Por estar mucho tiempo frente al fuego quedó ciega por un año.
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Yaniris López
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La vida de María Mercedes Gutiérrez, conocida aquí en Constanza como Benza, transcurre entre olores. El olor de la arepa recién hecha y el de los dulces de leche, coco, naranja y lechosa que le enseñó a hacer su madre desde jovencita.
“Tengo 60 años guayando coco”, dice mostrando sus manos, deformadas de tanto guayar. Por suerte, hace poco su hijo le prestó una máquina industrial que ahora hace ese trabajo.
Benza, que el pasado 28 de febrero cumplió 77 años, quedó viuda muy joven. Su esposo, soldado en tiempos de la dictadura, murió durante la expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo, en 1959. Y Benza no volvió a casarse. Dos hijos le quedaron de la relación, y un futuro que labrar a fuerza de mucho trabajo.
“Mi marido ganaba 30 pesos cuando murió. Me pusieron una pensioncita pero me la quitaron con los cambios de gobierno”, cuenta esta campeona de la vida que apenas alcanzó un tercer grado de primaria.
En su casa, ubicada en la entrada del centro del municipio, Benza muestra con orgullo fotos viejas y recientes de sus hijos, nietos y biznietos; los reconocimientos locales que ha recibido y una fotografía donde se la ve al lado del actor Guy Ecker, que visitó la zona a mediados de los 90 mientras se filmaba en el país un anuncio de una marca de café para promover la telenovela colombiana “Café con aroma de mujer”.
Turistas y locales se acercan para dejar encargadas las delicias gastronómicas que le han hecho famosa en la zona: panes, marquetas y potes de dulces y arepa dulce y salada.
Benza explica que las arepas las hace de tres tamaños y al carbón. De tanto estar frente al carbón y el fuego quedó ciega durante un año.
“El fuego me afectó los ojos -dice-, porque cuando empiezas a menear la arepa no puedes parar. Le dije a uno de los nietos que le iba a enseñar a guayar coco porque pensé que nunca volvería a ver”. Pero lo hizo. En 2001 la operaron y continuó con su trabajo.
También tiene una hernia discal que le produce mucho dolor en las piernas. Aunque cuenta con la ayuda de Graciela en la cocina, igual Benza se levanta todos los días a las seis de la mañana y se tira su balde de agua fría (¡en Contanza!, donde las temperaturas suelen bajar a 8 y 10 grados en las madrugadas) y se pone a rezar.
Es muy devota.
“He pasado mucho trabajo en esta vida, pero estoy contenta con Dios. Mi papá nos dejó una tierrita, la tuve que vender y quedarme con esta esquinita. Me quedé pidiéndole a Dios”.
Su labor social
Pero en nada de esto piensa Benza cuando habla de su debilidad: los niños. Este amor por los pequeños lo siente desde los 11 años, indica. Con los más pobres de Constanza hace cada diciembre una labor que va para 30 años: les prepara una enorme cena de Navidad y les regala juguetes. Su patio se convierte en una gran fiesta. Dos meses antes se los pasa pidiendo, “porque no tengo de dónde sacar para darles”.
“Aquí se cosecha mucho, pero el que tiene su queso no lo quiere ‘flojar’. Después de Dios, el amor a los demás es lo más grande”.
En Cuaresma, Benza prepara té para la comunidad, especialmente el Viernes Dolores. Muchos de los que recibieron su apoyo son hoy hombres y mujeres que agradecen sus atenciones.
Al lado de la casa Benza tiene un negocito donde vende “cositas”. Si tuviera que pedir ayuda para ella, su petición sería, dice, que le ayudaran a terminar el negocito y los estantes. Un asador de pollos también le vendría bien, asegura, porque le gusta prepararlos para la venta, lo mismo que longanizas, pastelitos y chicharrón.
“Y quiero continuar haciendo mi obra con los niños, porque quiero que Dios los bendiga mucho”.
Qué linda.
