para ayudarlo”, resultaron ser
los más fuertes y leales del mundo. Testigo fiel de legendarios viajes alrededor del país, murieron el último sábado del pasado mes de junio. ¿Cuántos viajes se tiraron aguantando a la Yalo? Muchos. El más largo y dramático fueron los 22 kilómetros de
subida al pico Duarte en el año 2006. Y luego llegaron más. Yalo recuerda que los guías siempre le decían: “Perdóneme, pero yo creo que debe buscarse otros tenis para subir esta… u otra… loma”. Y ella les contestaba:
“No se preocupe, aunque usted los vea así, ellos han subido el Pico”. Pero los pobrecitos no aguantaron los 2 kilómetros y pico de lomas que hay que recorrer para llegar al
Hoyo de Sanabe, en lo alto de la loma Peñón de la Sabana. Se deslenguaron, se les fue la suela y, de vuelta, se hundieron en un lodazal donde la Yalo cayó y del cual sólo pudo salir con la ayuda de Mayi y
Timo. RIP