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Lindas cayenas (2)
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Yaniris López. Periodista (Listín Diario). Algo misántropa. Prefiero leer a otros, tomar fotografías e imaginarme un mundo tan lindo como una postal de Las Terrenas. Quizá por eso me deprime cualquier cosa. No me gustan los vegetales, y no soporto el ruido...
Lindas cayenas
A Timo
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¿Flor de la caoba? ¿Rosa de Bayahíbe? Muchos crecimos creyendo que la verdadera flor nacional era la cayena, especialmente dos: la roja “Sangre de Cristo”, de cinco pétalos simples, y la roja de doble pétalos.
Los que crecimos en el campo y ahora vivimos en la ciudad vemos una cayena y disimulamos la nostalgia que provoca recordarlas alegrando los setos de las casas. Preciosas cercas vivas, estaban por todos lados, tan cerquita que eran las primeras ramas a las que las abuelas echaban mano cada vez que tocaba dar pelas. Con las hojas y los pétalos hacíamos aceite para que las muñecas cocinaran, y los "pitillos" de la flor sin abrir los usábamos como cigarrillos.
Menos que antes, todavía se las puede ver por ahí. De todas formas y colores. Y no importa cuán vieja sea la mata, pare flores todos los días. Un buen ejemplo son las que crecen a lo largo de la canaleta central de la autopista Duarte, entre La Vega y Santiago. Rosadas, blancas y rojas. Deben tener muchísimos años allí. Es una delicia verlas siempre del mismo tamaño, retando el tiempo, aprovechando el vaivén del viento para saludar a los viajeros que, siempre ocupados para estas cosas, no tienen tiempo para bajar del vehículo a disfrutar de sus delicados colores.
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¿Flor de la caoba? ¿Rosa de Bayahíbe? Muchos crecimos creyendo que la verdadera flor nacional era la cayena, especialmente dos: la roja “Sangre de Cristo”, de cinco pétalos simples, y la roja de doble pétalos.
Los que crecimos en el campo y ahora vivimos en la ciudad vemos una cayena y disimulamos la nostalgia que provoca recordarlas alegrando los setos de las casas. Preciosas cercas vivas, estaban por todos lados, tan cerquita que eran las primeras ramas a las que las abuelas echaban mano cada vez que tocaba dar pelas. Con las hojas y los pétalos hacíamos aceite para que las muñecas cocinaran, y los "pitillos" de la flor sin abrir los usábamos como cigarrillos.
Menos que antes, todavía se las puede ver por ahí. De todas formas y colores. Y no importa cuán vieja sea la mata, pare flores todos los días. Un buen ejemplo son las que crecen a lo largo de la canaleta central de la autopista Duarte, entre La Vega y Santiago. Rosadas, blancas y rojas. Deben tener muchísimos años allí. Es una delicia verlas siempre del mismo tamaño, retando el tiempo, aprovechando el vaivén del viento para saludar a los viajeros que, siempre ocupados para estas cosas, no tienen tiempo para bajar del vehículo a disfrutar de sus delicados colores.
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Yaniris López. Periodista (Listín Diario). Algo misántropa. Prefiero leer a otros, tomar fotografías e imaginarme un mundo tan lindo como una postal de Las Terrenas. Quizá por eso me deprime cualquier cosa. No me gustan los vegetales, y no soporto el ruido...
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