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8/3/12
4/3/12
Pintaos de Barahona: ingenio en la piel
Una de las comparsas más admiradas y esperadas del carnaval dominicano
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Los Pintaos de Barahona nacieron en 1997 gracias al ingenio de Francisco Antonio Suero (Gato). Desde que debutaron en 2000 en el Desfile Nacional de Carnaval, año en que se llevaron el premio a la mejor comparsa provincial, no han dejado de recibir galardones en todos los carnavales nacionales, incluyendo el más importante: el Felipe Abreu (2009).
Basta con que aparezcan en la calle o en una tarima para que el ambiente se llene de fiesta. Liderados por Gato, Nano, Faustino y Felipe, los niños, mujeres y hombres que integran la comparsa que ya pasa de 100 miembros nunca paran de reír y de bailar. Se nota que gozan sus personajes tanto o más que el público. Faustino, por ejemplo, sabe que la gente se burla de su abultada barriga, así que aprovecha para mostrarla y moverla con gracia al ritmo de la música.
El arte
Cubiertas las partes íntimas con prendas de tela, Los Pintaos sólo llevan por disfraces pintura acrílica sobre el cuerpo. Gato y otros miembros suelen colgarse grandes collares hechos con huesos de perro. Pintarse unos a otros usando brochas anchas les toma apenas unos minutos. Sobre una primera base generalmente de un color o dos, y usando también brochas anchas, salpican pintura o dibujan trazos de otros colores por todo el cuerpo, creando los espectaculares diseños que el público observa con fascinación en los desfiles y presentaciones.
En los últimos años, Los Pintaos se han convertido en una referencia no sólo del carnaval de la provincia de Barahona, sino nacional. En 2005, el New York Times seleccionó como foto del año una instantánea donde figuraba un pintao y otras reconocidas publicaciones locales e internacionales le han cedido espacios donde resaltan su trabajo.
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Los Pintaos de Barahona nacieron en 1997 gracias al ingenio de Francisco Antonio Suero (Gato). Desde que debutaron en 2000 en el Desfile Nacional de Carnaval, año en que se llevaron el premio a la mejor comparsa provincial, no han dejado de recibir galardones en todos los carnavales nacionales, incluyendo el más importante: el Felipe Abreu (2009).
Basta con que aparezcan en la calle o en una tarima para que el ambiente se llene de fiesta. Liderados por Gato, Nano, Faustino y Felipe, los niños, mujeres y hombres que integran la comparsa que ya pasa de 100 miembros nunca paran de reír y de bailar. Se nota que gozan sus personajes tanto o más que el público. Faustino, por ejemplo, sabe que la gente se burla de su abultada barriga, así que aprovecha para mostrarla y moverla con gracia al ritmo de la música.
El arte
Cubiertas las partes íntimas con prendas de tela, Los Pintaos sólo llevan por disfraces pintura acrílica sobre el cuerpo. Gato y otros miembros suelen colgarse grandes collares hechos con huesos de perro. Pintarse unos a otros usando brochas anchas les toma apenas unos minutos. Sobre una primera base generalmente de un color o dos, y usando también brochas anchas, salpican pintura o dibujan trazos de otros colores por todo el cuerpo, creando los espectaculares diseños que el público observa con fascinación en los desfiles y presentaciones.
En los últimos años, Los Pintaos se han convertido en una referencia no sólo del carnaval de la provincia de Barahona, sino nacional. En 2005, el New York Times seleccionó como foto del año una instantánea donde figuraba un pintao y otras reconocidas publicaciones locales e internacionales le han cedido espacios donde resaltan su trabajo.
2/3/12
Lucas: tiznao y negro del saoco
Los collares del tiznao se elaboran con dientes de vaca o perro que Lucas y su grupo buscan en montes y mataderos
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Son inconfundibles. Con sus cuerpos negros pintados con carbón y aceite quemado, los tiznaos figuran entre los personajes más populares del carnaval dominicano.
