―¡Hola, amiguita bonita!
Ven, quiero jugar contigo. ¡No te vayas!
―No puedo jugar ahora. Quiero ir allí, donde están pintando las caritas.
―¿No? ¡Que vengas! ¡Que vengas! ¡Suéltame, papi! ¡Dile que juegue conmigo!
―¡Ay, ay! ¡Pero no me pegues!
No es obligao jugar contigo…
―¡Snif, snif!
―¡No es justo, no es justo!
¡Buscaré a otra amiguita bonita que quiera jugar conmigo!