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7/5/10
28/4/10
Salinas (un relato)
Por Yaniris López
Para Tu Aventura
Su obsesión por la sal comenzó un día cualquiera a la hora de la cena. Eva se preguntaba de dónde salían esas piedras grises y transparentes que le aguaban la boca cada vez que las tocaba con la punta de la lengua cuando su mamá daba la vuelta. ¿Del mar?, preguntaría a los siete años, ¿cómo del mar?
Eva nunca lo había visto. No sabía cómo era. No, no hay escuelas en el campito donde vive Eva. Ni libros ni nada que se les parezca. La casita más cercana a la suya queda a cuatro horas de camino y los únicos niños que Eva ha visto en su vida son sus primos Miguelo y José. Y ellos tampoco conocían el mar.
El viaje lo organizó el tío Mariano, que vivía en la capital y le llevaba por Reyes, una vez al año, una muñeca plástica morena y muy flaca que Eva mojaba en el estanque del patio desde que su tío se perdía en la distancia. Tomó meses armar el viaje, pero ya casi, casi…
Antes de subirse al mulo que la llevaría al pueblito más cercano, donde tomaría la guagua rumbo a Baní, hogar de las salinas, su mamá le pasó el frasquito de vidrio en el que solía guardar palos de canela y nuez moscada y le dijo, mientras le daba la bendición: Para que me traigas un poquito de sal, Eva, así sabré que conociste Salinas de verdad, y luego volteó la cara para que Eva no viera que los ojos se le llenaban de agua. Eva no guardó el frasquito en la mochila nueva. Lo apretó contra su pecho y sonrió.
Parte del sur es así, Eva, le dijo tío Mariano cuando el autobús paró y ellos bajaron. En la misma orilla de la carretera, una sabana de aguas azul oscuro que Eva se tragó con la mirada les cerró el paso. ¡El mar!, le dijo a tío Mariano, ¡cuánta agua! En el extremo izquierdo, Eva vio cajones de madera acostados a lo largo de la orilla y decenas de extraños carritos que transportaban montones de algo muy blanco, subían hasta un puente hecho con palos y depositaban la carga en una montaña blanca. Eva nunca había visto una montaña tan blanca. Las suyas eran verdes, verdes. Se miraron. Se acercaron. Era sal.
Eva no podía caminar bien, los zapatos se le llenaban de trocitos de sal y también le daba vergüenza pisarla. No importa, Eva, puedes pisarla, reía tío Mariano. Hay suficiente. Acércate a la montaña, toca la sal. Sin miedo, no hay gente en los alrededores, las oficinas de las salinas están cerradas, es domingo y algunos trabajadores se quedan sólo para que los curiosos como nosotros conozcan cómo se hace la sal. Anda.
Eva apretó el frasco. Debo llevarle un poco a mamá, para que vea que sí estuve aquí. Claro que sí, Eva, claro que sí. Disfruta tu viaje.
Eva se acercó y comenzó a llenar el frasquito. No había terminado cuando notó que su tío se paraba de repente frente a un cuadro pintado, lo miraba, luego la miraba a ella y de nuevo miraba los dibujos azules. ¿Por qué te paras, tío? ¿Qué dice ahí?
Dice, Eva, que eres bienvenida a Salinas y que puedes tomar toda la sal que quieras.
Eva llenó el frasquito hasta arriba, lo cerró, lo apretó contra su pecho y sonrió.
24/4/10
El fotógrafo de los escritores en el parque Independencia
El argentino Daniel Mordzinski, considerado el fotógrafo de los escritores y con más de 200 exposiciones en su perfil, renueva con su arte los barrotes del parque Independencia, en el kilómetro cero de la ciudad. La exposición, que se llama “Letras Hermanas” y que nos muestra 140 fotografías de reconocidos nombres de las letras hispanas, es de lo mejor que trae este año la XIII Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2010.
Allí vemos a García Márquez sentado en una cama, a Carlos Fuentes suspirar en una silla, a Ernesto Sábato (¡argggg, lo adoro!) pensativo, a Bryce Echenique retozar con una máscara, a Borges en blanco y negro, a Andrés Neuman dormido sobre una mesa de billar...
