Buscar en el blog

Mostrando entradas con la etiqueta Timoteo Estévez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Timoteo Estévez. Mostrar todas las entradas

8/4/09

En la guácara de Hernando Alonso

La entrada a la cueva
Cuando Timo dijo “y traigan un foco” Yalo pensó en complacerlo para que él no pensara que le había hecho caso omiso a la recomendación.
Se paró con Ro en la ferretería más cercana al centro de Fantino (Sánchez Ramírez) y se armó con la única linterna que quedaba en la tienda, que resultó ser una de esas que dan risa: bien ancha en la parte del foco y estrecha en el mango. Rara, en verdad.
De hecho, el chico que la buscó se quedó a medio camino, en el pasillo que da a la parte trasera de la tienda, y desde allá dijo: “Sólo nos queda de ésta”, como excusándose (risas).
Luego le daríamos gracias al ¿cielo? por haberla comprado.

De Fantino tomamos rumbo al sur, hacia la(s) guácara(s) de Hernando Alonso (distrito municipal del municipio La Mata). La cueva se encuentra en lo alto de una montaña que se alcanza a ver desde la carretera.
Antes de llegar a la falda hay que pasar por una “empalizá”, un pequeño cacaotal, un río y una amplia sabana.
La subida, salpicada de piedras blancas y un hermoso paisaje verde como fondo, es de fácil ascenso: más o menos 10 minutos para los ágiles y ejercitados, 20 minutos para los haraganes como Yalo. De abajo parece más difícil, pero no es para tanto.
La idea de visitar la cueva era, además de explorarla, ver si descubríamos a la primera mirada la famosa figura de la virgen que se encuentra en las cuevas (en realidad son muchas cuevas en una sola, aunque sólo haya una entrada).
El reto lo había planteado Timo.

El lío es que para llegar hasta la “piedra” de la virgen hay que atravesar varios laberintos fríos y de pisadas sospechosas.
La entrada de la cueva se ve normal, espaciosa y con petroglifos en las primeras rocas que auguran una buena observación de la rica herencia taína.
Pero al entrar… una se da cuenta de que el paseo no será tan sencillo. Aunque tenemos focos, sólo el flash de la cámara al dispararse nos brinda una idea de cómo serán los próximos metros: oscuros pasadizos con pisos desnivelados, figuras rocosas que se desprenden de los techos y gotitas de agua que en los próximos años darán forma a peculiares estalagmitas.

Timo dirige la “expedición”, y Cholo y Jorge cuidan los pasos de las chicas. Como no se puede estar disparando fotos todo el tiempo, hay que tener cuidado con los desniveles y con la oscura oscuridad, la mejor aliada de los murciélagos que dan la bienvenida a los visitantes.
La virgen está casi al final, empotrada en el lateral derecho.
De frente no dice nada, pero de costado, ufff, ¡en serio que lo parece! Los estudiantes y supongo que otros visitantes han garabateado en las rocas, lo que le resta pulcritud al lugar (¿dónde están, Turismo y Medio Ambiente?).
El paseo de ida termina cuando un montón de rocas desprendidas hace varios años bloquea el paso y obliga a dar la vuelta.
Las pringamosas en flor y unas enormes raíces que parecen ¿mangles? nos reciben a la salida.
Si no hubiésemos llevado foco el viaje hubiese sido un fiasco. En serio.
Y si no hubiéramos contado con la grata compañía de Timo, Cholo, Jorge, Karpov y Chiquilía, el viaje a Fantino y al lago de Hatillo no hubiera sido lo que fue: una grata e inolvidable experiencia digna de contarse.
Pero esa es otra historia, como dice Johanna Spyri, “que les contaré algún día”.









La virgen. ¿Logran verla?


La entrada: desde adentro y desde afuera.

El paisaje desde la loma.



Relacionado en LD:
El reto: encontrar a la virgen