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28/6/16

Paisaje de Santa Bárbara


¿Ven su silueta? Eligió para descansar, o tal vez para aliviar la modorra provocada por el sol de las 3:00 de la tarde, el tronco de un mango que carga en su follaje alto una futura copiosa parición.
De espaldas al mar de Monet para que el resplandor del sol, insistentemente reflejado en puntitos y rayitas blancas que parecen cortar la superficie, no le ciegue o maltrate su sueño. Oyendo a los turistas y a los pescadores pasar. Percibiendo el suave vaivén de las corrientes marinas y el golpe casi imperceptible del agua al chocar con la pared clara del malecón. Ajeno a todo. Sintiendo la vida pasar. Feliz, tal vez. Sin saber que arruina, con su figura sobre la mata, el paisaje perfecto del muelle de Samaná.

17/9/07

Lo que deja la marea

A Hazel

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Bien entrada la mañana, cuando la baja marea obliga al mar a retirarse de los acantilados, una escena algo inusual en el malecón de Puerto Plata, frente a la fortaleza de San Felipe, invita al visitante a pararse frente a los bancos de cemento de la avenida y mirar hacia abajo.
Una enorme plataforma amarilla parecida a una esponja gigante divide el cuerpo de agua del arrecife.
Ya de lejos se pueden ver personas escarbando entre los pequeños pozos que deja el mar en el suelo de mentira.
¿Qué buscarán?
¿Corales? ¿Piedras raras? ¿Algún objeto perdido? ¿Cómo bajaron?
Hago uso del zoom de la cámara para observar mejor. Armados con coladores plásticos de cocina, escafandras, chancletas y cubos, niños y adultos recogen pececitos, camarones y cangrejos dejados por la marea. Nada más. Sólo eso. Padres e hijos ocupados en una actividad que parece llenarlos, divertirlos, y que les toma tiempo. Hasta las tres de la tarde, más o menos, cuando la marea comienza a subir y la esponja desaparece.
El sol, picante, abrasador, insoportable, no parece afectarles. Hay cosas más importantes que merecen su atención: los diminutos presos que no pudieron irse con el agua y que ahora adornarán las peceras o los estanques caseros de las familias puertoplateñas...

17/7/07

Guerra en la playa


Volvemos con el maravilloso mundo de los niños. Otra vez la foto fue tomada en Puerto Plata, pero en la playa conocida como “Los Perros”, en el Malecón, al ladito de Long Beach. En esta ocasión los pequeños ya son un poco mayorcitos y sí saben lo que hacen: se pelean, patean, arrastran, jalonean y golpean sin piedad. Es un tres para tres. Nadie está a favor de nadie. Nadie defiende a nadie. El primero que cae corre el riesgo de que los demás lo aplasten. El que queda en el medio sabe que el de arriba también lo aplastará a él. La idea, entonces, es no dejarse golpear pero tratar de golpear al otro lo más que se pueda. Risas y carcajadas en medio del alboroto. ¿Risas? Claro. En esta lucha los golpes no duelen (o se disimulan). Los “estrallones” menos. El “ring” está amortiguado por varios metros de fina arena que ya hubiese deseado para su show el mismísimo Jack Veneno.