Y de aquí, vemos a Pedro Antonio Valdez de los más contento entre (¿)…; a Junot Díaz en una de las mejores poses; a Rey Andújar mostrando su “esplendoroso” cuerpo; a Adrián Javier entre verdes y muchos, muchos otros autores criollos (Maggiolo, Lupo Hernández, Andrés L. Mateo …).
Sí, llegarse hasta aquí para ver los retratos de nuestros más admirados autores no es un simple paseo al aire libre. ¡Cuántos personajes, cuántos escenarios, cuántas historias nos llegan a la mente y al corazón en cada retrato! Snifff.
22/4/10
17/4/10
La peligrosa casuarina
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Siempre pensé que se trataba de un pino. Un pino muy lindo, por cierto, con hojas largas y gruesas y piñitas pequeñas muy atractivas. Pero no lo es. La Casuarina equisetifolia, un árbol oriundo de Australia, islas del Pacífico y Sudeste de Asia, no es un pino (por lo menos no uno bueno). Es una especie invasora extranjera muy peligrosa y enemiga del turismo. Y hay muchísimas a lo largo de la playa de Bávaro (Punta Cana), una de las zonas más visitadas del país.
El peligro de la casuarina nos lo explicó Simón Guerrero, exdirector del Zoológico Dominicano, ambientalista, docente y articulista de Diario Libre, durante la celebración aquí de la Primera Conferencia Mundial sobre Clústers Turísticos y Competitividad, mientras recorríamos la playa de Bávaro. Ya Guerrero había escrito sobre el tema en DL. Reproducimos algunas notas de su artículo El pino australiano: enemigo del turismo.
"Conocido como pino australiano, la casuarina fue introducida en casi todo el mundo desde el siglo diecinueve y en las Antillas antes del 1924. Se introdujo porque crece rápido, con el propósito de producir madera, pulpa y alimento para el ganado. Para todos estos usos, sin embargo, ha demostrado ser ineficiente: la madera es muy dura para ser trabajada, se raja fácilmente y, aunque resiste bien el salitre, es vulnerable al comején y se pudre pronto en el suelo. Como forraje tampoco sirve, ya que dificulta la asimilación de la proteína, hace perder peso al ganado y es cancerígeno. Es, en cambio, excelente como leña y en algunos países lo utilizan para regenerar suelos agotados, porque fijan nitrógeno de la atmósfera y porque sus hojas producen abono para el suelo.
“El daño que puede causar en las playas es mucho más preocupante. Sus hojas, al mezclarse con la arena, la degradan y como consecuencia, poco a poco las playas van desapareciendo. En Cuba estuvieron a punto de perder 16 kms de las mejores playas de la isla (Varadero) por esta causa. Para evitarlo hubo que eliminar todos los ejemplares plantados décadas antes. Debemos aprovechar las experiencias de Florida y de Cuba, ya que aquí este “pino” ha sido sembrado por todas partes: en la costa este, en la ciudad (Mirador Sur), en el malecón y en las proximidades de parques nacionales. Detener la siembra y erradicar los que existen en zonas en que son un peligro es lo recomendable”.
El caso de Cuba
Conocimos también al cubano Norman Medina, uno de los encargados de ejecutar el plan maestro de Varadero (Cuba), allá por 1974. Medina explicó que las playas de Varadero estaban llenas de este falso fino y que, al confirmase su peligrosidad, el gobierno cubano dio la orden de retirarlas todas de los alrededores. ¿Por qué? “La mata tiene raíces aéreas superfluas que impiden que la arena que se vaya regrese”, dijo Medina. Gracias a la rápida ejecución de las autoridades, hoy Varadero es el polo turístico más importante de la isla.
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Para no pecar, por si acaso las autoridades nuestras (Turismo, Medio Ambiente) no lo saben, aprovechemos cada encuentro para recordarles cuán peligrosa es la casuarina para nuestras playas.
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