
De vez en cuando vale la pena perder el tiempo en los semáforos en rojo de la ciudad, porque te permiten ver cosas como estas. En un extremo del
Hospital Infantil Robert Reid Cabral, en la esquina de la
Independencia con Lincoln, hay un monumento con un mosaico precioso. Ni idea de quién lo hizo ni nos interesa averiguarlo, para que luego no digan que una se la coge con los artistas plásticos del país, así coloquen
cabezas de indios en los farallones de un área protegida. De seguro que los niños que pasan por ahí o que van para el hospital, al observar por unos segundos el arte de una de las caras del monumento,
¡en lugar de alegrarse se deprimen! ¿Veo mal o los niños y la mamá del arte están llorando? Porque ojeras ya sabemos que no son, que también se les nota, y mucho.
Qué tristes se les ve (diría Perales). Como dentro hay muchos niños enfermos, la idea es alegrarlos, ¿no?, para que olviden sus penas. Me recuerda a los niños
del mosaico de Caribe Tours, que en lugar de ir de viajes parecería que van para el…