Hace años participaban en los desfiles como cerca humana, para que el público mantuviera el orden en las calles “en vista de que nadie quería que lo ensuciaran”, indica Xiomarita Pérez, directora nacional de Folklore. Hoy se ‘exhiben’ en comparsas y pasarelas.
Con qué se pintan, cómo consiguen los materiales del disfraz y qué simbolismos africanos le imprimen al personaje lo explica Lucas Hernández Guzmán, líder del grupo “Los tiznaos de la bandera dominicana” y un verdadero “negro del saoco”, como él mismo se define.
¿Su historia? Luego de disfrazarse toda la vida de diablo cojuelo, Alí Babá y Califé, Lucas decide en 2007 armar su propio grupo y lo hace de tiznaos, personajes que siempre le habían atraído porque es un gran admirador de la cultura africana. Ese mismo año su comparsa ganó el Desfile Nacional de Carnaval en la categoría “Tradiciones”, el Desfile del Distrito Nacional y muchos otros premios.
Cuando Lucas, de 37 años, decidió disfrazarse de tiznao, sus padres le dijeron que estaba loco, bien loco. La inspiración la tomó de la famosa serie de televisión que narra la historia del jefe tribal africano Shaka Zulu. Lucas creció en Villa Consuelo, vive en Villa Juana y tiene 8 hijos. Su fan número 1 es Betania, su esposa.
¿Cuánto sabes de los tiznaos?
1. Los tiznaos pintan sus cuerpos con el aceite quemado que bota la transmisión de los vehículos diesel, mezclado con crema de payaso y pasta negras. El aceite es hervido y colado dos veces para que suelte las pelusas que maltratan la piel. Según Lucas, dos pintas de esta mezcla son suficientes para pintar el cuerpo. Sólo se 'tiznan' de la cintura hacia arriba y la pintura no se seca, por lo que no es necesario retocarla. Las partes inferiores las cubren con hojas de pencas de coco y debajo llevan licras y un 'pantalón de guardia' hasta la rodilla.
2. Disfrazarse les toma entre 15 y 20 minutos. Lucas dice que puede permanecer más de 10 horas con el maquillaje y que esto no representa riesgos para la salud. Al principio sí: los ojos le picaban y el cuerpo le ardía, pero al mejorar de manera artesanal la mezcla que usan los síntomas desaparecieron. El tiznao puede pintarse la parte delantera del cuerpo con sus manos, pero necesita ayuda para la trasera. Para quitarse el maquillaje usan una toalla o trapo viejo y se frotan la piel de abajo hacia arriba. Luego se bañan varias veces con champú.
3. Los tiznaos usan zapatillas cubiertas con lentejuelas y se echan escarcha sobre la pintura para que el cuerpo brille. “Antes la gente tenía miedo. Me decían váyase de ahí, sucio. Ahora se acercan", dice Lucas. Sus tiznaos, además, no son de los que piden dinero so pena de ensuciar a quien se rehúse hacerlo. Lo que hacen es cobrar 100 pesos a los que, para llevarse un souvenir, les solicitan una instantánea.
4. Los collares del tiznao se elaboran con dientes de vaca o perro que Lucas y su grupo buscan en montes y mataderos. Curar los dientes de vaca les lleva cuatro meses porque estos tienen dentro unos gusanitos que hieden mucho, así que los colocan por varias semanas al sol (en los techos de zinc de las casas), para que los murciélagos se coman los gusanos. Luego los hierven cada ocho días en agua con formol y amoniaco. Una vez listos, y para que el maquillaje no los ensucie, los collares se cubren con barniz. Al finalizar los desfiles se lavan con cloro, detergente y trementina.
5. El cuerpo es pintado de la cintura hacia arriba. La parte de abajo se cubre con las pencas de coco y debajo de éstas con ‘mediapanties’, licra y un pantalón de guardia hasta la rodilla.
