
Hace unos meses, Denís sembró dos plantas de flores
“todoelaño” enanas en una maceta (primera foto, la más grande) que alegraron la galería de casa y provocaban la “envidia” de los vecinos. Una es de color morado intenso y otra rosado intenso también.
Echaron tantas semillas y tantos hijitos las matas que pronto hubo que trasplantar muchísimas matitas a otros tarros y a la jardinera. Crecieron rapidísimo y pronto afloraron los primeros capullitos pero, ¡venga sorpresa!,
las primeras flores que vieron la luz ¡eran blancas con el centro amarillito! Y las siguientes blancas también, completitas, y luego nacieron flores rosadito pálido de pétalos finitos, y flores moradito pálido de pétalos anchos y centro rojo, y luego blancas con el centro rojo, y algunas que al principio son
todos los colores a la vez y con los días se vuelven uno. Y cada semana salen variantes de todos los colores. Y muchas (por eso le dicen "todoelaño"). Ahhh, dijimos, eso quiere decir que
las originales eran blancas y algo le inyectaron en el vivero para ponerlas de colores. ¿Qué otra explicación había?

Entonces, el pasado sábado, en la
I Feria Agroforestal y Ecoturística de Jarabacoa, me acerqué a un vivero que tenía en exhibición y venta cientos de “Todoelaño” enanas (muchas de colores rosado y morado), e
ingenuamente le pregunté al chico que atendía (un joven haitiano de lo más simpático) cómo es que le ponen esos colores tan lindos e intensos, que cuál era el truco. Y él me respondió que no, que no había truco, que venían así de lindas, así con esos colores.
¿Seguro?, le dije. Y el asentía con la cabeza. Le tomé muchas fotos a la mesa y al suelo llenos de flores y me fui. No le dije lo que yo sabía (bueno, sospechaba).
Prefiero pensar que no entendió la pregunta…-----
Relacionado:Cómo las flores fabrican su color (y de cómo el chico del vivero tenía razón)