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Intenten imaginarse la escena los que no la han visto. Luego de navegar por 10 o 15 minutos sobre aguas verdes y fondos claros, entre mangles y aves lindas, cobijados por la altura impresionante de los árboles que cuidan el brazo de agua que conecta la laguna Gri-Gri (Río San Juan, María Trinidad Sánchez) con el mar inmenso que es el océano Atlántico, al salir a mar abierto aparecen ellas y ellos coronando los farallones del ahora Monumento Natural Laguna Gri-Gri: decenas de cabezas blancas a tamaño natural (algunas con penachos de coral) que no dejan de provocar asombro en los ojos que se estrenan en su mirada.
―Son las cabezas de los indios ―responde el capitán del barco―. Las hizo un artista plástico de aquí de Río San Juan que se llama Persio Checo (defiéndete, Checo, si no es verdad).
Las cabezas salpican la orilla occidental del litoral, pero la mayor concentración se encuentra en un costado de Playa Caletón, muchísimas, formando, le pareció a la Yalo, un cementerio de cabezas de indios. Pero hay más que cabezas: en un costado se ve a una india que intenta deslizarse (o suicidarse) desde los farallones al mar, y en otro islote un indio que trepa por las piedras.
La Yalo jura que el capitán se ofendió y por eso anotó su respuesta:
―A mí tampoco me gustan mucho, pero esas cabezas se pusieron allí para honrar la memoria de los indios.
― Pero ¿cómo permitieron Turismo y Medio Ambiente que se pusieran esas cosas allí? Esto es un área protegida― siguió enchinchando la Yalo.
Y el capitán respondió que las colocaron hace unos 6 u 8 años, antes de que la hicieran área protegida, en 2009. No encontró mucho coro la Yalo para seguir descricajando lo que vio, ni durante ni después del viaje. (No estás incluida, Avic).
La suerte le llegó un mes y medio después, cuando volvió a la zona acompañando a las autoridades de Medio Ambiente, pero ¡ja!, ni ellos coincidieron en las opiniones.
A su lado iba Isabel Bonelly, encargada de Ecoturismo de Medio Ambiente, y a ella (¡viva, Yalo!), que no las había visto, sí que le parecieron fuera de tono y poco apropiadas para el paisaje. ¿Y saben lo que respondió don Domingo de León? Anoté la respuesta, por supuesto:
―¡Ahhhhh, que a ustedes no les haya gustado es otra cosa!
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P.D. Nada. A falta de consenso, juzguen ustedes, pues…