6. Además de tiznao, Lucas se disfraza de Negro del saoco, el africano que más se destaca en las tribus por bailar con gracia frente al jefe. El Negro del saoco también se pinta de la cintura hacia arriba pero en lugar de hojas de coco lleva una licra. Al igual que el tiznao, usa argollas en las manos y se rapa la cabeza. El baile de ambos es rápido, encendío y “a toa”, explica Lucas, es decir, moviendo todo el cuerpo.
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Son inconfundibles. Con sus cuerpos negros pintados con carbón y aceite quemado, los tiznaos figuran entre los personajes más populares del carnaval dominicano.
Hace años participaban en los desfiles como cerca humana, para que el público mantuviera el orden en las calles “en vista de que nadie quería que lo ensuciaran”, indica Xiomarita Pérez, directora nacional de Folklore. Hoy se ‘exhiben’ en comparsas y pasarelas.
Con qué se pintan, cómo consiguen los materiales del disfraz y qué simbolismos africanos le imprimen al personaje lo explica Lucas Hernández Guzmán, líder del grupo “Los tiznaos de la bandera dominicana” y un verdadero “negro del saoco”, como él mismo se define.
¿Su historia? Luego de disfrazarse toda la vida de diablo cojuelo, Alí Babá y Califé, Lucas decide en 2007 armar su propio grupo y lo hace de tiznaos, personajes que siempre le habían atraído porque es un gran admirador de la cultura africana. Ese mismo año su comparsa ganó el Desfile Nacional de Carnaval en la categoría “Tradiciones”, el Desfile del Distrito Nacional y muchos otros premios.
Cuando Lucas, de 37 años, decidió disfrazarse de tiznao, sus padres le dijeron que estaba loco, bien loco. La inspiración la tomó de la famosa serie de televisión que narra la historia del jefe tribal africano Shaka Zulu. Lucas creció en Villa Consuelo, vive en Villa Juana y tiene 8 hijos. Su fan número 1 es Betania, su esposa.
¿Cuánto sabes de los tiznaos?
1. Los tiznaos pintan sus cuerpos con el aceite quemado que bota la transmisión de los vehículos diesel, mezclado con crema de payaso y pasta negras. El aceite es hervido y colado dos veces para que suelte las pelusas que maltratan la piel. Según Lucas, dos pintas de esta mezcla son suficientes para pintar el cuerpo. Sólo se 'tiznan' de la cintura hacia arriba y la pintura no se seca, por lo que no es necesario retocarla. Las partes inferiores las cubren con hojas de pencas de coco y debajo llevan licras y un 'pantalón de guardia' hasta la rodilla.
2. Disfrazarse les toma entre 15 y 20 minutos. Lucas dice que puede permanecer más de 10 horas con el maquillaje y que esto no representa riesgos para la salud. Al principio sí: los ojos le picaban y el cuerpo le ardía, pero al mejorar de manera artesanal la mezcla que usan los síntomas desaparecieron. El tiznao puede pintarse la parte delantera del cuerpo con sus manos, pero necesita ayuda para la trasera. Para quitarse el maquillaje usan una toalla o trapo viejo y se frotan la piel de abajo hacia arriba. Luego se bañan varias veces con champú.
3. Los tiznaos usan zapatillas cubiertas con lentejuelas y se echan escarcha sobre la pintura para que el cuerpo brille. “Antes la gente tenía miedo. Me decían váyase de ahí, sucio. Ahora se acercan", dice Lucas. Sus tiznaos, además, no son de los que piden dinero so pena de ensuciar a quien se rehúse hacerlo. Lo que hacen es cobrar 100 pesos a los que, para llevarse un souvenir, les solicitan una instantánea.
4. Los collares del tiznao se elaboran con dientes de vaca o perro que Lucas y su grupo buscan en montes y mataderos. Curar los dientes de vaca les lleva cuatro meses porque estos tienen dentro unos gusanitos que hieden mucho, así que los colocan por varias semanas al sol (en los techos de zinc de las casas), para que los murciélagos se coman los gusanos. Luego los hierven cada ocho días en agua con formol y amoniaco. Una vez listos, y para que el maquillaje no los ensucie, los collares se cubren con barniz. Al finalizar los desfiles se lavan con cloro, detergente y trementina.
