Gracias al exitoso programa de recuperación de corales iniciado en 2004 por la Fundación Ecológica Puntacana, cerca de 4,000 metros de tejido lineal de las especies Acropora se han propagado en los últimos 10 años.
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Yaniris López
Santo Domingo
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Factores naturales y humanos han provocado un descenso de las colonias de corales en todo el mundo.
Se estima que en el Caribe, la población de las especies Acropora cervicornis (cuerno de ciervo) y Acropora palmata (cuervo de venado) ha mermado en más de 97% en los últimos 30 años, considerándose ambas en estado crítico de extinción.
Debido a la importancia de estas especies para el ecosistema marino del Atlántico central, la Fundación Ecológica Puntacana se propuso en 2004, en una alianza con la Escuela de Marina y Ciencia de la Universidad de Miami y la organización Counterpart International, rescatarlas de la extinción.
El exitoso resultado son casi 2,000 metros de tejido lineal de Acropora propagados solamente en el vivero de Punta Cana y varias réplicas del proyecto en distintos puntos de la costa dominicana.
¿Cómo lo hicieron? Recolectaron material de colonias existentes y las propagaron en viveros bajo el agua en armazones de soga y metal ubicados frente a las costas de Punta Cana, en la provincia La Altagracia.
A medida que crecían los corales, podaban los armazones y los fragmentos de corales eran plantados nuevamente en el arrecife.
Para 2012 los corales, a través de la reproducción asexual o del desove, volvieron a su propia recuperación.
Buena acogida
Diego Lirman, profesor de la Universidad de Miami y líder de este proyecto científico para la fundación Puntacana, dijo a LISTÍN DIARIO que el éxito del programa ha resultado una grata sorpresa para la comunidad científica, que al principio mostró cierta resistencia.
Pero era una resistencia entendible -opina Lirman-, que suele aparecer cuando se manipula la naturaleza y sus elementos se mueven de sitio.
“Cuando empezamos a hacer un análisis y revisión de quiénes estaban trabajando y dónde, nos encontramos con más de 50 proyectos de restauración de corales que usaban el género Acropora en el Caribe, incluyendo a Florida. Luego nos dimos cuenta de que muchos de esos proyectos habían terminado, habían sido de corto plazo o no habían tenido suficiente apoyo local y fueron desapareciendo”.
Pero no era el caso de los viveros de Punta Cana, apuntó el ecólogo marino en uno de los talleres que cada cierto tiempo organiza la fundación.
Según Lirman, a nivel de la propagación en los arrecifes de corales de las especies cuernos de ciervo y cuernos de arce, este es uno de los tres centros más importantes dentro del Caribe, incluyendo Florida, en cuanto a la biomasa y fenotipos y a la cantidad de colonias que se han trasplantado de vuelta a los ambientes naturales.
Este logro provocó un cambio de opinión en la comunidad científica en los últimos cinco años.
“Inclusive tenemos socios que en su momento habían estado no sólo en contra, sino con dudas respecto a la metodología. Ahora que hemos demostrado que funciona, que estamos mejorando el medio ambiente, que no estamos modificando la genética y que no estamos contribuyendo a la degradación, estamos siendo más respetados”, expresa.
Lirman considera, sin embargo, que la alarma sobre el deterioro de los corales debe continuar.
“Hay que entender que trabajar solamente en un frente no va a solucionar el problema. Hay problemas ambientales locales y nacionales que impactan los ecosistemas y que se deben mejorar para que la recuperación de los corales perdure”.
Miles de tejidos en línea
Jake Kheel, director de la Fundación Ecológica PuntaCana, confirma que actualmente existen nueve viveros de corales en República Dominicana establecidos por la Fundación Ecológica Puntacana y sus socios Reef Check RD y Fundemar. Estos viveros están ubicados en Punta Cana, Punta Rucia, Bayahíbe, Pedernales, Las Galeras, el Parque Submarino La Caleta, Sosúa, Montecristi y Palmar de Ocoa.
Hasta julio de 2013, más de 1,665 metros de tejido lineal de Acropora se habían propagado en el vivero de Punta Cana (la fundación maneja cuatro de estos viveros) y unos 2,000 metros de tejido en los otros viveros.
En lo que va del 2014, sigue Kheel, 13 sitios de trasplantes adicionales han sido establecidos en Punta Cana, utilizando unos 1,920 fragmentos del vivero.
“Esto equivale a unos 700 metros de tejido. En total, 35 sitios de trasplante han sido establecidos en la zona arrecifal de Punta Cana desde el 2010”, explica Kheel.
La Fundación Reef Check Dominicana, que maneja viveros en Sosúa (Puerto Plata), La Caleta (provincia Santo Domingo), Palmar de Ocoa (Azua), Las Galeras (Samaná) y Juancho (Pedernales), instalará próximamente uno en la provincia Montecristi.
Bancos de genética
La Fundación Ecológica Puntacana inició también la instalación de bancos de genética de las especies Acropora en Sosúa.
“Es bueno tener depósitos en otros lugares para restaurar los arrecifes en caso de tormentas”, explica Diego Lirman, ecólogo marino de origen argentino.