5. El cuerpo es pintado de la cintura hacia arriba. La parte de abajo se cubre con las pencas de coco y debajo de éstas con ‘mediapanties’, licra y un pantalón de guardia hasta la rodilla.
6. Además de tiznao, Lucas se disfraza de Negro del saoco, el africano que más se destaca en las tribus por bailar con gracia frente al jefe. El Negro del saoco también se pinta de la cintura hacia arriba pero en lugar de hojas de coco lleva una licra. Al igual que el tiznao, usa argollas en las manos y se rapa la cabeza. El baile de ambos es rápido, encendío y “a toa”, explica Lucas, es decir, moviendo todo el cuerpo.
29/2/12
La segunda etapa de Santo Domingo Verde
El artista español Fito Conesa presentará sus ilustraciones a partir de este viernes en el Centro Cultural de España
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Nota del CCE
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Santo Domingo Verde es el nombre que le ha dado el Ayuntamiento del Distrito Nacional al plan que busca promover e implementar parámetros sostenibles a la construcción del territorio urbano en el que vivimos.
Este viernes 2 de marzo, a las 7 de la noche, el Centro Cultural de España (CEE) inaugura una exposición con las ilustraciones que el artista español Fito Conesa realizó para el proyecto, y que forman parte de la plataforma web que busca intercambiar informaciones acerca del tema ambiental en la ciudad, con el fin de sensibilizar y responsabilizar a todos los habitantes de la ciudad.
Algunos de los dibujos de Fito Conesa muestran una ciudad caótica y en continuo crecimiento, afectada por la presión demográfica e inmobiliaria y sus consecuencias. En contraste, otros dibujos muestran lo que sería la ciudad de contar con el compromiso de las instituciones que regulan el espacio público y de toda la ciudadanía, en cuanto a adoptar prácticas sostenibles a favor del medio ambiente.
La muestra, que estará abierta al público hasta el 25 de marzo, incluye también un conversatorio sobre medio ambiente urbano, impartido por Shaney Peña Gómez, coordinadora técnica del Plan Estratégico de la ciudad de Santo Domingo, junto a los arquitectos y arquitectas Ariosto Montisano, Ángela María Díaz Márquez, Álex Martínez y Melisa Vargas, a realizarse el próximo 15 de marzo.
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Nota del CCE
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Santo Domingo Verde es el nombre que le ha dado el Ayuntamiento del Distrito Nacional al plan que busca promover e implementar parámetros sostenibles a la construcción del territorio urbano en el que vivimos.
Este viernes 2 de marzo, a las 7 de la noche, el Centro Cultural de España (CEE) inaugura una exposición con las ilustraciones que el artista español Fito Conesa realizó para el proyecto, y que forman parte de la plataforma web que busca intercambiar informaciones acerca del tema ambiental en la ciudad, con el fin de sensibilizar y responsabilizar a todos los habitantes de la ciudad.
Algunos de los dibujos de Fito Conesa muestran una ciudad caótica y en continuo crecimiento, afectada por la presión demográfica e inmobiliaria y sus consecuencias. En contraste, otros dibujos muestran lo que sería la ciudad de contar con el compromiso de las instituciones que regulan el espacio público y de toda la ciudadanía, en cuanto a adoptar prácticas sostenibles a favor del medio ambiente.
La muestra, que estará abierta al público hasta el 25 de marzo, incluye también un conversatorio sobre medio ambiente urbano, impartido por Shaney Peña Gómez, coordinadora técnica del Plan Estratégico de la ciudad de Santo Domingo, junto a los arquitectos y arquitectas Ariosto Montisano, Ángela María Díaz Márquez, Álex Martínez y Melisa Vargas, a realizarse el próximo 15 de marzo.
24/2/12
"Respeto a una tradición"
Marcos "La boa" se esfuerza en mantener viva la verdadera tradición del carnaval vegano
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Domingo, 12 de febrero. Es la esquina de la Antonio Guzmán con Sánchez. La espontaneidad se nota en el alegre comportamiento de la pequeña muchedumbre que en la mañana de cada domingo de febrero se da cita en el lugar donde la tradición comenzó, en los años 80, debajo del Casino Central y en el parque Duarte.
La música, sólo merengues y salsas tradicionales para no dañar las raíces, sale de la bocina colocada en la parte trasera de un vehículo. La gente salta, ríe, se disfraza como quiere y siente.
Los diablos visten los tradicionales trajes que delatan la silueta del que lo lleva y le permiten al cuerpo moverse con soltura, hacer rondas con los niños, integrarse al molote, provocar a los transeúntes.
Lo mejor, dice Patricia Medina, es que no hay temor de que te roben, de que te den un vejigazo duro, “puedes traer a los muchachos y soltarlos, que se diviertan, que disfruten del carnaval”.
Su esposo, Juan Martínez, define la fiesta “como un recuerdo de cómo se inició la grandeza del carnaval que tenemos ahora: es la célula del carnaval vegano”.
La idea de volver a los inicios, de mantener viva la verdadera tradición vegana al margen del hoy criticado sistema mercantilista que la rodea, surgió hace seis años.
Su mentor, el diablo cojuelo Marcos “La boa” Durán Fernández, la llama “Respeto a una tradición”.
El carnaval que conquistó mi corazón
“Se basa en un carnaval popular, sin inyecciones que distorsionen la tradición. Comenzamos diez amigos y hoy está llegando gente espontáneamente. Decidimos rescatar nuestros verdaderos orígenes porque el nuevo sistema carnavalesco los olvidó y los irrespetó”, explica Marcos, creador de Los Picapiedras, hasta el 2005 uno de los grupos más famosos y esperados del carnaval vegano.
¿Por qué el cambio? Según Marcos, el carnaval que conquistó su corazón no exigía grandes gastos.
“Empecé disfrazándome con camisas viejas de mis hermanos. Vine a tener mi primer disfraz nuevo a los ocho años y lo mantuve hasta los 14, remodelándolo.
Ahora se le exige a la gente de barrio, pobre, que gaste una gran suma de dinero, irrespetándose a sí mismo, irrespetando a su familia y el sistema económico, ante la mano torturadora de un grupo de oportunistas”.
Por eso Marcos, aunque admite que necesitan recursos para hacer un mejor trabajo, no acepta patrocinios que comprometan un cambio en la esencia del carnaval que promueven.
Tradición cultural
Marcos “La Boa” recuerda que la primera vez que aparecieron por las calles de la ciudad fue impactante.
“El sistema está transformado, lo vieron como un atrevimiento. Los sectores juveniles nos vieron como locos, porque nadie se había ocupado de ilustrar a las nuevas generaciones, de enseñarles cuáles fueron nuestras verdaderas raíces; a las personas maduras y a los envejecientes se les salieron las lágrimas cuando nos vieron recorrer los barrios”, dice.
El sueño del abogado, que tiene más de 30 años formando parte de la vida carnavalesca vegana, es que el ayuntamiento de La Vega adopte el movimiento como un evento cultural.
“El peor daño que se le hizo a nuestra esencia fue haberle dado dinero a la gente para que se disfrace, porque el día que no le den ese dinero no se van a disfrazar, y de eso trata nuestro ideal, de hacerlo espontáneamente”, considera Marcos.
También quisiera llegar a un acuerdo con respecto a la hora en que realizan la actividad.
Como citan a las personas para las diez de la mañana (para que no los acusen de interferir con el carnaval considerado oficial), sólo permanecen pocas horas en las calles porque el calor y el sol los obligan a retirarse. Pero fieles a la tradición, hoy, como cada domingo de febrero, también los retarán.