Las especies del género Acropora, agrega, contribuyen a la estructuración de los arrecifes, proveen de hábitat a otras importantes especies e invertebrados y son ideales para ser criados en jardines (viveros marinos) gracias a su rápido crecimiento.
“En nuestros viveros hemos podido repoblar lugares que habían perdido toda la población de corales”, dice.
Adopta un coral
Aunque ocupan menos del 0,001% de la superficie de los océanos del mundo, los arrecifes de coral, como explica la fundación Reef Check Dominicana, contienen alrededor de un cuarto de toda la vida marina conocida.
Para buscar aliados en el trabajo de restauración de corales, Reef Check promueve la campaña “Adopta un coral”.
¿De qué se trata?
La institución mantiene un registro de cada uno de los corales en los viveros, “haciendo posible que cada persona se haga responsable de asegurar el adecuado mantenimiento y posterior trasplante de uno o varios corales. Esta es una excelente oportunidad para que la restauración activa de estos corales sea autosuficiente, y es una manera muy innovadora y diferente de hacer un regalo a alguien en un día especial”, entiende la organización sin fines de lucro.
Si te interesa colaborar, escríbeles a info@reefcheckdr.org
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5/6/14
31/5/14
¿La rociaron con pintura?
Desde que me hiciera fan de Pinterest, ya no me sorprende encontrar flores y plantas raras por los montes. Pero sí me siguen deslumbrando los colores y las formas inimaginables que algunas de ellas poseen.
Varios kilómetros antes de llegar a Rancho Arriba, en la provincia San José de Ocoa, tomando la carretera desde Piedra Blanca (provincia Monseñor Nouel), encontramos esta matita pegada a la cerca de una casita desde donde se obtiene una de las mejores vistas del valle y las montañas del municipio ocoeño.
Pobrecita, piensa una a la primera mirada, le dejaron caer un pote de pintura rosada encima. Dos segundos después una piensa que, de ser cierto, la rociaron con alguna regadera, porque las pintitas guardan una estructura más o menos uniforme y están distribuidas por todas las hojas. Cinco segundos más son suficientes para comprender que la mata es así, verdemarrón con pintitas rosadas. Si existen hojas con letras y números dibujados, ¿qué tiene de raro encontrar una con motas? Eso, precisamente, encontrarla.
Buscando, vemos que pertenece a las Hypoestes, un género de la familia Acanthaceae, nativa de Madagascar. El lío es que este género tiene 223 especies herbáceas descritas. A la que más se parece la de la foto es a la Hypoestes phyllostachya. En la página del último enlace ponen, como nombres comunes: planta flamenco (seguro por la forma de las flores), cara de pecas y planta de lunares, entre otros.
Nada. En lo que Cristo llega y nos libera de este mundo cada vez más... ¡disfrutemos de la combinación de colores que nos regala la naturaleza!
Varios kilómetros antes de llegar a Rancho Arriba, en la provincia San José de Ocoa, tomando la carretera desde Piedra Blanca (provincia Monseñor Nouel), encontramos esta matita pegada a la cerca de una casita desde donde se obtiene una de las mejores vistas del valle y las montañas del municipio ocoeño.
Pobrecita, piensa una a la primera mirada, le dejaron caer un pote de pintura rosada encima. Dos segundos después una piensa que, de ser cierto, la rociaron con alguna regadera, porque las pintitas guardan una estructura más o menos uniforme y están distribuidas por todas las hojas. Cinco segundos más son suficientes para comprender que la mata es así, verdemarrón con pintitas rosadas. Si existen hojas con letras y números dibujados, ¿qué tiene de raro encontrar una con motas? Eso, precisamente, encontrarla.
Buscando, vemos que pertenece a las Hypoestes, un género de la familia Acanthaceae, nativa de Madagascar. El lío es que este género tiene 223 especies herbáceas descritas. A la que más se parece la de la foto es a la Hypoestes phyllostachya. En la página del último enlace ponen, como nombres comunes: planta flamenco (seguro por la forma de las flores), cara de pecas y planta de lunares, entre otros.
Nada. En lo que Cristo llega y nos libera de este mundo cada vez más... ¡disfrutemos de la combinación de colores que nos regala la naturaleza!
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Relacionado:
25/4/14
'Jurassic Park' en Santo Domingo
Nunca publicamos las fotos que
tomamos en 2012 del proyecto Parque Jurásico, instalado en el Jardín
Botánico de Santo Domingo (JB). Las hormonas, ya saben. Publicamos algunas ahora a
propósito de que los dinosaurios de mentira volvieron al JB ayer, 24 de abril. Allí permanecerán hasta junio de este año.
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PD.: Abrazos de abril, el mismo que se llevó al Gabo y sus gardenias.

7/4/14
1/4/14
¡Hola, abril!
¡Oh luna, cuánto abril,
qué vasto y dulce el aire!
Todo lo que perdí
volverá con las aves.
La luna está muy cerca,
quieta en el aire nuestro.
El que yo fui me espera
bajo mis pensamientos.
¿Y se perdió aquel tiempo
que yo perdí? La mano
que yo perdí? La mano
dispone, dios ligero,
de esta luna sin año.
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«Advenimiento», Jorge Guillén
Fragmento
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