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Domingo, 12 de febrero. Es la esquina de la Antonio Guzmán con Sánchez. La espontaneidad se nota en el alegre comportamiento de la pequeña muchedumbre que en la mañana de cada domingo de febrero se da cita en el lugar donde la tradición comenzó, en los años 80, debajo del Casino Central y en el parque Duarte.
La música, sólo merengues y salsas tradicionales para no dañar las raíces, sale de la bocina colocada en la parte trasera de un vehículo. La gente salta, ríe, se disfraza como quiere y siente.
Los diablos visten los tradicionales trajes que delatan la silueta del que lo lleva y le permiten al cuerpo moverse con soltura, hacer rondas con los niños, integrarse al molote, provocar a los transeúntes.
Lo mejor, dice Patricia Medina, es que no hay temor de que te roben, de que te den un vejigazo duro, “puedes traer a los muchachos y soltarlos, que se diviertan, que disfruten del carnaval”.
Su esposo, Juan Martínez, define la fiesta “como un recuerdo de cómo se inició la grandeza del carnaval que tenemos ahora: es la célula del carnaval vegano”.
La idea de volver a los inicios, de mantener viva la verdadera tradición vegana al margen del hoy criticado sistema mercantilista que la rodea, surgió hace seis años.
Su mentor, el diablo cojuelo Marcos “La boa” Durán Fernández, la llama “Respeto a una tradición”.
El carnaval que conquistó mi corazón
“Se basa en un carnaval popular, sin inyecciones que distorsionen la tradición. Comenzamos diez amigos y hoy está llegando gente espontáneamente. Decidimos rescatar nuestros verdaderos orígenes porque el nuevo sistema carnavalesco los olvidó y los irrespetó”, explica Marcos, creador de Los Picapiedras, hasta el 2005 uno de los grupos más famosos y esperados del carnaval vegano.
¿Por qué el cambio? Según Marcos, el carnaval que conquistó su corazón no exigía grandes gastos.
“Empecé disfrazándome con camisas viejas de mis hermanos. Vine a tener mi primer disfraz nuevo a los ocho años y lo mantuve hasta los 14, remodelándolo.
Ahora se le exige a la gente de barrio, pobre, que gaste una gran suma de dinero, irrespetándose a sí mismo, irrespetando a su familia y el sistema económico, ante la mano torturadora de un grupo de oportunistas”.
Por eso Marcos, aunque admite que necesitan recursos para hacer un mejor trabajo, no acepta patrocinios que comprometan un cambio en la esencia del carnaval que promueven.
Tradición cultural
Marcos “La Boa” recuerda que la primera vez que aparecieron por las calles de la ciudad fue impactante.
“El sistema está transformado, lo vieron como un atrevimiento. Los sectores juveniles nos vieron como locos, porque nadie se había ocupado de ilustrar a las nuevas generaciones, de enseñarles cuáles fueron nuestras verdaderas raíces; a las personas maduras y a los envejecientes se les salieron las lágrimas cuando nos vieron recorrer los barrios”, dice.
El sueño del abogado, que tiene más de 30 años formando parte de la vida carnavalesca vegana, es que el ayuntamiento de La Vega adopte el movimiento como un evento cultural.
“El peor daño que se le hizo a nuestra esencia fue haberle dado dinero a la gente para que se disfrace, porque el día que no le den ese dinero no se van a disfrazar, y de eso trata nuestro ideal, de hacerlo espontáneamente”, considera Marcos.
También quisiera llegar a un acuerdo con respecto a la hora en que realizan la actividad.
Como citan a las personas para las diez de la mañana (para que no los acusen de interferir con el carnaval considerado oficial), sólo permanecen pocas horas en las calles porque el calor y el sol los obligan a retirarse. Pero fieles a la tradición, hoy, como cada domingo de febrero, también los retarán.
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